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CÓMO ACELERAR EL CRECIMIENTO
Por
Theotonio Dos Santos | |
El presidente Lula intenta cumplir su principal
promesa de campaña: retomar el crecimiento económico de un país que
hace 30 años no presenta una tasa de crecimiento significativa,
condenando a su población joven cada vez mas numerosa a una
pauperización creciente. Además de mantener bajos índices de
crecimiento, aumentó drásticamente en este período la concentración
económica permitiendo la acumulación de recursos para el pago de la
deuda externa y el consumo improductivo de las oligarquías locales.
Las deformaciones negativas producidas por los planes de “ajuste
estructural”, patrocinados por el Banco Mundial en los años ochenta,
solo perdieron en perversidad si se compara con las privatizaciones
y los déficits comerciales de la década del 90, bajo la inspiración
del Consenso de Washington.
En vez de corregir estas tendencias depresivas, los ajustes, que se
realizan en los últimos años, continúan estimulando las soluciones
perversas. Esto ocurre en un momento en el que las pretensiones
privatistas de los neoliberales se encuentran totalmente
desmoralizadas y no se toman con firmeza las decisiones para lograr
el desarrollo económico que la coyuntura internacional permite y
exige.
Esta situación ambigua está determinando la propuesta de creación de
un Plan de Aceleración del Crecimiento (PAC) que presenta el
gobierno brasileño como respuesta a la demanda consensuada del país
para la recuperación del crecimiento. Por un lado, hay un claro
reconocimiento de que le corresponde al Estado asumir la inducción
directa e indirecta del crecimiento económico, asumiendo, al mismo
tiempo, los costos sociales emergentes creados por la degradación de
la situación social generada por la aplicación de las políticas
neoliberales en los últimos años.
Es positivo ver el esfuerzo del gobierno en el sentido de articular
los recursos estatales para privilegiar el incremento de las
inversiones en infraestructura, en inversiones de mayor impacto
tecnológico, en formación de recursos humanos, y en otras
inversiones capaces de generar el crecimiento económico y el empleo.
Sin embargo, es dramático ver la dificultad del gobierno para
enfrentar los graves problemas estructurales y macroeconómicos
creados por las políticas neoliberales. Entre éstos, el más
inmediato y definitivo es la falta de rapidez y decisión para bajar
la tasa de interés absurda y antieconómica que practica el Estado
brasileño al servicio de una minoría de rentistas (estimada en unas
55.000 personas) que recibe de éste, cerca de 75 mil millones de
dólares anuales por concepto del pago de intereses completamente
injustificables, moral y económicamente. Estos recursos equivalen a
cerca del 10% del PIB.
La situación es aún más grave cuando se paga más de unos 50 mil
millones de dólares en servicio de la deuda externa. Estos pagos
corresponden a cerca del 40% del presupuesto de la nación. Es
evidente que, con el 60% restante, el Estado brasileño no dispone de
los medios para la inversión, reducida a nada, y para las políticas
sociales necesarias para una población castigada por el desempleo y
la exclusión social.
Al mismo tiempo, la política cambiaria mantiene una moneda
sobrevaluada que pone en riesgo las exportaciones. Estas se
duplicaron en los últimos 4 años, permitiendo lograr un superávit
comercial con el cual el país pudo pagar sus deudas al FMI y a otros
prestamistas y aún crear un fondo de reserva de 75 mil millones de
dólares. Sacrificar estas exportaciones en el momento actual es
extremamente peligroso en la medida en que afecta regiones enteras
del país especializadas correcta o incorrectamente en actividades
exportadoras.
Como resultado de esta combinación del bajo crecimiento interno
(debido a las altísimas tasas de interés), del aumento de los
recursos en dólares (a consecuencia del superávit comercial ) y de
la valorización de la moneda nacional (debido al aumento de las
reservas del país) , llegamos a la grave situación en la cual los
capitalistas nacionales aumentaron enormemente sus inversiones en el
exterior. Esto produjo, por primera vez, un superávit de las salidas
de capital nacional en relación a la entrada de capitales en
general. Si sumamos a esto el retiro de las ganancias y los pagos
para el servicio de la deuda externa vemos el grado de deformación
perversa a la cual llegó nuestra economía, en la medida en que se
mantienen las políticas macroeconómicas neoliberales.
Es grave, por lo tanto, lanzar un fuerte programa de inversiones
públicas en la expectativa de atraer inversiones privadas que, en
estas circunstancias, no vendrán, como se pretende. En realidad, se
podrá conseguir un pequeño aumento del crecimiento pero es evidente
que aún este resultado será saboteado por la política del Banco
Central. Esta institución es comandada por un ex -diputado del
partido de la oposición, ex-director del Banco de Boston y hombre de
confianza de los partidarios de lo que se suelen llamar el
“mercado”, que no tiene nada que ver con un mercado real pues se
trata de una minoría de personas sostenidas por el Estado brasileño
en nombre de la contención de la inflación o de la atracción de
capitales del exterior.
Actualmente, la inflación ha caído muy por debajo de las “metas”
siempre equivocadas que presentan. Y esto ocurrió como consecuencia
de la baja de la tasa de interés que, pese a ser insuficiente, fue
alcanzada a partir de un vasto movimiento de opinión pública y de
los intereses electorales del presidente. Es necesario señalar, sin
embargo, que las rebajas efectuadas por el Banco Central en este
período fueron muy inferiores a las exigencias del presidente, de
los partidos del gobierno ( de la oposición que exige rebajas más
significativas de las tasas de interés que elevaron en sus gobiernos
y que continúan siendo mantenidas por sus hombres en el Banco
Central ), de las organizaciones empresariales, de la iglesia, de
los militares, de los agricultores, de los sindicatos y de los
movimientos sociales, evidentemente.
Por último, hay que considerar la gran dificultad en que se
encuentran las cuentas de los estados a consecuencia de los
colosales pagos de intereses a los que están sometidos por la
aplicación de las políticas monetaria y fiscal conducidas por el
Banco Central. Los gobernadores buscan ampliar su participación en
el presupuesto de la Unión cuando deberían, en primer lugar, negarse
a pagar estos intereses absurdos.
En resumen, podemos afirmar que el gobierno no encontrará el camino
del crecimiento que aspira la mayor parte de la población brasileña
si no se libera del principio de la independencia del Banco Central
e impone ahí los principios de una unidad nacional incontrastable
para dejar atrás la política recesiva y retomar el desarrollo
económico. A partir de este momento, el país reencontrará los
debates virtuosos sobre el contenido del desarrollo y sus
beneficiarios.
- Theotonio Dos Santos es director-presidente de la Cátedra y Red de
la UNESCO y de la Universidad de las Naciones Unidas sobre Economía
Global y Desarrollo Sostenible.
www.reggen.org.br
http://alainet.org/active/17095
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