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GARCÍA
LORCA A LAS CINCO DE LA TARDE EN PUNTO
Por: CX 36 RADIO CENTENARIO | |
Así
dicen que convocaba Ruben Castillo aquella tarde a los uruguayos
para manifestar en 18 de Julio contra el golpe de Estado.
Lorca
un “desaparecido” seguía combatiendo contra los fascistas y
convocando al pueblo a defender la libertad.
Federico García Lorca fue ejecutado en Granada junto a un maestro de
escuela y
Federico García Lorca dos banderilleros anarquistas.
La
noche del
13 de
julio de 1936,
Federico García Lorca tomaba un tren hacia Granada. Lorca pensaba
viajar a México invitado por la actriz Margarita Xirgu, para
participar del éxito que estaban obteniendo sus obras teatrales.
García Lorca recibía el reconocimiento público en todas partes. Unos
días después de leer ante un pequeño grupo de amigos el manuscrito
de “La casa de Bernarda Alba” tomó un tren hacia Granada.
Pero
en Granada se producían grandes tensiones. Lorca mantenía una
estrecha relación con Fernando de los Ríos diputado socialista por
Granada. El Frente Popular había impugnado los resultados de las
elecciones de 1936.
La
repetición de los comicios no convencieron ni cerraron las heridas
abiertas producidas por mítines, huelgas, incendios, provocaciones y
enfrentamientos violentos.
La
misma situación que se vivía en Madrid se estaba produciendo en
Granada. Aunque Granada era una pequeña ciudad de provincia donde
todo el mundo se conocía y los rencores y ánimos de venganza se
encarnaban en medio de una guerra civil.
Federico García Lorca se encontraba en la casa de verano de su
familia, la Huerta de San Vicente cuando los militares golpistas se
apoderaron el 20 de julio de la ciudad. Granada era en ese entonces
una comandancia militar bajo la capitanía General de Sevilla. El
General Queipo del Llano uno de los mandos del ejercito que recurrió
al terrorismo como conducta de los golpistas.
La
resistencia de la ciudad fue mínima y heroica. Los obreros
enfrentaron con escopetas al ejército que disponía de aviación y
artillería.
La
represión fue muy dura y cruel como innecesaria. Ni Queipos del
Llano ni el Comandante Valdez Guzmán que eran las máximas
autoridades militares vacilaron en aplicar el exterminio.
Federico García Lorca fue uno de los cinco mil granadinos ejecutados
víctimas de los consejos de guerra o de los llamados “paseos de la
escuadra negra”.
Los
fascistas fusilaron entre otros al general Miguel Campins el jefe de
la Comandancia Militar y fiel a la República.
El
Alcalde, el presidente de la Diputación, el rector de la
Universidad, el director del periódico más importante de la ciudad.
También fusilaron al defensor de Granada, numerosos diputados,
concejales, profesores y sindicalistas.
El
propio García Lorca había caracterizado al ambiente de Granada como
el de la peor burguesía de España.
Federico García Lorca comprobó el peligro realmente el 9 de agosto
cuando una patrulla militar ingresó en la Huerta de San Vicente en
la búsqueda de los hermanos del casero. El hombre fue insultado,
humillado y golpeado. García Lorca temió por su vida y pidió auxilio
a Luis Rosales un poeta amigo que mantenía buenas relaciones con el
nuevo régimen fascista.
Lorca
prefirió ampararse en el domicilio familiar de Rosales y allí le
llegó la noticia el día 16 de agosto de la ejecución de su cuñado
José Fernández Montesinos alcalde socialista de la ciudad.
Un
hermano de Rosales indignado por la presencia de Federico García
Lorca en su casa tanto por sus ideas Republicanas como por su
condición de homosexual comentó borracho en una taberna: “En mi casa
huele a maricón por el amigo de mi hermano”.
Unas
horas después el gobierno civil de Granada apropiado a punta de
pistola por el ejército sublevado a la Segunda República española
conoció la presencia de García Lorca en Granada y ordenó su
detención inmediata que fue ejecutada por Ramón Ruiz Alonso y por un
comando de militares fascistas.
Los
historiadores como
Lan
Gibson han defendido que en la mañana del 8 de agosto García Lorca
fue trasladado a un viejo caserón conocido como Las Colonias, que
durante la República sirvió como lugar de vacaciones y recreo para
niños humildes y que el bando fascista convirtió en un centro
carcelario y de torturas y que hacia las veces de antesala para el
último paseo del prisionero antes de la ejecución.
Luís
Rosales el poeta amigo intentó liberarlo, pero en el régimen que los
amigos de Lorca estaban ayudando a imponer no había lugar para
hombres como García Lorca.
