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POR QUE EL NUEVO CURSO

El concepto de Nuevo Curso se plantea públicamente por primera vez en el Manifiesto que emite el Buró Político el 2 de enero de l992. Más tarde lo asume el VI Congreso del Partido. Equivale a un nuevo rumbo o un nuevo camino para el país en condiciones donde han fracasado diversos modelos de desarrollo bajo hegemonía del gran capital y siempre subordinados a los intereses del imperialismo, no está presente una crisis revolucionaria y la correlación de fuerzas es adversa al movimiento popular y al socialismo.

Aquella situación ha tolerado que continúen irresueltos los problemas que aquejan a la república desde sus orígenes o se imponga, más recientemente, el neoliberalismo, aprovechando la crisis que se desbordó durante el gobierno del APRA a fines de los ochenta.

El Nuevo Curso no sustituye la revolución democrática y antiimperialista ni representa una nueva etapa en la revolución peruana.

Como es sabido, la línea general del Partido comprende la teoría de la revolución por etapas e ininterrumpida, es decir de su etapa democrática y antiimperialista y su continuidad en el socialismo. La garantía de ese proceso es la dirección del proletariado, su alianza con el campesinado y la unidad con los demás sectores que conforman el pueblo peruano.

Para entender la táctica del Nuevo Curso son indispensables: 1) tomar en cuenta la realidad concreta del país, el movimiento de las clases sociales y la correlación de fuerzas y de clases tal como se presenta; 2) la noción de estrategia y táctica y su concatenación dialéctica; 3) el concepto de transición y su vinculación con las fases o etapas de la revolución; 4) el problema de la hegemonía política; 5) la política de alianzas que corresponde en esas condiciones particulares.

NUEVO CURSO Y REALIDAD CONCRETA DEL PERU

A lo largo del siglo el Perú ha sufrido cambios importantes. Uno de ellos es que ha devenido país predominantemente capitalista sin eliminar la dominación del imperialismo ni la sobrevivencia de remanentes del feudalismo. Las reformas de Velasco Alvarado terminó con el latifundio y el régimen de servidumbre sin desarrollar el capitalismo en el campo, particularmente andino. Se tomaron entonces medidas nacionalistas, pero no se salió del círculo de hierro de la semicolonialidad. Permanecen irresueltos los grandes problemas que nos acompaña a lo largo de la república: ausencia de independencia y soberanía reales, centralismo político y económico, Estado autoritario y democracia formal que excluye a las mayorías, negación de derechos nacionales a las poblaciones étnicas, falta de integración y atraso económico, pobreza generalizada.

Esto significa que continúa vigente la lucha por esas tareas, para no hablar de aquellas que corresponde culminar a la revolución democrática y antiimperialista, en cuyo vértice está el Poder Popular que abra paso al socialismo peruano, independientemente de las fases o transiciones que estarán presentes en cada etapa de la revolución y a lo largo del camino.

Entre el Nuevo Curso y la Revolución democrática y antiimperialista no existe un muro que los separe, sino más bien un hilo de continuidad si se cuenta con la fuerza capaz de hacer avanzar el primero. La lucha por reformas, si se agota en ella misma, reproduce las condiciones para la permanencia del sistema establecido. La lucha por la revolución, si no toma en cuenta las condiciones reales de la correlación de fuerzas o renuncia a tales reformas, corre el peligro de distanciarse del pueblo y de confundir los deseos con la realidad. La unilateralidad lleva bien a errores de derecha o de izquierda, condenando la revolución al fracaso.

No se puede decir que el Perú, pese a la crisis política y económica en que está desembocando el fujimorismo, transita por una situación revolucionaria, ni que están maduros los factores subjetivos de la revolución. Venimos de una derrota política e ideológica importante, de un reflujo de masas nada despreciable. La ofensiva del gran capital y el imperialismo, de la que son parte el neoliberalismo y la dictadura, ha desarticulado el movimiento obrero y popular y ha arrinconado, es verdad que transitoriamente, a la izquierda y el socialismo. La tarea de hoy es salir de esta situación, acumular fuerzas y preparar las condiciones para una nueva ofensiva popular y revolucionaria.

