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EL ROL DEL
ARTE EN UN PROCESO REVOLUCIONARIO
Por:
Gustavo Muñoz Matiz
(PRENSA RURAL)*
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En este conversatorio, quiero
agradecerles por permitirme hacer lo que hay que hacer en mi condición
de artista en el exilio, pues la tarea del artista aquí o allá es
la de vivir en consecuencia con lo que se piensa y ama. Es por esa
razón que el arte traspasa el tiempo y las fronteras.
Hay inquietud por el rol del arte
en un proceso revolucionario, por tanto puedo hablar de un proceso
muchas veces clandestino, que nace de la experiencia del Colectivo
de Artistas Antiimperialistas, es decir, de la experiencia social
del arte popular y resistente como el de muchos pueblos amerindios,
donde es práctica real y cotidiana, con crítica, admiración,
mensaje y liberación de los colores que inflaman las banderas que
los obreros llevan a la revuelta.
Allí, el arte no es locura, ni
introspectivo, ni individualista. No incluye barreras, sino que se
define en un primer momento como la expresión final de una obra
producida en relación dialéctica entre la habilidad y el dominio técnico
expresivo, de acuerdo con la búsqueda universal de la maestría artística.
En un segundo momento, la fuente
inspiradora de la obra, que llamamos 'creación', parte de otra
doble relación dialéctica, que se da entre lo que vivo y lo que
pienso, y luego entre lo que pienso y lo que hago. Ahora, si lo que
vivimos en la cotidiana y cruda realidad que nos rodea es la opresión
y la relacionamos con lo que somos como artistas, tendremos una
creación casi siempre dolorosa, de la cual surge la imaginación
creadora, natural en las vasijas de barro indígenas, generosa en
los tejidos artesanos, soñadora en los textos literarios y poemas,
erótica en las esculturas y pinturas, pedagógica en el teatro de
la calle, crítica en todas las comedias, potente en la pantalla de
cine, pero siempre, siempre, subversiva, porque en Colombia crear es
un acto subversivo.
Podemos preguntarnos: ¿Qué creación
artística surge cuando la relación dialéctica se da entre un
ambiente de aplastamiento permanente y la habilidad de un artista
oprimido y hambriento?
Será preguntarnos por la relación
dialéctica que surge cuando se crece viendo morir a sus viejos en
las mazmorras y a los niños fusilados por quienes, se supone,
tienen la misión oficial de protegerles.
¿Cuál expresión simbólica surge
de la relación dialéctica entre los pueblos ancestrales en la
selva, bombardeados por modernos aviones artillados, y lo que piensa
un artista que ya no cree en más poder que el de sus brazos?
¿Qué obra artística puede surgir
de la relación dialéctica entre los tres millones de desplazados
de sus tierras y lo que saben los artesanos y estudiantes?
Doy testimonio que la expresión
final. Se traduce en obras muchas veces producidas a la orilla del
camino sobre alguna hojalata metálica oxidada de tantas que cubren
los 'cambuches' miserables, o en algún 'graffiti' como grito pegado
en la muralla; contemplamos obras pintadas en sábanas de retazos
izadas por bandera en los barrios de invasión, o en instalaciones
de barro modeladas con sangre en las veredas donde ocurrieron las
masacres, incluso en la interioridad clandestina del salón
universitario antes de la hora en que pasan los 'paramilitares'.
Esas obras resultan inverosímiles y maravillosas, primero por
surgir de donde se cree que no puede salir nada bueno, y segundo
porque cada obra está lejos de la resignación. No hay nada que se
parezca al suicidio cotidiano. La expresión artística surgida es
todo un parto de una obra a la vida que se convierte en resistencia
a la guerra. Se opone a la pacificación que nos silencia, se niega
a ser muda convidada a mirar la fosa común de las víctimas. Arte
en resistencia es medio masivo que repara nuestros sueños, es voz
de la utopía que sana, voz de pueblo empobrecido. Arte en
resistencia es no aguantar más el aplastamiento, el desarraigo y la
miseria.
