|
PROYECTO DE LEY ANTI-SUTEP
Por
Yomar Meléndez Rosas | |
Es ya un lugar
común señalar que en nuestro país se ha instalado el fujialanismo,
el fujiaprismo o el tercer fujimorismo. Para llegar a esta
conclusión los analistas, líderes y organizaciones muestran como
evidencias las votaciones en el congreso, el silencio frente a la
extradición del dictador y la política económica de continuismo
neoliberal. Sin embargo, lo que viene sucediendo las últimas semanas
no sólo vincularía a los seguidores de Fujimori con los de García,
los hechos permitirían concluir que al dúo se sumaría Montesinos, si
tomamos en cuenta la retahíla de psicosociales provenientes de
palacio de gobierno que permanentemente se insertan en el escenario
nacional.
Asuntos como la
pena de muerte y el retiro del Perú de la CIDH, el “inminente”
atentado terrorista de fin de año que sobredimensionó el activismo
de un pequeño grupo juvenil y, últimamente, la venta del avión
presidencial, simple acto administrativo que no debiera merecer
mayor publicidad, demuestran que el gobierno ha resultado ser un
aplicado alumno de las prácticas confusionistas que se usaron en los
noventa.
Pero el uso de
mañas fujimontesinistas no queda allí. En el parlamento actual
también se han intentado promover malos hábitos aunque en no pocos
casos los intentos han fracasado. Eso fue lo que sucedió la pasada
semana con dos proyectos de ley enviados por el Ejecutivo referidos
a la educación.
La historia se
inicia el martes 13 de febrero cuando ingresan por conducto regular
ambos documentos. Al día siguiente, es decir el miércoles 14 fecha
en la que se celebra San Valentín, en conferencia de prensa conjunta
el ministro del sector y la presidenta del congreso anuncian la
presentación de los proyectos centrando su atención en el de carrera
pública magisterial y mencionando casi de pasada el proyecto que
pretende declarar a la educación básica regular como “servicio
público esencial”. De pronto el mismo 14 en horas de la noche
algunos congresistas son informados que el Ejecutivo ha solicitado
la dispensa de trámite para la segunda propuesta de ley y que al día
siguiente se discutiría y, eventualmente, se aprobaría en la sesión
ya convocada de la comisión permanente. Nadie negará que el estilo
se parece mucho al usado, por ejemplo, en las llamadas “leyes
sorpresa” que cotidianamente se aprobaban durante el decenio
fujimorista. Al final la comisión permanente no abordó el proyecto
por la rápida reacción sutepista y la contraria opinión de varios
representantes de diversas bancadas.
Si bien la
iniciativa gubernamental es breve sus consecuencias para el
magisterio, el movimiento sindical y la vigencia de los derechos
democráticos son perniciosas.
La propuesta
busca fundamentalmente dos cosas: calificar a la educación básica
regular como servicio público esencial y otorgarle al ministro de
educación las facultades que le permitan “dictar las medidas
necesarias” en el caso de una huelga docente.
En relación a lo
primero resulta incomprensible que la administración que dice estar
haciendo una “revolución educativa” quiera otorgarle calidad de
“esencial” sólo a la educación básica regular. ¿Por qué no merece el
mismo sitial la educación superior? o mejor ¿por qué la educación en
su conjunto no es tratada de manera tan especial? En la exposición
de motivos se dice, además, que si bien la educación básica regular
no es un “derecho fundamental protegido por la Constitución” debe
ser incluida en ese listado. Otra vez preguntamos ¿se puede
modificar la Carta Magna mediante una ley ordinaria?, ¿no se
requiere acaso un procedimiento especial denominado “reforma
constitucional”?
Sobre la
potestad ministerial para implementar mecanismos tendientes a evitar
que se interrumpa el servicio educativo en el caso de paralización
de labores el asunto es más complicado. José Antonio Chang ha
declarado que no se trata de despidos, pero ¿qué valor puede tener
la palabra de una persona que exclamó a los cuatro vientos el
carácter no punitivo de la evaluación censal y terminó traicionando
su compromiso verbal? Por el contrario, dejarle las manos libres a
quien a todas luces ha declarado la guerra al sindicato es muy
peligroso no sólo para los profesores sindicalizados sino también
para el ambiente adecuado que requieren los cambios en educación.
Ha dicho además
el ministro más “exitoso” del gabinete que su portafolio elabora una
lista de maestros alternos o sustitutos para cubrir los ocasionales
vacíos dejados durante una huelga. Pero, antes de enrolar a
contratados y jubilados con el perverso propósito de enfrentarlos a
los activos ¿no debería el MED nombrar a los miles de contratados y
darle su lugar a los cesantes que en la actualidad son completamente
maltratados? Otra vez el facilismo y la confrontación para alcanzar
ruido mediático y ninguna gestión de envergadura para elevar el
presupuesto en educación o facilitar la implementación del Proyecto
Educativo Nacional.
Lo que no se
quiere decir es que el gobierno ha decidido sacar del camino al
SUTEP. La campaña que sataniza a la dirigencia nacional, la ilegal e
inconsulta disminución de licencias sindicales, el cuestionamiento
permanente a la Derrama Magisterial administrada exitosamente por
los docentes organizados marcan un derrotero que aparentemente no se
desea abandonar.
Ya se ha dicho
hasta la saciedad que “sin maestros no habrá reforma de verdad”. Si
el interés sincero es el país, los niños y la juventud no se trata
de marginar, excluir o liquidar; lo correcto es valorar el inmenso
papel cumplido por quienes, a pesar de la negligencia estatal han
persistido en la noble tarea de educar.
|