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CENTRALISMO DEMOCRÁTICO Y PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS
Por Alberto Moreno Rojas

Ponencia presentada por el camarada Alberto Moreno Rojas, Secretario General del Partido, al II Seminario sobre el Partido revolucionario de Masas, organizado por la Comisión Nacional de Organización del Comité Central el día 10 de febrero del 2004.

EL CENTRALISMO DEMOCRATICO Y LA IDEOLÓGÍA
La primera cuestión a considerar es nuestra condición de partido revolucionario. El centralismo democrático no es entendible en su plenitud en un partido que no tenga las características que nosotros representamos; primero, porque la democracia en el concepto de la burguesía y en la estructura de los partidos de la burguesía es restringida, limitada, y en el mejor de los casos se reduce a la elección de sus cuerpos directivos y particularmente de sus candidatos para ocupar espacios en la escena oficial. El centralismo que practican es más de las veces burocrático. Hemos escuchado criterios según los cuales uno de los elementos que explican el fracaso de los partidos comunistas es el centralismo democrático; opinan así porque rinden culto a lo individual, a lo anárquico, a lo desordenado, a una visión de la organización apta para actuar dentro de la lógica y la dinámica del sistema liberal establecido y no para cambiar ese sistema.

Un Partido revolucionario se caracteriza porque tiene que ir siempre contra la corriente. Nosotros no somos una organización creada para marchar al vaivén del movimiento de las aguas que fluyen hacia abajo; nos proponemos construir un mundo nuevo. Para construir ese mundo nuevo tenemos que remar contra la corriente y tener el pensamiento, la voluntad y la organización apropiados y preparados para chocar contra fuerzas inmensas que tratarán de destruirnos, imposibilitarnos la consecución de ese propósito. En consecuencia, para ese tipo de objetivos y retos tenemos que tener un Partido que corresponda a esas características específicas; para ello el ejercicio del centralismo democrático es un elemento fundamental.

El centralismo democrático nos permite afirmar nuestra identidad de clase, porque el centralismo democrático, no solamente consiste en principios, pautas, normas, es también actitud, concepción, una manera de entender la vida, entender la lucha y entender mi responsabilidad en el partido en el cual milito.

La ideología burguesa o pequeño burguesa no son ajenas a nosotros, están presentes en nuestra cabeza en una proporción mayor de la que imaginamos, por ejemplo en manifestaciones como individualismo, subjetivismo, burocratismo, autoritarismo, sectarismo, en las tendencias anárquicas o liberales. Todos estos ismos tienen un trasfondo de clase, social e ideológico. Por eso, cuando se quiere entender el centralismo democrático como un asunto exclusivamente orgánico porque es el principio básico de organización, vemos una parte del tema pero no lo sustancial.

Sin esa actitud, sin esa voluntad, sin ese trasfondo ideológico que debe responder a los intereses de clase que representamos, no estaríamos en condiciones de entender y practicar debidamente el centralismo democrático, o lo entenderíamos como un asunto puramente cuantitativo, orgánico, de método, y eso no es así.

El Partido es una unidad. Somos diversos como personas, por nuestra procedencia social, por nuestro nivel cultural, por nuestros gustos, emociones, pasiones; pero esa diversidad que somos como individuos requiere cohesionarse para la consecución de ese propósito que se llama socialismo, lo que se logra con la unidad ideológica, política y orgánica. No es posible entender el Partido fragmentado, por un lado lo ideológico, por el otro político, y más allá lo orgánico por otro. Es un todo único, articulado, ordenado. Sin entender esto tampoco tendremos una idea cabal del centralismo democrático.

EL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS ES POSIBLE
Tenemos la determinación de avanzar en convertirnos en un Partido revolucionario de masas. Esta formula no es caprichosa, ni consecuencia del deseo de algún dirigente que amanece entusiasta y declara: ¡bueno, crezcamos y convirtámonos en un partido grande! Es una necesidad pero también una posibilidad real. Necesidad por que no hay otra manera de cumplir la misión histórica que significa la lucha por el socialismo; y posibilidad, porque hoy existen condiciones objetivas y anímicas para avanzar en esa tarea. Hasta hace poco fuimos un partido que debió luchar para resistir después de la crisis de la izquierda que vivimos a fines de los 80 y los 90, para preservarnos como partido revolucionario frente al ataque del adversario, para enfrentar la derrota que significó la imposición del neoliberalismo que no fue solamente política sino también ideológica, aprovechando con ese propósito los desmanes y extravíos de Sendero Luminoso para desacreditar la palabra socialismo, para difundir la idea de que el socialismo estaba muerto.

