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EL INDIO Y LAS CASTAS EN EL COLONIAJE
Por Alfredo Grados

La importancia que tenían las personas durante el terrible coloniaje español no dependía de la posición social o económica sino del color de su piel, de sus ojos y hasta de su pelo. La fisonomía determinaba el futuro de la persona. El español estableció un rango de castas para efectuar las separaciones y hasta les puso nombre para que las personas supieran delante o detrás de quién debería estar. A las diferentes "mezclas" raciales se les dio una denominación la que a veces difería, solamente en el nombre en algunas regiones del Perú. La más diseminada fue la jerga racista española que predominaba en el centro y sur del Perú mientras que en la costa y sierra norte el mismo rango recibía otros apelativos.

En base a esa división de castas se aplicaban las leyes. Los españoles eran despíadados cuando se trataban de personas que pertenecían a los niveles inveriores se esa clasificación en tanto que las prebendas y privilegios eran repartidas entre españoles y criollos. La discriminación se aplicaba de acuerdo con ese repudiable sistema pero dicha discriminación no se respetaba en las relaciones sexuales entre españoles e indígenas. En el Perú esas mezclas dieron lo siguiente de acuerdo con los más destacados historiadores:


1.- Mestizo real [español con indígena]
2.- Cuarterón [mestizo y española], Quito
3.- Puchela [cuarterón y española], Quito
2.- Cholo [mestizo real con indígena]
3.- Tente-en-elaire [cholo con indígena]
4.- Salta-atrás [tente-en-elaire con indígena]
5.- Chino [indígena con negro]
6.- Rechino [chino con negra]

Los descendientes de puchuelas juntados con españolas se les consideraba españoles por tener 1/16 de sangre indígena. ¡Qué horroroso!

Los indios y negros quedaban al márgen de esta vergonzosa clasificación racial, como los intocables en la India, y podían ser víctimas de abusos y hasta se les podía quitar la vida. Si bien es cierto que los indios estaban delante de los negros, lo cierto es que los negros recibieron mejor trato que aquellos.

No era pues el vernacular ropaje del indio el que le daba tal denominación, ni el quechua que hablaban, ni sus costumbres, ni su educación porque los españoles aprendieron el idioma, por ejemplo. Fueron los elementos de la apariencia física las que determinaron esa casta y dichos elementos eran el color del cutis, el color de los ojos y el color o forma de cabello, es decir fue una clasificación racial. Con esta fisonomía el peruano estaba destinado a la servidumbre y a una muerte prematuramente segura por la explotación de la que sería sujeto y hasta en los templos religiosos se les prohibía sentarse y usar los reclinatorios de los 3/4 próximos al altar mayor y si la feligresía estaba compuesta por las castas superiores y ella repletaba el templo, entonces era la obligación del indio de ubicarse en las afueras del edificio religioso. Aquel que siendo indio y por equivocación o por un acto voluntario ocupara un reclinatorio privado destinado a un español era castigado con extrema crueldad por las autoridades invasoras y en muchos casos hasta perdía la vida.

La humillación llegó a extremos repudiables y dependía de la forma de servidumbre. En las calles de los pueblos sí un español caminaba y un indio lo hacía en sentido contrario, éste tenía que detenerse, hacerse a un lado y agachar la cabeza. Otros tenían como obligación agacharse y poner su espalda para que la zona lumbar fuera pisada por el español y le facilitara subir a su caballo. En las haciendas el indio no dormía en la casa, generalmente, y a falta de vivienda tenía que pernoctar al aire libre o en los chiqueros, corrales y gallineros. Las mujeres indias eran víctimas de violaciones por los españoles quienes cometían sus fechorías delante del esposo, hijos y padres de la víctima y si reaccionaban contra esos actos lo españoles acompañantes se encargaban de darles muerte.

El "indio superior" o una suerte de mestizo que pudo atesorar algun dinero y apropiarse de tierras tenía que vivir con cuidado y adulando a los españoles. Estaba obligado a hacer aportes ingentes para la construcción de monasterios e iglesias y proveerlos de animales para la alimentación. Un descuido en esta obligación podía conducirlo a la miseria por medio del destierro y de la confiscación de sus pertenencias en favor del Virreinato y de la Iglesia.

A pesar del abuso el indio se mostraba como tal y ni siquiera lo ocultaba cuando las circunstancias lo acercaban a lo "criollo" porque sabía que su condición no era cultural sino puramente racial. No interesaba si el indio era un ferviente católico ni tampoco que hablara un exquisito castellano o que vistiera a la usanza española pues siempre era indio y sujeto a los abusos.

 
 
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