| |
|
ENTRE TELENOVELAS,
HOLLYWOOD Y BEST SELLERS. ¿ARTE POPULAR?
Por
Marcelo Colussi
(Revista EncontrArte. Caracas, Venezuela) | |
El
arte fue, históricamente, un producto destinado a pequeñas minorías,
a las elites dueñas del poder y a iniciados. Con la llegada del
capitalismo y su gran producción masificada, en el siglo XX también
pasa a ser una mercadería más para consumir. Surge así el arte de
masas, la producción artística en serie dedicada a la gran
muchedumbre de consumidores. Pero aparece entonces la pregunta: ¿es
eso verdaderamente arte popular? ¿Qué entender por tal?
Definir lo popular es complejo. Puede tomárselo, desde una posición
conservadora, de derecha, en sentido casi despectivo,
contraponiéndolo a elegante, a refinado. En ese caso, lo popular es
opuesto a aquello de buena calidad, por tanto más bien tosco. En
otro sentido, con un carácter positivo, de afirmación -posición que
encontramos en las izquierdas políticas- popular tiene el valor de
reivindicación, de grito de protesta. Así, lo popular se opone a lo
elitesco.
Pero en verdad ¿qué es el arte popular? ¿El surgido espontáneamente
del pueblo? ¿Las composiciones anónimas como "La cucaracha" o "Green
Leaves"? -¿quién no las tarareó alguna vez?-. ¿Los versos que
podemos encontrar en cualquier pared de un baño público? ¿Las
canciones de Silvio Rodríguez? ¿Un mural de Diego Rivera? ¿Una
comparsa callejera? ¿Es arte popular una película de Chaplin, (el
actor más visto en la historia) o una pieza de The Beatles (los
músicos más escuchados en el mundo)? ¿Qué distingue a una
manifestación como "popular"? ¿Se debe considerar popular al
"Quijote de la Mancha", el libro más vendido en todo el planeta
luego de la Biblia? ¿Eso es literatura popular? ¿Lo es acaso "Harry
Potter" o "El código da Vinci"? Y a propósito: "La Mona Lisa" de
Leonardo es, seguramente, la pintura más conocida del orbe. ¿Es
popular? ¿Es eso arte popular? ¿Qué hay más popular que los cómics?
¿Quién no conoce a Superman, Popeye o al ratón Mickey? ¿Son ellos
representantes de la cultura popular?
¿Dónde, cómo y por qué una expresión cultural pasa a ser "popular"?
¿Qué la define como tal: su masividad, su compromiso con las
penurias de las grandes mayorías, su simplicidad? Las revistas
"Vanidades" o "Selecciones" son muy conocidas, muy vendidas. ¿Las
encuadraríamos como "populares" entonces? ¿Y por qué la pintura mal
llamada naïf -¿quién dijo que es ingenua o primitiva?- es popular?
¿Porque la hacen pintores del pueblo sin formación académica? La
Gioconda goza de mucha más popularidad que cualquier cuadro de un
pintor indígena -"naïf o primitivista"- del lago de Atitlán en
Guatemala. ¿Cuál es más popular?
Como vemos, la cuestión no es sencilla. Estas preguntas no son
novedosas, en modo alguno. Sobre lo que simplemente intentaremos
enfatizar es respecto a que la masividad de algo no significa, por
fuerza, que sea una creación genuinamente popular; con lo que
queremos afirmar, entonces, que lo popular no define, por sí mismo,
la calidad de lo producido. En todo caso, dadas las características
de la moderna sociedad masificada y de hiper consumo que trajo el
capitalismo, y como producto de estrategias de comercialización de
gigantescas empresas, hoy día, desde el siglo XX en adelante,
asistimos a una producción cultural que llega a grandes masas pero
no tiene nada que ver con los intereses profundos de la población. Y
tampoco con la calidad.
Hoy día figura como segundo autor en lengua española más leído, por
detrás de Cervantes, nada más y nada menos que Corín Tellado, la
escritora de novelas rosa (100.000 ejemplares semanales en su mejor
momento de ventas). Por otro lado las fortunas que mueve el cine de
Hollywood colocan a la industria cinematográfica como una de las
grandes fuentes de ingreso de la economía estadounidense (85 % de la
producción fílmica mundial viene de allí); sabemos, de todos modos,
que toda esta producción lejos está de presentar una alta calidad
artística, más allá de los impresionantes efectos especiales que nos
sorprenden día a día, pero sin dudas es popular en cuanto a su
masividad. Los símbolos hollywoodenses son ya íconos de nuestra
cultura moderna global. ¿Alguien podría atreverse a decir que no son
populares? Los "buenos" y los "malos", el "muchachito ganador" y la
"rubia bonita y tonta" ¿no son ya modelos prefigurados que
indefectiblemente muchísimos habitantes del planeta ya tenemos
incorporados sin haberlo pensado?