En esas condiciones debimos hacer una firme defensa de nuestros ideales, programa, principios organizativos, para afirmar nuestra identidad, para no quebrarnos frente a esa ofensiva brutal de los adversarios del socialismo, incluyendo aquellos dirigentes que abandonaron la izquierda para pasarse al liberalismo. En esas condiciones y en medio de un gran reflujo de masas que impedía el crecimiento del Partido, debimos protegernos como en un muro de acero a la espera de mejores tiempos que con toda seguridad vendrían más adelante. Para muchos, sobre todo dirigentes débiles ideológicamente, con el derrumbe de IU se había acabado el sueño del socialismo en el Perú. Esa etapa de cerrazón generó una manera de entender la construcción del Partido, alimentada a su vez por una herencia izquierdista y sectaria de la que no nos habíamos desprendido del todo, encerrado en sí mismo, temeroso de la acción política abierta.

Hoy la situación está cambiando rápidamente, lo que permite entender que es posible construir el Partido en todos los sectores populares. La gente que ayer nos vía con temor como reacción al desmadre terrorista que dejaron el Estado durante el gobierno de Fujimori y Sendero Luminoso, está cambiando de actitud y empieza a entendernos y vernos con simpatía. La palabra Patria Roja que la derecha se encargó de satanizar -sin lograr sus objetivos- ya no encuentra resistencias importantes sectores del pueblo lo aceptan más bien como algo importante, como algo interesante, como algo innovador. En una situación así permitir en el Partido estilos sectarios o espontaneistas implicaría aceptar una forma de liquidacionismo y una manera de impedir su conversión en partido revolucionario de masas. Por esa razón es indispensable llevar a cabo una firme lucha ideológica para poner en la picota y rectificar esa visión estrecha, de cerrazón, que entiende al Partido encerrado en sí mismo, de debates entre nosotros mismos, de creer que construir el Partido se limita a reunirnos cada cierto tiempo para discusiones entre nosotros mismos. No faltan quienes -muy pocos desde luego- en el colmo de la irresponsabilidad, tratan de justificar esta conducta que nada tiene que ver con la concepción y la línea del Partido ni con el marxismo leninismo, como una supuesta "línea correcta".

Esa visión de secta no se corresponde con la democracia revolucionaria ni con los objetivos y las tareas del Partido. El partido no es propiedad nuestra, es patrimonio de la clase obrera, de los trabajadores, del pueblo peruano. Esa clase obrera, ese pueblo, ese trabajador debe tener aquí su casa, su hogar. Si no es así ¿de qué democracia podemos hablar?

El partido revolucionario de masas implica enfrentar retos muy grandes, peligros de diverso tipo. Retos grandes porque tenemos que aprender a trabajar pensando en un Partido articulado en los distintos sectores del pueblo peruano, teniendo como eje lógicamente su base social natural que es el proletariado. Debemos admitir que en este sector nuestro trabajo no es fuerte, pero tenemos que avanzar en esa perspectiva, organizando el Partido en todos los sectores de los trabajadores de la ciudad y el campo, entre los intelectuales y profesionales, en la juventud (a través de la JC), en el seno de las mujeres, de las poblaciones étnicas, a fin de contar con un partido grande por su número, su calidad, su influencia política, ideológica y cultural.

El problema que enfrentamos es que no estamos marchando al ritmo de las potencialidades y posibilidades que tenemos al frente. Hay un exceso de conservadurismo, de sectarismo, y esto tiene que ver también con el centralismo democrático.

El partido revolucionario de masas no es únicamente crecimiento cuantitativo; tiene que ser también y sobre todo crecimiento cualitativo ideológico y político. Si no damos y ganamos la batalla ideológica, si no influimos ideológicamente, la ideología liberal y la ideología pequeño burguesa seguirán siendo dominante en el pensamiento de la gente, incluso en la cabeza de nuestros militantes.

