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RCTV EN VENEZUELA Y
LA TELEVISIÓN EN EL PERÚ
Acerca de un comentario de Alexandro Saco
Por
Raúl A. Wiener | |
Mi muy querido
amigo Alexandro Saco ha hecho una interesante reflexión sobre el
futuro del chavismo y Hugo Chávez. En resumen sostiene que en
Venezuela se incurre en el viejo equívoco izquierdista de combatir a
las derechas opresoras con sus propios métodos opresivos y
arbitrarios. Afirma que se trata de una represalia política y no un
acto legal, a lo que me permito corregir a mi amigo abogado: creo
que es una sanción política, a través de un acto legal o formal.
Porque lo que es evidente es que el presidente venezolano ha tenido
la paciencia de esperar que se venza el plazo de renovación que
establece la ley, para dejar a sus adversarios sin argumento. Pero
es cierto que hay un contenido de enfrentamiento en la decisión
legalmente impecable. La pregunta es: ¿si puedo quebrar una de las
estructuras principales de la organización oligárquica del poder,
basándome en las propias leyes que ese sistema estableció y que
siempre se usaron contra los más débiles, lo hago o no lo hago?
Si como dice
Alexandro, y no le falta razón, hace tiempo que quieren asesinar a
Chávez, porque piensan que es la única manera de sacarlo y eso ha
sido expresado por voceros de Estados Unidos, venezolanos en Miami y
los medios de la derecha local. Entonces, ¿debería el presidente
venezolano ignorar que la batalla que está en desarrollo es a muerte
e inmolarse en el intento, aún si tiene recursos legales para
reducir a sus adversarios? Otro punto es si al afectar a RCTV se
“invisibiliza” a los opositores. Hay que imaginar la
“invisibilización” que ha existido en Venezuela gracias a RCTV,
Globovisión y otros, durante larguísimos años de enormes sectores de
la población y opositores políticos. Y aplicarlo si se quiere a la
experiencia del Perú, para ver que no sólo son invisibles, sino
tarados, peligrosos y otros conceptos por el estilo, los que votan
en sentido diferente de lo que dicta la gran prensa. Pero en
Venezuela hay más, porque los medios opositores y antichavistas no
acaban con RCTV. Más bien podría decirse que ha habido y aún hay,
una sobre-representación de un sector político-económico en los
medios de comunicación, si cabe la figura que Alexandro propone. Que
la mayoría de la prensa sea rabiosamente pro-sistema es un efecto
histórico, porque esa hegemonía se construyó en paralelo a los demás
elementos del mecanismo de dominación. Y hay momentos en que los
medios son el principal instrumento para impedir que se afecten esas
relaciones, creando, por cierto, la ilusión de que con ellos se
expresa una “opinión nacional” que son ellos mismos.
Lo que quise
hacer en mi artículo “Libertad de prensa, qué maravilla”, es ponerme
en la situación hipotética de que aquí, en el Perú, hubiera un
gobierno que moviera alguno de los resortes legales que pueden
llevar a que los actuales empresarios de los grandes medios,
especialmente de la televisión, pudieran ser cuestionados en la
posesión de frecuencias y empresas que hoy ejercen. Y puse ejemplos
para que se vea hasta qué punto todos los canales están en posición
vulnerable. Esto del retiro de las autorizaciones se discutió en el
comienzo de los 2000, con toda la televisión en cabeza gacha por sus
amoríos con Fujimori y Montesinos, escuchándose las voces hasta de
Vargas Llosa en ese sentido. Pero los dueños o semidueños
permanecieron, se reacomodaron, cambiaron propiedad por impunidades,
mintieron, empujaron, cobraron, etc., y con la pusilanimidad de
Toledo lograron armar el tinglado actual. Y me preguntaba entonces
si saldría a la calle a defender la libertad de prensa de Chichi,
Rosa María, Althaus, Pérez Luna, por citar algunos caso. De veras no
lo haría. Y aseguro que los de Venezuela no son mejores.
Algo más. Chávez
produce sentimientos contradictorios, desde hace tiempo, en la
intelectualidad latinoamericana. Habla mucho, es tosco, confronta
duramente, etc. Por años, el estilo Chávez ha estado tapando mucho
de lo que iba sucediendo en Venezuela. En el Perú la izquierda hacía
mutis. Como aquí estábamos en pleno giro hacia el centro, nos
interesaba más Lula o Tabaré, que este militarote fanfarrón. Hasta
que empezamos a descubrir que la onda que venía de Caracas era mucho
más trascendente que la que tenía su sede en Brasilia y ni que decir
Montevideo o Santiago. En mi caso, tuve una primera experiencia en
la lucha contra el ALCA, donde Venezuela fue la única delegación
presente en Miami 2003, que se acercó a los grupos de la protesta,
mientras los hermanos brasileños pactaban con Estados Unidos. Luego
percibí en La Habana el espíritu revolucionario de centenares de
chavistas que asistían a un evento continental. De veras hacía años
que no sentí eso. Fueron mis primeras impresiones. El resto de mi
perspectiva está escrito en blanco y negro y no me retracto.
