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A decir del
escritor y antropólogo peruano José María Arguedas, el ritmo andino
del huayno perenniza todos los momentos de dolor, alegría y lucha.
Desde siempre fue sentimental, por expresar tristeza y amargura, y
es alegre cuando el amor y las esperanzas penetran en el alma y sus
ecos parecen desgarrar los corazones. Aunque el huayno distingue
musicalmente a toda la serranía peruana, es en la localidad de
Ayacucho donde destaca por su espontaneidad, carácter filosófico,
social y consciente; Flor de Retama es una prueba de ello:
Vengan todos a ver, ay, vamos a ver, (bis)
en la plazuela de Huanta, amarillito flor de retama,
amarillito, amarillando flor de retama (bis)
Donde la sangre del pueblo, ay, se derrama (bis)
Allí mismito florece, amarillito flor de retama,
amarillito, amarrillando flor de retama (bis).
Por Cinco esquinas están, los sinchis entrando están, (bis)
van a matar estudiantes, huantinos de corazón,
amarillito, amarillando flor de retama, (bis)
van a matar campesinos, huantinos de corazón,
amarillito amarillando flor de retama (bis)
La sangre del pueblo tiene rico perfume (bis)
huele a jazmines violetas geranios y margaritas
a pólvora y dinamita (bis)
a pólvora y dinamita, ¡carajo! (bis)
La muy popular obra de Ricardo Dolorier y que se ha constituido
durante muchos años en un himno a las luchas populares en el Perú.
Aunque la gran mayoría asocia la letra de la canción con los
movimientos subversivos que se alzaron en armas en la década del
ochenta del siglo pasado, lo cierto es que Dolorier se inspira en la
rebelión de Huanta, provincia ayacuchana, una de las más pobres del
Perú, caracterizada históricamente por su belicosidad y embrión de
la violencia que ensangrentó el país entre 1980 y el 2000. La retama
es una flor diminuta y de color amarilla que crece en la geografía
serrana del Perú.
Flor de Retama tiene su origen en un proceso iniciado en
marzo y finalizado el 24 de junio de 1969 con una sangrienta
represión. El Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, al
mando del general Juan Velasco Alvarado dictó el decreto supremo
006-69 con el cual los escolares que desaprueben un curso como
mínimo, perderían la gratuidad de la enseñanza, debiendo abonar la
suma de cien soles durante los meses de abril a diciembre.
Este decreto Supremo fue rechazado por las Asociaciones de Padres de
Familia de todo el Perú, el Sindicato Nacional de Profesores de
Educación Primaria y también por los sectores populares.
Tras la toma del colegio Gonzáles Vigil de Huanta por los alumnos,
los estudiantes y campesinos de la ciudad de Huamanga, capital del
departamento de Ayacucho, dieron su voto de apoyo solidario y se
plegaron a la medida de fuerza.
Es así como se inician los enfrentamientos entre policías y
estudiantes, convirtiendo a Huanta en un polvorín de guerra; pero es
cuando el equipo especializado antimotines, denominado "Sinchis"
(palabra del idioma quechua que quiere decir: fuerte, valiente)
acantonados en Cinco esquinas, una céntrica arteria donde hoy se
ubica el óvalo de la mujer huantina, sofocaron la lucha de
campesinos y estudiantes mal armados, dejando una cifra elevada de
muertes. Antes que el sol se ocultara, éstos controlaban la ciudad y
por medio de los parlantes de la municipalidad declaraban el estado
de emergencia, al igual que en Huamanga. La cifra de los muertos,
según la versión oficial recogida de la beneficencia publica y del
hospital de Huanta no nos da una cifra verdadera, en versiones
modestas 20, 30, 50 sin contar las decenas de heridos.
Dolorier, de madre huantina y padre oriundo del departamento de
Huancavelica, vivió la totalidad de su juventud en la serranía
peruana, trabajando como maestro de Lengua y Literatura, para luego
ser invitado como catedrático en una universidad de Lima.
La masacre de Huanta que le sirvió de inspiración le fue conocida de
manera indirecta pues ya para esa época se había instalado en la
capital. Ex alumnos suyos y compañeros de trabajo empiezan a
relatarle lo ocurrido. El huayno se va gestando en la universidad
limeña Enrique Guzmán y Valle, Dolorier iba organizando ideas
buscando tonadas y estructurando una letra y música pero al día
siguiente la olvidaba y empezaba de nuevo pues en casa no tenia
grabadora.
La composición ya era realidad en diciembre de 1970 y es grabado
inicialmente por el Trío Huanta, en un disco de 45 revoluciones,
aunque de manera incompleta pues la canción originariamente tenía
dos estrofas en la fuga.
Algunos años después la cantante vernacular Martina Portocarrero
altera el orden de las estrofas y la populariza. En todo caso, su
mérito radicó en difundir una versión que pegó rápidamente, dada las
complejas circunstancias político sociales que vivía el Perú.
Vale observar que la canción narra los acontecimientos suscitados y
es recién al finalizar las estrofas y entrar a la fuga donde se
idealiza el papel del pueblo, aunque sin evidenciar claramente su
invitación a la lucha: “La sangre del pueblo tiene rico perfume /
huele a jazmines violetas geranios y margaritas / a pólvora y
dinamita / a pólvora y dinamita ¡carajo!”
Hasta el día de hoy, no hay cantante folklórico peruano ni acto
político de masas donde no se interprete Flor de Retama. La
denuncia social se hace canción y Dolorier talvez no imaginó jamás
que un ritmo serrano iba a calar tan profundamente en el alma de los
costeños y selváticos, cuya geografía imposibilita el florecimiento
de la retama pero que interpretan el huayno en los lugares más
recónditos del país “donde la sangre del pueblo, ay, se derrama”.
ETB
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