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“ROJA Y NEGRA
BANDERA NOS COBIJA..."
Los colores y el lenguaje
cromático para los emblemas revolucionarios
Por Ernesto Toledo Brückmann
CAPITULO 1 | |
Introducción
“Roja y negra bandera nos
cobija/ patria libre, vencer o morir”;
de esta manera culmina el Himno del Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN), una consigna del geográficamente lejano Nicaragua y
del cercanamente humanista pero trunco proceso revolucionario de
1979 en el país centroamericano.
Si las transformaciones
sociales produjeran cambios pictóricos en la geografía y las
consciencias, muy posiblemente los países del llamado Tercer Mundo
asumirían el rojo y negro. Aunque la intención del presente trabajo
no es profundizar en el lenguaje cromático, daremos una aproximación
histórica a lo que representan determinados colores en los
protagonistas de procesos revolucionarios en el mundo.
Histórica tríada
Estudios lingüísticos han demostrado que, aunque el
número de palabras utilizadas para denominar los colores varía de
una lengua a otra, algunos pueblos parecen conocer únicamente dos
colores: blanco y negro; otros identifican con palabras sólo tres:
blanco, negro y rojo, hasta llegar a la amplia gama de palabras para
designar los colores existentes en las lenguas con raíz indoeuropea.
Sin embargo, la secuencia de identificación de los colores es
siempre la misma: en primer lugar se identifica siempre el blanco,
seguido por el negro y el rojo, en tercer lugar y como verdadero
color.
La tríada negro- blanco-
rojo aparece frecuentemente en distintas formas de decoración sobre
la piel en los pueblos primitivos; estos colores servían para
distinguir a los personajes centrales de las ceremonia. La oposición
negro- blanco para representar la antítesis entre el bien y el mal,
así como el rojo utilizado para asustar, fue utilizada en las
cuentos y fábulas tradicionales.
Esta tríada es usada
frecuentemente en diversos rituales para simbolizar el pasaje de un
estado a otro: nacimiento, boda, bautismo, funerales. En las
culturas orientales, el rojo denota autoridad, poder, salud y buena
suerte, así como para purgar la maldad. En estas ideas hay un
trasfondo religioso y filosófico compartido parcialmente por las
sociedades de occidente; mientras en la antigüedad se usaba una
pulsera roja de coral como amuleto para proteger al niño de las
enfermedades, en Sudamérica aún se mantiene la creencia de que una
cinta roja en la muñeca del bebé, sacará las influencias negativas
(maldad, envidia, enfermedad) que él atrae por su fragilidad y
belleza.
En la iconografía cristiana el negro y el rojo
simbolizan el mal (el diablo, el infierno). Aunque también el rojo
adquiere valores positivos como la caridad, al ser la sangre
derramada por Cristo para la salvación del mundo. En las imágenes de
la Virgen María, el celeste de su manto caracteriza su asunción al
cielo ; el blanco su virginidad y el rojo, la virtud de la caridad.
El poder de la alquimia también se manifestaba por
el color, especialmente por el negro, el blanco y el rojo. Esta
tríada cromática también tuvo un lugar privilegiado en la heráldica,
estableciéndose normativas con argumentos muy poco rigurosos y
contradictorios. A fines del siglo XIV, un escritor heráldico inglés
consideraba que el rojo era equidistante del negro y del
blanco–aunque no explicaba por qué-, y era el color más apropiado
para los príncipes, al simbolizar la valentía. Durante el siglo XIX
se desarrolló una interpretación más psicológica de la simbología
del color. La “Tabla sinóptica” de Humbert de Superville
(1770-1844), compuesta en 1827, caracteriza
al rojo como violento y expansivo, al blanco como el estado de
equilibrio, calma y claridad, y al negro como la convergencia,
concentración y solemnidad.
Precisamente esas
connotaciones tuvo el francés Henri Beyle (1783- 1842), quien bajo
el seudónimo de Stendhal publicó en 1831 la novela Rojo y negro
(Le Rouge et le Noir) Aunque el título alude a los colores de
los uniformes del ejército (rojo) y de los sacerdotes (negro),
Stendhal hace una visión crítica de la sociedad de su momento. El
personaje, Julien Sorel, es hijo de un carpintero que busca salir de
la pobreza y ascender de condición social pese a su juventud,
diciendo a los demás lo que quieren oír y haciendo lo que desean ver
que hace. Julien trata de participar en la vida de la alta sociedad,
pero los nobles le desprecian por su origen humilde. Por un lado
Julien ambiciona elevarse en la sociedad, pero por otro le asquean
la hipocresía y la mediocridad de la burguesía de Paris. No resulta
descabellado relacionar el origen de los colores aludidos por
Stendhal y el carácter contestatario de su obra.
