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Homenaje

LA MADRE EN LAS VOCES DE LOS QUE AMAN LA LIBERTAD
Por Julio Yovera B

Con el encuentro
de dos energías,
que en el vientre sublime
de la MADRE
se unen para siempre,
se gesta  el árbol
o el río
de la vida.  

Para la MADRE
somos hojas de su tallo,
pichones de su nido.

 Somos sus diminutas criaturas,
amamantadas por su bendición
y su ternura.

Somos su obra
tejida en filigrana de amor
y de desvelos.

Miramos
con sus ojos,
sentimos con su piel,
amamos con su corazón y con su afecto.

Gravita
en nuestros pasos
como lucero permanente. 
Nos da su aliento.

Nos extiende sus brazos 
cuando desfallecemos. 

Si el amor y la vida
nos convocan,
si el soplo
de la justicia social
nos acaricia
como el viento a la bandera,
la MADRE ocupa su puesto
en esa lucha
sin reprocharnos nada.

 A esa madre universal 
va este homenaje,
dado por cuatro voces
libertarias:
La de Martí,
el apóstol.

La de Neruda,
el capitán que cantó a la esperanza.
La de Vallejo,
el sembrador del Capulí fraterno y solidario.
La de Heraud,
el mozo aquel que sentíase río.
A esas voces,
con mi roja convicción
me adhiero...

 

CARTA DESDE MONTECRISTI

25 de marzo, 1895.
Madre mía:

Hoy, 25 de marzo, en vísperas de un largo viaje, estoy pensando en Usted. Yo sin cesar pienso en Usted. Usted se duele, en la cólera de su amor, del sacrificio de mi vida; y ¿por qué nací de Usted con una vida que ama el sacrifico? Palabras, no puedo. El deber de un hombre está allí donde es más útil. Pero conmigo va siempre, en mi creciente y necesaria agonía, el recuerdo de mi madre.

Abrace a mis hermanas, y a mis compañeros. ¡Ojalá pueda algún día verlos a todos a mi alrededor, contentos de mí! Y entonces sí que cuidaré yo de Usted con mimo y con orgullo. Ahora, bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza. La Bendición.

Su
José Martí.

El poeta, escritor y político cubano José Martí (1853 – 1895), expresa en esta carta su aprecio entrañable a su madre, pero, al mismo tiempo, afirma el sentido del deber de un hombre comprometido con la lucha de su pueblo.

Ésta fue la última carta que escribe a doña Leonor Pérez, nombre de su progenitora.   El 15 de mayo de ese año muere en combate. Por entonces el pueblo de Cuba luchaba contra la dominación española.

LA MAMADRE
(fragmento)
Yo llevo
tu Marverde en mi sangre,
el apellido
del pan que se reparte,
de aquellas dulces manos
que cortaron del saco de la harina
los calzoncillos de mi infancia,
de la que cocinó, plancho, lavó,
sembró, calmó la fiebre,
y cuando todo estuvo hecho,
y ya podía
yo sostenerme con los pies seguros,
se fue, cumplida, oscura,
al pequeño ataúd
donde por primera vez estuvo ociosa
bajo la dura lluvia de Temuco.

El poeta Pablo Neruda (1904 – 1973) perdió su madre, doña Rosa Basoalto, muy temprano; lo crió su madrastra Trinidad Candia Marverde, a la que llamó siempre MAMADRE. Fue ella la que lo crió y cuidó cuando niño.

A ella rindió homenaje en su poemario “Memorial de Isla Negra”. Pablo Neruda cantó al amor e hizo en verso la historia de la lucha de los pueblos de América del Sur. Fue un ser que equilibró su vida de poeta creador con la de político revolucionario disciplinado y orgánico.

 

LXV

Madre, me voy mañana a Santiago,
a mojarme en tu bendición y en tu llanto.
Acomodando estoy mis desengaños y el rosado
de llaga de mis falsos trajines.

      Me esperará tu arco de asombro,
las tonsuradas columnas de tus ansias
que se acaban la vida. Me esperará el patio,
el corredor de abajo con sus tondos y repulgos
de fiesta. Me esperará mi sillón ayo,
aquel buen quijarudo trasto de dinástico
cuero, que para no más rezongando a las nalgas
tataranietas, de correa a correhuela.

Estoy cribando mis cariños más puros.
Estoy ejeando ¿no oyes jadear la sonda?
                                      ¿no oyes tascar dianas?
estoy plasmando tu fórmula de amor
para todos los huecos de este suelo.
Oh si se dispusieran los tácitos volantes
para todas las cintas más distantes,
para todas las citas más distintas.

      Así, muerta inmortal. Así.
Bajo los dobles arcos de tu sangre, por donde
hay que pasar tan de puntillas, que hasta mi padre
para ir por allí,
humildóse hasta menos de la mitad del hombre,
hasta ser el primer pequeño que tuviste.

Así, muerta inmortal.
Entre la columnata de tus huesos
que no puede caer ni a lloros,
y a cuyo lado ni el destino pudo entrometer
ni un solo dedo suyo.

Así, muerta inmortal.
Así.

 

César Vallejo (1892 – 1938) es el más representativo y el más universal de los poetas peruanos. Su vida estuvo comprometida con la lucha de los trabajadores y los pueblos del mundo. Por ser parte del contingente revolucionario, sufrió persecución y cárcel. Sin embargo, Vallejo no se doblegó ni se vendió a los poderosos. 

En sus obras poéticas “ Los heraldos negros”, “Trilce”, “Poemas en prosa” y “España, aparte de mí este cáliz”, principalmente, la imagen de la madre es recurrente y la concibe en dos espacios: su madre, doña María de los Santos Mendoza, a la que recuerda y percibiría siempre en cualquier latitud del mundo y a la madre universal, hecha España, que por entonces (1936 – 1939) sufría la embestida de la bestia fascista.

CARTA DESDE LA HABANA

Nov. 62. Habana. Cuba

Querida madre:

No sé cuando podrás leer esta carta. Si la lees quiere decir que algo sucedió en la sierra y que ya no podré saludarte y abrazarte como siempre.

¡Si supieras cuanto te amo! ¡Si supieras que ahora que me dispongo a salir de Cuba para entrar en mi patria y abrir un frente guerrillero pienso m’as que nunca en ti, en mi padre, en mis hermanos tan queridos!

Voy a la guerra por la alegría, por mi patria, por el amor que te tengo, por todo en fin. No me guardes rencor si algo me pasa. Yo hubiese querido vivir para agradecerte lo que tú has hecho por mí, pero no podría vivir sin servir a mi pueblo y a mi patria. Eso tú bien lo sabes, y tú me criaste honrado u justo, amante de la verdad, de ls justicia.

Porque sé que mi patria cambiará, sé que tú también te hallarás dichosa y feliz, en compañía de mi padre amado y de mis hermanos, y que mi vacío se llenará pronto con la alegría y la esperanza de la patria.

Te besa
Tu hijo,
Javier.

 

Javier Heraud Pérez (1942 – 1963), poeta peruano de avizorado talento creador. Su poesía fresca, su calidad intelectual y su extracción social le habrían garantizado lo que se llama un “buen futuro”, pero estaba convencido que al sistema capitalista hay que liquidarlo antes de que éste liquide a la especie, que es justamente lo que viene ocurriendo.

Decidió hacerse guerrillero. El orden imperante que no perdona lo acribilló en Puerto Maldonado con balas utilizadas para la caza, justamente un 15 de mayo. En esta carta se despide de su madre doña Victoria Pérez Tellería.

 

 

 
 
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