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TREGUA UNA
PIRUETA DE ALAN GARCÍA
Por Carlos Angulo Rivas | |
Si no
se tratara de Alan García Pérez, el pueblo peruano podría haber
esperado, con cierta expectativa, el discurso presidencial de
Fiestas Patrias este último 28 de julio. Sin embargo, el interés fue
nulo por cuanto se asistía al primer aniversario de la estafa
nacional que significó elegir con fraude y por mínima diferencia a
este individuo acusado de crímenes de lesa humanidad y
enriquecimiento ilícito junto a la pandilla de asaltantes del Estado
en el pasado y en el presente, la misma que hoy conforma la mafia
alanista-fujimorista.
La
enorme cantidad de palabras de la verborrea presidencial no ha
significado nada y nada podía significar en boca de un personaje
cuyo estilo es llevar al apogeo la doble faz de una personalidad
desquiciada por las bajas pasiones y los instintos criminales. A
García Pérez, el criollazo mentiroso del “cambio responsable” como a
Alejandro Toledo el cholo farsante del “chorreo,” nadie,
absolutamente nadie, en su sano juicio les puede creer un pito, ni
una sílaba ni una meta. Todo está escrito y dicho y no se necesitan
nuevas oportunidades o beneficios de la duda para saber lo
inalcanzable de los objetivos al 2011 pintados en el aire, sacados
de la chistera del mago, sin estudios, sin presupuesto ni
estadísticas precisas. Ambos, Toledo y García, recibieron el mandato
imperial de imponer a sangre y fuego la continuidad del modelo
neoliberal iniciado por el delincuente prófugo Alberto Fujimori, en
consecuencia la distancia entre los ricos y los pobres será cada vez
mayor y la esperanza de salir del hoyo nada más que un ensueño de
eterna duración. Por eso mismo no vale la pena juzgar un discurso
preñado de nuevas promesas, cuyo destino inmediato será el basurero
de una historia ya contada; siendo, por supuesto, el aspecto más
humorístico y satírico del discurso la ensalada de miles de millones
de dólares de inversión y crecimiento anunciados, de donde García
Pérez llega a la conclusión, muy propia de él, de reducir
drásticamente la pobreza por decreto supremo: del 50% en las
ciudades al 30% y como el intento de la seducción mágica continúa
del 70% en el campo (medio rural) al 45%.
Además
en el pomposo y redundante discurso Alan García perdió la memoria
por completo y no se acordó de ninguna de sus promesas electorales
de escasamente un año atrás, con lo cual reafirmó su política de
entrega total a los sectores plutocráticos del país, a las empresas
transnacionales mineras y de servicios, y por supuesto a la defensa
de los intereses estratégicos de Estados Unidos. Este ligero olvido,
observado por los enemigos de la patria, lo transformó en metas
triunfalistas para el 2011 llamando a un pacto social a su manera;
pacto que no es otra cosa que la necesaria tregua, prolongada al
infinito, para cumplir con la construcción del tercer piso del
modelo neoliberal. Tregua endulzada con ridículos caramelitos como
aquellos del reajuste del salario mínimo vital, el anuncio de un
seguro universal de salud (sin presupuesto alguno) y el incremento
de recursos para la caridad pública (programa Juntos.) O sea pidió
una tregua para tomar oxígeno y venirse con todo si las papas
queman. Porque para empezar, por ejemplo, el incremento del sueldo
básico no beneficiará a casi nadie y resulta una artimaña
propagandística buscando impacto y nada más; García Pérez sabe que
el sueldo mínimo es de 500 soles, como también sabe que la población
económicamente activa (PEA) es de doce millones de trabajadores de
los cuales apenas figuran en planillas tres millones y fracción,
siendo que de todos estos afortunados casi ninguno tiene sueldo
mínimo. Entonces, el problema fundamental no es de sueldos mínimos
sino de falta de empleo, de desocupación sistémica, de marginalidad
y de trabajadores golondrinos y ambulantes sin derecho laboral
alguno; problema fundamental que no se resuelve con “reajustes”
salariales mínimos vitales de un llamado pacto social entre
empresarios, gobierno y trabajadores. Una farsa más, entre las
muchas acumuladas.