El color de la lucha
Las luchas revolucionarias no se escapan del
lenguaje cromático. Es evidente que el rojo
denota identidad de los comunistas y revolucionarios del mundo, así
como la posición internacionalista de la misma. Hasta
nuestros días se sigue denominando "rojos" a los seguidores de los
partidos de izquierda, aunque algunos de éstos ya hayan desechado
sus tendencias revolucionarias.
Haciendo historia, diremos que la república de
Florencia, otrora fiel aliada a la Santa Sede, se opuso
decididamente al Papa Gregorio XI (1336- 1378), responsable del
regreso de la sede pontificia de la ciudad francesa de Aviñón hacia
Roma. Los florentinos exhibían una roja bandera con la palabra
“Libertad” impresa con letras de oro; de esta manera instaban al
pueblo a la insurrección contra los legados pontificios.
Para
1768 la bandera roja era portada por los obreros británicos, como
símbolo durante la huelga de marinos y para diferenciarse de sus
patrones. En 1780, 100 mil trabajadores de Londres marcharon a
incendiar la prisión de Newgate; el liderato multirracial portó el
rojo estandarte al grito de "fuera con todas las prisiones", por ser
la clase trabajadora la más frecuentemente encarcelada.
Jacobinos,
girondinos y la revolución Francesa
En medio
de la Revolución Francesa (1789-1794), la bandera roja se dejaba
ver, pues ya en 1848 aparecía espontáneamente en las barricadas de
París y por toda Europa revolucionaria.
En la Asamblea Nacional
existían dos sectores burgueses y coincidentes en la lucha contra el
rey y la nobleza; ambos buscaban imponer los principios liberales,
aunque distanciados con respecto a sus intereses y los medios para
lograr sus objetivos.
Los girondinos, llamados
así por proceder de la zona sur de Francia llamada Gironda, eran
empresarios y grandes comerciantes que integraban la gran burguesía,
eran moderados, contaban con el apoyo de las provincias y
consideraban prudente hallar un acuerdo con la monarquía y la
nobleza, limitando el poder real, pero sin permitir el derecho a
voto a las clases pobres, que no pagaban impuestos. La razón era el
temor de este sector, que había alcanzado gran prestigio, de perder
sus privilegios por obra de los movimientos populares.
Por su parte, los
jacobinos,-nombre proveniente de sus reuniones en el convento de la
orden de los jacobinos- estaban respaldados por el Consejo y el
pueblo de París; principalmente integrado por profesionales y
modestos propietarios que querían abolir definitivamente la
monarquía y proclamar una República democrática, con derecho a voto
para todas las clases sociales.
Mientras los girondinos
deliberantes se colocaban al lado derecho de la Asamblea, los
jacobinos lo hacían a la izquierda, proviniendo así la posterior
división entre partidos de derecha y de izquierda, según sean
conservadores en su accionar político o propongan medidas tendientes
a cambios profundos.
Los girondinos se
consagraron triunfantes en octubre de 1791, cuando la Asamblea, por
poseer mayoría entre sus miembros, sancionó la primera Constitución,
que imponía una monarquía parlamentaria, donde los miembros del
Parlamento serían elegidos por las clases adineradas. El Rey
continuaba en el poder con límites en sus atribuciones.
Sin embargo, esta
situación varió sustancialmente entre 1792 y 1794, cuando los
jacobinos, con ayuda de los Sans Culottes (trabajadores
urbanos), tomaron el poder el impusieron el terror.
Liderados por Maximilien
Robespierre (1758- 1794) y Georges Jacques Danton (1759-1794),
crearon tribunales populares que juzgaron y condenaron a muerte a
opositores de la revolución como el Rey, María Antonieta, sacerdotes
y miembros de la nobleza; todos ellos fueron guillotinados, aunque
luego, los propios líderes revolucionarios corrieron la misma suerte
al ser acusados y condenados por aspirar a una dictadura personal.
Respecto a la bandera
nacional de Francia, ésta data de los primeros días de la Revolución
francesa. En julio de 1789, poco antes de la toma de la Bastilla y
en medio de la intensa agitación se forma una milicia que decide
lucir una divisa roja y azul, distintivo de la ciudad de París. El
17 de julio, cuando Luis XVI se dirige a París para reconocer a la
nueva Guardia Nacional, luce la escarapela bicolor a la que el
marqués de Lafayette (1757- 1834), el comandante de la Guardia,
parece haber añadido el blanco de los monárquicos legitimistas.