LA DEMOCRACIA Y EL CENTRALISMO EN LA CONSTRUCCIÓN DEL PARTIDO REVOLUCIONARIO DE MASAS
Cometimos un error grueso en el V Congreso al introducir en el Estatuto anterior el criterio de que entre el centralismo y la democracia el factor decisivo era el centralismo. El factor determinante en estos dos aspectos contradictorios es el democrático. Sin democracia ¿de qué centralismo podemos hablar? ¿Y qué es la democracia?: poner en juego la iniciativa, la creatividad, la participación, la opinión, la decisión de los militantes; hacer que todos se sientan participes de las decisiones fundamentales en este partido que estamos construyendo. Si nuestro principio de trabajo básico es la línea de masas, tampoco habrá democracia en el Partido si éste no tiene una apertura de verdad hacia las masas. No hay que entender el centralismo democrático como una democracia solamente dentro del Partido, sino también como su expresión hacia fuera: la democracia con las masas. Si no afirmamos una práctica democrática de cara a las masas, si no hacemos que las masas también se preocupen por lo que estamos haciendo, opinen, incluso nos critiquen, ¿de qué democracia podemos hablar?
Desde nuestro punto de vista la democracia es una concepción que se basa en la idea que las masas son las dueñas de la historia, el Partido es un instrumento en su lucha emancipatoria, un factor consciente organizado que debe capacitarse para conducir ese proceso histórico. De ello se concluye que el Partido no puede sustituir a las masas en la emancipación de las mismas masas, siendo su papel más bien organizarlas y dirigirlas.

El partido cuenta con experiencias muy valiosas, con situaciones interesantes que están ocurriendo que hay que valorar y apoyar, también existe alguna hierba mala que no debemos desconocer ni ocultar. Por ejemplo, estamos atravesados por un fuerte subjetivismo, por el método del "dime y te diré", de chismes, de versiones sueltas, de desconfianzas mutuas. El sectarismo o el espontaneismo, cada uno por su cuenta, también causan estragos. En un ambiente así ¿cómo puede fructificar la democracia interna? Para que haya democracia tenemos que contar con un ambiente apropiado, de franqueza y honestidad, de respeto a las opiniones y de confianza, en el que cada cual diga lo que piensa aunque sus criterios no sean los mejores, sabiendo que será escuchado y, si se equivoca, sabe que lo ayudarán ver su error y a rectificarse. Tenemos que crear ese ambiente de fraternidad, de compresión, de firmeza, síntoma de tolerancia entre nosotros. Sin ese ambiente la democracia interna se verá neutralizada sino anulada.

Tenemos que encontrar también métodos mejores de consulta. Si somos aún un Partido pequeño es más fácil que nos administremos. ¿Qué pasaría si contáramos con 50 mil o cien mil afiliados? Y pensar que nos proponemos llegar y superar esa cantidad. Lo grande empieza por lo pequeño y se alcanza si se cuenta con la voluntad para alcanzar la meta.

Pero la democracia sola, por muy excelente que fuese, siempre será insuficiente. Desde Marx sabemos que "los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modo el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo". El marxismo se caracteriza porque tiene una teoría, pero junto a ella, inseparable, está la práctica. Teoría sin práctica no tendría sentido y viceversa. Ambas se entrelazan, interpenetran e influyen recíprocamente. Todo cuanto decimos o proponemos tiene valor solamente si se pueden llevar a la práctica, si nuestras tesis, juicios y políticas tienen su complemento y verificación en la práctica. Si discutimos las verdades más brillantes separadas de la vida real, del proceso práctico, no tendrá sentido como hecho revolucionario. Eso está bien para el sermón en los templos, para los sacudimientos emocionales que requieren los feligreses, pero así no se hace la revolución. La revolución se hace actuando, construyendo, eso supone capacidad de unir pensamiento y acción. de ejecución y verificación de las decisiones que se toman.

Democracia y centralismo están imbricados, están juntos. No existe uno sin el otro: no puede haber democracia de verdad sin centralismo de verdad, y viceversa.

