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BLANCA
VARELA, NOTICIA URGENTE
Por Jesús Gómez Gutiérrez | |
La
primera vez que busqué a Blanca Varela en las librerías de Madrid,
recibí una amplia gama de miradas de incomprensión y cejas
arqueadas. Se dirá que no es sorprendente; la concentración de la
industria editorial, sus estrategias de segmentación de mercados y
hasta su forma de acapar la propiedad intelectual -ni come ni deja
comer- se confabulan con otros muchos factores para llenar las
estanterías de estupideces y vaciarlas de lo que merece la pena. La
semana pasada, por ejemplo, acompañé a una amiga guatemalteca,
Marcela Gereda, en la búsqueda de cierto ejemplar de Walter Benjamin.
¿Y quién es ese? -le faltó preguntar al dependiente. Me quedé con
ganas de arrancarle una oreja.
Además, con Blanca Varela hablamos de poesía. Género extraño de
gente extraña y supuestamente marginal. Para eso no es necesario
apelar a grandes estructuras ni hechos de nuestro tiempo; confesarse
poeta cotiza tanto como confesarse armario, a no ser que talento y
suerte coincidan y lleven el nombre del autor a grandes titulares a
través de premios, comportamientos más o menos extravagantes y
fallecimientos honrosos. Entonces, la cosa cambia. No se pierde ni
un gramo de rareza, pero se gana el aprecio temporal de periodistas,
políticos y vecinos que reconocen en ello algo vagamente importante,
vagamente cultural, vagamente parecido a las matemáticas, que no
tienen premio Nobel porque el sueco no las consideró útiles para la
vida (aunque también se dice, y me parece más creíble, que fue una
forma de vengarse ante el affaire de su esposa con el
matemático Mittag-Leffler).
La
ausencia de su obra en mi querida ciudad, corregida días más tarde,
me provocó un buen enfado. Necesitaba leer más, leerlo todo, entrar
a saco en el mundo de la mujer que otra gran poetisa peruana,
Rocío Silva Santisteban, alabó por «su generosidad y honestidad
intelectuales a prueba de fuegos, tornados y tormentas variopintas».
Cuando lo conseguí, no me defraudó en absoluto. Aunque ya sabía que
no podía defraudarme. Si hay alguien de punta a punta de la
Península Ibérica o del continente americano que no la conozca,
haría bien en dejar de perder el tiempo con tanta palabra impresa
que no lleva a ninguna parte. Mucho antes de cumplir sus actuales
ochenta años, ya se había ganado un espacio entre los grandes poetas
de nuestro idioma, particularmente dotado para el género.
Escribo estas líneas a toda prisa y como nota de última hora. Hace
unos minutos me informaron de la concesión del premio Federico
García Lorca, de Granada, a Blanca Varela. ¿Qué es una noticia
urgente? Un terremoto, un golpe de Estado, la muerte de un sátrapa,
asuntos que en su mayoría se deberían definir, más bien, como susto
rápido o desgracia en impasse de definición. Urgente es lo
indiscutiblemente inmediato e importante. Y lo importante, en este
caso, no es la concesión de un premio, otro más, a una autora única:
es el triunfo momentáneo de la poesía. Buena excusa para hacer
simple y pura propaganda de quien se ha ganado mi militancia y mi
admiración. Gracias.
Es fría
la luz
Es fría
la luz de la memoria
lo apenas entrevisto brilla
con insistencia
gira buscando el casco de botella
o el charco de lluvia
tras
cualquier puerta que se abre
está la luna
tan grande y plana
tan fuera de lugar
como si de un cuadro se tratara
óleo sobre papel
endurecido por el tiempo
así
cayeron en la mente
formas y colores
casualidades
azar que anuda sombras
vuelcos en la negra marmita
donde a borbotones
se cuecen gozo y espanto
crece
el yeso de un cielo
mil veces lastimado
mil veces blanqueado
se borra el mundo y se vuelve
a escribir
hasta el último aliento
sólo
esto
eternidad aparente
mísera astilla de luz en
la entraña
del animal
que apenas estuvo
Strip-tease
Quítate
el sombrero
si lo tienes
quítate el pelo
que te abandona
quítate la piel
las tripas los ojos
y ponte un alma
si la encuentras
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