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DERROTEMOS LA INFLUENCIA DEL SECTARISMO EN EL PARTIDO
Alberto Moreno Rojas

Una decisión fundamental del VIII y IX Plenos es la lucha para vencer en el Partido la influencia que ejercen el sectarismo y su hermano gemelo, el estilo burocrático de trabajo.

Desde luego que éste no es un tema nuevo entre nosotros. Ni es la primera vez que se aborda en los documentos partidarios. Lo nuevo es el énfasis con que se plantea, el convencimiento de que es una enfermedad sumamente peligrosa que amenaza con hacer inviable el partido revolucionario de masas que nos hemos propuesto construir.

Dicho de otra manera: el partido revolucionario de masas es absolutamente incompatible con toda manifestación de sectarismo en el Partido y en su relación con las masas populares. Si esto es así lo que queda es saber en qué consiste el sectarismo, cuáles son sus manifestaciones y cómo luchar contra él. No se combate a conciencia lo que no se conoce, ni se rectifica lo que se ignora.

El diccionario de la Academia de la Lengua Española define al sectario como aquel que "profesa y sigue una secta, secuaz, fanático e intransigente, de un partido o una idea", y al sectarismo como el "celo propio del sectario". Las sectas, por lo general religiosas, son facciones que se alimentan de verdades absolutas y excluyentes, cerradas en si mismas. Sus integrantes se caracterizan por el fanatismo con que profesan sus ideas, por su verticalidad, y porque no toleran a quienes no piensan y actúan como ellos.

La acción política no es ajena a la presencia de estas manifestaciones de sectarismo. Los partidos revolucionarios han debido enfrentar fenómenos de este tipo. La historia de la Primera Internacional muestra ejemplos al respecto. La lucha de Marx y Engels contra Bakunin y sus secuaces es bastante ilustrativa. Más adelante la lucha de Lenin contra los ostovistas, quienes "disfrazaban su oportunismo con frases "izquierdistas" y se negaban a participar, en plena ofensiva del zarismo y repliegue de la revolución, dentro de las organizaciones legales. El Partido Comunista de China no habría logrado sus objetivos sin desplegar una firme lucha contra el izquierdismo y el sectarismo, uno de cuyos representantes fue precisamente Wang Ming.

En la historia del Partido Comunista Italiano es conocida la batalla que libraron Gramsci y otros comunistas italianos contra la línea izquierdista y sectaria de Amadeo Bordiga, después de fundado el partido en Livorno. En España, habría sido imposible el desarrollo del Partido Comunista y su conversión en partido de masas, cuyo papel fue fundamental a lo largo de la Guerra Civil contra el fascismo franquista, de no mediar la derrota de la corriente izquierdista y sectaria en el IV Congreso de 1932.

La historia del Partido Comunista del Perú no es ajena a esta realidad, independientemente de su singularidades. La primera línea izquierdista y sectaria se introduce luego de la muerte del Amauta, a principios de los años 30, bajo la dirección de Eudocio Ravínez, más tarde cerril anticomunista e instrumento al servicio de la oligarquía y el imperialismo. El costo que pagó el Partido fue alto. De la crisis revolucionaria de esos años salió diezmado, permitiendo más bien que el aprismo se abriera paso como el partido político más estructurado e influyente de esos años. Más tarde, hubieron nuevo rebrotes de sectarismo, independientemente de que el rumbo partidario estuviese marcado por influencias reformistas y derechistas o "izquierdistas".

Para entender las manifestaciones y raíces del sectarismo de hoy es necesario escarbar sus raíces históricas y sus manifestaciones concretas en cada circunstancia igualmente concreta. Pero cualesquiera hayan sido esas circunstancias y sus expresiones concretas, el sectarismo siempre fue y es un obstáculo para el desarrollo del Partido, la construcción del frente único, el incremento de su influencia entre las masas, y para la incorporación de nuevos militantes a sus filas. El sectarismo aísla al Partido de las masas, lo distancia de sus aliados y las fuerzas intermedias, lo condena al aislamiento y a la derrota.

El Partido tiene una tarea de enorme importancia: convertirse en partido revolucionario de masas. Esta determinación tiene una base real: las enormes posibilidades presentes para su crecimiento organizativo, para el despliegue de su potencialidad política como partido de vanguardia, y para la extensión de su influencia ideológica y cultural en el seno de la clase obrera y el pueblo peruanos.