Decimos que es una obra viva,
porque permanece en los sentidos del público, llama a la liberación
de los oprimidos, jalona a los indecisos, promociona a los
revolucionarios, levanta a los arrodillados, anima a los
desesperanzados, invita a los sumisos, denuncia dónde se encuentra
el pecado social, desenmascara al genocida y conduce alevosa a la
superación colectiva de los descalzos.
El arte se hace resistencia en los
muros, las esquinas, en los ritmos melancólicos de las piedras en
los ríos, se transforma en comunicación alternativa, en canto
malicioso o rima campesina en las noches de fatiga de quienes
marchan atravesando las montañas, en ronda picaresca en las
escuelas infantiles. En fin, es una permanente expresión que rompe
con el llanto cotidiano de las viudas y se manifiesta poderosamente
cuestionadora y de nuevo subversiva. Sólo quien resiste halla la
alegría de gozar con las cosas más sencillas, porque sabe que algo
está haciendo. Pensamos que si no fuéramos así, si no hubiésemos
desarrollado esa capacidad de la sonrisa, si no hubiéramos
cultivado nuestros sueños, pues expresar la risa en medio de la
desgracia es resistir y nos permite burlarnos incluso de la muerte,
así entonces jamás el imperio podrá instalar el infierno para
siempre.
Vale recordar las palabras del
comandante Fidel: 'Si el arte no es revolucionario, pasará a ser
tan solo un objeto de vitrina para satisfacer los ocios parasitarios
dominantes'.
Algunos intelectuales han
considerado a este tipo de expresión como la instrumentalización
del arte para la causa, otros lo califican como arte politizado, y
los más sutiles dicen que es arte social, comprometido. Todos estos
adjetivos carecen de sentido, pues ninguna obra es inocente, no
puede serlo, si estamos de acuerdo en que la obra es producto de esa
doble relación dialéctica entre lo que rodea al artista y lo que
él piensa, es decir entre lo que sabe y lo que hace.
El arte es arte, mas el
sensibilizado es el trabajador de la cultura, el comprometido es el
artista, quien está politizado es el ser humano, de allí que no
exista una obra humana inocente, ninguna obra es asexuada, ninguna
obra es asocial, pues cada obra representa la expresión ideológica
de aquel ser que la produjo. Y sin dudas refleja las condiciones
socioeconómicas en que dicha obra ha sido producida.
Una vez la obra está expuesta
frente al público, entonces ella misma se ocupa de ir más lejos,
hasta el otro, el diferente así: obra y público se enfrentan, se
identifican, se cuestionan, se critican, se ríen y se gozan, de
forma y contenido, con todos los problemas que esa nueva relación
produzca. No importa si los problemas son los íntimos de la vida
misma con seres de carne y hueso, desde lo instintivo hasta lo
sublime; sólo cambia la perspectiva social, sea desde el punto de
vista de los privilegiados que disfrutan colmados su riqueza desde
cuna o desde el punto de vista de los desheredados de la tierra, sin
agua ni luz, sin educación ni salud, ni techo ni camisa. El arte
carece de sentido humano si sólo se invita a los pueblos como a un
público de piedras, quienes tendrán como única misión aplaudir
las vanidades para privilegio narcisista de los dioses.
Los Colectivos de Artistas y
Artesanos Antiimperialistas son como la mazorca de maíz con múltiples
granos nacidos de la tierra, creciendo desde abajo, insertos en una
sociedad socioeconómica e histórica. Con las imágenes del
subrealismo mágico nos vemos separados abismalmente de las
abundancias de la élite, entre quienes tienen y no tienen. Los
artistas (trabajadores del arte) estamos nutridos con todo lo
biodiverso que vivimos por las calles y montañas, con toda la
fiesta que llega a nuestra piel en abundancia para resignificar con
vida nuestro estado permanente de pre-muerte, con todo lo que llega
a los sentidos, sean aromas lujuriantes de la selvas o los olores
nauseabundos de los mutilados que se encuentran insepultos sirviendo
de escarmiento a quienes se atrevan a la crítica.
