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Aniversario
de su nacimiento
FEDERICO GARCÍA LORCA
Su compromiso con la poesía y con el
pueblo | |
“No quiero que me repitan que los
muertos
no pierden la sangre;
que la boca podrida sigue pidiendo agua.
No quiero enterarme de los
martirios que da
la hierba,
ni de la luna con boca de serpiente
que trabaja antes del amanecer.
Quiero dormir un rato,
un rato, un minuto, un siglo;
pero que todos sepan que no he muerto...”
El 5 de junio de 1898, casi a
finales del siglo XIX, nació en Fuente Vaqueros, España, el poeta
más puro del idioma de Cervantes. Precoz en inteligencia y con una
extraordinaria sensibilidad, Federico García Lorca
llegó a convertirse en el poeta mejor acogido por la crítica
y el más celebrado. De hecho, su obra fue producto de un proceso
donde la tierra, las tradiciones, el arte popular y la cultura fluían
en él con la misma abundancia de los ríos en tiempos de creciente
y con la misma luminosidad de la luna llena.
La creación de Federico García no
se limita a su cantar coplero andaluz, que hecho poesía ya es
bastante. Sus creaciones, de
pálpito y ritmo diversos, le dan al poeta la condición de un
perfecto artesano de metáforas o de un arquitecto del lenguaje simbólico,
que no cansa porque tiene la habilidad del gitano mágico cuyas
invocaciones y conjuros nunca deja de sorprendernos.
El
poeta García Lorca es un escritor inagotable que sabe extraer de
las raíces de las moras y de los juncos y
de las infinitas formas del mundo fáunico las más hermosas
canciones, que empiezan como rondas y fábulas versadas para niños
y que avanzan hasta convertirse en crónicas poéticas de la más
jonda tradición española.
Rana, empieza tu cantar!
¡Grillo, sal de tu agujero!
Haced un bosque sonoro
Con vuestras flautas. Yo vuelo
Hacia mi casa intranquilo
(El Diamante)
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos
El niño la mira, mira
El niño la está mirando
(Romance de la luna, luna)
García Lorca fue –y pudo seguir
siendo – el poeta mimado de España, pero su sensibilidad y su
racionalidad lo llevaron siempre a identificarse con el pueblo, a
reconocer en él la única fuerza creadora, a buscar su boda de vida
y de muerte con la belleza y la lucha de los desheredados de España,
que después de haber vivido siglos atrapados en el oscurantismo del
medioevo, lanzaron su propuesta republicana para que la libertad
alumbre los campos y los pueblos de los viejos reinos hispanos.
El poeta se convierte en un
activista cultural de la República y esto es algo que los viejos
inquisidores del orden “tradicional” y monárquico siempre
vieron con odio. García
Lorca se da por enterado, pero igual, sigue su camino y cuando,
convertido ya en un poeta prestigiado, admirado y rodeado de genios
como Dalí, declara de manera precisa su visión integral del arte,
de la poesía y de la vida, lo que ya era evidente
en él: su amor por la libertad y la humanidad, es esto lo que le
impide encerrarse en su torre de marfil. Ese es uno de sus más
grandes legados:
“La creación poética es un
misterio indescifrable, como el misterio del nacimiento del hombre.
Se oyen voces no se sabe de dónde, y es inútil preocuparse de
donde vienen. Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de
morir. Escucho a la Naturaleza y al hombre con asombro, y como lo
que me enseñan sin pedantería y sin dar a las cosas un sentido que
no sé si lo tienen. Ni el poeta ni nadie tienen la clave y el
secreto del mundo. Quiero ser bueno. Sé que la poesía eleva, y,
siendo bueno, con el asno y el filósofo creo firmemente que si hay
un más allá tendré la agradable sorpresa de encontrarme con él.
Pero el dolor del hombre y la injusticia constante que mana del
mundo, y mi propio cuerpo y mi propio pensamiento, me evitan
trasladar mi casa a las estrellas” (Diálogo con Luis Begaría,
Una Caricatura Salvaje).
García Lorca reconoce al pueblo
como la única fuente de su obra literaria y a lo largo de su
itinerario va identificándose más y mejor con la lucha de los
hombres justos y de la humanidad toda.
Llevado por su vocación de gitano
planetario recorre su patria y posteriormente sale del viejo
continente con destino a New York, primero, posteriormente, a
Santiago de Cuba y, finalmente, a Argentina. Lleva sus versos
lozanos y frescos.
En New York deja de ser el poeta de
la hierba silvestre, de las rondas, de las tragedias de los gitanos,
para convertirse en el poeta cronista, que sufre y siente la
desdicha de los hombres que atrapados por la urbe son las víctimas
de un sistema que los ha convertido en parias:
¡Ay, Harlem, ¡Ay Harlem! Ay
Harlem!
