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HOMENAJE
AL MAESTRO GUAYASAMÍN
Las Manos de un Pueblo con tres mil años de historia
Entrevista de Julio Yovera B * | |
Oswaldo Guayasamín (O.G.) es probablemente el pintor más
trascendente de nuestro continente. Su obra vasta de extraordinaria
calidad y su compromiso permanente por los destinos de nuestros
pueblos y de la humanidad toda lo definen como un hombre
extraordinario del siglo XX. “En Contacto”(E.C.) conversó con el
maestro. Estamos seguros que sus palabras habrán de nutrir nuestros
ideales y esperanzas.
E.C.-
Debo decirle que admiramos su obra. Hay en Usted una actitud de vida
que valoramos enormemente. Nos hemos informado que el origen de su
apellido es la fusión de dos vocablos, uno quechua, el otro de la
cultura aborigen de su país...
O.G.-
El quechua lo hizo José María Arguedas, quien dijo que Guayasamín
significa “Ave blanca volando”, y la del reino de Quito quiere
decir “Casa de la Sabiduría”, que no la uso porque es una pedantería
tremenda.
E.C.-
Tomás Borge es su libro “El Arte como Herejía”, una las dos
definiciones de un modo muy original y dice: “Guayasamín, ave blanca
que vuela a las casa de la sabiduría”.
O.G.-
Ah, caramba, no lo he leído, qué bueno...

E.C.-
Todo artista, todos los seres humanos, optan por hacer algo en este
mundo, ¿qué hechos motivaron a Oswaldo Guayasamín a optar por la
pintura, por el arte?
O.G.- No sé hacer nada más, no sé hacer nada de nada. Lo
único que sé hacer es expresarme a través de mis manos, pintando.
Pinto desde los seis años o siete años, y no he dejado de hacerlo
jamás, porque es la única manera de expresarme, es la única forma de
decirle a los demás lo que siento, lo que veo, lo que pienso.
En ese
contexto puede expresarme de dos maneras: de experiencias y
emociones de piel adentro, y las cosas de piel afuera. Quiero
expresarme así. Digamos que mi ira, mi soledad, mi esperanza, mi
amor, mi ternura, son propias de mí mismo y que siento desde que soy
niño; eso es lo que yo llamaría de piel adentro. Y todos los
acontecimientos que han sucedido mientras he vivido, como la Guerra
Civil española, los campos de concentración, las bombas atómicas,
las guerras de la ex Yuguslavia, todos esos acontecimientos son de
piel afuera.
Al
pintar trato de hacer una especie de comunión entre las dos cosas.
Si la experiencia personal, digamos de mi niñez, que fue de una
pobreza y de una miseria espantosa, con un apellido indio, esto es
posible, digamos ligarlo con un suceso mundial, por ejemplo, con lo
de la ex Yuguslavia, esos grupos humanos que mientras vivía Tito
todo iba bien, y cuando muere, todos esos seres se vuelcan hacia una
violencia inimaginable, entonces eso me conmueve a mí, quizás porque
tengo la experiencia de la discriminación racial desde ni niñez.
Estas cosas se fusionan y puedo pintar un cuadro sobre eso. Es así
mi vida.
E.C.-
Digamos entonces que el arte, en este caso la pintura, además de
traducir un hecho vivencial, de piel adentro como Usted lo llama,
trasmite hacia fuera un mensaje, un mensaje de ira, pero al mismo
tiempo un mensaje esperanzador.
O.G.- A veces, muchas veces, pienso que la esperanza se ha
perdido, por ejemplo, cuando veo acontecimientos como los de
Chechenia.
En la
ex Unión Soviética todos esos pueblos estaban trabajando para un
bienestar universal, aunque hubieron grandes equivocaciones. Ahora
que se han disuelto vemos una Chechenia terrible, brutal. Todas
estas cosas son mensajes que recibo y las trato de expresar en mi
pintura.