El reflujo del movimiento de masas y del socialismo peruano que se inicia a fines de los años ochentas y se consolida a principios de los años noventas, empuja al Partido a replegarse sobre si mismo para resistir la ofensiva neoliberal, conservar sus fuerzas e impedir el desbande en sus filas, como ocurrió con otras organizaciones políticas que entonces se definían comunistas. Si a ello se suma la presencia militarista y aventurera del senderismo y su aprovechamiento por la derecha para trasladar a todo comunista o izquierdista el sambenito de "terrorista", entonces entenderemos la presencia de un ambiente favorable para el ocultismo y el abstencionismo político, y también para la presencia de tendencias sectarias con sus métodos conocidos como grupismo, la desconfianza, la sospecha de los que no piensan igual, etc.

El sectarismo en el Partido tiene un sustento social: el ambiente pequeño burgués. El Perú de hoy congrega una enorme masa no proletaria, pauperizada y fragmentada. Un grueso de la militancia proviene de este sector y está influido, en ausencia de una adecuada y firme labor ideológica comunista, por ese espíritu individualista y estrecho.

Tiene también un sustento congnocitivo, resultado del poco conocimiento del marxismo leninismo y de su uso como guía para la acción, de la concepción, programa y políticas del Partido, y de manera particular del alcance, significado, tareas, métodos y consecuencias del partido revolucionario de masas.

Pero el sectarismo no es un fenómeno exclusivamente orgánico, sino también político. Quienes incurren en errores de sectarismo no se dan cuenta que la causa revolucionaria será inviable si no se construye la más amplia unidad del pueblo peruano y un partido revolucionario grande, unido y correcto. El pueblo hoy lo conforman clases y fracciones de clase que van desde el proletariado hasta la burguesía media, también agredida o afectada por el neoliberalismo y el imperialismo. Si no existe disposición de unir estas fuerzas y, al mismo tiempo, de disputar y garantizar la hegemonía del proletariado, tampoco habrá capacidad para unir a la vanguardia.

El revolucionario que sufre la influencia del sectarismo se parece a la rana que cree que el universo es el pequeño espacio que otea desde el hueco en que se encuentra. No ve millones de personas que son agredidas y expoliadas por el imperialismo y el gran capital intermediario y especulativo, sino decenas o a lo sumo centenas afines o que se mueven satisfechas en sus pequeñas celdas.

Nada hay de sorprendente en que este espíritu de secta alimente el estilo burocrático de trabajo, facilite la abstención política, impida el crecimiento del Partido o lo distancie de las masas populares. Es la fuente del liquidacionismo político y organizativo. Cae de su peso que sobre esa base es sencillamente imposible cualquier política seria de frente único.

Quienes son víctimas del estilo de trabajo sectario en el Partido incurren en actitudes y métodos erróneos como los siguientes:

a) el sectario no confía sino en si mismo y sus amigos.
b) el sectario se muestra incapaz de trabajar con quien diverge con él o se atreve a criticarlo, pues confunde sus intereses particulares con los del Partido y de las masas populares;
c) el sectario se siente satisfecho con los halagos y aplausos, pero no tolera la crítica por justa que sea;
d) el sectario propicia el espíritu de grupo, le entusiasma las correlaciones para garantizar "su" hegemonía y control;
e) el sectario es proclive a la manipulación y al uso de métodos de "lucha" inaceptables como los corrillos, los ataques bajos, el chisme, el engaño, los manejos ocultos, las mayorías espurias;
f) el sectario no une sino confronta, no incluye sino distancia, no incorpora sino ahuyenta, no critica con franqueza y honestidad sino acusa muchas veces sin fundamento o maniobra a espaldas de los camaradas.
g) el sectario considera que siempre tiene la razón y los otros la sinrazón;
h) el sectario desconfía de las masas y de los camaradas y cree que todo lo puede hacer él;
i) el sectario rinde culto a los cargos y gusta de asumirlos como si fueran condecoraciones, en lugar de distribuir y compartir responsabilidades, o de medir su capacidad para el ejercicio de los mismos;
j) el sectario no construye partido, no contribuye a su crecimiento, ni promueve nuevos cuadros y dirigentes con capacidad de iniciativa, él se basta para todo y también lo arruina todo.
k) el sectario impone, manipula, no escucha ni convence, al mismo tiempo que asume poses radicales para encubrir su pasividad política;
l) el sectario, si le sacas su costra radicaloide, dentro tiene poco de marxismo-leninismo: padece la enfermedad del subjetivismo, teme o menosprecia a las masas, le son ajenos la honestidad y la lealtad camaraderil. Confunde el espíritu de partido por el de grupo o secta;
ll) el sectario no entiende o no quiere entender la necesidad del frente único, y menos estará en condiciones de llevar a la práctica una política unitaria. Al confundir las contradicciones secundarias de la principal, golpeará por igual en todas las direcciones entregando al adversario las fuerzas intermedias y vacilantes;
m) finalmente, quienes padecen la enfermedad del sectarismo rehuyen la democracia dentro del Partido y se entusiasman con el centralismo burocrático. Hacia fuera del Partido y en las organizaciones de masas, su atención siempre se orienta a cómo "controlar" los sindicatos y organizaciones populares, muchas veces fabricando mayorías espurias y delegaciones sin representación o respaldo de sus bases.

