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NARRATIVA: PEPE DE
IMAGINACIÓN… EDUARDO Y SARTRE
Por
Jonathan Alfonso | |
Lo
bueno de no ser un intelectual es que hay tantas cosas que uno
desconoce y tantas que uno no ha leído, que la ignorancia de uno
tiende al infinito; este hecho facilita pasar el tiempo sentado en
un café, simplemente leyendo y tratando de aprender algo, en lugar
de desgastarse las rodillas metiendo y sacando el pie de los pedales
del carro, mejor conocidos como acelerador, freno y “croche”. Creo
que fue Borges quien dijo, que para mantenerse actualizado se
ocupaba con frecuencia en releer los clásicos. En mi caso, yo no
tengo que releer nada, yo directamente los leo por primera vez.
Es muy probable que alguien se halla dado a la tarea de desarrollar
algún teorema físico relativista que demuestre que si uno sale de
Chacao, a la hora pico de salida de los sitios donde uno acude a
diario a vender su fuerza de trabajo y a generar plusvalía para
otros, llega a su casa exactamente 7 minutos después del momento en
el cual habría llegado, si hubiese salido 2 horas y 37 minutos
después de la hora pico de salida. Esto ocurrirá si y sólo si el
Alcalde del mencionado municipio continúa siendo el mismo que está
convencido de que ha venido al mundo para reconstruir las aceras
adyacentes a la estatua de José Martí, justo en la frontera entre
Chacaito y Chacao. No sé si el teorema existe, pero de seguro viene
en camino, y probablemente surja de alguno de esos privilegiados
cerebros ledézmicos y ojedanos que abundan en nuestra querida clase
media.
Fiel a mi convicción de mantener sanas mis rodillas hasta donde me
sea posible, cada día al final de la tarde cometo un acto de
corrupción al utilizar la tinta, la impresora y las hojas de la
oficina para imprimir alguno de los millones de textos interesantes
que no he leído nunca. Luego de esta fechoría me instalo en un café
cercano a esperar que la cola “baje”. La tarde de hoy, o la tarde de
ayer si usted lee esto mañana, o la tarde de antier si lo hace
pasado mañana y así sucesivamente con el correr de los días, busqué
en Internet “el existencialismo es un humanismo” de Jean Paul Sartre,
a ver si algo me quedaba de esa lectura, a mi que a veces no me
queda nada de lo que leo.
Menuda lectura me propuse; quizás tenga que ver con el hecho de que
esta tarde estuve escuchando a Ismael Serrano cantar “Papá, cuéntame
otra vez”, canción testimonio en la cual el cantautor le pide a su
padre que le hable de nuevo de Sartre, del Mayo Francés y de “aquel
guerrillero loco que mataron en Bolivia, y cuyo fúsil más nadie se
atrevió a empuñar de nuevo, y como desde aquel día todo parece más
feo”. Imprimí 20 hojas con el texto de Sartre, un manifiesto, una
defensa del existencialismo, un texto de filosofía, la explicación
de una de las aproximaciones del hombre hacia el entendimiento de su
realidad y de cómo se relaciona con ella. Me despedí de un compañero
que vive más lejos que yo, y quien por lo tanto alarga los lapsos,
aunque confía en el mismo teorema, y me fui a mi café, al de
siempre, al de las tertulias con los amigos aburridos de la cola,
como diría otro cantante, el solar de los aburridos.
Cuando estaba saludando a la muchacha de la caja y a los mesoneros
que merodean por ahí trayendo cuentas y llevándose el vuelto,
trabajo que hacen, por cierto, con alentadora actitud de positivismo
ante la vida, me dirijo a la joven y le digo lo mismo que le digo
casi todos los días:
- Hola ¿cómo estas tú, amiguita?
-
Bien, gracias ¿y tú?
-
Fino, vale… Cóbrame un café grande.
Fue en ese momento, cuando como por aprovechar esos dos segundos de
espera, en algo “útil”, le eché una ojeada a los papeles que llevaba
para leer, y me di cuenta de que me faltaba la primera hoja, fue
fácil darme cuenta porque faltaba el titulo y además en el lugar
destinado al número de página del documento estaba un tremendo 2, de
lo más retador. Es común que ahora los números 2 se planteen
retadores, a veces intransigentes, como si se creyesen por encima
del resto de los guarismos. Inmediatamente pensé que como no había
engrapado las hojas, ya que me parecía un abuso gastar una grapa
además de tinta, impresora y hojas, seguramente había colocado la
primera hoja, de última, en algún punto del trayecto de la oficina
al café, cosa que uno suele hacer cuando lee algo que no está
engrapado. Esta sospecha me llevó, acto seguido, a tomar la última
hoja actual y colocarla de primera, confiado en mi teoría del pase
de hoja, pero me sorprendí más cuando vi que ésta, la última hoja
actual, la cual acababa de pasar al primer puesto del mazo de hojas,
era la verdadera última hoja y esto lo supe por que se podía leer 20
al final de la misma.