Son ya 500 años que los pueblos
camuflan la memoria para que no sea exterminada, pero el pueblo
recupera y estamos comprendiendo que la libertad sólo es posible si
se ejerce y se asume. Ahora tenemos horizonte de sentido. Los
trabajadores del arte leemos y escuchamos historias silenciadas. En
el plano personal fue como un día en ese torbellino de vientos que
levanta el polvo. Comencé una noche a trabajar. Así visto en cada
obra, en cada imagen, trabajo, dibujo, bosquejo con el lápiz una o
diez veces y borro 20, vuelvo y dibujo, finalmente he producido una
expresión confusa, y trabajo un poco más y boceto con mayor
claridad aquello que quiero expresar, para luego trabajar detalles,
resaltar con luces y más trabajar con sombras, tonos y matices lo
que me interesa expresar. Es este un proceso productivo, nunca el
soplo inspirado y regalado por las musas del Olimpo, y es como
participo sin lugar a dudas del fuego de la re-creación. Por eso
debo en conciencia identificarme como un trabajador del arte y la
cultura, como un cultor, no como un superdotado.
En un contexto social, donde
clandestina es una mariposa y subversivo es un picaflor, donde un
cuarto de perfil significa diferente si está orientado al este o al
oeste, donde los colores ya no son cálidos y fríos sino de
derechas o de izquierdas, fue como con toda intencionalidad opté
libremente por la caricatura militante, claro, sin confundir el
partido con una galería de arte. Tal vez fue la evolución del
proceso de organización y la pista del goce colectivo multiplicado
por millones que recibieron el mensaje en una imagen, la chispa que
irrumpiera incendiando una respuesta popular simbólica inmediata.
Las imágenes pasan entonces de
narrar los hechos de tragedia para describir el dolor de las víctimas
que no encuentran a sus parientes desaparecidos. Las ilustraciones
que denuncian a los asesinos se convierten en un grito de protesta.
Sí, las imágenes pasan de burlarse del genocida a la sátira de
los falsos procesos judiciales, a ridiculizar a los gamonales y
politiqueros y así han evolucionando, volviéndose cada vez más
propositivas. Finalmente, los artistas curtidos en la clandestinidad
aprendimos que para actuar responsablemente y no ser idiotas políticos
había que instruirnos en todo momento y de maneras diferentes,
subvertirnos a nosotros mismos y con el humor gráfico transmitimos
concepciones, puntos de vista, anhelos, estados de ánimo y temores.
También nos dimos cuenta de que muchas caricaturas son
ilustraciones muy complejas, que levantan el coraje y nuestra
capacidad de afrontamiento, las cuales muchas veces no hacen reír,
ya no es la intención, no importaba, lo cierto es que la caricatura
y su sarcasmo se vuelve pre-texto, de tal manera que como autores
interpretamos el texto de lo que sentimos o el texto de lo que
leemos socialmente y lo plasmamos tratando de que la gente se dé
cuenta de que ante una serie de situaciones difíciles y de
atropellos hay otras maneras de ver y de pensar, sí, otra manera
diferente a la avasallante desinformación de la gran prensa.
Al realizar una obra sobre un
contexto social, no puedo negarlo, se refleja el particular y
militante prisma con que vemos el asunto. Eso no nos hace
especiales, sí diferentes pero no especiales. Todos los artistas
tienen una manera de resolver un tema, sea desde la plástica, la técnica,
la lúdica, la onírica, la erótica o la estética, la diferencia
fundamental estriba en si la obra final refleja o no los deseos de
nuestra colectividad antiimperialista, si es la expresión de
nuestras más sentidas preocupaciones y elevadas aspiraciones y
visiones de sociedad, dado entonces que la obra, por ser un producto
sintético de múltiples abstracciones y afectos, termina siendo
diferente, porque a distintos fenómenos respondemos cultural y políticamente
con distintos símbolos.