Al respecto Mao Zedong tiene una definición interesante: "¿qué significa centralismo? significa ante todo concentrar las ideas correctas y concentrar la unificación de la comprensión de la política, el plan, el comando y la acción; es decir, llegar a tener ideas colectivamente asumidas por unanimidad o por mayoría para traducirlas en acción, ejecutarlas, llevarlas a la práctica". Solamente así nos encontraremos en condiciones de verificar si la decisión es correcta o no. La verdad no se verifica en la discusión; a través de la discusión nos aproximamos a la verdad y llegamos a una conclusión, pero será la práctica que realicemos, la capacidad de aplicar las decisiones tomadas, quien demuestre si equivocamos o acertamos, o acertamos a medias. No accederemos a un verdadero criterio de verdad discutiendo y discutiendo, consumiendo en ello horas y días como a veces estamos acostumbrados. Este es un defecto que tiene el Partido. Un partido así no actúa como corresponde a un partido comunista; sería en todo caso un partido de dilatantes, de pequeños burgueses que se entusiasman con la palabra revolución en la mesa o en los cafetines, preocupados por darle trabajo a la lengua.

EL BUROCRATISMO: ANTÍTESIS DEL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO
El centralismo democrático nos obliga a superar un defecto que tenemos inclusive en la dirección del Partido: el burocratismo. Línea de masas y burocratismo son dos estilos de trabajo antagónicas. La línea de masas consiste en apoyarnos en las masas en todo, confiar en ellas, entender que la sabiduría esta en ellas y que en última instancia nosotros somos parte de esas masas. Esta es una diferencia radical con cualquier corriente del pensamiento y acción política burguesa y pequeño burguesa. El pequeño burgués se siente por encima de las masas populares, quiere ser candidato o congresista y hace todo lo posible sin importarle los intereses de las masas. Para nosotros los comunistas el pueblo es lo esencial, cada cosa, cada lucha que hacemos está en función del pueblo. Nuestro punto de partida y de llegada, son siempre las masas populares.

Muchas veces los dirigentes, por el sólo hecho de ejercerlo, creen tener en sus manos la verdad, creen que sentados en sus sillas de oficina han alcanzado el pináculo del conocimiento y del poder. Olvidan que sin las bases y sin las masas populares no son nada. Necesitamos tomar contacto con la gente, escucharlos, conocer su realidad, trabajar junto a ellas. Sería bueno si las escucháramos un 70% y los dirigentes habláramos un 30%. Escucharlos hasta cuando nos reunimos como amigos, y reflexionar sobre lo que piensan y opinan, atentos a sus sugerencias o críticas. Debemos crear un ambiente camaraderil de manera que los militantes se atrevan a criticar, si hay razón para ello, al mismo secretario general del Partido, que lo sientan un hermano suyo, un compañero de lucha. ¿Cuál es la diferencia entre un dirigente y un militante de base? ¿entre un comunista y el ciudadano? simplemente el grado de responsabilidad que otorga el cargo o la pertenencia partidaria, pero no más.

Esta es la razón por la que estamos obligados a desechar el estilo y los métodos burocráticos, que anticipan el centralismo burocrático en lugar del centralismo democrático. Así como el exceso de democracia lleva al democratismo y al anarquismo (camaradas que quieren participar en todo, que creen que deben decidir en todo, que deben escuchar de todo, que deben conocerlo todo, sin asumir responsabilidades ni la disciplina partidarias), se puede también incurrir en el otro extremo: decidir al margen o por encima de los organismos, imponer criterios personales o de grupo en lugar de consultar y tomar en cuenta la opinión de los camaradas, sustituir la dirección colectiva por la individual, actuar como si se fuera la "divina pomada", propios del centralismo burocrático.

En el Partido tenemos necesidad de perfeccionar más la democracia interna. Esta es una necesidad. Pero debemos estar advertidos de incurrir en errores anarcoides, de "hacer lo que me da la gana", no respetar las instancias o lo que es peor, violar la línea, la táctica, las políticas o la disciplina partidaria. Ahora se están desarrollando muchos congresos de los organismos intermedios, quisiéramos que este tema se estudie y se vean las mejores maneras de aplicarlas con rigor. Lo ideal es que en este proceso se fortalezca la democracia interna y se eliminen vientos malolientes como: el espíritu de cúpula, de correlaciones, de control burocrático, de apetencias personales, así como métodos que se sustentan en el subjetivismo y el liquidacionismo, ajenos por completo al estilo de trabajo de los comunistas y más propios del espíritu pequeño burgués. En relación al papel de los militantes asumimos como principio nuestro la conocida fórmula de Maríategui: "que los mejores prevalezcan por que saben ser mejores". Aquello que se basa en correlaciones o grupismos no ayuda al Partido, siembra más bien la semilla de su destrucción