Tomemos, por otro lado, las telenovelas, producción muy común en el
mercado latinoamericano y vistas en buena parte del mundo, desde
Europa del Este a China, desde el Africa al mundo árabe. Su impacto
económico es igualmente enorme, y para algunos países como
Venezuela, México, Colombia, Brasil, Argentina, su volumen comercial
es asunto de Estado. De hecho, en muchos canales las telenovelas
actúan como una columna vertebral de la programación de la estación,
ya que si son exitosas ayudan a mejorar los niveles de audiencia del
resto de la oferta televisiva de la señal. Es por eso que las
estaciones televisivas destinan grandes presupuestos en la
producción de este tipo de programas. Además las telenovelas son un
producto de exportación en que los derechos de transmisión son
vendidos a otros países del mundo, generando aún más ganancias.
¿Quién no ha visto alguna vez "Alcanzar una estrella", "Cristal" o "Betty,
la fea"? "Kassandra" tiene el premio Mundial de Guinness por ser la
telenovela vista en más países (128 en total). Durante la guerra de
Bosnia existía un alto al fuego durante la transmisión de la
telenovela brasileña "La Esclava Isaura", y de acuerdo a datos
suministrados por la UNESCO, en 1999 en Costa de Marfil muchas
mezquitas adelantaron sus horarios de oraciones para permitir a los
televidentes disfrutar de la mexicana "Marimar". ¿Son esas
expresiones de arte popular?
Folletines, novelas por entregas, fotonovelas, radioteatros,
telenovelas, cine de entretenimiento, oferta musical masiva, best
sellers, cómics: en todas estas expresiones culturales que nos deja
la industria capitalista hay un común denominador. Son todos
productos concebidos desde un planteamiento empresarial, son
mercaderías preparadas, ante todo, para ser vendidas. A partir de
ello, la mercadería -con las diferencias del caso en cada ámbito-
tiene siempre un sello distintivo: son "novelas rosas". Es decir:
mercaderías fabricadas para que el consumidor entre en un mundo
imaginario, sin cuestionamientos, sin preguntas. El goce estético es
reemplazado por la satisfacción inmediatista, simplona. Como dijo
Javier Memba: "Calidad y comercialidad raramente conjugan, esa es la
opinión generalizada de la crítica en todas las manifestaciones
culturales".
Preguntado sobre la "novela rosa", Reynaldo González así se expresó:
"Surgió como parte de los reclamos publicitarios de los periódicos
de las grandes capitales, para aumentar el número de lectores. Acuñó
un descubrimiento: el del público lector femenino, para el que
establecieron fórmulas, mensajes y un alambicamiento que dejaba a
sus lectoras como presas dúctiles de la moral heredada. A las
mujeres destinaron esa "producción" -nunca mejor colocada la
palabra, pues como a tal se la veía-, con cuanto de peligroso
conductivismo tiene esa concepción de un trabajo que originalmente
debería considerarse artístico. Degeneró en industria, en
procedimiento serializado". (…) "La llamada «novela rosa» es parte
de la subcultura. Evidentemente, lo es porque no genera nuevas
ideas, sino que reitera y consagra cuanto constituye el statu quo,
asevera lo ya sabido y se apoya en recursos ya descubiertos por la
literatura verdadera, la que implica riesgos ideoestéticos". [Debe
remarcarse] "su subliminal magnificación del consumismo y su
afirmación de conceptos de vida que subrayan el quietismo frente a
las convulsiones sociales".
En
un sentido amplio, toda la producción cultural masificada tiene
estas características de "novela rosa". "El best seller es
fundamentalmente un producto más de la moda, un producto equivalente
a una superproducción cinematográfica, a un ritmo musical, a un
perfume, y hasta a un modelo de coche", se expresaba Luis Goytisolo
hablando de la literatura comercial, pero reflexionando sobre la
totalidad de esta nueva mercadería que la gran empresa nos vende día
a día. Dicho en otros términos: la producción artística, o al menos
buena parte de ella, a partir de la masificación consumista que
trajo el capitalismo desde fines del siglo XIX y ya en forma
imparable en el XX, se trocó en "industria del entretenimiento". Por
cierto, industria muy redituable: en el año 2005, para no olvidar el
dato, la facturación de toda esta "industria cultural" (periódicos,
libros, radio, cine, televisión, discos, videojuegos, internet) sumó
cerca de 450.000 millones de dólares.