Por ello, me encuentro en el
exilio, porque mis símbolos son políticos, pues reflejan el anhelo
de una sociedad diferente donde quepamos todos, lo cual es un delito
en un sistema de muerte donde sólo tienen cabida los poderosos
industriales, los grandes terratenientes, las multinacionales, los
nobles y los ricos. Al punto de que el 0,7% de la población tiene
en propiedad el 78% de la tierra, mientras 36 millones de habitantes
se baten debajo de la franja de pobreza extrema.
Pinto en consecuencia con mi
pensamiento político, igual que otros cantan, danzan, escriben y
actúan. Mis obras no ocultan ni niegan las clases sociales, pues
son un reflejo de la sociedad imperialista que siento.
Independientemente de si es una ilustración para un periódico o
una tela al óleo, lo que me interesa es la riqueza visual que dice
y significa un todo y que para explicarlo necesitaremos muchas
palabras, incluso algunos debates.
Hay personas que pasan por encima
de la realidad y no tienen otra postura más que la de embellecer
las mansiones de los poderosos, con ello no se niega que sean
artistas, pero sí se aclara cuál es su opción política.
Cuando surge un artista con una crítica
verdadera, uno que quiere sacudirse de tanta suciedad, un artista
que pretende volver sus ojos aplastados para leer la sociedad que lo
corrompe, entonces siente cómo todo el peso del sistema está dado
para colgársele e impedir que se levante. La sociedad está hecha
para negarle el espacio a esa nueva expresión que se rebela y se
atreve a destapar el olor podrido de la banca, las editoriales no le
publican, las galerías de arte se le cierran, los críticos se
silencian, el artista rebelde no existe si no tiene espacio su
palabra, sus colores se tornan subversivos, ahora es considerado
antisocial. Como tal funciona la maquina del espectáculo, donde sólo
tiene cabida lo que produce beneficio. Pero en Colombia, además, le
revientan los dientes por gritar tanta injusticia, acusado ahora de
comunista peligroso, conocerá qué tan fácil es excluir y
desaparecer la oposición, con la simple frase sospecha de
terrorismo. Tal vez ya son terroristas sus pinceles y sus obras
'armas de concientización masiva'.
Los artistas que resisten llegan rápido
a otra realidad donde hay mucha masa y mucho picante. Cuando ese ser
humano sensible al que llamamos artista rebelde ha comprendido la lógica
del sistema, entonces luchará con todas sus fuerzas contra la
fatalidad, para que cualquiera sea su medio de expresión y lucha,
logre animar a los vivos que tienen dormida su conciencia.
En el colectivo comprendimos que
cada artista, para resistir a las múltiples violencias desde la
fragilidad de su taller, debe poder descubrir que hay que
desenmascarar la gran mentira ideológica arraigada, la que dice que
el empobrecimiento, la miseria, la opresión y el salvajismo de la
guerra son producto del designio de los dioses, ocultando que son el
fruto de políticas trazadas por seres humanos como usted y como yo.
Luego la tarea es tener el coraje de reconocer que eso no se puede
tolerar.
En estos momentos en que asistimos
a la globalización del mercado de capitales, pero no de la
solidaridad, hemos comprendido el enorme valor del arte en
resistencia en los medios de comunicación alternativos, afirmando
la verdad que surge del dolor de los que sufren, en el cine que fue
un verdadero difusor de pensamiento antes de que fuera cooptado por
las multinacionales del espectáculo, el afiche de resistencia ante
el indulto, la palabra literaria en prosa o verso, en los contadores
de historias que denuncian como estandarte ético la dignidad de los
de abajo, en la danza con la verdad enunciada de los pisoteados y
excluidos. Los dibujos, los colores, las imágenes en internet desde
la casa, pues deconstruyen el camino de la impunidad; las palabras
graffiti que afirman el anuncio de la ternura y resplandor de la
sangre derramada ante la máquina de guerra, que despierta a los
indiferentes para buscar el camino de justicia y castigo al asesino.
Los cuentos para niños en la radio, los cantos populares en un
disco, son susurros que se vuelven grito. Las esculturas son texto
que cuando pasamos nos recuerda las leyes de perdones y olvidos
oficiales. Arte en resistencia es también video-fotografía para
imprimir indeleble un hecho que nunca debió pasar y que debe ser
mostrado para que las nuevas generaciones conserven la memoria y la
barbarie nunca más sea posible.