LA CRÍTICA Y LA AUTOCRÍTICA PARA UN SANO CENTRALISMO DEMOCRÁTICO

Pero también tenemos que ser respetuosos de las opiniones. Muchas veces los dirigentes en los diferentes niveles de la estructura partidaria o en la conducción de las organizaciones de masas, somos intolerantes, no nos gusta la crítica o la sentimos como una ofensa. No habrá un centralismo democrático vigoroso si no introducimos con fuerza un sano espíritu crítico y autocrítico. El espíritu crítico es el derecho de todos los camaradas, como mandan los Estatutos, de vigilar la marcha del Partido, de sus dirigentes y sus camaradas. Lenin tiene una frase hermosa, la idea más exacta de lo que es la crítica comunista, cuya versión aproximada es la siguiente: "Cuando criticas a un camarada es porque deseas que sea mejor, porque lo quieres". Un criterio parecido es el que nos proporciona Mao Zedong: "curar al enfermo para salvar al paciente". Es así como entienden la crítica los comunistas, ajena a la mala intención, al encono o al revanchismo. Actitud ajena a aquella otra hecha para desacreditar al camarada, para serrucharle el piso a quien se considera contendor, que se hace a espaldas o en corrillos en lugar de hacerlo de frente y honestamente. Está ya no es crítica comunista, sino resabio pequeño burgués, inquina, rencor o vanidad.

Así como la crítica es necesaria para depurar al Partido de los errores y desviaciones, también lo es la autocrítica, cuyo trasfondo no escapa a la ideología. Un comunista tiene que tener el coraje de saber autocriticarse. Hay un artículo de Mao Zedong quien reconoce en una conferencia del Partido Comunista de China, criticando a sus camaradas: "En tal evento yo me he hecho un autocrítica de mis errores, y algunos organismos dirigentes de los comités provinciales no han explicado a sus organismos. Deben explicar los errores que cometí y que yo mismo he reconocido". Este es un ejemplo de cómo deben actuar los comunistas aún asumiendo las máximas responsabilidades.

El espíritu comunista supone tener un alto espíritu autocrítico, porque la autocrítica comunista no es nada parecido al golpe de pecho, tampoco equivale a la humillación de los militantes. Hay que entenderla más bien como un proceso la autorreflexión y de "autocomprobación" (Lenin) que permitan conocer el error, sus causas y el camino de su corrección. Sin espíritu autocrítico tampoco alcanzaremos a tener un verdadero centralismo democrático. Por eso la crítica y la autocrítica, ejercidas mediante una lucha ideológica activa (este es el camino a seguir), es el método fundamental que tenemos para resolver las contradicciones en el seno del Partido, corregir los errores y unir aún más a los camaradas.

LIBERTAD Y DISCIPLINA
No lograremos entender a cabalidad el centralismo democrático ni aplicarlo debidamente si no se toma en cuenta otra contradicción presente: libertad y disciplina. No se concibe un partido revolucionario si en su seno sus integrantes carecen de libertad de opinión, vocación, gustos literarios o de otra índole, etc. Pero la libertad no es absoluta ni en la sociedad ni en el Partido. Si fuera así no habrían leyes, o semáforos, o árbitros en un partido de fútbol, ni programa o estatuto en el Partido. En toda sociedad existen reglas, normas, que obligan a todos respetarla, pues sino sería el reino de la anarquía y el caos. La libertad del militante tiene como contrapartida la disciplina, obligatoria para todos dentro de los límites que ellos mismos se dan en su Programa, Estatuto, estrategia y táctica, dentro de cuyos marcos tiene curso la libertad del militante. La disciplina no es absoluta ni esencialmente orgánica, sino consciente, resultado del convencimiento de su necesidad, convicción que muchas veces implica actos heroicos en defensa de una causa que se considera justa, legítima, necesaria. La disciplina se refuerza allí donde el militante sabe que tiene deberes y pero también derechos, entre ellos a perfeccionarse, a ser mejor ética y culturalmente, así como responsabilidades que puede asumir en igualdad de condiciones que el resto de los militantes. Queremos militantes que piensen, que opinen, que se eleven constantemente, capaces de crear, que se sientan bien en este Partido, en lugar de militantes temerosos, aplanados, reducidos en sus derechos y dignidad. Con gente asustada, sin iniciativa, aplastada por la rutina no es posible construir el partido revolucionario de masas que nos hemos trazado como objetivo.