Desde luego que nos estamos deteniendo en sus manifestaciones extremas. Pero no se podría decir que, dentro como fuera del Partido, el sectarismo no es un problema. La sociedad peruana es fuertemente sectaria y excluyente. Los partidos políticos no se salvan de esta epidemia. ¿Cuál de ellos no está atravesado por conflictos, divisiones? ¿Qué queda de Unidad Nacional? El APRA no es el mejor ejemplo de unidad sino de luchas faccionales permanentes. Izquierda Unida mostró la fragilidad de la izquierda peruana en esta cuestión. Todo ello indica que no será fácil el proceso de reconstrucción de la unidad perdida de la izquierda y el pueblo peruanos.

Por desgracia el Partido tampoco está libre de esta plaga. Este espíritu de feudo, que no es otra cosa que ideología pequeñoburguesa, de pequeños productores, y remanente de la vieja ideología feudal, tiene raíces profundas en nuestro país. En un ambiente así se abren paso el caudillismo, el personalismo, introduciendo métodos de dirección fuertemente individualistas y sectarios. Esa es la razón por la que se sustituye la dirección colectiva por la individual, el trabajo en equipo por el mando y ordeno, y por qué los que padecen la enfermedad del sectarismo se esmeran en desactivar todo aquello que sienten se les puede escapar de las manos.

El sectarismo se nutre también de la mediocridad y del atraso político de los militantes. Si piensan menos, mejor. Como los sectarios desconfían de quienes sobresalen o muestran una capacidad mayor que la suya, ven en él a un adversario en lugar de un camarada que hay que apoyar y promover. Por eso su tendencia al controlismo y al liquidacionismo. De allí la necesidad que tiene de contar siempre con una mayoría, no importa los métodos que use para alcanzarla. Le es caro las correlaciones, el moverse entre bambalinas en lugar de plantear con franqueza sus puntos de vista, de fomentar la democracia interna, el respeto a la opinión de los militantes o la institucionalidad de los organismos.

Allí donde se introduce el sectarismo la actitud camaraderil es reemplazada por la sospecha, la apreciación serena y objetiva por el subjetivismo, la crítica franca y honesta por la intriga, los corrillos o la intencionalidad destructiva. En un ambiente así se abre paso la intolerancia, la desconfianza mutua., y el aire se torna irrespirable.

La ideología y la política que está detrás del sectarismo no es precisamente el marxismo leninismo, la ideología y teoría del proletariado, sino de la pequeña burguesía y de los pequeños productores, y en ciertos casos sus métodos provienen, en una sociedad en crisis y fragmentada como es el caso peruano, de los sectores desclasados y anárquicos. Sin una lucha que ponga en evidencia sus fuentes ideológicas y sociales, y no solamente sus métodos orgánicos, será imposible erradicar el sectarismo de nuestras filas.

Pero el sectarismo no es exclusivo de los comunistas. También lo encontramos en el movimiento de masas y fuera de nuestras filas. La cultura peruana está fuertemente marcada por esta enfermedad parecida al cáncer, pues se mantiene destruyendo células vivas. El espíritu de secta que incubó el catolicismo, la exclusión que trajo el dominio español, la ausencia de una burguesía que construyera e integrara la nación, la permanencia de un estado centralista y autoritario, la mentalidad colonial subyacente, la actitud aristocrática y racista de las clases dominantes, han contribuido a que se configure una cultura sectaria y excluyente, de la que los comunistas no han quedado libres en ausencia de una crítica frontal de sus causas y manifestaciones.

En lo que al Partido concierne, debemos convencernos que el sectarismo, en cualesquiera de sus formas o manifestaciones, es un mal que debemos extirpar si queremos que la revolución y el socialismo se abran paso, y si aspiramos a construir un partido revolucionario de masas influyente, verdadera vanguardia que el pueblo peruano espera. Si el Partido no crece en correspondencia con las posibilidades reales que tenemos y con las condiciones favorables que contamos, se debe, entre otras razones, a la permanencia del tipo de partido secta al que estamos acostumbrados y al estilo y los métodos sectarios de trabajo subsistentes. Sobre esa base será difícil avanzar hacia el partido revolucionario de masas, que nos exige incorporar con audacia y dentro de las normas estatutarias nuevos militantes, así como formar y promover nuevos cuadros y dirigentes idóneos y capaces de cumplir la gran misión histórica que nos corresponde.



Publicado inicialmente en el Boletín Interno del Comité Central. Noviembre del 2004. Se han hecho algunas agregados al texto inicial.


 

 
 
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