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NI CHICHO NI
BARUCH
Por
Raúl Wiener | |
En la guerra de medios que
han iniciado Chicho Mohme y Baruch Ivcher, se están diciendo cosas
tan tremendas como:
- Que el hijo del
dueño y director de “La República” era parte de una inmensa corte de
personajes del poder que circulaban por los pasillos del SIN casi a
diario para entregar informes y recibir instrucciones del gran
asesor, y que actualmente se cubre con el prestigio de su padre.
- Que el
propietario de Frecuencia Latina de Televisión no quiere pagar
impuestos y que manipula a trabajadores de su empresa para que
entrampen a la SUNAT a través de acciones de amparo que sustentan
que de efectuarse dicho cobro verán afectados sus intereses como
trabajadores.
Las cámaras del programa
de Chichi Valenzuela se han instalado en el penal de San Jorge a
sacarle todo lo que puedan a José Francisco Crousillat que ha
decidido “contarlo todo”, o casi todo, porque oculta casi todos los
nombres de los personajes importantes de la política, la empresa
privada, los medios, que frecuentaban a Montesinos, y que se
cruzaban con él que era casi un residente del SIN, al lado de Julito
Vera y los hermanos Winter.
Por ahora sólo habla de
Mohme, porque eso es lo que han ido a buscar los de la Ventana
Indiscreta, ya que Ivcher no está detrás de la verdad sino de una
rencilla. Y, claro, José Francisco todavía especula en que mientras
no lance los nombres que tiene en cartera, habrá mucha gente
influyente que interceda por él para que le den algún tipo de trato
de privilegio.
“La República”, por su
parte, está respondiendo con fuego sobre las deudas tributarias del
broadcaster que no hace mucho logró cobrarle 20 millones al Estado
como compensación personal por sus sufrimientos durante los años
finales de la dictadura, cuando se peleó con Fujimori y Montesinos.
A simple vista esta es una guerra en la que los dos se están
llenando de suciedades y que parece difícil de detener.
Hay una conclusión que se
impone: Chicho y Baruch, son parte del grupo de personas que se
hicieron del mérito de “luchadores por la democracia”, a pesar de
que sus relaciones con el poder de los 90 fueron más que oscuras.
Son también dos grandes ganadores de la transición fallida de los
2000. Casi se puede decir que son corresponsables de haber hecho que
las ilusiones de la moralización, democratización y atención a las
necesidades de las mayorías postergadas, quedaran convertidas en
profundas e irreparables frustraciones.
Uno y otro sacaron
beneficios del cambio político. Ahí nomás está Chicho cobrando 36
millones de dólares por “su parte” en las acciones América
televisión, por las que no pagó un centavo y que las obtuvo de su
amistad con Toledo. Y el Baruch, que no sólo se hizo indemnizar,
sino que cree que los “luchadores por la democracia” no pagan
impuestos. Siempre y cuando sean dueños de un canal de televisión.
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