| |
|
IDIOMAS Y
CULTURA EN INTERNET
Por Enrique González-Manet | |
Organismos dedicados a estudios de mercado como Global Reach y
Funredes e instituciones no gubernamentales como Unión Latina, han
tratado de depreciar en los últimos tiempos el peso del idioma
inglés en la cultura y entre los idiomas que circulan en internet y
acreditar que otros lenguajes como el chino y el español, así como
ciertas lenguas orientales, le discuten espacio al idioma
anglosajón.
Para los que no entienden lo que pasa, se trata de una campaña “desideologizante”,
diversionista y desinformante, cuyos mecanismos deben ser
desmontados en beneficio de las culturas de los países del Tercer
Mundo y en contra de las estrategias de dominación política de
Estados Unidos y las corporaciones transnacionales. Los centros de
poder y los organismos privados de investigación tratan de minimizar
al máximo la ascendencia exhorbitante del inglés y manipular las
cifras elaboradas por instituciones internacionales como la ONU,
UNESCO, Unión Internacional de Telecomunicaciones, el SELA y la
CEPAL, entre otras.
Por qué ocurre esto, es algo que debe ser aclarado. Comencemos por
decir que los organismos menos confiables son los dedicados a los
estudios de mercado, por sus obvios intereses y afán de lucro, y
porque siguen patrones políticos de derecha. Además, tratan de
utilizar a organismos internacionales para acreditar y reforzar sus
propias posiciones, como en el caso de Global Reach, la que afirma
que el total del uso del inglés es de 280 millones de usuarios,
cuando en realidad es de más de 800 millones, utilizándose en la
mayor parte del mundo como lengua paralela o segundo lenguaje.
De entrada, con esta acción se borra la historia del colonialismo y
la dominación extranjera en el mundo contemporáneo. El inglés, junto
con el francés y el zwahili, sirven para atravesar toda el Africa,
donde unos 18 países hablan el primer idioma. Otras zonas de
influencia son el Oriente Medio y Asia, gracias a la invasión
británica de territorios en Jordania, Palestina, Irán, Iraq,
Afganistán, India, Sri Lanka, Hong Kong y Canadá. Sólo en India
hablan inglés unos 300 millones de habitantes, forzados
históricamente por las leyes de la conquista.
Interés por extender el uso del inglés
El interés por elevar el rango de importancia del inglés y de
ampliar su alcance se debe, especialmente, a la necesidad de
controlar los mercados con objetivos de lucro comercial. Internet
habla inglés para los negocios, la publicidad y la ciencia; estas
tres vertientes abonan el poder político de Estados Unidos y los
países europeos, en particular, de Inglaterra.
Los organismos que realizan estudios de mercado expresan que el
chino es el idioma que más se ha expandido en el mundo, porque en el
2004 eran ya 170 millones en internet. En realidad, el dato es
inconsistente, porque entidades oficiales de ese país aseguran que
335 millones hablaban por internet en 2005, aunque la mayor parte
eran chinos que hablaban inglés. El chino original se habla por
teléfono móvil a escala local.
Mientras el japonés y el alemán aumentan algo en el uso digital no
es suficiente, pues apenas cuentan con un cinco por ciento y menos
para otros idiomas como el portugués y el rumano, cuando el inglés
pasa del 80 por ciento. Es bueno recordar que hace más de veinte
años los especialistas europeos en ciencias técnicas y sociales no
escribían sus artículos en lenguajes propios, sino en inglés, pues
de otro modo no aparecerían en la bibliografía científica
norteamericana ni serían publicados en revistas como Science o
Nature. Otro aspecto es que muchos de los contenidos de los
materiales en otros idiomas proceden de temas originados en inglés.
A los analistas que tratan de confundir manipulando las cifras,
podemos recomendarles el informe titulado “Midiendo la diversidad
lingüística en internet”, elaborado por el Instituto de Estadísticas
de la UNESCO en 2005, en el que se afirma que el 30 por ciento del
total de los usuarios de internet son angloparlantes, con
independencia de su lugar de origen.
El informe también habla que las tecnologías digitales acompañantes
fueron diseñadas desde una óptica anglosajona y su software “habla”
inglés, por lo que es fatal para el uso del hardware y los
conocimientos aplicados no manejar el idioma. El mismo informe
afirma que cientos de lenguajes locales serán marginados del
contexto cultural en el esfuerzo de reducir la brecha tecnológica.