Creo que estamos
asistiendo a un proceso revolucionario real. En las antípodas de lo
que vivimos en el país. La revolución no es siempre bella y limpia,
y comete muchas equivocaciones y excesos. Lo que no podemos perder
de vista es que es una operación de alto riesgo. Y en Venezuela con
mucho mayor razón. Una cosa que tampoco se puede evitar es que los
procesos se contaminen de la personalidad de los líderes, que suele
ser mesiánica y hasta alucinada. Con todo creo que debo defender a
Chávez y no la RCTV. Como que defendería a quién se atreva a hacer
algo por romper el monopolio de prensa que existe en el Perú. Si es
a eso a lo que dedico buena parte de mis esfuerzos por conquistar el
derecho a expresarnos libremente en este país.
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Chávez muerto o asesinado
Por
Alexandro Saco
Avalar al
chavismo hoy, es como justificar el combate a la insurgencia armada
con el terrorismo de Estado. Es decir, aplicar al contrincante las
mismas armas o peores a las que éste usa. Eso es lo que está pasando
en el caso de RCTV. Ante la arbitrariedad informativa de este medio
de comunicación, la arbitrariedad de un presidente que dice: yo
decidí que la licencia no se debía renovar. Es una represalia
política y no un acto legal. El discurso chavista invisibiliza al
40% de la población venezolana que no votó por Chávez, los
estigmatiza. Si se confronta la estigmatización de la derecha y del
falso liberalismo hacia el pensamiento distinto, no se debería
avalar una acción similar desde la otra orilla.
Raúl Wiener en
su último artículo: Libertad de expresión, qué maravilla, hace
precisiones de lo ilegitimo que puede resultar el ejercicio de la
libertad de expresión en el Perú, y demuestra que nuestros canales
de TV en el mejor de los casos tienen cuentas pendientes con la
legalidad y manipulan el ejercicio informativo. Cierto, pero esa
realidad no puede justificar el acto político represivo chavista. No
se trata de defender la línea informativa que tenía RCTV, que más
que un medio de comunicación era un partido antichavista, sino de
establecer una cuestión sustantiva y no adjetiva. Lo sustantivo es:
o se avala el autoritarismo cuando viene en teoría desde la
izquierda, o confrontamos todos los actos que atentan contra una
convivencia social mejor. Chávez existe porque por décadas en
Venezuela una política señorial hizo poco y medró con el poder.
Pero, ¿cómo dotar de perspectiva a un gobierno, otros lo llaman
proceso, que depende de una persona? Mi percepción es que Chávez
sale del poder o asesinado o muerto: no va a dejar la presidencia.
La aspiración
chavista es agradable. Como cuando confronta a Bush y le dice sus
verdades a la política externa de los EEUU, cuando coloca en su
lugar a los entes financieros internacionales o aspira a que los
recursos naturales estén en función de las necesidades nacionales o
regionales. Pero lo insalvable aparece cuando al interior de
Venezuela se conforma un sistema político en el que la oposición
debe ser arrinconada hasta su virtual extinción. Un congreso con un
partido único, un partido único del que los disidentes tienen que
alejarse, un canal de TV que pasa del interés político a una
supuesta función social. Y quizá lo más peligroso del chavismo sean
los chavistas, incapaces de aceptar que hipotecaron su libertad al
único que piensan puede cambiar las cosas.
El Estado no es
fuente de legitimidad, la sociedad, sus logros y aspiraciones son la
fuente de legitimación de los cambios. Guiar a la masa desde la
autoridad estatal es muy similar a hacerlo desde el poder mediático
y financiero. La oposición debería ser a todo intento que encorsete
a la sociedad en un destino manifiesto. La libertad de la que Chávez
habla no es tal porque los venezolanos deben dormir bajo su manto y
guarecerse bajo su ubicua voz. El chavismo puede crear los canales
de TV que quiera con unos cuantos millones de dólares, para que la
gente opte por cual ver.
Esta actitud del
chavismo, trae en ella el germen de su autodestrucción. Las banderas
que podemos compartir con el chavismo, no flamean al lado del
mesianismo, de la respuesta igual o peor al contrincante hoy
enemigo. Venezuela está impregnada de odio. El gobernante no debe
ser una incubadora de resentimiento, sino tener un desenvolvimiento
que implique a sus gobernados por igual. El poder estatal o no
estatal, las creencias que no admiten discusión, el autócrata que
hace las cosas ante sí y por sí o el conductor de TV que pontifica,
son anécdotas frente a una aspiración válida y perenne: la de
liberarnos de las tutelas de los falsos liberadores y de los falsos
liberales que aplastan el pensamiento distinto.
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