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EL PRESENTE DEL AYER
Por Rigoberto Salón Ángeles | |
En el pecho
del serrano
sin quietud aún se palpa
el
latir filosofado
del imperio de Atahualpa
Vive aún lo espiritual
de los incas, de un imperio,
aunque estén sus soberanos
en genuino cementerio
Dormirán seguramente
cara al sol, su Dios primario,
precedidos ciertamente
de un periodo legendario
Huellas propias, espontáneas,
quedan de nuestros abuelos,
ya después de haber pasado
un sin fin de tristes duelos
Viejos ecos nos envuelven
de los siglos muy lejanos.
Son añejos; es decir,
de antiquísimos peruanos
Del pasado, lo pretérito,
mas se encuentra de un vestigio;
y nos dicen nuestra historia:
tuvo un tiempo de prestigio
Del estilo neto, autentico,
poco queda para ver
pero sí para sentir.
Son cuestiones de entender
En el hombre de los frígidos
mas nos queda de lo antiguo.
bien sabemos, supervive;
con orgullo me atestiguo
Late aún la tradición
de las épocas remotas,
a pesar de la influencia,
opresiones y derrotas
y por ella imaginamos
lo social de nuestra origen:
más o menos como ha sido
el vivir del aborigen.
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