Problemas ocultos de la cultura
El impacto digital sobre la cultura es múltiple, pero muy poco
conocido. No se trata sólo de la marginación de millones de personas
a las nuevas técnicas y modelos de conocimiento por falta de acceso
a medios sofisticados. Se trata del saber instantáneo y masivo a
gran distancia, de la formación de alto nivel para el manejo de
sistemas complejos, y de la circulación o no de información
pertinente, no sólo de datos, sino también de literatura, historia,
música, cantos, danza o acontecimientos sociales y humanos. La falta
de cualquiera de estos elementos o componentes produce un vacío
irreparable en el conjunto de la sociedad.
Las tecnologías no determinan ni hacen la historia, pero contribuyen
a sus cambios y a una mayor evolución del hombre; también, afectan o
mejoran la infraestructura de la globalización y hacen posible la
comunicación entre muchos, desde cualquier parte, a bajo costo.
También la telefonía móvil permite la comunicación instantánea y
permanente. Esto podría acelerar la educación y el desarrollo si se
combinara con la formación docente.
La información y la comunicación como fuente de conocimiento han
sido a lo largo de la historia base del poder. Lo que esto tiene de
nuevo es que este poder se organiza en redes y los que no participen
en ellas quedan marginados para actuar y saber. La brecha,
ciertamente, puede reducirse mediante la educación, la tecnología y
la investigación, pero todos los países no tienen estas ventajas,
las cuales requieren de la dirección estratégica del Estado y la
colaboración activa de las empresas nacionales. China es hoy un
ejemplo de esta política, en la que el reforzamiento de la cultura y
la identidad juegan un importante papel.
Una prueba de la utilidad y eficacia de los medios es el fomento y
conservación de la memoria cultural de los pueblos indígenas en
muchos de los países de América Latina, en particular Brasil y la
región andina, donde los quechuas, aymaras y otras etnias utilizan
cámaras digitales para registrar y conservar su propia historia y
tradiciones. Esta forma de rescate de la identidad es loable, pero
no suficiente debido a su corto alcance y escasa repercusión sobre
otras culturas y sociedades, mientras Walt Disney y Cinemax alcanzan
2 mil millones de televidentes en una noche, ejerciendo una
influencia directa en término de valores y de circulación de las
ideas.
Los que tienen y los que no tienen
Las consideraciones sobre el tema parecen tener sólo en cuenta las
modernas tecnologías de comunicación e información y no sus
problemas asociados en los países subdesarrollados. Si estos medios
son cada vez más instrumentos de cultura y conocimiento sin los
cuales ya no es posible el desarrollo, ¿qué va a pasar con los
desheredados de la tierra, con los países con crisis políticas,
sociales y económicas? ¿Cómo enfrentar las enormes inversiones que
reclama la Sociedad de Información del mañana inmediato? ¿Cómo
insertar la cultura de estos países en la del mundo? ¿Cómo ser
escuchados y tomados en cuenta? Y, sobre todo, ¿cómo participar?
Cada día más, a corto plazo, desaparecen decenas de idiomas y
dialectos en todas partes del mundo, algunos de ellos hablados por
menos de diez personas. Con ello se pierde no sólo algo más que un
sistema de comunicación elaborado durante siglos, sino también modos
de producción, formas de vida, conocimientos prácticos y testimonios
espirituales de antiguos grupos humanos dotados de gran experiencia
y sabiduría.
Pareciera que estamos ante una pérdida irreparable por la falta de
programas internacionales para contrarrestar esta decadencia en la
era del DVD y el CD, de los servidores y las bases de datos, de la
super integración y la convergencia tecnológica. Complica más las
cosas el hecho de que los problemas no se resuelven con importación
de tecnologías o con donativos de equipamiento de segunda mano. El
fenómeno es una compleja forma de cultura asociada a la educación,
la economía y los procesos de cambio histórico.
Esta situación representa un drama universal más difícil que el
hambre o la sequía, porque implica la desaparición eventual de
numerosas culturas en numerosas regiones, de las cuales quedarán
“hoyos negros” en la historia de las civilizaciones, como en el caso
de los mayas, incas y quechuas. Es hora de hacer análisis críticos
sobre estos fenómenos y de organizarnos para poner en práctica
acciones que devuelvan la esperanza y la protección del habla a los
países pobres.
|
![]()
|
|