La
parte importante es que yo trato de hacer una plástica de gran poder
pictórico; trato de expresarme con una fuerza casi incontenible de
técnicos, de texturas, de colores. Además, doy un mensaje, trato de
dar un mensaje, un recuerdo de lo que ha sucedido para que la gente
no vuelva olvidar. Esa es mi esperanza.
Cuando
ven mis cuadros mucha gente se pone a llorar, ojalá que esa angustia
que producen mis cuadros sirva para que una cosa así no vuelva a
repetirse. Esa es mi aspiración. Hace unos tres años hice una enorme
exposición en Buenos Aires y entraron un grupo de mujeres, yo no
sabía que eran las Madres de Plaza Mayo, y una de ellas empezó a
gemir ante mis cuadros, y las demás, unas veinte señoras, empezaron
a llorar. Esto fue el mejor homenaje que he recibido en mi vida. He
recibido homenajes de todo tipo, doctorados honoris causa por
montones, medallas, pero el hecho de ver llorar a la gente con mis
cuadros es el más grande homenaje que he recibido como pintor.
E-C.- Permítame un comentario: el maestro Guayasamín recibe la
influencia de su tiempo, pero, además, testimonia el tiempo que no
vivió, ¿Cómo cree Usted que la historia influye en la vida de los
artistas?
O.G.- Yo soy un indio o, más bien, un mestizo aindiado porque
mi padre es un indio puro y mi madre es mestiza, o sea que, digamos,
tengo un 75 u 80 por ciento de sangre india. Hay tres tipos de
mestizaje: el mestizo blanqueado en donde el padre es español y la
madre una indiecita mestiza; hay los mitad y mitad, padre y madre
española o algo así; y los que son como nosotros, de padre indio y
madre mestiza que ha dado un porcentaje de sangre india mayor.
E.C.-
Los que somos más indios debemos estar orgullosos de donde
provenimos, ¿Cómo ha marcado esta realidad al maestro Guayasamín?
O.G.- Bueno, es la fuente de todo. Como dije unos días atrás,
yo sólo siento que soy una mano ejecutora, que todo viene dictado
desde más de diez mil años de cultura. Claro que tenemos el arte
contemporáneo, la pintura de la Colonia y toda es influencia, pero
básicamente lo mío son diez mil años de cultura. Tenemos un peso
cultural extraordinario y yo no soy sino un ejecutor, mis manos son
ejecutoras de un mandato muy antiguo.
E.C.-
¿Se reconoce la mano y el corazón de esa cultura?
O.G.- Exactamente. En 1944 o 1945 iba a ser una exposición a
Chile; viajaba por tierra y llegué a Trujillo, una ciudad muy linda
donde me quedé unos días, entonces, me contaron que muy cerca de
Trujillo existía un templo llamado Sechín, y fui. Allí me encontré
con una cosa excepcional; para mí es uno de los templos más grandes
de la Tierra. Es la historia de dos ejércitos pre colombinos que se
enfrentaron, y la descripción de la batalla era de cabezas cortadas,
ojos sangrantes, bocas gritando, cuerpos cortados, manos, piernas.
Todo era una cosa genial. Cuando vi eso dije: “yo estuve trabajando
aquí; yo formé parte de los trabajadores, yo estuve aquí”. La
sensación más neta de haber estado con cincel haciendo todo eso. Por
eso cuando me preguntan qué edad tengo digo: tres mil años. Yo nací
allí. Tengo tres mil años, señor.
E.C.-
Tres mil años. Le quedan miles de años más.
O.G.- Ojalá, además, esto de la edad es lo más pasajero.
Según los jíbaros, del oriente de mi país y que también corresponden
al Perú, tengo 22 o 24 años. Según el calendario lunar de las 17
lunas de los mayas tengo como 45 años. Según el budismo creo que
llego a 60. Es en el calendario occidental cristiano que tengo 78.
Pero en mí tengo 3 mil.
E.C.-
La humanidad, de pronto, cambia sus paradigmas. Los teóricos del
sistema señalan el “fin de las ideologías”, decretan el “fin de la
historia” y los “funerales” de los modelos solidario...