Alan
García, envuelto en la vorágine de la protesta social del mes de
julio, desesperado porque miles de miles piden su renuncia
inmediata, ha pedido una tregua muy necesaria para su gobierno, en
tanto y en cuanto la única verdad de su enorme palabrería ha sido
“no haber corrido demasiado rápido, nos faltó velocidad” –dijo-
cuando se refirió a que él prometió hacer en seis meses los primeros
cambios (no hizo ninguno de los cambios ofrecidos pero sí consolidó
su alianza con la ultraderecha y el fujimorismo revivido) y dos años
para ver los resultados (los veremos si lo dejamos completar el
modelo neoliberal con la imposición del TLC con Estados Unidos y
repletarse los bolsillos con su gente.) Sí, es cierto, evidentemente
le faltó velocidad para embestir con éxito e imponer en el país un
régimen autocrático y tirano en nombre de la ley y el sistema
democrático; o mejor dicho empeño y velocidad poseyó pero no contó
con la valiente respuesta del movimiento popular expresada por las
federaciones, los sindicatos y los frentes regionales. Recordemos
que a principios de año abogó desaforadamente, casi frenético, por
la pena de muerte; luego cuando enfrentó el paro nacional de
la
CGTP,
el SUTEP y los gremios agrarios, los días once y doce de julio,
soltó el decreto supremo 060-2007 PCM declarando la guerra a los
trabajadores y pobladores con el ejército en las calles; después
insultó a los maestros como le vino en gana e impuso la ley de la
carrera magisterial sin discusión en el Congreso y, aprovechó el
laberinto por él mismo creado para lanzar los inconstitucionales
decretos legislativos de represalia a las autoridades regionales y
municipales; y de licencia para matar, exonerando de responsabilidad
penal a las fuerzas militares y policiales que cometan asesinatos
públicos durante las marchas y manifestaciones populares. ¿Se puede
dialogar con energúmeno de esta naturaleza cuando pide una engañosa
tregua para darse oxígeno y seguir agrediendo vía “legal” a los
trabajadores y pobladores? ¿Se puede creer en las disculpas a los
maestros sin prometer revisar la malhadada ley de la carrera
magisterial? ¿Se puede hablar de pacto social mientras
aceleradamente avanza el modelo económico neoliberal de las
desgracias, la miseria y el hambre en el país?
Justamente por todo aquello, no interesa a nadie el discurso del
parloteo incesante sino las intenciones del gobierno alanista. No
interesan las palabras devaluadas de García Pérez sino los hechos
concretos de la realidad política en la dirección de establecer un
gobierno policiaco-represivo mientras los llamados al “pacto social”
son una mascarada para perfeccionar la conocida mecedora del
fracasado Acuerdo Nacional, el Consejo Nacional de Trabajo, el
Consejo Nacional de Competitividad, las Mesas de Negociaciones
Regionales, etc. y cuantos mecanismos de engaño público se han
establecido y quieren seguir estableciéndose con tal que los “dejen
gobernar” “o los dejen trabajar” como repetía Alejandro Toledo. El
pacto social ya lo intentó Alan García antes del enorme error de
quienes votaron por él, permitiéndole el fraude electoral y
mediático que lo sentó precariamente en palacio de gobierno; pacto
social preelectoral que apenas reunió a los degenerados políticos de
siempre y a dos célebres militares retirados de conocida actuación
criminal como Luis Giampetri, actual vicepresidente y Benedicto
Jiménez, el fracasado “sheriff” aspirante a alcalde y defenestrado
jefe, por corrupto, del INPE.
