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ACERCA
DEL BUROCRATISMO EN EL PARTIDO
El concepto burocratismo
viene de burocracia, cuerpo de funcionarios separados de
las masas, que dirigen o gobiernan en su representación,
que establecen un estilo de gestión individualista,
puramente administrativo, con exceso de papeleo, alejado
de las masas y ajeno a sus inquietudes. Dueño de su cubil
el burócrata no tiene otro horizonte que ese, y cree que
puede dirigir el Partido o el gobierno cargado de
memorándums y medidas administrativas, recurriendo a
métodos puramente orgánicos y disciplinarios.
Trasladado al partido
revolucionario, los métodos burocráticos de dirección y
gestión representan la sustitución de las masas de
dentro y fuera del Partido por cúpulas que deciden en su
nombre. El estilo burocrático, en ese sentido, es la
negación de la democracia o su desnaturalización. De
acuerdo con el marxismo las masas hacen la historia. Allí
donde se instala el burocratismo el partido revolucionario
pierde vivacidad, se instaura la rutina, el partido se
distancia de las masas y se sectariza.
El estilo burocrático de
trabajo se caracteriza, además, porque al perder contacto
con las bases y las masas populares, quienes lo practican
impiden que aquellas desplieguen su iniciativa y
creatividad.
Un cargo no menos serio al
estilo burocrático se refiere a que impide el contacto
del Partido con la realidad. Quienes padecen esa
enfermedad confunden el ejercicio de su función dirigente
con el culto por las reuniones. Creen que dirigir se
limita a reunirse, discutir de todo o tomar decisiones sin
tomar en cuenta las condiciones concretas de la lucha.
Lenin solía decir que la esencia de la dialéctica es el
"análisis concreto de la situación concreta".
Pero no habrá análisis concreto de la situación
concreta si no se conoce la realidad en la que se actúa,
si no se investiga ni se toma el pulso al estado de ánimo
y la realidad concreta de las masas populares.
En los países donde
triunfó la revolución, el partido en el Poder,
burocratizado, llevó esa revolución al fracaso. En los
partidos que no han accedido al Poder, si sus cuerpos
dirigentes se dejan ganar por el burocratismo, llevarán
ese partido a derrotas seguras. En este caso no estamos
frente a un problema menor, sino de importancia
fundamental para el destino del Partido y la revolución.
Todos conocen que la hierba
mala crece y se reproduce con facilidad sin necesidad de
cultivo ni cuidado. Ocurre otro tanto con el burocratismo.
Se introduce en el Partido espontáneamente, y se instala
en sus cuerpos dirigentes sin hacerse sentir. Pero
sacudirse de su influencia resulta difícil y, además,
exige un esfuerzo permanente. Si lo echas, al menor
descuido intentará introducirse nuevamente por cualquier
rendija que dejes libre.
No se trata de uno de los
muchos métodos de trabajo incorrectos. Es mucho más que
eso. Es un estilo de trabajo no comunista en cuyo
trasfondo está la subestimación de las masas populares.
Su fuente ideológica es el espíritu individualista y
sectario propio de la pequeña burguesía, y su soporte
cognoscitivo: el desconocimiento de los métodos de
dirección científicos.
El burocratismo es un
asunto que siempre ha preocupado al Partido. No existe
documento importante donde no se lo mencione de uno u otro
modo. También lo ha hecho con mucha fuerza el VII
Congreso. La razón de ello es simple: no es posible
avanzar en serio al Partido Revolucionario de Masas sin
desplegar una lucha tenaz para erradicar los métodos
burocráticos de dirección y trabajo de nuestras filas,
sobre todo en la labor de los organismos dirigentes.
Es sabido que para
emprender cualquier tarea la primera condición es saber
de qué se trata. Si no entiendo en qué consiste el
burocratismo, cuáles son sus causas y cómo luchar contra
él, no se me pida enfrentarlo y superarlo. Por eso es
razonable que en el curso de la campaña de Unificación,
Rectificación y Cualificación, éste sea uno de los
temas de estudio, de modo que nos encontremos en
condiciones de ubicar sus manifestaciones en nuestras
filas, las consecuencias funestas que significa y, a
partir de allí, los antídotos para curarnos de ese mal
canceroso.
El burocratismo es un
estilo de trabajo opuesto a la línea de masas, que es el
estilo propio de los comunistas. La revolución no es un
asunto de dirigentes o funcionarios ilustradas o de genios
capaces de obrar milagros, sino una tarea del pueblo. Los
comunistas no desconocen el papel de los individuos en la
historia. Las personalidades juegan un rol importante, y
en ciertos momentos, decisivo. Pero ello no significa
desconocer que la revolución es, sobre todo, hechura de
las masas y debe ser realizada en interés de las masas.
Sin las masas populares en movimiento ninguna revolución
será victoriosa, y menos, si se produce, será duradera.
El Partido se propone ser
la vanguardia, el factor dirigente. Sin su dirección la
revolución tampoco se realizará, y menos se construirá
el socialismo. Quienes subestiman la importancia del
Partido político del proletariado cometen un grave error,
cuyo único beneficiario será siempre la burguesía. Pero
el Partido, sus organismos de dirección, no son un fin en
si mismo, sino un medio, un instrumento al servicio del
proletariado y el pueblo peruanos, de su causa
emancipadora. No hay dirigente sin dirigidos. El Partido
sin las masas populares, sin incorporarlas a sus filas y a
la lucha por el cambio social y económico, nunca será
suficiente.
El VI Pleno ha tomado al
respecto una resolución importante: IR A LAS MASAS
POPULARES, ORGANIZARLAS, FORTALECER SU UNIDAD, CONDUCIR
SUS LUCHAS, ALZARLAS AL COMBATE POR EL NUEVO CURSO, LA
DEMOCRACIA POPULAR Y EL SOCIALISMO.
En el pasado asumimos la
consigna: ¡Todo con las masas, nada sin ellas!. Los
resultados fueron buenos. La influencia del Partido
creció al mismo tiempo que se incorporaron a sus filas
nuevos militantes surgidos de la lucha. Más tarde
descuidamos esta línea de acción, lo que nos llevó a
perder contacto con importantes sectores del pueblo
peruano. En cierto modo el Partido se encerró sobre sí
mismo, lo que fue un error aún en un período de reflujo
como fue el de la década de los 90s del siglo pasado.
La consigna ¡ Ir a las
masas populares, organizarlas, fortalecer su unidad,
conducir sus luchas, alzarlas al combate por el Nuevo
Curso, la democracia popular y el socialismo! corrige las
limitaciones de la consigna anterior, que tuvo el defecto
de la unilateralidad: tomó en cuenta el movimiento, las
masas populares, pero no incidió en el contenido de la
relación entre el Partido y las masas populares, entre la
lucha política y económica, lo que facilitó el camino
para que permaneciera intocado el espontaneismo, vieja
herencia del oportunismo político.
Tiene también
significación importante la decisión del VI Pleno de
desplazar a los cuadros dirigentes del Partido, por cierto
tiempo, a trabajar directamente en las bases. Más
contacto con las bases y con las masas, más
investigación y conocimiento de la realidad, más
atención a la opinión del pueblo: tal el estilo de
trabajo que necesitamos desplegar con fuerza. Entonces, en
los hechos, estaremos rectificando los estilos de trabajo
burocráticos tanto en el Partido, en el MNI, como en las
organizaciones de masas. Y, desde luego, forjando en la
nueva generación de militantes y dirigentes un estilo de
trabajo correcto, basado en la línea de masas.
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