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CENTRALISMO
DEMOCRÁTICO Y PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS
Por Alberto Moreno Rojas
Ponencia presentada por el camarada Alberto Moreno Rojas,
Secretario General del Partido, al II Seminario sobre el Partido
revolucionario de Masas, organizado por la Comisión Nacional de
Organización del Comité Central el día 10 de febrero del 2004.
EL CENTRALISMO DEMOCRATICO Y LA
IDEOLÓGÍA
La primera cuestión a considerar es nuestra condición de partido
revolucionario. El centralismo democrático no es entendible en su
plenitud en un partido que no tenga las características que
nosotros representamos; primero, porque la democracia en el concepto
de la burguesía y en la estructura de los partidos de la burguesía
es restringida, limitada, y en el mejor de los casos se reduce a la
elección de sus cuerpos directivos y particularmente de sus
candidatos para ocupar espacios en la escena oficial. El centralismo
que practican es más de las veces burocrático. Hemos escuchado
criterios según los cuales uno de los elementos que explican el
fracaso de los partidos comunistas es el centralismo democrático;
opinan así porque rinden culto a lo individual, a lo anárquico, a
lo desordenado, a una visión de la organización apta para actuar
dentro de la lógica y la dinámica del sistema liberal establecido
y no para cambiar ese sistema.
Un Partido revolucionario se
caracteriza porque tiene que ir siempre contra la corriente.
Nosotros no somos una organización creada para marchar al vaivén
del movimiento de las aguas que fluyen hacia abajo; nos proponemos
construir un mundo nuevo. Para construir ese mundo nuevo tenemos que
remar contra la corriente y tener el pensamiento, la voluntad y la
organización apropiados y preparados para chocar contra fuerzas
inmensas que tratarán de destruirnos, imposibilitarnos la
consecución de ese propósito. En consecuencia, para ese tipo de
objetivos y retos tenemos que tener un Partido que corresponda a
esas características específicas; para ello el ejercicio del
centralismo democrático es un elemento fundamental.
El centralismo democrático nos
permite afirmar nuestra identidad de clase, porque el centralismo
democrático, no solamente consiste en principios, pautas, normas,
es también actitud, concepción, una manera de entender la vida,
entender la lucha y entender mi responsabilidad en el partido en el
cual milito.
La ideología burguesa o pequeño
burguesa no son ajenas a nosotros, están presentes en nuestra
cabeza en una proporción mayor de la que imaginamos, por ejemplo en
manifestaciones como individualismo, subjetivismo, burocratismo,
autoritarismo, sectarismo, en las tendencias anárquicas o
liberales. Todos estos ismos tienen un trasfondo de clase, social e
ideológico. Por eso, cuando se quiere entender el centralismo
democrático como un asunto exclusivamente orgánico porque es el
principio básico de organización, vemos una parte del tema pero no
lo sustancial.
Sin esa actitud, sin esa voluntad,
sin ese trasfondo ideológico que debe responder a los intereses de
clase que representamos, no estaríamos en condiciones de entender y
practicar debidamente el centralismo democrático, o lo
entenderíamos como un asunto puramente cuantitativo, orgánico, de
método, y eso no es así.
El Partido es una unidad. Somos
diversos como personas, por nuestra procedencia social, por nuestro
nivel cultural, por nuestros gustos, emociones, pasiones; pero esa
diversidad que somos como individuos requiere cohesionarse para la
consecución de ese propósito que se llama socialismo, lo que se
logra con la unidad ideológica, política y orgánica. No es
posible entender el Partido fragmentado, por un lado lo ideológico,
por el otro político, y más allá lo orgánico por otro. Es un
todo único, articulado, ordenado. Sin entender esto tampoco
tendremos una idea cabal del centralismo democrático.
EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS ES
POSIBLE
Tenemos la determinación de avanzar en convertirnos en un Partido
revolucionario de masas. Esta formula no es caprichosa, ni
consecuencia del deseo de algún dirigente que amanece entusiasta y
declara: ¡bueno, crezcamos y convirtámonos en un partido grande!
Es una necesidad pero también una posibilidad real. Necesidad por
que no hay otra manera de cumplir la misión histórica que
significa la lucha por el socialismo; y posibilidad, porque hoy
existen condiciones objetivas y anímicas para avanzar en esa tarea.
