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HORACIO
ZEBALLOS: A 6 AÑOS DE SU SENSIBLE DESAPARICIÓN
Por Carlos Rojas Galarza | |
El
20 de
mayo de 1942 nació en Moquegua HORACIO ZEBALLOS GAMEZ, quien fuera
fundador y primer Secretario General del SUTEP, dirigente nacional
de UNIR, diputado representante del pueblo y militante
revolucionario del PARTIDO COMUNISTA DEL PERU (PATRIA ROJA).
Lamentablemente dejó de existir físicamente antes de cumplir los 41
años; la muerte lo había abrazado con la salud quebrantada como
consecuencia de la secuela represiva a la cual había sido sometido
permanentemente por la dictadura militar, especialmente en la época
de Morales Bermúdez; persecución implacable, encarcelamientos,
torturas, confinamiento en El Sepa, deportaciones, constante vida
clandestina, atropellos morales y psicológicos sin fin. La gran
burguesía logró su objetivo de liquidarlo corporalmente, pero el
pueblo lo elevo a la galería de los héroes populares, ocupando un
sitial digno en la historia que nunca lo olvidará.
Y en
su memoria, nosotros queremos hacer una remembranza de aquel líder
extraordinariamente carismático, apreciado, querido y seguido por
las masas y muy especialmente por los maestros.
Este
hombre de carne y hueso conocido de cerca y tratado por nosotros,
hoy se afirma en nuestra memoria como un real ejemplo de lo que debe
ser un revolucionario, y a la vez, se perfila cada vez mas, como una
figura legendaria antes las nuevas generaciones populares. Este
hombre, en los momentos de lucha alentaba a las masas con su
oratoria frenética y simultáneamente poética: enardecía a los
millares de manifestantes contra la dictadura militar y también
contra los amarillos y boicoteadores de la huelga como han sido
siempre los apristas. Y al mismo tiempo cautivaba con hermosas
metáforas arengando a las bases a proseguir las movilizaciones, la
huelga, la lucha. Intolerante la mayoría de las veces e irónico fino
en otras, Horacio combatía en calles y plazas al enemigo; y, en los
necesarios diálogos con los gobiernos de turno, inflexible en los
principios clasistas del SUTEP y hábil táctico en los tratos
directos, con alternativas acordes al mandato de las bases, sin caer
jamás en la traición o entendimientos dudosos a espaldas del
magisterio. Su práctica fue siempre “todos con las masas, nada sin
ellas”….
Su
vida personal sencilla, fue un calvario creado por el enemigo de
clase, pero con la frente alta y mirada firme. Con el respaldo de
decenas y decenas de miles de maestros, siguió adelante, guerreando
en todos los terrenos, inclusive estando en prisión daba mensajes
escritos para que las bases continuaran en la brega. El gran
Horacio, en la intimidad con sus camaradas, colegas y amigos, se nos
mostraba como un hombre de hablar pausado, con el inconfundible
acento arequipeño, mirada fija, melancólica pero penetrante,
divertido en las bromas, inmensamente noble cuando se le confiaba
algún problema personal, y como todo ser humano, que no se preciaba
de falsas posturas, ni de actitudes pedantes, bebía con el maestro
anónimo, con el obrero y campesino se confundían en la copa de
juramento por la revolución. Con nosotros, palabras convincentes, a
veces duras; con las maestras, cariñoso, exquisito y respetuoso
galante; con los niños, tierno, suave, educador.
Estudio su primaria en el distrito de Corumas, provincia de Mariscal
Nieto en el departamento de Moquegua. Los estudios secundarios los
hizo en el colegio de
la
Libertad
que fue fundado por Simón Bolívar. Posteriormente en Arequipa curso
estudios de Pedagogía en
la
Universidad San
Agustín, titulándose como maestro primario. Ya en los claustros
universitarios fue presentándose con gran capacidad como dirigente
gremial y espíritu intransigente en la lucha estudiantil.
Al
salir de las aulas universitarias se integró con entusiasmo al
magisterio con ideas pedagógicas renovadoras, y en los sindical,
comprendió la necesidad de contribuir a la superación de la
dispersión gremial por niveles, se esforzó por coadyuvar al logro de
lo que se seria luego el gran SINDICATO UNICO DE TRABAJADORES EN
LA
EDUCACION
(SUTEP) clasista y combativo, fundado en el Cusco el
6 de
Julio de 1972. En este congreso de fundación, Horacio Zeballos,
robusto, vigoroso de salud es elegido Secretario General,
presidiendo desde entonces heroicas jornadas de lucha. De allí para
adelante la historia de Horacio, representando los intereses del
magisterio y peleando al lado despueblo, es la historia del SUTEP.
Veámoslo ahora en una faceta poco conocida: humano de verdad, amante
de la naturaleza y primoroso poeta en todo circunstancia.
Estando en prisión en 1979, cuando el SUTEP desarrollaba una
prolongada huelga, Horacio, maltratado, enfermo cada vez más, no
solo enviaba mensajes a sus bases sino también su alma cantaba
versos revolucionarios que se plasmaron en un bello libro “Alegrías
de
la
Prisión”.
Versos de amor por una vida nueva para la humanidad: “Tu belleza y
amor nos unen /Si buscamos al hombre nuevo/forjémoslo con rosas y
acero”. Su apego por la naturaleza: “el parque rubio de calor
observa/ en algunas mariposas mis risas infantiles”. Su vocación
combativa: “Así como al sentimiento sucede la flor/quiero
transformar el mundo”. Su espíritu fraterno con el colega:
“Maestro/en tu libro de lucha/he aprendido/que no traicionar es un
mandamiento”. Y estando preso les cantaba a sus captores: “De los
presos soy el ultimo/ dadme por descontado en las filas del encanto/
de qué les sirve mi cuerpo/ si el corazón los tengo libre”.
Como
dice Oscar Valdivia Ampuero: “Sorprende por eso que Horacio Zeballos
haya escrito un libro de poemas que lejos de proponer una visión
amarga y pesimista de la vida, un retorno angustioso a la
desesperanza o una basta imprecación a los males e injusticia de la
sociedad burguesa, se eleva más bien como un canto de amor hondo y
verdadero. La voz de Horacio Zeballos, al revés de lo que pudiese
esperarse, se distiende y vuelve dulce y esperanzadamente hacia los
seres, las cosas y los actos sencillos de la vida”.
Nosotros, pensamos ahora, que el mejor homenaje al recordado
Horacio, es movilizarnos y luchar resueltamente por lo que brego
siempre Horacio Zeballos Gámez: Un magisterio reivindicado, una
patria justa, libre y soberana en un mundo fraterno, lo cual se
logrará solo a través de la revolución democrática, nacional y
popular en camino al socialismo.
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