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MERCANTILISMO
AMENAZA PRODUCCIÓN ARTÍSTICA
En
defensa de la diversidad cultural
Por
Sonia Sanchez
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"La
diversidad cultural se ha transformado en importante batalla que
moviliza más allá de las tradiciones artísticas, es una lucha
frente al fenómeno de la globalización que busca mercantilizar la
cultura y la actividad humana", señaló Ignacio Ramonet ayer
en La Habana.
Durante el seminario taller sobre el tema que sesiona como
parte del XXVII Festival Internacional del Nuevo Cine
Latinoamericano, el notable comunicador y sociólogo español, al
referirse a la penetración de Estados Unidos en el ámbito
internacional por medio de la filmografía y otras manifestaciones,
dijo que habría que oponer "al concepto de proteccionismo económico
el de diversidad cultural para resguardar la cultura y evitar que
los más poderosos impongan sus productos a los países con menos
recursos".
Tan solo en América Latina el 87% de la cinematografía que
se proyecta proviene de Estados Unidos, mientras el 6% es europea y
el 5% de la región, trascendió en el foro en el cual se
encontraban también, entre otras personalidades, Alfredo Guevara,
presidente del Festival; Manuel Gutiérrez Aragón, presidente de la
Sociedad General de Autores y Editores (SGAE); y Frederic Vaucheron,
representante de la UNESCO para América Latina y el Caribe.
Al abundar en el tema, Ramonet recordó la aplastante derrota
sufrida por Estados Unidos y su fiel aliado Israel al negarse a
suscribir la Convención de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural,
respaldada, no obstante, por 148 naciones.
"Una gran votación pero no definitiva", observó
al recordar que ahora debe ser ratificada por 30 estados. Otro
peligro se cierne sobre el tema: la próxima semana sesionará la
Cumbre de la Organización Mundial del Comercio (OMC), en la que
"está en juego la defensa de la libertad y la identidad
cultural de los pueblos, porque Estados Unidos llevará en su agenda
la industria cultural que puede ser abordada a su conveniencia
dentro del acápite denominado Acuerdo General del Comercio y los
Servicios".
MISIÓN
EDUCATIVA RIBAS
Mil razones para hallarle un sentido a la vida
Por
Mariela Pérez Valenzuela
Para millones de venezolanos humildes la posibilidad de
asistir a una escuela o continuar los estudios que alguna vez
abandonaron obligados por su condición de pobres era hasta hace
poco tiempo una quimera. Eran muy pocas las razones que los asistían
para encontrarle un sentido a la vida.
A
facilitadores y alumnos, excluidos de ayer y propietarios del
futuro.
Con el triunfo de la Revolución bolivariana y el desarrollo
de los diversos programas económicos y sociales emprendidos por el
Gobierno para beneficio de las mayorías, esa realidad cambió.
Sus sueños eran similares a los de millones de personas que
en otros países hoy se les niega el derecho humano elemental a la
educación.
Los 132 622 jóvenes y adultos que esta semana recibieron en
Venezuela sus títulos de bachiller, con posibilidades de ingresar
en un futuro a la educación superior, son un ejemplo de la enorme
obra que en la esfera educacional impulsa el proceso revolucionario.
Ellos pertenecen a la tercera promoción de la Misión Ribas,
un programa educativo que brinda la oportunidad de culminar el
bachillerato a quienes se vieron imposibilitados de continuar sus
estudios. Detrás de cada portador de diploma de graduado existe una
historia recurrente de pobreza y de olvido por parte de quienes
gobernaron a esta hermosa nación sudamericana en el pasado.
Muchos de ellos jamás se imaginaron verse sentados de nuevo
en un aula, en especial los de las zonas más pobres, donde vivían
excluidos, sin esperanzas de un mejor futuro.
"La Misión Ribas nos lleva a ser parte de la comunidad;
para mí es un orgullo estar incorporada porque eso nos da
resistencia; me ha enseñado a crecer como ser humano y a pensar más
en el colectivo, ser más humanista y a querer más a
Venezuela."
Así expresaron a la prensa cubana algunos de los venezolanos
incorporados a la Misión, que debe su nombre a José Félix Ribas,
prócer de la independencia del país.
Una joven, emocionada, refirió que es imposible no estar
enamorada de este proceso. ¿Cómo no estar convencida de que era lo
que necesitábamos si yo he sido parte de una cultura capitalista
que lo que nos ha hecho es daño?, se preguntó.
En la actualidad 733 256 jóvenes y adultos, fundamentalmente
de los estratos más humildes, están incorporados a la Misión
Ribas, y de los 29 921 graduados en las dos promociones anteriores,
25 183 cursan los diferentes programas de la Misión Sucre (para
formar profesionales universitarios).