Hasta hace poco fuimos un partido que debió luchar para resistir
después de la crisis de la izquierda que vivimos a fines de los 80
y los 90, para preservarnos como partido revolucionario frente al
ataque del adversario, para enfrentar la derrota que significó la
imposición del neoliberalismo que no fue solamente política sino
también ideológica, aprovechando con ese propósito los desmanes y
extravíos de Sendero Luminoso para desacreditar la palabra
socialismo, para difundir la idea de que el socialismo estaba
muerto.
En esas condiciones debimos hacer una
firme defensa de nuestros ideales, programa, principios
organizativos, para afirmar nuestra identidad, para no quebrarnos
frente a esa ofensiva brutal de los adversarios del socialismo,
incluyendo aquellos dirigentes que abandonaron la izquierda para
pasarse al liberalismo. En esas condiciones y en medio de un gran
reflujo de masas que impedía el crecimiento del Partido, debimos
protegernos como en un muro de acero a la espera de mejores tiempos
que con toda seguridad vendrían más adelante. Para muchos, sobre
todo dirigentes débiles ideológicamente, con el derrumbe de IU se
había acabado el sueño del socialismo en el Perú. Esa etapa de
cerrazón generó una manera de entender la construcción del
Partido, alimentada a su vez por una herencia izquierdista y
sectaria de la que no nos habíamos desprendido del todo, encerrado
en sí mismo, temeroso de la acción política abierta.
Hoy la situación está cambiando
rápidamente, lo que permite entender que es posible construir el
Partido en todos los sectores populares. La gente que ayer nos vía
con temor como reacción al desmadre terrorista que dejaron el
Estado durante el gobierno de Fujimori y Sendero Luminoso, está
cambiando de actitud y empieza a entendernos y vernos con simpatía.
La palabra Patria Roja que la derecha se encargó de satanizar -sin
lograr sus objetivos- ya no encuentra resistencias importantes
sectores del pueblo lo aceptan más bien como algo importante, como
algo interesante, como algo innovador. En una situación así
permitir en el Partido estilos sectarios o espontaneistas
implicaría aceptar una forma de liquidacionismo y una manera de
impedir su conversión en partido revolucionario de masas. Por esa
razón es indispensable llevar a cabo una firme lucha ideológica
para poner en la picota y rectificar esa visión estrecha, de
cerrazón, que entiende al Partido encerrado en sí mismo, de
debates entre nosotros mismos, de creer que construir el Partido se
limita a reunirnos cada cierto tiempo para discusiones entre
nosotros mismos. No faltan quienes -muy pocos desde luego- en el
colmo de la irresponsabilidad, tratan de justificar esta conducta
que nada tiene que ver con la concepción y la línea del Partido ni
con el marxismo leninismo, como una supuesta "línea
correcta".
Esa visión de secta no se
corresponde con la democracia revolucionaria ni con los objetivos y
las tareas del Partido. El partido no es propiedad nuestra, es
patrimonio de la clase obrera, de los trabajadores, del pueblo
peruano. Esa clase obrera, ese pueblo, ese trabajador debe tener
aquí su casa, su hogar. Si no es así ¿de qué democracia podemos
hablar?
El partido revolucionario de masas
implica enfrentar retos muy grandes, peligros de diverso tipo. Retos
grandes porque tenemos que aprender a trabajar pensando en un
Partido articulado en los distintos sectores del pueblo peruano,
teniendo como eje lógicamente su base social natural que es el
proletariado. Debemos admitir que en este sector nuestro trabajo no
es fuerte, pero tenemos que avanzar en esa perspectiva, organizando
el Partido en todos los sectores de los trabajadores de la ciudad y
el campo, entre los intelectuales y profesionales, en la juventud (a
través de la JC), en el seno de las mujeres, de las poblaciones
étnicas, a fin de contar con un partido grande por su número, su
calidad, su influencia política, ideológica y cultural.
El problema que enfrentamos es que no
estamos marchando al ritmo de las potencialidades y posibilidades
que tenemos al frente. Hay un exceso de conservadurismo, de
sectarismo, y esto tiene que ver también con el centralismo
democrático.
El partido revolucionario de masas no
es únicamente crecimiento cuantitativo; tiene que ser también y
sobre todo crecimiento cualitativo ideológico y político. Si no
damos y ganamos la batalla ideológica, si no influimos
ideológicamente, la ideología liberal y la ideología pequeño
burguesa seguirán siendo dominante en el pensamiento de la gente,
incluso en la cabeza de nuestros militantes.