Así como la libertad es necesaria, requerimos también de disciplina. Un Partido Comunista sin disciplina será un partido incapaz de enfrentar los enormes retos que significa la causa revolucionaria.. Un Partido como el nuestro que se propone llevar a cabo el socialismo, que tiene al frente fuerzas enemigas inmensas y debe vencer obstáculos tremendos requiere contar con una disciplina férrea, con militantes animados de una enorme voluntad de acción, capaces, si es necesario, de los mayores esfuerzos y sacrificios. Sin ese espíritu de lucha y disciplina, y más bien corroídos por tendencias anárquicas o ambiciones personales, ni iremos lejos. Por eso libertad y disciplina son dos factores, dos elementos contradictorios indispensables.

CUATRO ASPECTOS DEL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO A TENER EN CUENTA
Yendo a la cuestión más concreta del centralismo democrático, éste se caracteriza por los siguientes puntos que deben ser entendidos y aplicados resueltamente:

1.- La subordinación de la minoría a la mayoría. Cuando se discute un tema se exponen las opiniones y se llega a una conclusión por unanimidad o por mayoría. Tomada la decisión por los organismos correspondientes ella es obligatoria para todos los militantes del nivel correspondiente.. Desconocer o debilitar este principio equivale a romper la disciplina y menoscabar el centralismo democrático. La diferencia de opiniones queda zanjada. Si los hechos muestran más adelante que la decisión tomada no es la más acertada, podrán quienes discreparon con ella replantear el tema en los organismos correspondientes, nunca fuera de ellos.

2.- La subordinación del organismo inferior al superior. El Partido es una suma de organizaciones que van desde la célula hasta el Comité Central y el Congreso. Cada uno de ellos tiene su jerarquía. La instancia suprema es el Congreso y sus decisiones es obligatoria para todos. Sus acuerdos no entra en discusión sino hasta el próximo Congreso. Sin embargo en los hechos no es siempre así, pues no se aplica lo que no se conoce o se conoce superficialmente. Les hago una pregunta: ¿cuántos de ustedes han leído con detenimiento los acuerdos del VII Congreso?, ¿Han estudiado el Estatuto y cada uno de sus artículos? Si no lo han hecho o lo han hecho a medias, entonces ¿qué tipo de comunistas somos? ¿Qué es lo que nos une, qué hace que tengamos una voluntad común? las decisión del Congreso, y entre Congreso y Congreso las decisiones del Comité Central.

3. En tercer lugar, entre congreso y congreso el Comité Central es el máximo órgano de dirección. Las decisiones del Comité Central son obligatorias para todos, y si algún militante no acepta las decisiones del Comité Central subvierte la disciplina del Partido. Entre Comité Central y Comité Central quién lo representa es el Buró Político. En esta cuestión hemos tenido problemas. No faltan -pocos pero son- quienes critican de autoritario al Buró Político por tomar decisiones que le competen y que no agradan a ciertos camaradas. Todo lo que concierne a las decisiones del BP debe asumirlo el BP sin renunciar a su función de dirección. Todos los temas nacionales son de su incumbencia. Por método debe recoger opiniones, consultar, pero la decisión final le corresponde. Desde luego rendirá cuentas al Comité Central, pues es el órgano que lo ha elegido. Pero el BP no puede abdicar bajo ninguna circunstancia la autoridad que tiene, y quién quiera que vaya contra esa autoridad establecida en el Estatuto subvierte la disciplina del Partido.