Esto implica una serie de problemas. ¿Acaso no tienen derecho las
grandes masas populares a acceder a una producción que por milenios
le estuvo vedada? En esa lógica, entonces, podría decirse que la
gran industria en serie del capitalismo trajo mejoras a la
humanidad, en todo sentido, incluido también el campo de la cultura.
Desde la imprenta o el daguerrotipo en adelante, la gran masa pudo
empezar a tener contacto con el mundo selecto de las artes, de las
letras, de la producción cultural en su sentido amplio. De ahí al
internet de alta velocidad, un paso. El paso se dio, y hoy millones
de millones de seres humanos se supone que pueden gozar del arte,
tener acceso a la cultura. Pero… ¿gozan del arte? ¿Qué recibe la
gran población con toda esta oferta de "entretenimiento" llevado
hasta su casa? Tal vez arte; pero quizá, más seguramente: diversión,
pasatiempo.
Por supuesto que todos tenemos derecho a divertirnos. Por otro lado,
la diversión es parte imprescindible de la dinámica humana. ¿Quién
podría estar en descuerdo con ello? Lo importante a remarcar, no
obstante, es la manipulación grosera que se esconde en esta
"industria del entretenimiento". Es negocio, básicamente; y no para
el pueblo consumidor precisamente. Por otro lado, es una producción
concebida como mercadería banal, fácil de digerir, que lo único que
hace es reforzar el estereotipo de "el que piensa, pierde. Tenga su
tarjeta de crédito y.... diviértase". Esa, seguramente, es la arista
más grandemente cuestionable: no hay nada de arte, y lo más
abundante, lo más constatable es el manejo del público a quien se
dirige.
En
definitiva: esta cultura popular de popular no tiene más que la
masividad. Y eso, lo sabemos, no es sino una forma descarada de
utilización de la gente. Pues, como dijo Adolf Hitler: "¿A quién
debe dirigirse la propaganda? ¿A los intelectuales o a la masa menos
instruida? ¡Debe dirigirse siempre y únicamente a la masa! (...) La
tarea de la propaganda no consiste en instruir científicamente al
individuo aislado, sino en atraer la atención de las masas sobre
hechos y necesidades. (…) Toda propaganda debe ser popular, y situar
su nivel en el límite de las facultades de asimilación del más corto
de alcances de entre aquellos a quienes se dirige".
Ya
sea desde una posición de derecha que homologa "popular" con
grosero, propio de "la chusma", o desde una de izquierda que lo
asimila a una reivindicación y empatía para con los oprimidos, ambas
lecturas del fenómeno cultural en tanto "hecho popular" pueden ser
cuestionables. Si existe alguna posibilidad de arte popular -noción
discutible por cierto; el arte es arte, a secas-, su condición de
popularidad radica en el acceso masivo que toda la población puede
tener para con él.
¿De dónde salió el prejuicio que lo popular debe ser de baja
calidad? Eso es, justamente, lo que permite desarrollar una
industria del entretenimiento basada en el desprecio por el buen
gusto. "La gente quiere basura, por tanto le damos basura" se
escucha decir con ligereza a más de un productor televisivo o
cinematográfico. ¿Será? Cuando las poblaciones tienen otras
oportunidades van más allá de la cosa ramplona. Véase, como ejemplo,
Cuba, o la ex Unión Soviética. En promedio en esas dos sociedades
está la mayor cantidad de lectores de literatura (no de best sellers)
y de asistentes al Ballet Bolshoi. ¿Quién dijo que la gente "quiere
basura"?
Lenin, consultado alguna vez por qué usaba camisas de seda siendo un
revolucionario, contestó que él luchaba para que todos pudieran usar
ese tipo de ropa. ¿Quién dijo que el arte debe ser producto de
elites? Lo popular está en lo masivo, pero lo masivo puede -debe-
ser algo más que un videojuego o la telenovela "Kassandra". Porque,
como dijo el inmortal don Quijote: "El que lee mucho y anda mucho,
ve mucho y sabe mucho".
|
![]()
|
|