LA DEMOCRACIA Y EL CENTRALISMO EN LA
CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS
Cometimos un error grueso en el V Congreso al introducir en el
Estatuto anterior el criterio de que entre el centralismo y la
democracia el factor decisivo era el centralismo. El factor
determinante en estos dos aspectos contradictorios es el
democrático. Sin democracia ¿de qué centralismo podemos hablar?
¿Y qué es la democracia?: poner en juego la iniciativa, la
creatividad, la participación, la opinión, la decisión de los
militantes; hacer que todos se sientan participes de las decisiones
fundamentales en este partido que estamos construyendo. Si nuestro
principio de trabajo básico es la línea de masas, tampoco habrá
democracia en el Partido si éste no tiene una apertura de verdad
hacia las masas. No hay que entender el centralismo democrático
como una democracia solamente dentro del Partido, sino también como
su expresión hacia fuera: la democracia con las masas. Si no
afirmamos una práctica democrática de cara a las masas, si no
hacemos que las masas también se preocupen por lo que estamos
haciendo, opinen, incluso nos critiquen, ¿de qué democracia
podemos hablar?
Desde nuestro punto de vista la democracia es una concepción que se
basa en la idea que las masas son las dueñas de la historia, el
Partido es un instrumento en su lucha emancipatoria, un factor
consciente organizado que debe capacitarse para conducir ese proceso
histórico. De ello se concluye que el Partido no puede sustituir a
las masas en la emancipación de las mismas masas, siendo su papel
más bien organizarlas y dirigirlas.
El partido cuenta con experiencias
muy valiosas, con situaciones interesantes que están ocurriendo que
hay que valorar y apoyar, también existe alguna hierba mala que no
debemos desconocer ni ocultar. Por ejemplo, estamos atravesados por
un fuerte subjetivismo, por el método del "dime y te
diré", de chismes, de versiones sueltas, de desconfianzas
mutuas. El sectarismo o el espontaneismo, cada uno por su cuenta,
también causan estragos. En un ambiente así ¿cómo puede
fructificar la democracia interna? Para que haya democracia tenemos
que contar con un ambiente apropiado, de franqueza y honestidad, de
respeto a las opiniones y de confianza, en el que cada cual diga lo
que piensa aunque sus criterios no sean los mejores, sabiendo que
será escuchado y, si se equivoca, sabe que lo ayudarán ver su
error y a rectificarse. Tenemos que crear ese ambiente de
fraternidad, de compresión, de firmeza, síntoma de tolerancia
entre nosotros. Sin ese ambiente la democracia interna se verá
neutralizada sino anulada.
Tenemos que encontrar también
métodos mejores de consulta. Si somos aún un Partido pequeño es
más fácil que nos administremos. ¿Qué pasaría si contáramos
con 50 mil o cien mil afiliados? Y pensar que nos proponemos llegar
y superar esa cantidad. Lo grande empieza por lo pequeño y se
alcanza si se cuenta con la voluntad para alcanzar la meta.
Pero la democracia sola, por muy
excelente que fuese, siempre será insuficiente. Desde Marx sabemos
que "los filósofos no han hecho más que interpretar de
diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de
transformarlo". El marxismo se caracteriza porque tiene una
teoría, pero junto a ella, inseparable, está la práctica. Teoría
sin práctica no tendría sentido y viceversa. Ambas se entrelazan,
interpenetran e influyen recíprocamente. Todo cuanto decimos o
proponemos tiene valor solamente si se pueden llevar a la práctica,
si nuestras tesis, juicios y políticas tienen su complemento y
verificación en la práctica. Si discutimos las verdades más
brillantes separadas de la vida real, del proceso práctico, no
tendrá sentido como hecho revolucionario. Eso está bien para el
sermón en los templos, para los sacudimientos emocionales que
requieren los feligreses, pero así no se hace la revolución. La
revolución se hace actuando, construyendo, eso supone capacidad de
unir pensamiento y acción. de ejecución y verificación de las
decisiones que se toman.
Democracia y centralismo están
imbricados, están juntos. No existe uno sin el otro: no puede haber
democracia de verdad sin centralismo de verdad, y viceversa.
