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LIBERTAD DE PRENSA, QUÉ MARAVILLA
Por Raúl Wiener | |
Por lo que dicen los medios peruanos sobre Venezuela, debemos
concluir que aquí tenemos una libertad de prensa de la patada, de
esas por las cuales hay que pelear y si es necesario morir. O sea,
que si le quieren cobrar sus deudas a Genaro Delgado Parker o si le
retiran la administración judicial “provisional”, que le permite
controlar un canal del que hace tiempo no es propietario, y en el
que hace lo que le da la gana, deberíamos marchar en las calles,
llorar ante cámaras, traer a la SIP (a la CIDH no, porque ya una vez
fue estafada por Genaro, que se presentó como víctima del despojo
fujimorista, cuando era uno de los asiduos de la salita de reuniones
de Montesinos). Y gritar muy fuerte por la libertad de prensa, que
también encarnan Jessica Tapia, Álamo Pérez Luna y otros.
Y
si a Ivcher no le siguen dando indemnizaciones por haber luchado por
la democracia a partir de 1997, cuando se peleó con Fujimori y
Montesinos (en el 92, apoyó el autogolpe y el 95, la primera
reelección) y le recuerdan que al igual que Genaro, se deshizo de
Hildebrandt en circunstancias que era peligroso mantenerlo en el
aire; o si alguien se acuerda que ATV no ha resuelto su situación
legal y sus dueños permanecen fugados; y si finalmente se esclarece
que ni “El Comercio”, ni “La República”, han puesto un cobre para
quedarse con América TV, y que tampoco pagan deudas; también
tendríamos que sacar la cara por ellos, porque encarnan esa libertad
maravillosa de la que gozamos y que componen Chichi Valenzuela, Rosa
María Palacios, Althaus, Bayli, Magali, y otros que encarnan todo lo
que el país piensa.
Veamos un caso: en estos días venimos aprendiendo gracias a los
grandes medios que comerciante e invasor son palabras casi
sinónimas; que, como en Irak, Santa Anita estaba llena de armas; que
la ley se cumple sin dudas ni murmuraciones (pero el Alcalde de Lima
es uno que no cumple la ley, ya que se niega a reponer a los
trabajadores municipales sobre los que existe fallo definitivo para
que vuelvan a sus puestos de trabajo); que no separarse de los hijos
es usarlos como escudo humano; etc. Claro que la prensa se pregunta
todavía, porqué los vendedores no querían hablar con ellos y los
alejaban tirándoles piedras y otros objetos.
Algo parecido puede decirse de los jubilados de la ley 20530, de los
cocaleros, de la población de Ancash que participó del paro de
abril, de los comuneros de Majaz y Cajamarca enfrentados a las
mineras, de los arequipeños opuestos a las privatizaciones, etc.
Todos ellos deben tener un concepto especial de la libertad de
prensa. Imagino lo que habrá sentido Humala del balance de Aldo M.
sobre el papel de los medios en las elecciones del 2006, donde dice
que vacunaron a la población contra el virus que representaba el
populismo-fascismo-chavismo-izquierdismo del comandante
nacionalista. Es decir para salvar la libertad de nuevos Chávez que
pudieran aparecer por estas tierras, nos conculcaron la libertad de
elegir a quién nos parezca, como la de tener la información adecuada
de asuntos importantes de la vida nacional.
La televisora venezolana a la que el gobierno de Chávez le negó la
renovación de la licencia, ateniéndose estrictamente a la ley de ese
país, tiene una trayectoria parecida a la de sus pares peruanos y de
otras partes del continente. Una de sus hazañas es haberse jugado al
golpe del 2002, que pudo haber concluido en el asesinato del
presidente, elegido democráticamente. Que Chávez se valga de una ley
y no meramente de la fuerza, como ha sido en otras experiencias, es
un elemento significativo de la crisis venezolana. Aquí, por
supuesto, la ley no tiene que cumplirse de manera estricta; ya que,
según palabras del observador de la SIP, habría un derecho superior,
que sería garantizar la voz de un sector político, que dicho sea de
paso tiene otras cuatro estaciones de televisión, a pesar de ser
clara minoría en el país. La idea básica es que el poder
oligárquico de los medios forjado en una historia de regímenes
reaccionarios no puede alterarse, ni siquiera, cuando la ley lo hace
posible. Ellos son y siempre serán la libertad de prensa.
Pensar que los medios pueden ser más democráticos, plurales,
abiertos, cercanos a las demandas populares, es algo que jamás se
han planteado los grandes medios de comunicación. Pero cuando los
tocan –aunque sea en cabeza de sus pares venezolanos-, chillan hasta
el cielo, como lo hicieron los banqueros en 1987, haciendo creer que
la defensa de su propiedad y de su capacidad de manejar la
información, es interés de todos nosotros. Y hay algunos que les
siguen el juego.
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