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BOMBARDEAR, ARRASAR, EXTERMINAR
Por
Raúl Wiener | |
Bombardee
ministro, ametralle, arrase el campo, no deje cocalero sin cabeza.
Use los A- 37, los MIG 21, los Mirage contra los aeropuertos y las
pozas, y, porqué no, los tanques para tomar las zonas liberadas, la
armada para destruir las bolicheras que llevan droga como si fuera
harina, los exocet y las bombas de racimo contra los refugios en la
selva. Y si han decidido ceder al chantaje, aquí está mi puesto que
no me sirve.
Este es nuestro
presidente, ¿qué les parece?
Una descocada
parecida les costó la vida a 300 presos en 1986.
Y, por cierto,
ahora, como entonces, el diagnóstico del problema y las medidas para
resolverlo estaban totalmente equivocados. Y el viraje desde el
presidente que quería evitar excesos de represión y vías
democráticas, al represor brutal que se lleva de encuentro todo lo
que tiene por delante, es casi exactamente el mismo.
En lo que
estábamos hasta hace unos días era en un acta firmada con los
dirigentes cocaleros para proceder a un nuevo empadronamiento
general de productores de hoja de coca y en la suspensión de la
erradicación forzada que ha resultado absolutamente inútil como
política antidrogas, lo que apuntaba a incorporar a los productores
organizados al diálogo y la búsqueda de la solución.
La derecha
estaba histérica, sobre todo porque el ministro de Agricultura había
justificado su participación en el acta en dos verdades
contundentes: no hay política nacional para el tratamiento de los
cultivos de coca y lo que se hace aquí en antinarcóticos es lo que
dicta y paga Estados Unidos.
Pero el
presidente, el primer ministro, el ministro del Interior, apoyaron
al de Agricultura.
Pero como
tampoco sabían adónde llevar la cosa inventaron lo del “plazo”, que
no estaba en el acuerdo y que carecía de sentido porque no permitía
el diseño de una política alternativa, ni el empadronamiento, ni
nada.
Y es de ese
plazo arbitrario, en que el gobierno no se movió un centímetro, la
derecha y sus medios chillaron como si se estuvieran pasando
millones de toneladas de droga para envenenar a todos los pueblos,
Aldo M. se lavó las manos otra vez con eso de que Friedman propuso
legalizar las drogas, y los cocaleros fueron de aquí a allá
esperando que se inicie el diálogo, que insurge el nuevo Alan, el
bombardero de Barranco, el loco ametralladora, el A-37 de la
política nacional.
¿Y qué dice el
“chiquitín” Salazar? Que todos están de acuerdo, que esto es lo que
estaba en el Acta y que por añadidura sigue siendo verdad todo lo
que venía diciendo: que no hay política antidrogas, que Estados
Unidos decide y paga todo, y que se persigue cocaleros pobres y no
narcotraficantes, que es el contenido del discurso del presidente.
¿Quién los
entiende?
Claro, como que
el asunto es directamente con ellos, ha hablado también el mismo día
del plan de bombardeos y arrasamiento, el Virrey de Lima, el
embajador de Estados Unidos y ha dicho que el reinicio de las
erradicaciones es coherente con el plan antidrogas.
O sea que se
recuperó la coherencia de la manera más incoherente. Y el plan
antidrogas es otra vez el que ellos han venido sosteniendo y que los
que creen que ha fracasado es porque no se han dado una vuelta para
ver las familias que han cambiado de cultivo. Y la erradicación
forzada sigue siendo el centro de la política, porque para ello dan
su dinero (“La República”,
03.03.07)
Todo ha vuelto a
cómo estaba antes piensa el embajador. Aunque García nos quiera
hacer creer que hay algo nuevo en su fuga hacia delante. Puede
haberlo en el sentido de víctimas de su histeria. Pero reducción de
cocales y del movimiento de droga, rescate de los campesinos de la
pobreza y apertura de oportunidades para las familias de la selva;
cero sobre cero.
Bombardeamos y
asunto resuelto.
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