Al respecto Mao Zedong tiene una
definición interesante: "¿qué significa centralismo?
significa ante todo concentrar las ideas correctas y concentrar la
unificación de la comprensión de la política, el plan, el comando
y la acción; es decir, llegar a tener ideas colectivamente asumidas
por unanimidad o por mayoría para traducirlas en acción,
ejecutarlas, llevarlas a la práctica". Solamente así nos
encontraremos en condiciones de verificar si la decisión es
correcta o no. La verdad no se verifica en la discusión; a través
de la discusión nos aproximamos a la verdad y llegamos a una
conclusión, pero será la práctica que realicemos, la capacidad de
aplicar las decisiones tomadas, quien demuestre si equivocamos o
acertamos, o acertamos a medias. No accederemos a un verdadero
criterio de verdad discutiendo y discutiendo, consumiendo en ello
horas y días como a veces estamos acostumbrados. Este es un defecto
que tiene el Partido. Un partido así no actúa como corresponde a
un partido comunista; sería en todo caso un partido de dilatantes,
de pequeños burgueses que se entusiasman con la palabra revolución
en la mesa o en los cafetines, preocupados por darle trabajo a la
lengua.
EL BUROCRATISMO: ANTÍTESIS DEL
CENTRALISMO DEMOCRÁTICO
El centralismo democrático nos obliga a superar un defecto que
tenemos inclusive en la dirección del Partido: el burocratismo.
Línea de masas y burocratismo son dos estilos de trabajo
antagónicas. La línea de masas consiste en apoyarnos en las masas
en todo, confiar en ellas, entender que la sabiduría esta en ellas
y que en última instancia nosotros somos parte de esas masas. Esta
es una diferencia radical con cualquier corriente del pensamiento y
acción política burguesa y pequeño burguesa. El pequeño burgués
se siente por encima de las masas populares, quiere ser candidato o
congresista y hace todo lo posible sin importarle los intereses de
las masas. Para nosotros los comunistas el pueblo es lo esencial,
cada cosa, cada lucha que hacemos está en función del pueblo.
Nuestro punto de partida y de llegada, son siempre las masas
populares.
Muchas veces los dirigentes, por el
sólo hecho de ejercerlo, creen tener en sus manos la verdad, creen
que sentados en sus sillas de oficina han alcanzado el pináculo del
conocimiento y del poder. Olvidan que sin las bases y sin las masas
populares no son nada. Necesitamos tomar contacto con la gente,
escucharlos, conocer su realidad, trabajar junto a ellas. Sería
bueno si las escucháramos un 70% y los dirigentes habláramos un
30%. Escucharlos hasta cuando nos reunimos como amigos, y
reflexionar sobre lo que piensan y opinan, atentos a sus sugerencias
o críticas. Debemos crear un ambiente camaraderil de manera que los
militantes se atrevan a criticar, si hay razón para ello, al mismo
secretario general del Partido, que lo sientan un hermano suyo, un
compañero de lucha. ¿Cuál es la diferencia entre un dirigente y
un militante de base? ¿entre un comunista y el ciudadano?
simplemente el grado de responsabilidad que otorga el cargo o la
pertenencia partidaria, pero no más.
Esta es la razón por la que estamos
obligados a desechar el estilo y los métodos burocráticos, que
anticipan el centralismo burocrático en lugar del centralismo
democrático. Así como el exceso de democracia lleva al
democratismo y al anarquismo (camaradas que quieren participar en
todo, que creen que deben decidir en todo, que deben escuchar de
todo, que deben conocerlo todo, sin asumir responsabilidades ni la
disciplina partidarias), se puede también incurrir en el otro
extremo: decidir al margen o por encima de los organismos, imponer
criterios personales o de grupo en lugar de consultar y tomar en
cuenta la opinión de los camaradas, sustituir la dirección
colectiva por la individual, actuar como si se fuera la "divina
pomada", propios del centralismo burocrático.
