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La hecatombe no ha concluido
TERREMOTOS ANUNCIADOS
Por Efraín Rua | |
Pasados dos días
del terremoto del miércoles, la indignación por la falta de ayuda se
hacía creciente en la población, obligando al presidente Alan García
a lanzar una amenaza directa a los damnificados: las fuerzas del
orden harán uso de sus armas en caso sea necesario.
Esa era la
respuesta a la creciente protesta de una población abatida por la
desgracia, a la que las constantes promesas de ayuda del presidente
García no calmaban. Para entonces la desesperanza se traducía en
saqueos a los camiones que transportaban agua y alimentos.
En las afueras
de Ica, Cañete, Chincha y Pisco, pobladores desesperados se
arriesgaban a saquear los camiones que trasladaban la carga
humanitaria a esas horas totalmente insuficientes. Pero no sólo los
damnificados reclamaban ayuda, sino gentes que llegaban en modernos
autos y que gracias a la coima o al tarjetazo recibían sus raciones
de agua sin necesidad de hacer cola. Sin duda, los vecinos de ‘Asia’
también estaban en emergencia
La ausencia de
un organismo coordinador estatal que planifique las tareas de
rescate y ayuda era visible. Defensa Civil se mostraba como un
organismo burocrático que confirmaba la carencia del Estado en una
hora dramática para el país. Ni siquiera había policías para ordenar
el tránsito en las carreteras.
En las ciudades
colapsadas, miles de personas esperaban desesperadamente la entrega
de tiendas de campaña, alimentos y que se restablezcan los servicios
públicos. No había luz, agua, suministro de alimentos y tiendas de
campaña. En las calles, la gente permanecía en la intemperie.
El servicio de
agua estaba suspendido debido a que gran parte de los postes de luz
se vinieron abajo. Esto podría ocasionar problemas graves de
sanidad. Todo esto ocurría en la ciudad del boom agroexportador. La
ciudad que según todos los neoliberales vivía una creciente bonanza
económica que elevó las exportaciones en US$ 1,285 millones el 2006.
Bonanza que, por lo visto, llegó a muy pocas manos.
Si las cosas
eran así en Ica, en las zonas más cercanas a Lima, el panorama de
los caseríos de las serranías de Lima y Huancavelica era dramático.
Ellos ni siquiera escuchaban las promesas que lanzaba García para
calmar las aguas: El gobierno solo estaba apurado en entregar apoyo
en las zonas donde se instalaban las cámaras de televisión..
Ese es el drama
que viven las zonas afectadas por el terremoto que produjo más de
500 muertes, miles de heridos, unas 200 mil casas destruidas y casi
medio millón de damnificados. Sólo la ciudad de Pisco -según su
alcalde Juan Mendoza- se ha destruido en un 70 por ciento.
La desgracia
puso en evidencia las carencias del Estado diminuto que nos legó
Fujimori y que recogieron con resignación Paniagua, Toledo y García.
Los hospitales colapsaron apenas llegaron los primeros heridos,
además de sufrir las consecuencias del sismo. Las carreteras y
calles quedaron bloqueadas por los derrumbes, sin que las
autoridades del Ministerio de Transportes y Comunicaciones cuenten
con maquinarias y recursos suficientes para desbloquearlas.
Lo más grave,
las líneas telefónicas colapsaron haciendo imposible conocer la
magnitud de la tragedia. Sin duda, Telefónica, Claro y otras
empresas de telefonía, son responsables también de la falta de
respuesta a la grave crisis humanitaria que se ha desatado.
El gerente de
Comunicaciones de Telefónica del Perú, Carlos Oviedo, trató de
justificar la interrupción señalando que la fibra óptica, que va de
Lima al sur, quedó cortada. Y adujo que hay postes y cables
derribados. Pero ni siquiera las líneas telefónicas del Gobierno
funcionaron. Eso obligó al Jefe de la Sétima Región Policial a ir a
una emisora radial para comunicarse con sus unidades. Para la
viceministra Cayetana Aljovín el colapso de líneas fue ‘un caso
fortuito’.
Sin perturbarse
por las circunstancias, Alan García insistió en que la ayuda
humanitaria llegaría a todos los damnificados. "Nadie se morirá de
sed ni de hambre", afirmó al invocar a la población a mantener la
calma. "La población, y yo lo comprendo, en su desesperación
intentan tomar cosas ajenas, creyendo que no habrá apoyo del
Gobierno. No hay que caer en desesperaciones exageradas y nadie se
va a morir de hambre ni de sed", manifestó.
Lavándose las
manos de la inacción, García culpó a grupos desadaptados de los
actos de pillaje y anunció que las fuerzas del orden harían uso de
sus armas de fuego para frenar actos de pillaje y violencia. De ese
modo, hacía eco al pedido de un periodista cocainómano que pedía
disparar contra las masas hambrientas.
Evidenciaba
también algunos gestos para contener la indignación popular:
“Malditos sean los que quieren aprovecharse de una circunstancia
así, malditos los que suben el precio de los pasajes o de las velas,
los alimentos o las medicinas. Eso es antipatria, eso es
aprovecharse de la desgracia humana, no tener corazón ni tener a
Cristo en el alma”.
Al escuchar sus
palabras, muchos iqueños recordaron a su compañero de partido,
Lastenio Morales, quien triplicó los precios de los pasajes de la
empresa Soyuz.
Pese a los
reclamos, García se negó a prestar el avión presidencial para
trasladar heridos y llevar ayuda inmediata a las zonas devastadas,
donde las carencias más inmediatas eran las de médicos y enfermeras,
sangre, medicamentos, carpas y frazadas para los heridos.
Las
consecuencias finales del cataclismo se podrán apreciar con claridad
en los próximos días, a medida que las comunicaciones colapsadas
permitan apreciar la inmensidad de la catástrofe cuyo epicentro se
ubicó a
167 kilómetros
al sur de Lima, frente a las costas de la ciudad de Pisco.
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