A esta situación y a las perspectivas señaladas corresponde el Nuevo Curso.

NUEVO CURSO ¿TACTICA O ESTRATEGIA?

La mayor dificultad para calar el sentido y los alcances del Nuevo Curso tiene que ver con que no se diferencia bien qué se entiende por estrategia y qué por táctica, y cuál es en este caso la relación dialéctica entre una y otra. Las fronteras entre estrategia y táctica no son precisas, entre otras razones porque la táctica puede convertirse en estrategia bajo determinadas condiciones, y viceversa. Además, existen tácticas y tácticas. Tácticas concretas para resolver problemas específicos, para una fase concreta de la lucha o tácticas generales para un período más o menos prolongado.

Por ejemplo, en el VII Congreso de la Internacional Comunista, en l935, se produjo un viraje táctico: se pasó de la confrontación de clase contra clase (proletariado y burguesía), que antagonizó contradicciones con el reformismo de la socialdemocracia, a otra de frente único antifascista con ésta. Fue un viraje táctico indispensable para derrotar al fascismo, y para abrir nuevos escenarios que permitieran un mayor desarrollo de las fuerzas revolucionarias y una más enérgica lucha en defensa de las demandas de los trabajadores. Su expresión para los países colonizados y semicolonizados fue el frente único antiimperialista y democrático.

Que en partidos comunistas como el peruano se produjera una desviación de derecha que los llevó a arrastrarse detrás de sectores de la oligarquía, como ocurrió con el gobierno de Manuel Prado, es harina de otro costal. No es que el viraje del VII Congreso de la IC fuera incorrecto; ocurrió que la cúpula dirigente de entonces se desbordó hacia terrenos liberales y hacia la conciliación de clases, que es cosa diferente.

El Nuevo Curso es una táctica general que corresponde a la singularidad de la correlación de fuerzas nacional e internacional. Pero ahora tenemos encima la ofensiva neoliberal, la hegemonía norteamericana, la subyugación de nuestras economías y sociedades a los dictados del imperialismo y sus instrumentos como el FMI, el BM o la OMC, la expansión y concentración de los monopolios en una dimensión como jamás había ocurrido en el pasado.

Durante muchos años el Partido planteó una salida de gobierno "táctico", que no era todavía el gobierno surgido de la revolución victoriosa ni expresión de un nuevo Poder revolucionario. La idea era correcta, pero fallaba porque no contaba con la solvencia teórica y el contenido que le otorga el Nuevo Curso. Por eso no pasó de ser consigna genérica que no logró plasmar en una alternativa fundamentada y creíble.

Esta característica de la táctica general se confunde muchas veces con la estrategia. Se puede entender la táctica general a que hacemos referencia, en todo caso, como una forma de estrategia parcial, para un período, pero no con una estrategia que involucre una etapa de la revolución. Por lo demás, el Nuevo Curso es la mejor aproximación al objetivo estratégico si es asumido correctamente y llevado a cabo de la manera más firme y consecuente.

NUEVO CURSO Y TRANSICIÓN

El concepto transición es crucial para entender el Nuevo Curso. La visión mecánica lleva a la idea de que las revoluciones y sus etapas se presentan puras, sin fases ni transiciones. Este punto de vista metafísico y unilateral no se armoniza con el pensamiento dialéctico. La realidad es siempre más complicada de lo que se imagina la gente. En todo proceso complejo -y nada lo es más que el revolucionario- están presentes mediaciones, transiciones de una fase a otra, de una etapa a otra, o bien saltos que obligan a cambios bruscos. Mostrarlos en su objetividad y actuar en consecuencia es tarea de la conducción política.

La lucha por el poder y el cambio revolucionario es el objetivo estratégico del Partido. Pero la estrategia no se alcanza sino a través de pasos tácticos que permitan ir acumulando las fuerzas necesarias para llevarla a cabo, ampliar el espacio de influencia de la revolución y aislar al adversario incorporando a las masas a esa lucha a través su experiencia directa.