No se
puede pisar el palito dos veces. La tregua pedida por García Pérez
significa un gastado ardid a fin de continuar con sus atropellos,
inclusive con los de reprimir ilegalmente a los presidentes
regionales y alcaldes del interior del país mediante el inventado
cargo penal de “extorsión” con el cual piensa deshacerse de los
representantes, elegidos democráticamente, críticos a su gobierno de
promesas incumplidas y de la estafa nacional llamada el “cambio
responsable.” Olvida García Pérez que los presidentes regionales y
los alcaldes se deben a sus electores y por consiguiente la única
destitución posible compete a ellos o a la censura del consejo
regional; así como la destitución de él compete al Congreso de
la
República
o a la huelga general nacional que exija su renuncia por traición e
incompetencia en el cargo. Además esa figura de “extorsión” no se ha
dado ni se puede dar, pues en ningún momento las autoridades
elegidas se han puesto de huelga y lo único que han hecho es opinar
y defender el derecho de los trabajadores a las paralizaciones, las
protestas y los reclamos ante los engaños consumados del gobierno
central. La verdad es que a raíz de los inconstitucionales decretos
de “inhabilitar” autoridades elegidas y autorizar a los militares y
policías a matar sin mayor control y responsabilidad penal, Alan
García demuestra una vez más sus ofuscaciones y su amor por la
muerte de inocentes como ocurrió en su primer gobierno. Entonces la
tregua se inscribe en el diseño de la revancha que piensa tomar
debido a su minúscula representatividad (encuestas de opinión que
rechazan su gobierno de norte a sur y de este a oeste;) y al mismo
tiempo esa tregua cohabita en las intenciones represivas del
gobierno que dirige; pues los discursos aguantan de todo, bonanzas
que se las lleva el viento. La represión general avisada, con
decretos legislativos de por medio, no mencionada en el amplio
discurso, aunque evidente en el autoritarismo hasta ahora
desarrollado lo dicen todo.
Las
cartas están echadas. No cabe la menor duda respecto a las
intenciones del régimen de García Pérez tratando de aplicar al pie
de la letra los planes y proyectos elaborados en
la
Casa Blanca
con el TLC y la consolidación del modelo neoliberal de la
globalización que fracasó para los pobres de Chile con Augusto
Pinochet; para los pobres de Argentina con Carlos Menem; para los
pobres de Bolivia con Sánchez de Losada; para los pobres del Perú
con Alberto Fujimori, Alejandro Toledo y ahora con el alanismo
desbocado que quiere, bajo amenaza, colocar a los gobiernos
regionales como muros de contención frente a la protesta social y la
oposición a los planes de entregar el porvenir del país a manos
extranjeras. De esta suerte, no cabe conciliación con un gobierno
enemigo de las mayorías nacionales, no cabe negociación, no cabe el
consenso, no caben ni acuerdos nacionales ni ningún otro mecanismo
de refrescar a García Pérez para que luego con mayor fuerza aplaste
al 75% de los ciudadanos que según las encuestas están en contra de
su gobierno.