Durante el período
revolucionario de 1848 el gobierno provisional adoptó la bandera
tricolor, aunque el pueblo prefería enarbolar en las barricadas el
pabellón rojo, para marcar la fuerza de su rebelión. Habría que
esperar la III República para que los tres colores generen el
consenso de la nación.
Durante la Comuna de
París (Primer Estado proletario que tomó el poder de la capital
francesa, entre el 18 de Marzo y el 28 de Mayo de 1871) los
trabajadores ocuparon la ciudad flameando la bandera roja de la
clase trabajadora y como símbolo de emancipación.
Para 1892, el rojo pendón
dirigía las marchas por el Día del Trabajo; el 1ro de mayo era
celebrado con la bandera roja en toda Europa, Australia, América del
Sur, Cuba y Japón, aunque también forma parte de la tradición
socialdemócrata; en 1889 y con el objetivo de ganar a las masas, el
recién formado Partido Laborista de Gran Bretaña escribió una
canción sobre la bandera roja, que se convirtió en el himno del
Partido. Una de las estrofas dice: "La bandera del pueblo es
profundamente roja, un manto de nuestros mártires muertos…la sangre
de su corazón pintó toda su mano".
La expresión bandera
roja ha sido utilizada también en canciones o marchas
conmemorativas de diversos partidos o movimientos socialistas; así
se observa en el caso del Partido Comunista Italiano, organización
en actual proceso de reconstrucción, cuyo himno se denominaba
precisamente Bandera Roja (Bandiera Rossa en
italiano): "En pie trabajadores, sus cadenas de esclavitud
desaparecerán bajo la bandera escarlata".
Comenzando el siglo XXI,
todavía resulta común ver banderas rojas sobreimpresas con los
nombres o emblemas de partidos, movimientos, organizaciones o
sindicatos; estas son con frecuencia vistas en protestas,
manifestaciones y marchas. Del mismo modo, ondear una bandera roja
es un eufemismo para la incitación en tauromaquia, y el rojo es el
color del desafío tanto como también un símbolo de la sangre de la
clase trabajadora.
"La amenaza roja", la
"China roja”, en contraposición con la “China nacionalista” o “China
libre”, fueron algunas expresiones acuñadas por los países
capitalistas, durante la Guerra Fría, teniendo como principal
referencia la bandera de la Unión Soviética. También es evidente que
la identificación del color con el comunismo fue motivado por los
propios aludidos. Octubre Rojo, Bandera Roja, Estrella Roja,
Ejército Rojo, Guardia Roja, Sol Rojo y en nuestro país: Patria
Roja, Pucka LLacta (“tierra roja”, “Pueblo Rojo” o
“Patria Roja” en quechua), así como Rincón Rojo y Búho Rojo, denotan
una ideología en común.
Reacciones psicológicas
Psicológicamente, el rojo
se asocia fuertemente con el calor, de tal manera que es posible
sentirse más acalorado en un ambiente pintado de rojo, aunque
objetivamente su temperatura no haya variado. Estudios médicos
demuestran que el rojo provoca efectos físicos muy determinados como
el aumento de la presión sanguínea, aceleramiento del ritmo cardio-respiratorio,
incremento de la tensión intraocular, de manera que en algunas
personas puede provocar dolores de cabeza.
(1)
En publicidad, el rojo hace resaltar los perfiles y
atrae la mirada. La utilización de ese color en los envases resulta
eficaz al generar el efecto ilusorio de avanzar hacia el comprador,
atraer la atención y provocar una afirmación positiva acerca del
producto. Crea un ambiente de actividad y de energía, a la vez que
es intensamente emotivo y atractivo para todas las edades y sexos.
El rojo también denota
peligro y advertencia; en la época cavernaria, la visión de la
sangre fresca era un aviso que ponía en guardia a los habitantes.
También se identifica con la lucha, el amor y la pasión, pudiendo
observar la moda femenina de pintarse de rojo vivo los labios, algo
que proviene de tiempos ancestrales y que provocaban y provocan el
deseo sexual. En la iglesia católica, el rojo se sigue reservando
para las vestiduras de los más altos dignatarios, excluido el Papa.
Centrándonos en el motivo
del artículo, según los patrones culturales de las sociedades
occidentales, el rojo denota la cólera y agresividad, igualmente
relacionándose con la guerra y la sangre. Al planeta Marte se le
denomina el "planeta rojo" no por su superficie (que es
amarillo-anaranjado), sino por su asociación con Marte, el dios
romano de la guerra.
Pero las culturas en el mundo interpretan el rojo de
distinta manera. En China es el color de las bodas y representa
buena suerte, aunque también se le identifica con los celos. En la
India representa la caballerosidad. También es posible que sea el
color con más implicaciones nacionalistas, y es que figura en un
mayor número de banderas de países del mundo.
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