O.G.- Es lo que inventa el imperialismo para jodernos. En un
momento inventó darnos plata, lo de la deuda externa, nos repartían
migajas a los países pobres. En mi país en esos momentos había una
dictadura militar, vieron el dinero, se hicieron construir grandes
haciendas, clubes privados lujosos y jamás le llegó nada al pueblo,
todo quedó en sus manos. Ecuador ha pagado ya dos veces y medio el
capital recibido, y sin embargo, la deuda externa ha seguido
creciendo; actualmente no podemos pagar ni los intereses.
Ahora
se les metió la idea de la privatización. Claro que siempre hay una
empresa “nacional” que compra las comunicaciones, la electricidad,
la energía, etc., pero detrás de todo eso está el capital
norteamericano. En algún momento, cuando sean poseedores de todo nos
paralizan el país como les dé la gana. Ahora nos tienen cogidos
pagando la deuda externa, pagando intereses eternos. Nos tienen
agarrados del cuello.
E.C.-
Las clases dominantes de nuestros países coinciden: el mismo
menaje, las mismas recetas. El amo dicta, el títere aplica.
O.G.- Claro, atrás de eso está el capital también. Las
empresas del teléfono o del petróleo cuestan tanto que no creo que
hayan capitales nacionales para comprar esas cosas. En todo caso,
existen “burropies” como decimos en mi país, pero el gran capital
está detrás del imperio. En el momento que hay una posibilidad de
reacción nuestra, del pueblo, nos paralizan el país con una
facilidad asombrosa.
Recordemos lo que hicieron con las dictaduras militares, recordemos
la época de Pinochet. Se hizo un programa que se llamó Ayuda no sé
qué, se inventan tantos nombrecitos, y fracasó, querían “prestar”
dinero, querían “ayudar” a los pueblos y fracasaron, y como
fracasaron, entonces, se dieron pases a las dictaduras militares. La
CIA estableció dictaduras militares en toda América Latina. Y en
Brasil, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, exterminaron a la
juventud, acabaron con la juventud progresista de nuestros países
que ahora deberían ser gobierno. En este momento prácticamente somos
un continente sin cabeza. Toda la juventud fue arrasada
violentamente por las dictaduras militares.
E.C.-
Frente a una situación así, ¿qué recomienda Usted a las nuevas
generaciones? ¿a los jóvenes?
O.G.- Yo lo dije hace dos días, se lo dije a un periodista
muy importante de aquí, el señor Hildebrandt, que la única manera
de salvarnos de este acogotamiento del imperio es ser un solo país
desde México a la Patagonia.
Felizmente las fronteras son muy jóvenes, de 180 años apenas, además
fronteras completamente absurdas, arbitrarias, de los
independentistas, de los dueños de haciendas, porque cada uno quería
su pedazo. Esa fue la tragedia de la Independencia. Aparte de
Bolívar, de Santander, de Sucre, nadie sabía ni leer ni escribir.
Cuando sacaron a los españoles se dividieron la tierra, y habían
familias que tenían haciendas, por ejemplo, en mi país, de la
cordillera oriental a la cordillera occidental, y dentro de esas
haciendas habían centenares de pueblos indios que los convirtieron
en esclavos hasta ahora. Esa fue la falla terrible de la
Independencia. Felizmente, le digo, son fronteras jóvenes.
Si
comparamos con lo que está sucediendo en este momento en Europa
Occidental, países con tradición milenaria, con lenguas diferentes,
con costumbres ancestrales, lenguajes ancestrales y fronteras
ancestrales; sin embargo, se están uniendo ahora para crear un poder
económico que enfrente a los dos poderes: al japonés y al
norteamericano. Tienen ya un Congreso, van a tener una moneda común
en los próximos cuatro años. Todas las condiciones particulares de
cada país han sido dejadas de lado para crear un nuevo centro
potencial.