Clama mirando a Harlem; ahí, en
ese barrio viven los negros atrapados por la marginalidad, la
segregación y la
injusticia. Ve a los muchachos extraviados, a los transeúntes de
mirada culposa, y se rebela. Es consciente que la humanidad sufre y
llega a comprender que los sueños de los desdichados son
universales.
No hay angustia comparable a tus
rojos oprimidos
a tu sangre estremecida dentro del
eclipse oscuro,
a tu violencia granate sordomuda en la penumbra,
Esta es la realidad y el poeta
denuncia sin la más mínima concesión a los que “dirigen” el
mundo, pese a que éstos no han dejado de adularlo desde las páginas
de sus diarios.
Debajo de las multiplicaciones
Hay una gota de sangre de pato;
Debajo de las divisiones
Hay una gota de sangre de marinero;
Debajo de las sumas, un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
Por los dormitorios de los arrabales,
Y es plata, cemento o brisa
En el alba mentida de New York.
Existen las montañas. Lo sé.
Y los anteojos para la sabiduría.
Lo sé. Pero yo no he venido a ver el cielo.
Yo he venido a ver la turbia sangre
El viejo sistema, que desgarra a
los hombres con sus espuelas de acero también hiere la naturaleza y
el medio ambiente, lo que impulsa al poeta a decir que:
“El Hudson se emborracha con
aceite”
Al volver a su patria sigue produciendo poesía, dramas y más poesía.
La lucha de clases polariza a España. Los grupos de poder,
asustados por el avance de los republicanos, dan zarpazos con el fin
de debilitar y derrotar a la joven República. Así se gestan los
grupos armados de la ultraderecha que sintiéndose encarnar el orden
y la “tradición” desatan un clima de intolerancia contra los
hijos de España: García Lorca, Machado, Hernández, y muchos más.
García Lorca participa en defensa
de la República y recibe la amistad y la solidaridad de los poetas
y los artistas del mundo, que han acudido a España, entre ellos
Pablo Neruda y nuestro universal César Vallejo, quien arenga a los
milicianos a salvar a España y recomienda a los niños del mundo,
que si España cae debían ir a buscarla. A su vez, un poema de García
Lorca se asemeja en intensidad y espíritu a la poesía vallejiana.
“porque queremos el pan nuestro
de cada día,
flor de aliso y perenne ternura desgranada,
porque queremos que se cumpla la voluntad de la Tierra
que da sus frutos para todos”
Porque quería que el fruto de la
tierra fuera para todos, el poeta es asesinado por las fuerzas de la
reacción española en Granada, el 19 de agosto de 1936.
Los títulos de su obra poética más
importante son: Romancero Gitano, Poema del Canto Jondo, Poeta en
Nueva York, Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías, entre
otros. Escribió
igualmente dramas como Bodas de Sangre, La casa de Bernarda Alba.
Comedias como La zapatera prodigiosa, y Doña Rosita la soltera.
Algunos estudiosos han pretendido
abrir debates para encontrar las supuestas verdaderas razones que
habrían llevado a sus enemigos a mancharse las manos con su sangre.
Incluso se pretende encontrar en poemas como éste las motivaciones
para que la gendarmería lo odiara y lo condenara:
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias Civiles borrachos,
en la puerta galopaban,
verde que te quiero verde
verde viento. Verdes ramas.
Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir
¡Ay Federico García,
llama a la guardia civil.
Vano intento el querer encontrar
las causas de su muerte en tal o cual poema. El poeta murió por
cantar y denunciar, murió porque su vida estuvo siempre al servicio
de los que anhelan la justicia y la libertad. La moraleja es ésta:
los reaccionarios no toleran que alguien ponga en tela de juicio su
orden y que atenten contra sus privilegios.
A pesar de todo, García Lorca y su
poesía viven. Su voz la perciben diáfana y constante los seres que
no han renunciado a luchar contra un orden definitivamente
neurotizado y perverso, que sigue matando con balas en el Medio
Oriente y con medidas económicas hambreadoras a casi todos los
pueblos del mundo.
García Lorca sigue de pie,
cantando sus canciones lozanas y de denuncia. Con las
primeras los niños se regocijan, con las segundas los combatientes
alimentan su espíritu. En
los dos casos la senda es color de la esperanza, es decir, verde que
te quiero verde...
Julio Yovera B *
julioyovera_b@hotmail.com
Se autoriza la publicación de este
trabajo, siempre que se señale la fuente.
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