Fue en ese momento que me dije: “¡Perro, mano! Boté la primera hoja.
Si esto me iba a costar entenderlo con las hojas completas, ahora sí
estoy jodido si lo voy a leer desde la hoja número
2”, pero como el objetivo de hacer tiempo seguía vivito y coleando,
no me desanimé y me fui a donde está el pana de la máquina de café
expreso y le pedí un marrón claro grande, no sin antes comentar lo
cerca que estuvo el Caracas FC de dejar fuera al Santos de la Copa
libertadores y en el mismísimo Brasil, frustración deportiva, es la
mejor descripción del ánimo de esa conversación futbolera, luego de
haber comenzado ganando
2
a
0, nos faltó historia para mantener el resultado, como lo habría
sabido hacer probablemente un equipo uruguayo o argentino
acostumbrado a esas cosas. Quizás jugó en contra de nuestros
representantes deportivos, que la ventaja en el marcador llegó muy
temprano y eso hizo que tuviéramos que soportar durante más tiempo
el orgullo herido de los jugadores del Santos, quienes probablemente
habrían tenido que dedicarse a oficios alejados de las canchas para
ganarse el pan. Si hubiesen terminado perdiendo el partido, mas sin
embargo cerramos el comentario futbolístico, contentos de que jugar
con los nuestros no era ya una cuestión de trámite para el resto de
los equipos de nuestro continente, que es el único continente donde
de verdad se juega al fútbol.
El
pana me sirvió el marrón claro grande, tal como lo dictan los
cánones de esta presentación del café, y me fui a buscar mi mesa de
siempre, para sentarme a tomarme mi vaina y a leer a Sartre desde la
segunda página, tratando de animarme pensando que si uno puede leer
Rayuela de varias formas, quizás esto se podía leer sin la primera
hoja. Ahora se me presenta otro contratiempo: mi mesa y las cercanas
a ella, han sido invadidas por una joven que se instala con mucha
frecuencia en mi café a inculcarle a un grupo de gente variada la
creencia falsa y delirante de que pueden volverse millonarios desde
su casa vendiendo paquetes de “Voz IP” baratísimos y en el esquema
de ventas del multinivel, tal y como se venden algunos productos
naturistas, que sirven para que uno baje de peso, tenga buena
memoria, vaya al baño a las horas adecuadas, tenga más energía,
mejore la circulación de la sangre, regule la producción de
colesterol malo, sea más feliz en el sexo, tenga ideas
trascendentales a cada rato, etc., etc., etc. y etc., y todo con una
pastilla y una merengada que se toman con cada comida, que solo
cuesta 300 mil bolívares y dura tres semanas. Para no escuchar la
charla motivadora de la joven, decido tomarme mi café de pie y
comenzar la lectura de lo que podría llamarse la obra incompleta de
Sartre. Para mi sorpresa algo estaba entendiendo, aun sin la primera
hoja, y por lo tanto me embullo en la lectura, paso la segunda hoja
que en este caso fungía de primera hoja, y la tercera, la cuarta, la
quinta y la cosa iba bien, cuando un amigo mió, Ernesto, me manda un
mensaje de texto y me dice que viene en camino junto al misterioso
Rastro, enigmático miembro de la huestes de slackers venezolanos.
Como a los 10 diez minutos se aparecen ambos, y reanudamos una
conversación que no termina desde que nos conocemos, tres buenos
conversadores que vivimos lejísimo de nuestros lugares de trabajo.
Esta vez discutimos sobre los canales de televisión por cable
dedicados a la difusión de documentales, y de cómo estos tipos
pretenden decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad
sobre una infinita variedad de temas. Usted puede conseguir allí
expertos en el genoma humano, en el Santo Grial, en la Segunda
Guerra Mundial, en la Revolución Bolchevique y la lista de los 10
animales mas hediondos de la vía Láctea y sus galaxias vecinas; es
decir, temas que para estudiarlos a profundidad le llevarían a
cualquier persona despierta un buen tiempo, un montón de libros y
referencias, para más o menos tener una idea de lo que va la cosa.