Nosotros, que desde México a la Patagonia hablamos un mismo idioma,
que tenemos un mismo antecedente pre colombino (porque los quechuas,
los mayas, los aztecas, se comunicaban normalmente), de diez mil
años de cultura, podemos hacer posible un solo país. Es importante
lentamente empezar a borrar las fronteras y pensar que somos un solo
continente, pensar en una fortaleza, pero no de aviones, de barcos
de guerra, de cuarteles, de tanques, sino hacer una fortaleza de
cultura tremenda. Sólo así nos tendrán en cuenta, de lo contrario,
seguiremos siendo cogidos de la garganta por el imperio.
E.C.-
Ese propósito requiere de la unión de los pueblos. Las
burguesías nativas no tienen capacidad para impulsarlo.
O.G.- No, no. Esta obra es para el pueblo. Nosotros acabamos
de bajarnos a un presidente. El país parecía muerto, cansado; pero
este presidente empezó a robar, a hacer una vulgaridad tremenda, y,
carajo, el pueblo salió a las calles, millones a las calles, y lo
sacaron.
E.C.-
En el caso de nuestros países, las clases dominantes han
promovido interesadamente conflictos que enfrentan a dos pueblos
hermanos...
O.G.- Claro, claro, son ellos y los vendedores de armas, el
imperio. En el imperio, digamos, anteriormente, eran constructores
de automóviles, Ford, Chevrolet, pero ahora todos los países
producen automóviles, pequeños y grandes países, entonces, el poder
económico de producir automóviles ya no está en sus manos. El poder
de la tecnología, la televisión, la radio, está en manos de los
japoneses. La única industria bestial que les queda a los
norteamericanos es la industria de la guerra. Inventan un nuevo
avión y todos los anteriores pasan a ser chatarra, y las fábricas se
llenan de chatarra y la chatarra es lo que nos venden. Ellos son los
promotores de las guerras, de los conflictos.
E.C.-
Avizora una salida al problema fronterizo de nuestros países?
O.G.- Sí, hay una salida, ser un solo país, un solo pueblo.
Por decir esto me han dicho utópico, pero, en todo caso, no renuncio
a esa utopía.
E.C.-
En nuestro calendario, nos toca enfrentar el siglo XXI, ¿Le motiva
este hecho alguna reflexión?
O.G.- Mi preocupación permanente es el destino de la
humanidad, pero no por razones de calendario. Aquello que se le
quiere dar viso de “fin de siglo” es solamente occidental y
católico; pero, en China hay otro calendario. Además, el catolicismo
es una religión muy pequeña. El mahometanismo, el budismo y todos
los que no tenemos religión somos otras millonadas. En conclusión,
mi pasión es el hombre y su destino, al margen de cualquier otra
consideración de tipo religioso o de una calendario formal.
E.C.-
Supimos que la Fundación Guayasamín organizó el encuentro “Todas
las voces, Todas”, con cantores de dimensión mundial como Mercedes
Sosa, Silvio Rodríguez, Alberto Cortés, etc., ¿Qué motivó este
suceso?
O.G.- Bueno, los mejores cantantes del Continente fueron a
cantar a Quito, en ayuda de LA CAPILLA DEL HOMBRE.
E.C.-
¿Cómo va ese proyecto?
O.G.- Estamos terminando la construcción. Es una construcción
de cuarenta metros por cuarenta metros, y, el piso del fondo, dentro
de la tierra (hay un subterráneo), es un espacio de unos diez metros
entre el suelo y el tumbado y, después, al ras de la tierra hacia
arriba hay otro cuerpo que es de la misma arquitectura.
El
arquitecto soy yo, aprendí cuatro años de arquitectura y estoy
dirigiendo la construcción de este edificio inmenso. Digamos que no
es una Capilla, es una catedral. Dentro hay murales realizados por
mí y nadie más. Sólo yo y un muchacho que me ayuda a coger las cosas
donde pinto, de trasladarlas de lugar, pero todo lo hago yo, y
espero terminarlo. Trabajo desde hace doce años en esto. No todos
los días, pero sí reuniendo dibujos para LA CAPILLA DEL HOMBRE.
