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LA
MUSA DE MAYAKOVSKY Y UNA COMA EN SU TESTAMENTO
Con
motivo de la muerte del poeta.
Por Anatoli Korolev*, Ria Novosti
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En la literatura
rusa hay una noticia sensacional, de la que no se habla mucho: por
fin, se han publicado el expediente que fue abierto con motivo del
suicidio de Vladimir Mayakovsky, así como otros documentos y
recuerdos de sus contemporáneos.
En
la literatura rusa hay una noticia sensacional, de la que no se
habla mucho: por fin, se han publicado el expediente que fue abierto
con motivo del suicidio de Vladimir Mayakovsky, así como otros
documentos y recuerdos de sus contemporáneos.
Ello
se hizo posible gracias a los esfuerzos desarrollados por el Museo
de Mayakovsky. La documentación recogida en un tomo pone al desnudo
imparcialmente el cuadro poco decoroso de las ambiciones personales
de quienes rodeaban al poeta, en primer lugar, las de su musa
predilecta, Lilia Brick.
Aquel
día fatal ella se encontraba en el exterior, pero un amigo de ella,
Yakov Agranov, juez de instrucción y jefe del Departamento de
Asuntos Secretos del Comité de Seguridad (OGPU), precintó el
archivo del poeta y se puso a esperar la llegada urgente de Lilia a
los funerales.
Al
obtener el acceso al archivo, la musa se puso a liquidar y quemar en
chimenea cuanto no era de agrado de ella. El fuego devoró las
cartas que Mayakovsky dirigía a sus dos últimas musas: Tatiana
Yakovleva y Veronika Polonskaya. Lilia Brick destruyó la
inapreciable médula documental de la tragedia, pues precisamente el
desarrollo del romance con Polonskaya empujó al poeta al suicidio.
Él se pegó un tiro inmediatamente después de haberse reñido con
ella. Al irse, Veronika oyó el disparo, regresó corriendo a la
pieza de él, pero ya lo encontró agonizante.
Desde
luego, los celos femeninos son una fuerza atroz, pero Brick no podía
menos que comprender que las cartas del gran poeta ya pertenecían
al país y a la eternidad, pero no a la llama de los celos que la
devoraban. Paralelamente, Lilia inspeccionó minuciosamente sus
propias cartas al poeta, dejando a salvo sólo aquellas que no podían
arrojar la menor sombra sobre las relaciones que los unían. Así
surgió el mito de un amor ideal.
Además,
Brick hizo lo que estaba a su alcance para separar de él a la
desafortunada Veronika Polonskaya. Ésta se sentía aplastada por la
tragedia y no sabía cómo tenía que portarse. Primero Brick la
persuadió a no asistir a los funerales y después supo apartarla de
los derechos sobre el acervo artístico del poeta.
Todo
ello se hizo en contra del testamento directo que dejó Mayakovsky,
quien en su nota postrera escribió: «Camarada Gobierno, mi familia
es: Lilia Brick, mi madre, mis hermanas y Veronika Polonskaya. Si
les garantizas una vida soportable, te lo agradeceré». Pero con
ello no terminó la vivisección operada por Lilia Brick en los
documentos.
En
una copia sacada del testamento del poeta aparece una coma de más,
y enmendada de tal forma la carta se publica en el periódico Pravda
el 15 de abril de 1930. La línea ya tiene la siguiente redacción:
«Camarada Gobierno, mi familia es: Lilia (aquí viene la coma
sobrante), Brick, mi madre, mis hermanas y Veronika Polonskaya...»
De este modo entre los herederos del acervo literario de Mayakovsky
( y de los cuantiosos ingresos que aportaban las reediciones de las
obras de este escritor clásico soviético) apareció también el
marido de Lilia, Osip Brick.
Aunque
no existen pruebas acusatorias directas de ello, que podrían ser
dirigidas a Lilia, conviene hacer una pregunta habitual para tales
situaciones: busquen a quién salía ganando de tal error de
mecanografiar. Lamentablemente, a las esposas y amigas de los
grandes hombres les preocupa antes que nada cómo Él y Ellas van a
reflejarse en el espejo de la eternidad. Por ejemplo, la esposa de
Mark Twain corregía sin piedad los borradores del marido, tachando
cuanto le parecía poco decente a ella, por lo cual su inmortal
novela «Aventuras de Huchleberry Finn» la conocemos en una
variante deformada.
El
expediente presenta asimismo el abominable retrato de cuerpo entero
de los informantes y soplones de aquella época. Comprende, por
ejemplo, el cuaderno «Mayakovsku» que llevaba un tal Present,
informando al Comité de Seguridad de los más insignificantes
detalles de la vida del poeta. En el tomo abundan informes suscritos
con sobrenombres de «Arbuzov», «Zeus», «Shoroj», «Mijailovski».
Al leer sus partes, uno llega a enterarse de que entre ellos había
personas que formaban parte del círculo de los elegidos que
rodeaban al poeta.
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