En el Partido tenemos necesidad de
perfeccionar más la democracia interna. Esta es una necesidad. Pero
debemos estar advertidos de incurrir en errores anarcoides, de
"hacer lo que me da la gana", no respetar las instancias o
lo que es peor, violar la línea, la táctica, las políticas o la
disciplina partidaria. Ahora se están desarrollando muchos
congresos de los organismos intermedios, quisiéramos que este tema
se estudie y se vean las mejores maneras de aplicarlas con rigor. Lo
ideal es que en este proceso se fortalezca la democracia interna y
se eliminen vientos malolientes como: el espíritu de cúpula, de
correlaciones, de control burocrático, de apetencias personales,
así como métodos que se sustentan en el subjetivismo y el
liquidacionismo, ajenos por completo al estilo de trabajo de los
comunistas y más propios del espíritu pequeño burgués. En
relación al papel de los militantes asumimos como principio nuestro
la conocida fórmula de Maríategui: "que los mejores
prevalezcan por que saben ser mejores". Aquello que se basa en
correlaciones o grupismos no ayuda al Partido, siembra más bien la
semilla de su destrucción
LA CRÍTICA Y LA AUTOCRÍTICA PARA UN
SANO CENTRALISMO DEMOCRÁTICO
Pero también tenemos que ser
respetuosos de las opiniones. Muchas veces los dirigentes en los
diferentes niveles de la estructura partidaria o en la conducción
de las organizaciones de masas, somos intolerantes, no nos gusta la
crítica o la sentimos como una ofensa. No habrá un centralismo
democrático vigoroso si no introducimos con fuerza un sano
espíritu crítico y autocrítico. El espíritu crítico es el
derecho de todos los camaradas, como mandan los Estatutos, de
vigilar la marcha del Partido, de sus dirigentes y sus camaradas.
Lenin tiene una frase hermosa, la idea más exacta de lo que es la
crítica comunista, cuya versión aproximada es la siguiente:
"Cuando criticas a un camarada es porque deseas que sea mejor,
porque lo quieres". Un criterio parecido es el que nos
proporciona Mao Zedong: "curar al enfermo para salvar al
paciente". Es así como entienden la crítica los comunistas,
ajena a la mala intención, al encono o al revanchismo. Actitud
ajena a aquella otra hecha para desacreditar al camarada, para
serrucharle el piso a quien se considera contendor, que se hace a
espaldas o en corrillos en lugar de hacerlo de frente y
honestamente. Está ya no es crítica comunista, sino resabio
pequeño burgués, inquina, rencor o vanidad.
Así como la crítica es necesaria
para depurar al Partido de los errores y desviaciones, también lo
es la autocrítica, cuyo trasfondo no escapa a la ideología. Un
comunista tiene que tener el coraje de saber autocriticarse. Hay un
artículo de Mao Zedong quien reconoce en una conferencia del
Partido Comunista de China, criticando a sus camaradas: "En tal
evento yo me he hecho un autocrítica de mis errores, y algunos
organismos dirigentes de los comités provinciales no han explicado
a sus organismos. Deben explicar los errores que cometí y que yo
mismo he reconocido". Este es un ejemplo de cómo deben actuar
los comunistas aún asumiendo las máximas responsabilidades.
El espíritu comunista supone tener
un alto espíritu autocrítico, porque la autocrítica comunista no
es nada parecido al golpe de pecho, tampoco equivale a la
humillación de los militantes. Hay que entenderla más bien como un
proceso la autorreflexión y de "autocomprobación"
(Lenin) que permitan conocer el error, sus causas y el camino de su
corrección. Sin espíritu autocrítico tampoco alcanzaremos a tener
un verdadero centralismo democrático. Por eso la crítica y la
autocrítica, ejercidas mediante una lucha ideológica activa (este
es el camino a seguir), es el método fundamental que tenemos para
resolver las contradicciones en el seno del Partido, corregir los
errores y unir aún más a los camaradas.
LIBERTAD Y DISCIPLINA
No lograremos entender a cabalidad el centralismo democrático ni
aplicarlo debidamente si no se toma en cuenta otra contradicción
presente: libertad y disciplina. No se concibe un partido
revolucionario si en su seno sus integrantes carecen de libertad de
opinión, vocación, gustos literarios o de otra índole, etc. Pero
la libertad no es absoluta ni en la sociedad ni en el Partido. Si
fuera así no habrían leyes, o semáforos, o árbitros en un
partido de fútbol, ni programa o estatuto en el Partido. En toda
sociedad existen reglas, normas, que obligan a todos respetarla,
pues sino sería el reino de la anarquía y el caos. La libertad del
militante tiene como contrapartida la disciplina, obligatoria para
todos dentro de los límites que ellos mismos se dan en su Programa,
Estatuto, estrategia y táctica, dentro de cuyos marcos tiene curso
la libertad del militante. La disciplina no es absoluta ni
esencialmente orgánica, sino consciente, resultado del
convencimiento de su necesidad, convicción que muchas veces implica
actos heroicos en defensa de una causa que se considera justa,
legítima, necesaria. La disciplina se refuerza allí donde el
militante sabe que tiene deberes y pero también derechos, entre
ellos a perfeccionarse, a ser mejor ética y culturalmente, así
como responsabilidades que puede asumir en igualdad de condiciones
que el resto de los militantes. Queremos militantes que piensen, que
opinen, que se eleven constantemente, capaces de crear, que se
sientan bien en este Partido, en lugar de militantes temerosos,
aplanados, reducidos en sus derechos y dignidad. Con gente asustada,
sin iniciativa, aplastada por la rutina no es posible construir el
partido revolucionario de masas que nos hemos trazado como objetivo.
