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Educación en el Perú
IMPROVISACIÓN + CORRUPCIÓN + HUMILLACIÓN = ¿EXITOSA
GESTIÓN?
Por Yomar Meléndez Rosas | |
Tenemos en el Perú un ministro al que los sondeos de opinión pública
definen como el “funcionario de gobierno con mayor aprobación”; un
responsable de sector que el presidente García no ha dudado en
llamar “ministro estrella” y coloca siempre como modelo a seguir
instando al resto de su gabinete a “aprender de él”; un titular de
pliego cuya máxima virtud ha sido “haber arrinconado al SUTEP” con
el apoyo, por supuesto, de los verdaderos responsables de la crisis
de la educación.
Sin
embargo, a estas alturas (ocho meses de gestión), es necesario hacer
una somera evaluación para saber si los resultados son realmente
“exitosos”.
Considero que la primera característica que salta a la vista al
momento de analizar el trabajo del ministro José Antonio Chang es la
improvisación. Improvisación que a decir de Luis Bedoya Reyes
-insospechable de identificación magisterial-, se ha convertido en
peculiaridad de toda la administración actual.
Para
muestra bastan algunos botones:
El Proyecto Educativo Nacional (PEN), asumido por el gobierno en
diciembre pasado, fue duramente criticado por la actual presidenta
del Congreso, Mercedes Cabanillas, en la última campaña electoral.
La parlamentaria pretendió incluso inhabilitar moralmente a sus
autores, el Consejo Nacional de Educación, acusándolos de
beneficiarse con las consultorías que le prestaban al Estado.
La
municipalización de la educación, que no aparece por ninguna parte
en el Plan de Gobierno aprista a pesar de estar funcionando hoy como
proyecto piloto en 56 municipios distritales a lo largo y ancho del
país.
El
Programa Nacional de Capacitación, indesligable de cualquier proceso
de Evaluación Docente, a la fecha carece de financiamiento y el
ministro intentó salvar vía una autorización que le permitiera
trasladar recursos de una partida a otra.
La
reducción del analfabetismo al 4%, cifra que dio como meta Chang en
septiembre del año anterior, mientras el presidente declaraba
efusivo que en julio de 2011 el analfabetismo se iba a erradicar.
En
fin, un conjunto de contradicciones que denotan sólo improvisación y
pronostican futuros inmediatos no precisamente de cambio
“responsable” o transformación. Es difícil admitir que con tamañas
incoherencias pueda procesarse en el Perú una “revolución en la
educación”.
La
segunda característica que poco a poco se está dejando ver es la
corrupción. El manejo inmoral de gran parte de los 200 millones de
soles correspondientes al llamado “shock de inversiones” en el
sector, ha permitido observar algo del polvo y la basura que se
escondían debajo de la alfombra. Lástima que hayan tenido que ser
algunos medios de comunicación los denunciantes y no los integrantes
de un equipo ministerial que se precia de tener “eficiencia y
habilidad”.
La
supuesta “ofensiva anticorrupción” del MINEDU, empero, no ha sido
suficiente para esclarecer varios asuntos que merecen aún
explicación. Si bien se han destituido funcionarios –algunos de los
cuales eran defendidos secretamente por prominentes directivos del
partido de gobierno-, faltan entuertos por sancionar. Por ejemplo,
la compra de mobiliario de aluminio y fibra de vidrio para sustituir
a las tradicionales carpetas de madera en la que se ha gastado más
de 1 millón de soles adicionales no se investiga desde el edificio
de la calle Van de Velde sino desde las oficinas del Ministerio
Público.
Igualmente resulta sospechoso que hasta hoy el ministro no haya
respondido a dos graves acusaciones lanzadas por el parlamentario
nacionalista Werner Cabrera Campos el día que se presentó ante
la
Comisión
de Educación del Congreso de
la
República. La
primera vinculada con sus acreditaciones académicas que los peruanos
no podemos conocer pues en el Portal de Transparencia del ministerio
no aparece publicado su Currículo Vitae; y la segunda, el “conflicto
de intereses” en el que estaría incurriendo su viceministro de
Gestión Institucional, Víctor Raúl Díaz Chávez, quien además de
ejercer tan importante cargo es Asesor Académico de
la
Corporación CEPEA,
grupo que tiene en su seno a
la
Universidad
“Simón Bolívar” y no pocas instituciones de educación básica y
superior.
Lo
sorprendente es que estas bien documentadas denuncias no han
merecido el menor acompañamiento mediático quizá porque el ministro
cuenta con muchos amigotes distribuidos en periódicos, radios y
televisión a los que benefició con postgrados y/o becas o
publicidad.
La
humillación a los maestros podría ser la tercera distinción de la
administración Chang. No contento con haber desarrollado en contra
de los docentes organizados en el SUTEP una especie de “guerra
preventiva” al estilo George Bush –estrategia que abarcó desde las
arbitrarias reducciones de licencias hasta la inconstitucional
prohibición del derecho de huelga, pasando por el socavamiento
financiero de
la
Derrama Magisterial-,
el titular del pliego se ha empecinado en implementar una campaña
que identifica a los profesores con personas “mediocres e
incapaces”. El extremo de este plan lo ilustró denigrantemente una
conocida revista local que presentó una protesta sindical llena de
maestros con enormes orejas de burro. Obviamente en esas condiciones
es muy complicado propiciar modificaciones sustantivas en la
educación o para decirlo en frases de Constantino Carvallo “(el
gobierno) se ha llevado de encuentro la imagen de los maestros en el
Perú, y eso es muy peligroso porque las posibilidades de reforma de
la educación depende, fundamentalmente, de los docentes”.
El
mismo maquiavelismo hemos encontrado cuando se procura
responsabilizar de la crisis educativa sólo y exclusivamente a los
profesores negando el rol directriz del Estado y su poca atención a
la financiación. Decía un amigo con incuestionable razón que aceptar
esa hipótesis es como creer que la debacle de la agricultura reposa
absolutamente en los hombros de nuestros campesinos que no supieron
asumir con madurez su obligación.
Sintetizando, entonces, no puede calificarse de victoriosa una
gestión que tiene tantos ribetes discutibles. Será exitosa para
quienes lo fundamental es la destrucción del enemigo que se opone a
sus planes de privatización, pero generará inquietud en los que
aspiramos a tener una educación inclusiva y liberadora, pertinente
frente a los retos que plantea la realidad local, nacional y
mundial, que sitúe en el centro al ser humano y no a la ganancia de
una pequeña minoría que la historia ya demostró que fracasó.
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