4. Hay otro elemento del centralismo democrático que muchas veces se obvia: la subordinación del militante al organismo. Desde el momento que integramos el Partido el militante se subordina a la organización. En otras palabras: la célula al comité local; éste al comité zonal; éste a su vez al comité regional, y todos ellos al Comité Central. A diferencia de los partidos burgueses el Partido Comunista del Perú - Patria Roja es un sistema organizado. En los partidos de la burguesía los militantes se organizan para garantizar el voto en los procesos electorales, pero eso su militancia la ejercen individualmente. ¿Qué significa un sistema de organización? que todo militante pertenece a una célula, que debe hacer su actividad política en su célula ya que éste es el organismo de base fundamental del Partido. Desafortunadamente esta tradición no es practicada como corresponde, por lo que requerimos hacer un gran esfuerzo para garantizarlo. Subsiste lo que se llama erróneamente la militancia individual, la militancia suelta, el considerarse militante fuera de los organismos de base. En este aspecto necesitamos llevar a cabo una seria rectificación y no tolerar que estas cosas continúen.

EL CENTRALISMO DEMOCRÁTICO Y LA LUCHA IDEOLÓGICA
Desde el VII Congreso venimos hablando con creciente interés de las tres acumulaciones, es decir la ideológico-cultural, la política, y la de masas, como partes de un proceso de acumulación de fuerzas estratégica. Al examinar la experiencia pasada el VII Congreso hizo una crítica severa al descuido que habíamos tenido en el ámbito ideológico. Ahora que nos encontramos en campaña para sentar las bases del partido revolucionario de masas es más indispensable que nunca la labor ideológica. Si logramos avances en la batalla ideas, si afirmamos el pensamiento socialista en crecientes sectores de la sociedad, si extendemos la influencia del marxismo leninismo como teoría de vanguardia, entonces estaremos en mejores condiciones para avanzar en la construcción del partido evitando dos errores: el primero, la concepción de partido secta que está en cuestionamiento; el segundo, caer en un partido liberal, amorfo, más parecido a una maquinaria electoral que a un partido revolucionario que lucha por el socialismo. Nunca debemos olvidar que siempre estarán latentes dos peligros: la desviación hacia el reformismo o hacia el izquierdismo y el aventurerismo. Tales peligros han existido con manifestaciones diversas a la largo de la experiencia histórica del Partido, existen hoy y existirán en el futuro.

Muchos creen que ser marxistas leninista equivale a lanzar hurras por el marxismo leninismo. Si ustedes han leído a Maríategui ¿ en los 20 tomos de su obras completas de madurez cuantas veces habla de marxismo leninismo?. Muy pocas. ¿Hay alguien que haya asumido el marxismo leninismo en el Perú con más lucidez y consecuencia que Maríategui? Ser marxista leninista no significa declararse marxista leninista con un megáfono en la boca. Es pensar marxista-leninistamente, examinar la realidad marxista-leninistamente, trabajar por la causa revolucionaria como lo hizo Mariátegui. Lo demás es rito, pose, palabrería huera. Nuestro viejo dogmatismo se caracterizó por su adicción a la fraseología. Lenin, refiriéndose a ella la reconocía como " sarna de la fraseología revolucionaria". No queremos que esta sarna contagie al Partido. Seamos marxistas como Maríategui, creadores, estudiosos de verdad, investigadores que buscan explicación y respuestas que permita avanzar el pensamiento socialista, el pensamiento marxista leninista. Esta es una tarea de todos, requisito obligatorio para derrotar la ofensiva ideológica y cultural del imperialismo y sus cipayos locales.

El adversario no duerme. Recuerden las campañas que venimos soportando de parte de la derecha en el gobierno, del empresariado y de muchos tránsfugas convertidos en plumíferos a su servicio. Quisieran arrinconarnos y desaparecernos. Desearían sacarnos del escenario. ¿Qué se proponen? Dividirnos y aislarnos de las masas populares con la monserja de terroristas, e impedir el resurgimiento de la izquierda y el movimiento revolucionario en el Perú.

En resumen, requerimos construir un partido revolucionario de masas influyente, enraizado en todos los sectores populares, con fuerte influencia política, ideológica, cultural y de masas, con firme espíritu comunista, marxista leninista, tal como entendió nuestro maestro y fundador José Carlos Mariátegui,. Para el cumplimiento de esa tarea una correcta comprensión y justa aplicación del centralismo democrático es de fundamental importancia.



 
 
  Jr. Miró Quesada 360 - Cercado de Lima pcdelp@patriaroja.org.pe