Papel de los intelectuales
En este contexto de la realidad peruana, el papel de los
intelectuales “progresistas” es no solo nefasto sino pernicioso. No
debemos olvidar que todos ellos ayudaron a Alan García para que
repitiera el plato en palacio de gobierno, a sabiendas de sus
latrocinios y crímenes de lesa humanidad. No debemos olvidar que
prefirieron defender el Estado putrefacto con quien sea a la cabeza
menos el comandante Ollanta Humala, un líder improvisado, es cierto,
empujado por las fuerzas nacionalistas y antisistema aunque no se
diera cuenta de la responsabilidad que asumía y llevara al Congreso
parte de la escoria de la clase política tradicional. La historia es
reciente y el comportamiento de estos analistas políticos
“progresistas” es el mismo; y peor aún cuando alientan nuevamente el
pacto social y el fracasado Acuerdo Nacional como si el país fuera
un ente estático, estancado e inmutable. Estos elementos como el
sociólogo Julio Cotler que insiste en la tontería de que los
conflictos sociales se generan por el crecimiento económico y no por
la desigualdad y la exclusión que no quiere ver, y que además le
echa la culpa de la traición del gobierno alanista a los gobiernos
regionales por su falta de capacidad para administrar (¿?) sabiendo
de la existencia endémica de la corrupción centralizada; o como
Sinesio López o Degregori que se quedan siempre en el “sabio”
análisis para no proponer nada y creer que han sido escuchados para
ser llamados por el gobierno de turno como cuando Toledo le dio
ocupación a uno de ellos; o como ese japonesito Martín Tanaka
(discípulo de Cotler,) especie de Fujimori en sus comienzos,
haciendo méritos de político diestro, cuando dice percibir en el
mensaje presidencial “un poderoso sentido común, cada vez más
consolidado, sobre el cuál debería ser el rumbo del país.” ¿Tendrá
este analista del IEP el sentido común invertido? Parece que sí,
porque no de otra manera se entiende el aplauso resuelto al insólito
discurso demagógico de Alan García y sobre todo a la teoría del
“chorreo” y conste que no inventamos nada. Mejor veamos las propias
palabras del japonesito Tanaka, hasta injuriosas para los peruanos
autóctonos, a quienes con unos vocablos más procuraría borrarlos del
mapa por ser elementos premodernos; aquí va el descaro de japonesito
de marras: “el país vive una coyuntura excepcional, que no podemos
darnos el lujo de desaprovechar; la economía crece, pero podría
crecer mucho más. Para ello hay que mantener el modelo económico y
no poner trabas a la inversión privada. Sí existe 'chorreo': no se
percibe por un problema de comunicación; puede no ser suficiente
ahora, pero lo será si seguimos creciendo. Mientras tanto, cuidado
con quienes pueden torpedear el proceso: distintos grupos 'ultras',
amparados por algunas ONG y algunas autoridades locales y
regionales. Estos grupos, a pesar de su aislamiento, son peligrosos,
en tanto pueden manipular a masas todavía receptivas a discursos
demagógicos; en ocasiones, se trata de masas premodernas, como los
campesinos que se oponen a la minería porque "adoran a los apus". A
esa gente hay que, simplemente, 'civilizarla'. Como estrategia de
contención, habría que evitar que todos los conflictos vayan directo
de las localidades al Gobierno Central: los presidentes de región
tienen que 'mojarse'. Como vemos el pensamiento de este otro samurai
criollo es típicamente racista llamando a los campesinos peruanos no
solamente primitivos por sus costumbres ancestrales de los Apus sino
salvajes que hay que civilizar. Sorprendido como estoy, me queda la
curiosidad de saber qué pensará este analista “progresista” del
presidente boliviano Evo Morales.
Ante
tales evidencias retrógradas en el contexto de la realidad peruana,
extensiva a la situación latinoamericana del proceso de cambio hacia
la izquierda, los intelectuales y analistas políticos clasistas y
marxistas debemos actuar y participar en el desenmascaramiento del
gran número de contrabandistas políticos e ideológicos existentes,
todos ellos disfrazados de progresistas o de izquierda como a sí
mismo se llaman para defender el sistema putrefacto de los Estados
tradicionales. Observemos de cerca su actuación y comprobaremos la
protección al sistema desde una imaginaria otra orilla cuando la
única diferencia entre Alan García y ellos, es la misma que podría
existir entre una bizcocho en bruto y otro decorado. Es tarea de la
izquierda clasista iniciar el debate contra estos elementos
“progresistas” sin descuidar el frente principal de la lucha contra
el gobierno y el sistema de la corrupción y la inmoralidad. Dejemos
las ilustradas discusiones del carácter de la revolución socialista
para más tarde.
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