Los obreros y paisanos me
permitieron descubrir que la caricatura es poderosamente educativa,
el arte se transforma en una eficaz e invaluable arma de lucha ideológica,
porque llega rápidamente, es inmediata, compite subvirtiendo los
medios masivos de alienación de las juventudes que ahora poco leen.
Sea impresa, en un panfleto volante, en un libro, en un afiche, en
el periódico, todas las personas que la ven se impactan de
inmediato. Advierto que muchas caricaturas por la prensa censuradas
tuvieron mayor impacto en el internet alternativo y fueron
difundidas desde las casas de familia y multiplicadas por miles.
Supe que esas imágenes se hicieron entonces experiencia corporal,
pronunciamiento simbólico y social, se volvieron sinónimos de
resistencia. Sí, con una caricatura se puede jalonar a la acción,
influir en el comportamiento y puede propiciar cambios al igual que
un buen libro, o un buen discurso.
Ahora bien, pretendiendo
silenciarme, la 'democracia' genocida de Colombia me envió al
destierro. Paradójicamente encontré una mayor y lógica libertad
de expresión; tengo que decir como en la trova de María Elena
Walsh: 'tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo
estoy aquí resucitando'. Puedo confirmar que ahora en unión de las
organizaciones progresistas y revolucionarias, mejoro como artista
mi posición para el combate ideológico y tengo mayor alcance e
influencia social, en consecuencia mi misión como trabajador de la
cultura es la de abrir muchas más ventanas para denunciar al estado
terrorista que se ha camuflado con su estrategia paramilitar.
Respondo ahora una pregunta que me
hicieron al llegar: '¿incitaría usted a la violencia?'.
Históricamente se ha demostrado
que la primera violencia es siempre la estructural. Hablo de aquella
violencia que hace creer que unos pocos nacieron con espuelas y
todos los demás con la silla a las espaldas para ser montados y
azotados como bestias, esa violencia de los sistemas de explotación
que aplastan y asesinan a millones de seres como si fuera el orden
natural de las cosas, hablo de la violencia contra los cada vez más
empobrecidos, condenados a sembrar lo que nunca han de comer, a los
deambulantes de las esquinas de los semáforos en las noches de frío,
la violencia que se ejerce contra los que no tienen tarjeta de crédito,
la misma que va contra las minorías segregando culturas y etnias,
la violencia del jugoso y privilegiado mercado de capitales que
siempre ajusta un ejército de desempleados a fin de aplastar a los
trabajadores, la violencia de género en condiciones de guerra,
donde las mujeres han sido triplemente violentadas, la violencia del
terrorismo de estado que implanta un nuevo modelo económico sobre
los campos sembrados de cadáveres de los enamorados que se negaron
a partir de sus territorios ancestrales, siguiendo la política
trazada por los EU que declaró al 'campesino primitivo' como el
principal obstáculo al mercado neoliberal. Es decir, la misma
violencia que a través de mercenarios y contratistas de la guerra
entrega nuestros suelos y riquezas al usufructo de las
multinacionales y el imperio.
Esa violencia que las mismas
'gentes de bien' contemplan con total indiferencia y silencio cómplice
con las élites de asesinos, pues son los poderosos comerciantes de
la mal llamada 'sociedad civil' quienes contratan los escuadrones de
la muerte, ya no se inmutan ni fastidian con las salpicaduras de la
sangre, ya no les importan los miles de miles de indígenas,
negritudes, campesinos, sindicalistas y dirigentes sociales muertos
por resistir a la indignidad y el vasallaje.
Pero debo recordar también que la
violencia llega a ser un derecho de los pueblos para defender la
vida. ¡Ah! Pero sólo en este momento las gentes de bien tuercen
con cinismo su discurso, pues condena y sataniza toda violencia
'primitiva' que venga desde abajo, rasgando sus vestiduras claman al
cielo para que cese el motín, la protesta y la insurgencia que se
levanta con toda el hambre histórica.