Entendemos por transición la presencia de fases y de aproximaciones al objetivo que nos proponemos alcanzar, determinadas por las condiciones reales y por la correlación de fuerzas existente en un momento dado, y por la necesidad de ensanchar el campo de acción a afin desarrollar incesantemente las fuerzas de la revolución. Nunca será igual la táctica en una situación revolucionaria, de la táctica en otra distinta.

Nadie que esté en su sano juicio puede decir hoy que nos hallamos en medio de una crisis revolucionaria ni que las fuerzas de la revolución se encuentran en su mejor momento, o que está a la orden del día la conquista del poder del Estado. Esta afirmación no niega ni encubre que las cosas puedan cambiar en el futuro, ni pone en tela de juicio que debamos desarrollar los factores subjetivos que lo faciliten.

NUEVO CURSO Y PROYECTO NACIONAL

El Nuevo Curso sería una táctica vacía de contenido si no se planteara como su objetivo el Proyecto Nacional Democrático. Qué éste pueda llevarse a la práctica dependerá , en primer lugar, de la fuerza que alcance el movimiento revolucionario y de masas y del frente político que se construya para acceder al gobierno central. Esta es la única garantía para defenderlo de la hostilidad de las fuerzas reaccionarias y el imperialismo, y, sobre todo, para avanzar lo más que sea posible. Quedarse a mitad de camino equivaldría a su frustración.

Hasta ahora nos movimos, bien en torno del oposicionismo coyuntural y reivindicativo, o de propuestas genéricas, antagonizando innecesariamente la lucha por reformas y la revolución, por gobierno y poder, como si fueran excluyentes. Al luchar por una salida de gobierno debemos tener en mente su necesidad concreta, sus posibilidades y también sus límites, a efectos de avanzar hasta donde sea posible preparando, al mismo tiempo, las condiciones mejores para el paso siguiente, sin perder de vista el objetivo estratégico que es el Poder.

El proyecto nacional es la visión de país que requerimos construir para salir de la situación en que se encuentra y para movilizar en esa perspectiva las potencialidades del pueblo peruano y los recursos disponibles. No son suficientes tales o cuales reformas o políticas parciales. Pero el Proyecto Nacional estará incompleto si no va acompañado de una propuesta de gobierno y una nueva constitución que funde la Segunda República, pues aquella que surgió con la independencia y sobrevive hoy está agotada. Doce constituciones fracasadas, incluyendo la del 93, confirma que más que un problema moral o jurídico es económico, social y político.

Desde luego que llevar a cabo y culminar el Proyecto Nacional Democrático engarza con la revolución democrática y antiimperialista. Si se pierde de vista esta conexión dialéctica se incurrirá en error de derecha si ella se queda a mitad de camino, o de izquierda, si se ve sólo la estrategia perdiendo de vista los pasos tácticos y las mediaciones que lleven a ella.

NUEVO CURSO Y HEGEMONIA

Un problema crucial está referido a la cuestión de la hegemonía y al papel del proletariado. Quien dirigirá este proceso es un asunto que sólo se puede resolver en la práctica. Conquistar la dirección por parte de las fuerzas revolucionarias y democráticas es un objetivo a alcanzar; no existe, sin embargo, ninguna garantía por anticipado de que ocurra así. Ganará quien cuente con la fuerza y la influencia para ello, con la claridad en el rumbo y con la capacidad de convencimiento sobre sus aliados y las masas. El proletariado tiene la ventaja de que cuenta con un panorama más amplio y está interesado en llevarla hasta sus límites, pues sabe que cuanto más profunda sea tanto más se acercará a sus propósitos estratégicos. Pero es una ventaja que sólo podrá ganarla si está en condiciones de lograr la dirección efectiva del proceso.

