CHILE EXHIBE SUS VISCERAS
Por Froilán Alama
En el terremoto que acaba de sufrir Chile, el que ha llevado la peor parte ha sido el pueblo. Las víctimas del movimiento telúrico y los efectos de éste han sido los millones de hambrientos, excluidos de un modelo que la gran burguesía chilena ha pretendido mostrar como el camino exitoso y seguro del bienestar y el desarrollo.
La verdad que el movimiento telúrico ha exhibido las vísceras de un sistema que habrá enriquecido al clan de los Pinochet – Piñera, pero que ha hundido en la pobreza a millones de gentes del pueblo.
La soberbia ya no aparece en el rostro de la señora Bachelet, quien después de producida la tragedia, salió a declarar a la opinión pública mundial que “Chile no necesitaba de la ayuda internacional y que todo estaba bajo control”.
Bachelet quería decir que Chile no era Haití, que ellos –los chilenos – eran ciudadanos planetarios, es decir, del primer mundo. Sin embargo, a los pocos días, la masa desesperada, desabastecida, hambrienta, tomó el camino del saqueo porque necesitaban alimentarse, y porque todos los seres humanos por instinto de sobre vivencia, tienen que satisfacer sus necesidades vitales como comer y beber. Y eso era precisamente lo que el Estado chileno no les garantiza.
En esas circunstancias, Piñera, con la misma postura de Pinochet, el criminal que está sentado a la derecha de Satanás, manifestó que había que imponer el orden y el principio de autoridad. Chile ya no solo estaba desolada y arruinada, sino, además, apuntada y amenazada por la represión.
Nuevamente vimos el mismo cuadro: arruinadas las calles y las casas por la furia de la naturaleza y con soldados reprimiendo a la gente. De hecho, el parecido con los sucesos de los años 70as no era en absoluto simple coincidencia. Tiene que ver cuando menos con lo siguiente:
El Estado no tiene políticas de prevención de desastres. Y carece de ella no solo por descuido sino por concepción de un modelo que no prioriza estos temas porque sencillamente no le son rentables. Sino ¿cómo se explica que se haya dejado en el más absoluto abandono a una población que ya había sido duramente golpeada por el terremoto, y que no fue advertida a tiempo de un fenómeno consecuente como el tsunami?
No podemos dejar de mencionar que el belicismo militarista de los descendientes de Pinochet los ha llevado a un armamentismo enfermizo. Millones de dólares gasta la burguesía en armas, mientras sus servicios como el de educación han entrado a una crisis que ya es crónica.
La guerra que Chile tendría que emprender tiene que darla en su propio país. La guerra declarada contra la pobreza y la miseria de su gente, que hoy ve con frustración cómo el “socialismo” de la señora Bachelet no se diferencia en nada del neoliberalismo de la Dictadura. La Concertación que hicieron los diferentes sectores políticos de Chile fue una concertación con el pinochetismo. Por eso es que ahora en medio de la crisis y de la tragedia, vuelve con representante propio.
En el futuro inmediato esa derecha hará buenos negocios con la tragedia. Que los socios de Piñera van a ganar en la reconstrucción de Chile es un negocio anunciado. En eso son expertos.
¿Qué le queda al pueblo? Forjar su propia alternativa. El pueblo aprende, ahora sabe con mejor percepción y conocimiento que, cuando se trata de la derecha y sus negocios, no se trata de concertar.
Se trata de enfrentar a un modelo, a un gobierno y a una clase social, que no tiene entre sus prioridades el bienestar y la vida de su gente, sino sus intereses siempre mezquinos, rentables y corruptos.