En esta hermosa tarea de aprender, extendida a todo el país
y de la que se benefician personas de todas las edades, la
participación de asesores cubanos en las distintas misiones
educativas (Robinson, Ribas y Sucre) constituye una muestra de la
solidaridad y de la integración latinoamericana que cada vez gana más
fuerza en el Continente.
De los graduados en esta tercera promoción el 57% es mujer,
lo cual indica la participación activa de ese grupo de la población,
históricamente discriminado, en el proceso de grandes
transformaciones que ocurren en la tierra de Simón Bolívar.
Durante el acto de graduación, el Presidente Hugo Chávez
las calificó como un símbolo de resistencia, batalla, esfuerzo y
heroísmo.
Ahora que la Revolución les dio la oportunidad de regresar a
las aulas, estos hombres y mujeres, desde los más jóvenes, algunos
con menos de 17 años, hasta los de más edad (el 3% posee más de
60 años), no se conforman con haber llegado hasta aquí.
El 96% de ellos aspira a continuar sus estudios en la Educación
Superior, según manifiestan, pero a diferencia de años atrás
cuando este sueño era imposible, ahora muy pronto se hará
realidad.
¿Condiciones exigidas? Una sola: inscribirse desde ahora en
la Misión Sucre, para el 2006 comenzar sus estudios en algunas de
las carreras ofrecidas. Dentro de algunos años volveremos a verlos,
esta vez devenidos profesionales, hacedores de una sociedad mejor y
diferente.
Rescatado del silencio
Apuntes sobre un joven sordo mudo,
protagonista de los nuevos programas de la Revolución
Las Tunas.—Madelaine Piñeda Espinosa, coordinadora de la sala de
televisión construida en Santa María 7, se preguntó una vez más
por qué Reydel Armas Garrido (Pipo) no asistía como los demás jóvenes
a las actividades organizadas allí con los vecinos, a jugar dominó
o sencillamente a ver la programación.
Reydel
dirige un Círculo de Interés con niños de la comunidad.
Un breve diálogo con Marlenis, mamá del muchacho, aclararía
sus dudas: "A él le da pena ir; tú sabes que es sordomudo y
como casi nadie lo entiende prefiere quedarse en la casa...".
Madelaine sintió que se le encogía el pecho, pero no la
voluntad. "Lo primero es lograr que me comprenda —se dijo—;
lo demás, vendrá luego.
"Entonces lo invité a jugar dominó, tratando de
hacerme entender en un lenguaje de señas que nunca conocí. Su
reacción fue de alegría. Vino y jugó durante un buen rato. Me
sorprendí al ver que sabía hacerlo."
A partir de ese día, la presencia de Pipo en la pequeña
sala se convirtió en algo cotidiano, no solo en atardeceres y
noches, para ver la Mesa Redonda, el noticiero u otro programa, sino
también en los horarios del día.
DE
ALFABETIZADO A ALFABETIZADOR
"Una vez, mientras yo anotaba las actividades del mes,
Pipo me tocó suavemente el brazo. Por sus movimientos y por la
expresión de su cara, me di cuenta de que me pedía que lo ayudara
a escribir."
Madelaine no perdió ni un minuto.
"Sin embargo, la satisfacción que siento yo es doble
—afirma Madelaine— porque a medida que pasó el tiempo me di
cuenta de que no solamente Pipo aprendía a escribir, a leer e
incluso a pronunciar muchas palabras que jamás había podido
articular: también yo era alfabetizada por él en el lenguaje de
las señas."
Pero tal vez lo que más reconforta a Madelaine, a Neysi López
(directora de la sala) y a quienes viven allí, a 25 kilómetros del
poblado de Chaparra, entre macizos cañeros, sea la útil manera en
que Pipo se ha insertado en el acontecer de los niños y la
permanente comunicación que hoy fluye entre ellos.
"Aprovechando la pericia manual de Reydel con el yarey
—relata Madelaine—, le propusimos formar un Círculo con niños
de la escuela Ramón López Peña. Había que ver la felicidad
reflejada en su rostro.
"Sin ser de la plantilla —resume Madelaine—, se ha
convertido en un trabajador más de la sala. Cuando sale o va al
pueblo con su mamá, nos parece que algo falta o no anda bien aquí."
Igual sensación suele embargarlo a él. La muestran sus
manos, sus gestos y un grupo de palabras que articula en la
siguiente confesión:
"Desde que vengo aquí mi vida ha cambiado: aprendí a
escribir y a leer, enseño a los niños a hacer cosas con el yarey.
Estoy contento. Esta sala es como mi casa."
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