Angelina Cordobilla una mujer que trabajaba para la familia Lorca
llevó comida al detenido las mañanas del 17 y el 18 de agosto.
Cuando se presentó en el Gobierno la mañana del 19 le dijeron que el
poeta no estaba allí.
Al
amanecer, escribió Antonio Machado, se le vio caminar entre fusiles
en su Granada.
En la
noche o quizás de madrugada sacaron a García Lorca. Las fuerzas
falangistas leyeron en voz alta los cuatro nombres que ese día
darían su último paseo Federico García Lorca, el maestro de escuela
Dióscoro Galindo y los banderilleros Francisco Galadia y Juan
Arcovas Cabezas.
Todos
ellos murieron ejecutados y enterrados en un rincón del barranco de
Viznar en la localidad de Alfacar.
Manuel
Castilla Blanco a sus 18 años tuvo que enterrar a Lorca y a sus
compañeros de infortunio.
Castilla Blanco desde entonces ha acompañado a varios investigadores
e historiadores hasta el mismo lugar, el sitio donde decía haber
enterrado con seguridad a Lorca y a los otros tres.
Se
dice que pocos días después de consumado el crimen los fascistas al
darse cuenta del enorme error político cometido quitaron el cadáver
de donde estaba y lo inhumaron otra vez en lugar secreto.
Durante muchos años el barranco de Viznar ha sido territorio sagrado
de los demócratas de Granada un lugar donde han ido a rendir culto a
sus muertos.
Al
retomar el camino de la democracia España construyó allí un Parque
en recuerdo de las víctimas de la Guerra Civil.
Ahora
está en manos de la Justicia una larga controversia entre familiares
de los desaparecidos, el Estado y la familia del poeta. Los
familiares de Lorca han dicho que “La memoria no descansa ni en los
huesos ni en las cenizas”.
Recientemente después de setenta años de aquellos crímenes se ha
aprobado una Ley de la memoria Histórica que prevé despejar trabas
burocráticas y jurídicas para exhumar los restos de familiares
represaliados durante la dictadura fascistas de Franco.
Pero
en España por donde se camine se estará pisando tumbas clandestinas.
Existen de la época del “franquismo” 90 mil fusilados y asesinados,
enterrados en fosas comunes y tumbas clandestinas. Tan bárbaro como
terrible y sin embargo se ha ocultado donde están durante todo este
tiempo con mil versos diferentes.
Que
parecidos son todos los procesos fascistas dictatoriales.
Automotores Orletti, centro clandestino de tortura en la Argentina,
y Las Colonias en Granada. Generales españoles y generales
uruguayos. Desaparecidos en España, en Chile, Paraguay, Brasil,
Argentina y Uruguay. Fosas comunes en Europa fascista y en América
Latina fascista. Desenterramientos en España, desenterramientos en
Uruguay y nuevas inhumaciones.
Y
sobre todo el miedo, el miedo que no se va, el miedo que se
transmite de generación en generación por décadas, por siglos. El
miedo a los fascistas, el miedo a los militares, el miedo a la
tortura, el miedo a la verdad.
Los
nuevos miedos de salir a la calle, del regreso al pasado, de conocer
los verdaderos hechos, de la historia de la lucha.
Y la
conformidad con los monumentos, las Plazas, los perdones, los
Parques del recuerdo y la memoria.
En
España ya murió Franco y los vascos murieron a Carrero Blanco, y
algunos fachos que cada tanto vienen a buscar los votos de los
gallegos a Uruguay como Fraga Iribarne morirán de viejos algún día.
Aún
así los familiares de los anarquistas banderilleros, los del
maestro, y los del poeta ya no se pondrán jamás de acuerdo si abrir
la fosa o no abrir la fosa del barranco de Viznar en Granada.
En
cambios los vencedores fascistas aquí y allá mueren impunes, ricos,
intocables, cubiertos por la bandera y descansan en los panteones de
la patria. Ayer manejaron fortunas de los trofeos de guerra y hoy
reciben jubilaciones millonarias del estado en pago de sus servicios
a la patria.
Por ahí va la Justicia
desde Gibraltar hasta el Plata.
A las
cinco de la tarde.
Eran
las cinco en punto de la tarde.
Un
niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una
espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo
demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El
viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el
óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya
luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un
muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las
campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las
esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando
el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las
cinco de la tarde.
A las
cinco en Punto de la tarde.
Un
ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos
y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El
toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El
cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa
de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las
heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!
Federico García Lorca
“Asesinado por el cielo, entre las formas que van hacia la sierpe”.
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