Así como la libertad es necesaria,
requerimos también de disciplina. Un Partido Comunista sin
disciplina será un partido incapaz de enfrentar los enormes retos
que significa la causa revolucionaria.. Un Partido como el nuestro
que se propone llevar a cabo el socialismo, que tiene al frente
fuerzas enemigas inmensas y debe vencer obstáculos tremendos
requiere contar con una disciplina férrea, con militantes animados
de una enorme voluntad de acción, capaces, si es necesario, de los
mayores esfuerzos y sacrificios. Sin ese espíritu de lucha y
disciplina, y más bien corroídos por tendencias anárquicas o
ambiciones personales, ni iremos lejos. Por eso libertad y
disciplina son dos factores, dos elementos contradictorios
indispensables.
CUATRO ASPECTOS DEL CENTRALISMO
DEMOCRÁTICO A TENER EN CUENTA
Yendo a la cuestión más concreta del centralismo democrático,
éste se caracteriza por los siguientes puntos que deben ser
entendidos y aplicados resueltamente:
1.- La subordinación de la minoría
a la mayoría. Cuando se discute un tema se exponen las opiniones y
se llega a una conclusión por unanimidad o por mayoría. Tomada la
decisión por los organismos correspondientes ella es obligatoria
para todos los militantes del nivel correspondiente.. Desconocer o
debilitar este principio equivale a romper la disciplina y
menoscabar el centralismo democrático. La diferencia de opiniones
queda zanjada. Si los hechos muestran más adelante que la decisión
tomada no es la más acertada, podrán quienes discreparon con ella
replantear el tema en los organismos correspondientes, nunca fuera
de ellos.
2.- La subordinación del organismo
inferior al superior. El Partido es una suma de organizaciones que
van desde la célula hasta el Comité Central y el Congreso. Cada
uno de ellos tiene su jerarquía. La instancia suprema es el
Congreso y sus decisiones es obligatoria para todos. Sus acuerdos no
entra en discusión sino hasta el próximo Congreso. Sin embargo en
los hechos no es siempre así, pues no se aplica lo que no se conoce
o se conoce superficialmente. Les hago una pregunta: ¿cuántos de
ustedes han leído con detenimiento los acuerdos del VII Congreso?,
¿Han estudiado el Estatuto y cada uno de sus artículos? Si no lo
han hecho o lo han hecho a medias, entonces ¿qué tipo de
comunistas somos? ¿Qué es lo que nos une, qué hace que tengamos
una voluntad común? las decisión del Congreso, y entre Congreso y
Congreso las decisiones del Comité Central.
3. En tercer lugar, entre congreso y
congreso el Comité Central es el máximo órgano de dirección. Las
decisiones del Comité Central son obligatorias para todos, y si
algún militante no acepta las decisiones del Comité Central
subvierte la disciplina del Partido. Entre Comité Central y Comité
Central quién lo representa es el Buró Político. En esta
cuestión hemos tenido problemas. No faltan -pocos pero son- quienes
critican de autoritario al Buró Político por tomar decisiones que
le competen y que no agradan a ciertos camaradas. Todo lo que
concierne a las decisiones del BP debe asumirlo el BP sin renunciar
a su función de dirección. Todos los temas nacionales son de su
incumbencia. Por método debe recoger opiniones, consultar, pero la
decisión final le corresponde. Desde luego rendirá cuentas al
Comité Central, pues es el órgano que lo ha elegido. Pero el BP no
puede abdicar bajo ninguna circunstancia la autoridad que tiene, y
quién quiera que vaya contra esa autoridad establecida en el
Estatuto subvierte la disciplina del Partido.
