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Respuesta a
Carlos Castro, subdirector de La República
LA EDUCACIÓN, EL SUTEP Y
GARCÍA
Por
Yomar Meléndez Rosas. | |
El diario La República es
uno de los pocos que podríamos ubicar en el rubro de amigos del
SUTEP, sin embargo, como ocurre con las amistades verdaderas, no
siempre encontraremos coincidencias y lo mejor es ventilar las
diferencias entendiendo que entre los amigos “discrepar es también
una forma de acercarse”.
Decimos esto a propósito
de lo aparecido hoy en la columna Al Margen que firma el señor
Carlos Castro, personalidad a la que no hemos tenido el gusto de
conocer, pero con la cual nos atreveremos a disentir en el marco de
la consideración y respeto democráticos.
El subdirector de La
República valora en su exacta dimensión la autocrítica pública
ejercida por el sindicato de maestros en relación a los errores
cometidos al momento de encarar la llamada “evaluación censal”,
señala que es “un buen inicio para recuperar el terreno perdido” y a
continuación le pide gestos “dramáticos” que le permitan avanzar.
La democratización, dice
Castro, podría ser el “primer paso” de un largo camino por recuperar
su “legitimidad” y sugiere que el próximo congreso del SUTEP elija
su directiva nacional haciendo uso del mecanismo “un maestro, un
voto”. Lo cierto es que en instancias distritales e incluso
provinciales ya se implementa esta forma de elección y su extensión
a nivel nacional con los respectivos plazos de aplicación requiere
de una reforma estatutaria que en el congreso inmediato entendemos
se aprobará. Así ocurre en todas las instituciones que poseen un
marco de legalidad en las cuales los cambios no se hacen a voluntad
sino recogiendo la opinión de las bases y procesando con
inteligencia sus diferentes puntos de vista. Obviamente la opinión
del subdirector de La República no coincide en nada con la
perspectiva de aquellos que desde la derecha cavernaria pretenden
apropiarse de la democracia cuando en sus gremios nunca la aplicaron
ni la aplicarán y, en el país siempre la usaron en beneficio
particular pues como dice Hildebrandt (César, por supuesto, y no
Martha) “la derecha peruana jamás creyó en la voluntad popular sino
en su instrumentación”.
Otro paso sería volver la
mirada a Horacio Zeballos y renunciar a las licencias sindicales y a
las dietas en los cafaes y subcafaes para estar con la moda de la
austeridad. Es verdad, ese podría ser un paso importante, pero hacia
atrás considerando que las licencias y las dietas son derechos
adquiridos que intentan compensar el esfuerzo realizado por quienes
fueron designados a tan delicada responsabilidad. Otra cosa es que
las mismas deban regularse tomando en cuenta las condiciones de los
representados y los momentos que vive el país. Recomendar una idea
así es como solicitar que los directores del BCR, por ejemplo, no
cobren un sol por el trabajo que “esforzadamente” despliegan.
Tendrán esa voluntad. Sería interesante sugerírselo, verdad?
Además, Carlos Castro le
pide a la dirigencia magisterial “replantear su estilo de
sindicalismo” con la finalidad de que asuma un “compromiso real con
la escuela pública”. Aquí nos parece que el amigo se excede pues si
algún gremio ha batallado incansablemente en defensa de la educación
pública ese es sin duda el SUTEP, organización que a veces de manera
solitaria ha servido de infranqueable contención a los afanes
privatistas de éste y otros gobiernos. No se equivoca, empero,
cuando sugiere reforzar la dimensión ética del compromiso con la
profesión aunque es difícil encomendar esto en una sociedad
pletórica de enfermedad moral con profesores que reciben salarios de
mendicidad.
Coincidimos plenamente
cuando se manifiesta que con la educación la “primera
responsabilidad” es del Estado. Si se trata de usar una metáfora
simple podríamos decir que en el conjunto del árbol de la crisis de
la educación la calidad de los maestros es una rama más, siendo el
tronco el compromiso estatal expresado en financiamiento,
planificación y otras variables que por cuestión de espacio no vamos
a mencionar. Lamentablemente la opinión pública por manejo
gubernamental no lo ha entendido así y ha endilgado prácticamente
todo el descuido a la supuesta negligencia e incapacidad profesoral.
Es bueno conocer para
demostrar que la principal irresponsabilidad la encontramos en el
aparato estatal que de acuerdo a un informe elaborado por el Centro
de Investigación Empresarial de la Cámara de Comercio de Lima el
presupuesto del sector para el 2007 representa el 3% del PBI, lejos
de lo establecido por el Acuerdo Nacional y 0,1% menor al del año
anterior.
Por otro lado en su
evaluación de 180 días de gestión el presidente García manifestó que
en el Perú se estaba ejecutando una “profunda revolución en la
educación”. Mencionó que la transformación aludida pasaba por encima
del “burocratismo conservador” haciéndonos recordar los
calificativos que semanas atrás había obsequiado a los docentes:
“flojos”, “terroristas”, “sinvergüenzas”. La pregunta es ¿puede un
cambio educativo procesarse al margen de los maestros y su
organización?, ¿no se requiere acaso tomarlos en consideración? Al
parecer Alan García ha asumido la partitura que algunos dirigentes
de CONFIEP esbozaron en el XVI Congreso Nacional de la Empresa
Privada señalando que para lograr una variación en la educación
había que “pasar por encima de un rompemuelles que se llama SUTEP”
o peor aún, parece que García ha hecho suyas las expresiones
fascistas de Hugo Guerra quien en un desafortunado pero clasista
artículo en el Decano de la prensa nacional escribió “es
imposible que nuestro Estado constitucional, democrático y liberal
coexista con el SUTEP comunista y subversivo”.
Lo último,
por supuesto, no tiene absolutamente nada que ver con las
apreciaciones del amigo Carlos Castro; son sólo anotaciones que
sirven para distinguir entre los amigos de verdad y quienes por
propia decisión se han colocado lejos, muy lejos del aprecio
popular.
Lima, 11
de febrero de 2007.
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