Nuestro llamado en tanto que
artistas jamás será hacerle el juego a la anticultura de la
barbarie y menos rendirle culto al señorío de la muerte. Para los
Colectivos de Artistas Antiimperialistas, resistir es una opción de
vida, no es un oficio, y la pobreza no es una bendición.
Me identifico en lo que creo y
pienso, soy un enamorado de los que sobran en la mesa del banquete,
y como artista en resistencia, no soy neutral para nada en esta
guerra. Mi opción esta del lado de los desechables del sistema y no
saben nada del mercado de valores ni la bolsa. Grito y reclamo a la
humanidad entera para que siquiera uno más se sume a nuestra brega,
tan solo uno más se comprometa solidario con la lucha de los
pueblos sometidos, pinto con todos los colores en contra de la paz
sin dignidad ni memoria, sin derecho a la palabra de los pueblos
bloqueados, esa es la paz de los cementerios democráticos de los
sin tierra.
Incitamos en nombre de la vida,
para tender un puente sobre el enorme precipicio que existe entre la
superproducción y los empobrecidos, pensamos que son urgentes
mayores y coordinadas tareas de las organizaciones revolucionarias y
movimientos sociales para que en unidad, todos nosotros militantes
multidiversos, pluriculturales y policromados, nos sumemos a la única
guerra posible, la que tendremos que librar contra el hambre jamás
contra los hambrientos. Guerra a la pobreza, nunca contra los
empobrecidos sin chequeras.
¿A que se resisten los
colombianos?
Para aquellos que no comprenden por qué nuestra rebeldía, debo
denunciarles que toda la publicidad agenciada por el estado
colombiano de una pretendida lucha contra las drogas es y sigue
siendo en verdad un pretexto moralista para justificar los
asesinatos selectivos, las ejecuciones extrajudiciales, las
masacres, los genocidios y la guerra contra la resistencia,
ocultando el más grande megaproyecto del hemisferio y la arremetida
neocolonialista del imperialismo estadounidense que se apropia de
las selvas vírgenes del Chocó, segunda fuente mundial de agua
potable, lugar donde se traza ya el nuevo canal interoceánico.
Nos resistimos al rapazo de las
selvas amazónicas y su biodiversidad genética apropiada en el
proyecto genoma, resistimos al robo de nuestros recursos naturales y
energéticos del subsuelo, dejando a los pueblos dependientes y
miserables, resistimos al ALCA de libre comercio para EU pero de
eterna esclavitud para Amerindia. Resistimos a la entrega de la
patria, al vasallaje, al exterminio de las minorías, al saqueo y la
miseria.
Ante el imperialismo capitalista
que se harta de mostrar su carácter enfermizo y aberrante, sólo
nos queda a los artistas un camino digno y es el arte en
resistencia.
Hoy nos unimos al lenguaje
libertario de Martí y de Bolívar con la Cuba de frente alta y la
hermana Venezuela en esa resistencia que bulle, que fermenta, donde
se juntan los de abajo, los que no quieren dormir con los estómagos
ni la conciencia vacías, ahora llamado 'populismo radical', con la
fuerza imparable de un proceso histórico social alternativo que nos
exige permanente unidad y vigilancia de los principios
revolucionarios y ética latinoamericana, sin los cuales ninguna
lucha tendría sentido.
Nuestra utopía avanza en la
confianza de que no estamos solos, y en nuestra prioritaria tarea
por la imprescindible construcción de una nueva Colombia con tierra
para todos y justicia social, así nos vemos aportando nuestro grano
de maíz a la construcción de otro mundo y otra historia donde la
vida valga la pena ser vivida.
Muchas gracias,
Conferencia realizada gracias al
apoyo de: Voz Nueva Colombia (Alemania)
www.nuevacolombia.de, Arlac (Bélgica) www.arlac.be, Colectivo
de Artistas Antiimperialistas (Colombia)
* Gustavo Muñoz Matiz es artista colombiano y refugiado político.
redaccion@argenpress.info
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