4. Hay otro elemento del centralismo
democrático que muchas veces se obvia: la subordinación del
militante al organismo. Desde el momento que integramos el Partido
el militante se subordina a la organización. En otras palabras: la
célula al comité local; éste al comité zonal; éste a su vez al
comité regional, y todos ellos al Comité Central. A diferencia de
los partidos burgueses el Partido Comunista del Perú - Patria Roja
es un sistema organizado. En los partidos de la burguesía los
militantes se organizan para garantizar el voto en los procesos
electorales, pero eso su militancia la ejercen individualmente.
¿Qué significa un sistema de organización? que todo militante
pertenece a una célula, que debe hacer su actividad política en su
célula ya que éste es el organismo de base fundamental del
Partido. Desafortunadamente esta tradición no es practicada como
corresponde, por lo que requerimos hacer un gran esfuerzo para
garantizarlo. Subsiste lo que se llama erróneamente la militancia
individual, la militancia suelta, el considerarse militante fuera de
los organismos de base. En este aspecto necesitamos llevar a cabo
una seria rectificación y no tolerar que estas cosas continúen.
EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO Y LA
LUCHA IDEOLÓGICA
Desde el VII Congreso venimos hablando con creciente interés de las
tres acumulaciones, es decir la ideológico-cultural, la política,
y la de masas, como partes de un proceso de acumulación de fuerzas
estratégica. Al examinar la experiencia pasada el VII Congreso hizo
una crítica severa al descuido que habíamos tenido en el ámbito
ideológico. Ahora que nos encontramos en campaña para sentar las
bases del partido revolucionario de masas es más indispensable que
nunca la labor ideológica. Si logramos avances en la batalla ideas,
si afirmamos el pensamiento socialista en crecientes sectores de la
sociedad, si extendemos la influencia del marxismo leninismo como
teoría de vanguardia, entonces estaremos en mejores condiciones
para avanzar en la construcción del partido evitando dos errores:
el primero, la concepción de partido secta que está en
cuestionamiento; el segundo, caer en un partido liberal, amorfo,
más parecido a una maquinaria electoral que a un partido
revolucionario que lucha por el socialismo. Nunca debemos olvidar
que siempre estarán latentes dos peligros: la desviación hacia el
reformismo o hacia el izquierdismo y el aventurerismo. Tales
peligros han existido con manifestaciones diversas a la largo de la
experiencia histórica del Partido, existen hoy y existirán en el
futuro.
Muchos creen que ser marxistas
leninista equivale a lanzar hurras por el marxismo leninismo. Si
ustedes han leído a Maríategui ¿ en los 20 tomos de su obras
completas de madurez cuantas veces habla de marxismo leninismo?. Muy
pocas. ¿Hay alguien que haya asumido el marxismo leninismo en el
Perú con más lucidez y consecuencia que Maríategui? Ser marxista
leninista no significa declararse marxista leninista con un
megáfono en la boca. Es pensar marxista-leninistamente, examinar la
realidad marxista-leninistamente, trabajar por la causa
revolucionaria como lo hizo Mariátegui. Lo demás es rito, pose,
palabrería huera. Nuestro viejo dogmatismo se caracterizó por su
adicción a la fraseología. Lenin, refiriéndose a ella la
reconocía como " sarna de la fraseología
revolucionaria". No queremos que esta sarna contagie al
Partido. Seamos marxistas como Maríategui, creadores, estudiosos de
verdad, investigadores que buscan explicación y respuestas que
permita avanzar el pensamiento socialista, el pensamiento marxista
leninista. Esta es una tarea de todos, requisito obligatorio para
derrotar la ofensiva ideológica y cultural del imperialismo y sus
cipayos locales.
El adversario no duerme. Recuerden
las campañas que venimos soportando de parte de la derecha en el
gobierno, del empresariado y de muchos tránsfugas convertidos en
plumíferos a su servicio. Quisieran arrinconarnos y desaparecernos.
Desearían sacarnos del escenario. ¿Qué se proponen? Dividirnos y
aislarnos de las masas populares con la monserja de terroristas, e
impedir el resurgimiento de la izquierda y el movimiento
revolucionario en el Perú.
En resumen, requerimos construir un
partido revolucionario de masas influyente, enraizado en todos los
sectores populares, con fuerte influencia política, ideológica,
cultural y de masas, con firme espíritu comunista, marxista
leninista, tal como entendió nuestro maestro y fundador José
Carlos Mariátegui,. Para el cumplimiento de esa tarea una correcta
comprensión y justa aplicación del centralismo democrático es de
fundamental importancia.
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