Históricamente, la burguesía debió encarnar las tareas democráticas y nacionales, realizar la nación, proceder a la construcción de un estado soberano, democrático y descentralizado, llevar a cabo la integración económica barriendo con el feudalismo y el centralismo, afianzar la identidad nacional y crear el mercado interior, indispensables para su propio desarrollo como clase, para afirmar su hegemonía y construir una sociedad burguesa moderna. No lo hizo. Prefirió coexistir con el feudalismo y optó por la sumisión al imperialismo. Los resultados luego de casi dos siglos de república están a la vista.

No obstante, sus sectores medios, sobre todo los vinculados a la industria, así como los pequeños empresarios, tienen contradicciones con el capital transnacional y con los sectores hegemónicos del capital nativo, que el neoliberalismo pone en acción brutalmente eliminándolos del camino. En la lucha por la democracia y contra la ofensiva neoliberal capitalista son aliados a tomar seriamente en cuenta. El gran capital, más vinculado a la especulación, la primario exportación y el intercambio, es una clase parasitaria, reaccionaria y entreguista. Con ella sólo cabe la lucha.

Los intereses del proletariado y aquellos sectores marcan coincidencias y, al mismo tiempo, diferencias. La aspiración del proletariado, con él la de los trabajadores, es el socialismo; la de la burguesía media y los pequeños empresarios, numéricamente considerable y también diferenciados por su papel y presencia en la economía, un capitalismo que les asegure mercado y condiciones para su desarrollo. Que avancen más dependerá de factores que, por el momento, no interesa especular.

El futuro del Nuevo Curso dependerá, en suma, de cuál será la potencia e influencia que alcancen a construir las fuerzas de izquierda y el socialismo. Lo que sí es indispensable es la construcción de un amplio frente democrático y popular que lo encarne y que sea capaz de nuclear en torno suyo a los más amplios sectores posibles del pueblo peruano.



NUEVO CURSO Y POLITICA DE ALIANZAS

El Nuevo Curso se propone una alternativa de gobierno. No se queda en el oposicionismo ni se limita a la propaganda por los objetivos estratégicos de la revolución. Un gobierno del Nuevo Curso deberá, por fuerza, ser un gobierno de unidad de las clases y fuerzas nacionales y democráticas capaces de llevar a cabo las reformas fundamentales contenidas en el programa de democracia, independencia y soberanía, descentralismo, desarrollo con justicia social, regeneración moral, educación, ciencia y tecnología.

En él caben desde el proletariado hasta los sectores de la burguesía nacional dispuestos a poner en acción estas tareas. La extensión, profundidad y hegemonía se resolverá en el terreno concreto y de acuerdo a la correlación de fuerzas existente. Esto obliga a trabajar con visión de largo alcance y a vincularnos más directamente con las masas, nuestra reserva fundamental sin la cual nada serio alcanzaremos.

Quienes representamos el socialismo no debemos temer trabajar en este escenario, complicado desde luego pero inevitable. No hay otra forma, por el momento, de hacer avanzar la causa revolucionaria y de acumular fuerzas en grande, menos de reconstruir el Partido. Este no se reconstruye en frío, calentando sillas bajo cuatro paredes, sino en medio del torbellino de la lucha de clases y de la acción política de cara a las masas.

Está claro que la política del Nuevo Curso no se agota en el combate a la dictadura. Ni se limita a cuestionar el modelo neoliberal. Es una alternativa global válida para todo un período de la lucha de clases en el Perú cuyo desenlace dependerá de cómo se desenvuelva el proceso político, económico y social.

ACLARACION NECESARIA

En ciertos materiales se usa indistintamente los conceptos de táctica o estrategia para calificar la política del Nuevo Curso. Esto lleva a confusiones que es necesario superar. El Nuevo Curso es una táctica válida para todo el período, por eso mismo es una táctica general que involucra y subordina otras tácticas parciales.

Un segundo error conceptual se refiere a confundir lo que es una política para un período, una táctica general, con los dos caminos históricos que representan el capitalismo, por un lado, y el socialismo por el otro.



 

 
 
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