Hace
seis años presenté a la UNESCO, A Federico Mayor, los proyectos,
acuarelas, planos, maquetas de la CAPILLA, y Federico Mayor y el
grupos asesor declararon a este proyecto el más importante de
nuestro siglo. Así que esto marcha y espero que esté terminado, no
sé en el primer año del próximo siglo, pero será inaugurado un 24 de
Julio.
E.C.-
¿LA CAPILLA DEL HOMBRE, refleja la visión del Maestro Guayasamín
sobre el hombre y la Cultura?
O.G.- Sí. Es una cosa exclusiva y, además, el principio de
esta creación es lo que acabo de decir, la unidad de nuestros
pueblos, desde Río Grande a la Patagonia. Estoy contando las cosas,
el sistema social, político, económico, de los aztecas, de los
mayas, de los quechuas, de los aymaras. Estoy contando su música,
sus dioses, su sistema, pero sin historia. No quiero hacer historia;
todo es uno solo. Después, en la parte mestiza, nuevas religiones,
nuevos animales (el toro, el caballo), nuevos vestidos, nueva
música, nuevos instrumentos, como la guitarra, en fin..
E.C.-
Hay una concepción del hombre y la cultura en ese trabajo...
O.G.- Claro, es base de la cultura nuestra, de la gran
tragedia. Setenta millones de indios que son masacrados por los
europeos en un siglo y medio de conquista. Cincuenta millones de
negros que son arrancados del África y traídos a este Continente, y
más de la mitad mueren en los barcos negreros y son echados al mar.
Toda esa tragedia contada con frases muy duras.
Hay
dos acontecimientos muy importantes para mí: en el cerro de Potosí,
en Bolivia, mueren entre cinco y siete millones de indios jóvenes
sacando plata. De otro lado, Madrid no existía cuando llegó Colón
por acá. Es con la plata de Potosí y con el oro de los reinos de los
incas y los aztecas que se empieza a construir esa ciudad. Eso
también cuento. Todas esas tragedias, todo eso es parte de lo que es
LA CAPILLA DEL HOMBRE.
E.C.-
Maestro, muchos temas quedan fuera de esta entrevista. Quisiera
aprovechar del espacio que nos queda para que trasmita su mensaje a
los artistas jóvenes de mi país. Con ello damos por concluida esta
entrevista que nos ha concedido y que agradecemos de todo corazón.
O.G.- Bueno, qué podría decir. Mire, yo trabajo doce o
catorce horas cada día, ello puede servir de ejemplo. Crear, hacer
arte no es una cosa suelta de hacer hoy un retrato, mañana un
desnudo, después una naturaleza muerta. No. Lo que yo estoy haciendo
es algo de una concreción tremenda. A veces me extiendo en
veinticinco cuadros sobre un solo tema.
Todo
mi estudio es de un orden preciso; todos los dibujos están
perfectamente fichados en carpetas; si necesito un dibujo pues lo
busco y encuentro fácilmente. Todas las noches entre las siete y dos
de la mañana estoy dibujando en mi dormitorio, y a las nueve estoy
ya en mi estudio para pintar; cierro las puertas; pongo la música
que necesito, normalmente música clásica, pero busco la música más
apropiada para el trabajo que estoy haciendo (si es que lo que hago
es trabajo), y a mi estudio no entran ni las moscas. Salgo un
momentito a comer, entro nuevamente hasta las seis o siete que se va
la luz natural y vuelvo a dibujar en la noche.
Esa es
mi vida, si eso puede ser un ejemplo, en buena hora.
El
10 de
marzo de 1999 murió el extraordinario pintor ecuatoriano Oswaldo
Guayasamín. En su último viaje al Perú, en el hall del Hotel
Bolívar, Lima, dio una entrevista a Julio Yovera B, por entonces
miembro del Consejo Editorial del quincenario alternativo En
Contacto. En esta inolvidable conversación participaron Manuel
Guerra, Paco Guerra, y Daniel Yovera.
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