Algunos de estos canales se muestran especialistas en áreas del
conocimiento, quizás para parecer mas creíbles, ya que está claro
que no se puede saber todo sobre todo. Uno de ellos se ha
especializado en Historia; ese es uno de los más groseros, porque es
utilizado recurrentemente como mecanismo de propaganda de un
determinado interés particular o de grupos reducidos, como en toda
la televisión, difunden los mensajes que son ajustados fielmente a
la verdad, a la verdad del dueño del canal. Finalmente, concluimos
que aquello de “democratizar la televisión”, es una tarea ardua, que
no significa que no creamos en la necesidad de hacerlo, pero ardua
al fin, porque la televisión es un elemento por esencia
antidemocrático y excluyente.
Para comenzar, la duración de los programas de televisión es corta y
son pocos los temas que se pueden desarrollar en esos períodos
reducidos, lo cual deshecha al resto de los temas automáticamente,
simplemente por largos, o peor aún se aventuran a desarrollar el
asesinato del archiduque de Austria en 30 minutos. Luego están los
cortes que interrumpen los mensajes y te trasladan a una seguidilla
de información disímil, disgregada en segmentos de 20 o 30 segundos,
información que es generalmente de índole comercial y que te
ocasiona un revoltijo con tomate y cebolla en el cerebro, del cual
es muy difícil zafarse al cabo de 3 minutos continuos de esta
tortura, cuando regresa el programa que uno estaba viendo. Uno
recibe demasiada información en períodos de tiempo muy reducido, 25
imágenes por segundo, no dejan espacio alguno para la reflexión,
para la abstracción, para el pensamiento crítico, para la discusión,
elementos que uno si consigue por ejemplo en la lectura, “una imagen
dice más que mil palabras”. Craso error, jamás podrá una imagen
decir más que mil palabras y menos aún si esta imagen requiere algún
tipo de conocimiento especializado, y peor se pone la cosa, cuando
están de por medio los pareceres del presentador que te dice que hay
unos tipos descargando sus armas una y otra vez contra un marcha
pacífica que no se ve en la escena, pero que mucha gente cree a pies
juntillas solo por que él lo dijo. Dado que el ser humano desarrolla
defensas contra casi todo lo desagradable, esta situación no es una
excepción, de ahí que inventara lo que los entendidos denominan “zapping”,
acción de cambiar de canal como un desaforado por todo el rango que
permita el sistema, tal como lo hacen algunos jóvenes en la
autopista Valle-Coche. No recuerdo donde lo vi o lo leí, pero sé que
a este tipo de usuario lo llaman “Homo Zapping”. Lo frustrante del
Zapping, es que probablemente usted nunca regrese al programa
original, o peor tal vez regrese tarde, y se consiga con la terrible
realidad de que usted dejó la cosa en el asalto al cuartel Moncada y
regresó cuando Fidel ya estaba comiéndose a los niños cubanos en
salsa bechamel y mandando a asesinar al Che, versión muy difundida
en este tipo de medios, medio locos.
Eso por el lado del cable. Después llegamos al tema de los canales
locales, de los que viajan con su señal abierta por el, ahora
archiconocido, espectro radioeléctrico. Aquí vale la pena hacer un
mediano paréntesis, para preguntarnos y tratar de respondernos con
sinceridad si uno no tiene que estar contentísimo con el simple
hecho de que ahora se ve obligado a enterarse de un sin fin de
asuntos que solían ser exclusivos de algunos grupos de poder que
utilizaban eso para aprovecharse mas todavía de los demás. O de
especialistas, o de intelectuales, o de activistas políticos
comprometidos con las causas justas, o con las causas injustas; me
refiero a temas como este del espectro radioeléctrico, como los
convenios operativos de PDVSA, como los crímenes de Posada Carriles,
como el bloqueo genocida contra el pueblo cubano, como la diabólica
Operación Peter Pan iniciada por un cura reaccionario, como los
asesinatos de sacerdotes y monjas con olor a pueblo en centro
América, como las intervenciones en todo tipo de asuntos de los
hermanos Dulles y de la United Fruit, como la persecución de
izquierdistas en la operación cóndor, como las marramuncias del FMI,
el BM y OMC, como el consenso de Washington, como la actitud de
mafiosos de algunos dueños de medios de comunicación y muchos otros
temas, que como dije antes, la mayoría de nosotros desconocía, pero
de los cuales éramos víctimas y a veces hasta cómplices
involuntarios o tontos útiles. Terminado el paréntesis, decía que
nuestra tertulia se trasladó ahora a la televisión local, en la cual
los mensajes se elaboran mayoritariamente con sujetos que
representan racial, social y económicamente a un porcentaje mínimo
de la población, cosa que hace muy cuesta arriba entender consignas
como “con mis medios no te metas” o “tal canal somos todos”.
