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BRYCE:
PLAGIARIO REINCIDENTE
Por Julio Yovera B | |
Alfredo Bryce ya había sido descubierto con las manos sobre el
plagio, pero ni El Comercio ni el INDECOPI le dieron la mínima
importancia. Y es que en una sociedad como la nuestra, que juzga no
el carácter del ilícito, sino las condiciones y relaciones de quién
comete la falta, los plagiarios con nombre y apellido se sienten tan
omnipotentes e intocables como los poderosos violadores de los
derechos humanos.
Bryce es la radiografía de la clase social que representa y escritor
sin vergüenza propia ni ajena, aunque sí extraviado por efecto de
las bebidas espirituosos de cada día.
El
reincidente plagiario encarna perfectamente la conducta de los
sectores parasitarios, que siempre hicieron lo más fácil: apropiarse
del trabajo ajeno.
Lo
que a los estudiosos Morote y De Rivero -para referirnos sólo a sus
víctimas peruanas- les costó tiempo para investigar, fichar,
reflexionar, sistematizar y escribir, el aludido Bryce lo expropió
en segundos y lo publicó en horas con la osadía de un pirata
congénito.
Puesto en evidencia, Bryce recurre a una explicación francamente
cínica. Ha señalado que su secretaria es responsable. Punto. Esta
manifestación negativa de lo que Lev Vigotsky llamó “herencia
cultural” también es parte de la “ética” de los que han gobernado
nuestro país, uno de los cuales -y lo ha dicho el propio plagiario
con un nada disimulado orgullo- fue su bisabuelo.
El
año pasado, con motivo del 6 de Julio, Día del Maestro, se
escucharon (y se leyeron) censuras al magisterio nacional, además,
se intentó una reflexión de efemérides sobre las causas de la crisis
de la educación; los herederos de la vieja oligarquía y los
operadores de políticas impuestas desde fuera, levantaron el dedo
para acusar a los maestros del SUTEP de ser los únicos
responsables.
¿Hay o no hay una analogía o un cordón umbilical entre la conducta
del plagiario y la de los grupos de poder? ¡Sin duda! En el artículo
de Morote sobre la educación y su crisis, que Bryce plagió, la única
creación nada heroica que hizo fue emprenderla a garrotazos contra
los maestros del SUTEP, al unísono con la fujimorista Hildebrandt.
¿Con qué cuajo responsabilizó a los maestros del Sutep de ser los
causantes del estado lamentable de nuestra educación? Con el que le
paga el poder, que le permite macerarse y extraviarse sin
límites.
A
propósito, el diario que le retribuye económicamente por sus plagios
debería tener un filtro que le permitiera detectar a tiempo estos
delitos, porque es vergonzoso para ellos mismos que uno de sus
“articulistas” sea descubierto en lapsos relativamente cortos con
enormes y abundantes plagios.
Claro, más de uno, seguirá echando incienso al pedestal del
plagiario. Ya se escuchan expresiones como ésta: no tiene la culpa;
no seamos duros; de repente sí es verdad que la culpa la tiene su
secretaria.
Más
o menos lo mismo escuchamos hace algunos a años de boca de un
llamado patriarca cuando unos de sus vástagos se embolsicaba los
dólares en la ya “famosa” salita de la vergüenza, donde a cada cosa
el sátrapa Montesinos le ponía precio.
Para muchos lo de Bryce – lo dicen también con pose patriarcal- no
es más un pecadillo; un intelectual está propenso a estas cosas;
seamos comprensivos…
Pero, ¿no se trata de un intento que busca evitar que el peruano
silvestre se dé cuenta que hay ídolos con cabezas de barro y son
precisamente los de la otra orilla?
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