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El día a día del poder y el miedo
LA VIDA DE LOS OTROS
Por Mario Tejada

Cuando colapsaron los países que en occidente se les denominaba como los ubicados “detrás de la cortina de hierro”, saltó un furúnculo constituido por cárceles, genocidios, extorsiones y corrupción, que ya se habían formado en la época de Stalín, y que muchas personas y organizaciones políticas que se reclamaban socialistas se negaban a aceptar.

Hoy, está de moda realizar obras sobre esta cruda y execrable realidad, como en las décadas de los setenta y de los ochenta estuvo, también de moda, realizar películas sobre la guerra de Viet Nam y los males del sistema capitalista. La moda no debe ser condenada, pero siempre es bueno recordarla y tenerla presente cuando se realizan determinados comentarios a obras de arte.

Si hay algo que es imposible negar, y que buena parte de los comentaristas obvian, es que esta obra es política. Y es por excelencia política porque aborda la relación de los individuos con el Estado. En la Segunda Guerra Mundial, los Partidos Comunistas de Occidente hicieron una gran contribución al Servicio de Inteligencia Soviético, porque la gran mayoría de su militancia se convirtió en sus ojos y oídos, y alcanzaba todo tipo de información que era clasificada y enviada a la KGB. Basta leer la novela “La Orquesta Roja” para tener una idea de esta gran operación de inteligencia. Pero,  ¿qué sucede cuando un Partido se mimetiza con el Estado y tiene personal especialmente entrenado y pagado para cumplir este papel?

Lo que seguramente ocurrirá es que esta labor se deforme como un gran tumor maligno y, al no existir ninguna posibilidad de controlarlo, comience a crear una sociedad donde se extienda el terror. El abc de la cotidianeidad del miedo, por el cual se controla a los artistas y a gran parte de la población, es el tema escogido por el director y guionista de La vida de los otros: Florian Henckel von Donnersmarck.

Lo que sorprende del filme es que siendo la primera obra de este director, la recreación de la vida de la ex Alemania Democrática haya alcanzado un alto grado de verosimilitud. Los colores pálidos y grises, y la arquitectura de ambientes fríos que no contribuyen a crear un ambiente de calidez humana, constituyen el marco  apropiado para la concepción y desarrollo de los personajes; y que se vayan entrelazando unos a otros, creando una unidad de acero a pesar de no conocerse y convivir en espacios diferentes.

El capitán de la Stasi (servicio de inteligencia de la ex Alemania Democrática) Gerd Wiesler (interpretado magistralmente por Ulrich Mühe), es un profesor de la Escuela de Inteligencia, que un día recibe la orden de espiar a un autor de teatro y a su compañera, una talentosa y conocida actriz. El espía, es un comunista que está convencido que su trabajo es la espina dorsal de la defensa del sistema socialista. La labor encomendada, le permitirá develar la realidad tal cual es.

Su trabajo consiste en escuchar las conversaciones que se dan en el hogar de la pareja durante la 24 horas del día. Gerd Wiesler, el espía comunista, no es un ciudadano corriente, es solitario e inexpresivo, al que solo le interesa realizar bien su labor. Es un burócrata perfecto, alienado en el trabajo que desarrolla, según él, para que todo marche bien.

Los acontecimientos que se van dando a partir de la nueva realidad que le toca vivir, lo van haciendo cambiar de actitud. Una es la realidad de la Escuela y la enseñanza, pues si bien las lecciones dirigidas a los alumnos son basadas en hechos reales, llevados a la clase se convierten en pura ficción; otra, es la que transcurre en las calles y casas: la verdadera, que desnuda un clima de horror y tragedia que conlleva una crueldad, seguramente jamás imaginada por él. 

El personaje de Gerd Wiesler nos va a permitir descubrir este mundo asfixiante y mal construido del denominado socialismo real. Lo fascinante del desarrollo del personaje es que nunca sabremos cuáles son los hechos determinantes que lo obligan a cambiar. Será ¿el drama de la pareja de artistas y el mundo en que viven? ¿La caída del velo que lo obliga a ver lo que en realidad se ha convertido la Stasi? ¿La corrupción reinante en el aparato burocrático y en los altos mandos?

La riqueza del personaje la encontramos en que los hechos que van sucediendo golpean la conciencia del protagonista, y lo hacen cambiar de actitud y comportamiento respecto a sus labores. Al final termina desempeñando un trabajo gris, anodino. Pero ¿pierde su convicción socialista?

¿Por qué desobedece en el socialismo real y acepta seguir un oficio gris, de castigo, en el mundo capitalista? No olvidemos que el burócrata corrupto sigue gozando de sus privilegios en la nueva Alemania después de la caída del Muro de Berlín, con museo de la memoria de por medio ¿Qué nos demuestra esta realidad? ¿Qué el Socialismo Real era peor que el capitalismo?

Es evidente que en filmes políticos como La vida de los otros, las repuestas no son tan fáciles y perceptibles, como seguramente algunos neoliberales y los amantes de las libertades que nos ofrece la democracia capitalista han creído percibir.

 

 

 
 
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