Para que fuésemos todos tendríamos que estar representados todos en
una distribución que se acerque al menos a la realidad estadística
de la sociedad venezolana. Un ejemplo, si aquí casi toditos somos
mestizos, porque siempre se ven caucásicos en todos los mensajes. Si
aquí hay muchos afrodescendientes, porque ningún presentador de
televisión es afrodescendiente, o porque el afrodescendiente siempre
es malandro en un culebrón. Esta actitud persigue descaradamente
legitimar a un sector de la población y deslegitimar al resto, ya
que en el entendido del individuo alienado lo que no aparece en las
pantallas de la TV no existe. El nivel de legitimidad obedece a la
cantidad de elementos legitimadores que usted cumpla. Dedíquese a
desglosarlos partiendo del simple hecho del sexo de la persona; un
hombre es más legítimo que una mujer, luego la carga racial: un
blanco es mas legítimo que un negro, y un europeo es mas legítimo
que un asiático, a menos que el asiático sea japonés y el europeo
chipriota, un árabe es absolutamente ilegítimo sino no es Saudita,
el que tiene billete es obviamente más legítimo que un pobretón, y
una actitud que se puede considerar como excentricidad en los más
altos niveles de legitimidad mediática, será sin apelativos
considerada una ridiculez o una falta de respeto si la acción
proviene de un elemento de baja legitimidad, por ejemplo si un
hombre pone a pelear violentamente a dos mujeres delante de un
público morboso en una calle cualquiera y este hombre es pobre, es
un absoluto desgraciado, machista y marginal, pero si lo hace todos
los días Julio Borges en un programa visto a nivel nacional, eso lo
convierte en un Juez de Paz y le da el piso mediático para fundar un
partido político. Alguna vez ha oído la expresión “para gente como
tú”. Bueno, a eso se refiere la televisión, porque un apartamento
“para gente como tú” normalmente se ve en un comercial donde aparece
un niño rubio, con una mamá rubia y un papá rubio, paseando a un
perro rubio, en un jardín rubio, del rubio edificio de apartamentos,
y luego la voz en off del locutor martillando “para gente como tú”.
Estas reflexiones sobre la legitimidad mediática, fueron traídas a
colación por uno de nosotros que se las escuchó mucho mejor
explicadas a un señor que se está convirtiendo en el mejor educador
y creador de conciencia de los venezolanos. Me refiero al Profesor
Vladimir Acosta, a quien siempre, absolutamente siempre vale la pena
escuchar en sus disertaciones en radio, y las pocas oportunidades en
que accede aparecer en televisión, yo creo que porque está conciente
de que la televisión no es para “gente como él”.
Así fue pasando el rato, hablando de lo que ya les conté y de otras
cosas, hasta que se hizo la hora de partir, por dos causas: una, la
cola ya había “bajado”, y dos, se habían acabado los cigarros y
estaban cerrando el café. Vamos camino a la salida del café, que se
encuentra en un centro comercial, y cuando vamos pasando por el
mostrador donde normalmente se ubican los vigilantes a darle
información a los visitantes, Rastro, el enigmático miembro de las
huestes de slakers venezolanos, se detiene a leer unos panfletos que
anunciaban la cartelera cinematográfica, los cuales estaban apilados
sobre el mostrador. Yo me detengo al lado de Rastro y estamos ambos
ojeando la lista de películas que jamás vamos a ver, cuando movida
por el viento de oeste a este, llega una hoja tamaño carta, que
atrapa Rastro en el aire, justo antes de que aterrizara en forma
perfecta sobre el texto incompleto de Sartre que yo había apoyado
también en el mostrador. La hoja volvía sola, quién sabe desde
dónde, a buscar su lugar en la vida. Y lo encontró. Pero venía con
algo escrito en letra un tanto ilegible, que luego de que Ernesto,
Rastro y yo tratáramos de descifrar, se transformó en, “Pepe de
imaginación” una línea antes del titulo “el existencialismo es un
humanismo”, y “Eduardo”, una línea después. Llegamos a la conclusión
de que era mucho mas fácil que yo hubiese entendido el texto de
Sartre sin la primera hoja, que tratar de hallarle sentido a “Pepe
de imaginación....Eduardo”, y que quizás tal como la hoja regresó a
su lugar, tal vez esto lo lea la persona que la utilizó para
escribir el críptico mensaje. Si es usted, por favor escriba un
correo a
joalfca@gmail.com y aclárenos a Ernesto, a Rastro y a mí, cuál
extraña razón en este mundo lo llevó a escribir semejante cosa en
una hoja bumerang.
jonathan.alfonzo@seguroshorizonte.com
Venezuela
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