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Por avalar a Majaz
CUÁNTO COBRA ALAN GARCÍA
Por
Efrain Rua | |
Con una
desvergüenza que no llama la atención, Alan García ha cuestionado el
derecho de las comunidades de Cajamarca, Amazonas y el Alto Piura a
pronunciarse sobre la conveniencia de decidir, a través de un
referendo, la continuidad del proyecto minero Río Blanco que ejecuta
la minera Majaz.
"El Gobierno
tiene que hacer cumplir la ley, la misma que establece las reglas
que el país tiene para generar inversión. Eso no depende de que
algunas personas se reúnan y digan que no quieren inversión",
sentenció tras calificar de ‘agitadores comunistas’ a quienes hacen
los cuestionamientos.
García afirma
que los territorios ricos en recursos mineros no son propiedad de
unas cuantas comunidades campesinas, sino de los 28 millones de
peruanos. Pero, ¿quién le ha dicho a él que puede entregar nuestros
recursos forestales e hídricos para beneficiar a sus nuevos amigos
chinos, que son promotores del nuevo capitalismo de Estado que ha
puesto en grave riesgo su propia ecología?
¿Cuál es su
relación con la firma china Zijin Metais, que planea operar en la
zona y que incluso ha ofrecido crear un fondo de US$ 80 millones
para obras de infraestructura? Empresa a la que García ya le otorgó
graciosamente un convenio de estabilidad tributaria. ¿Cuánto costó
ese beneficio?
¿Acaso desconoce
el informe del Banco Mundial que estima que el costo anual de la
degradación ambiental en el país es del orden del 3,9 por ciento del
PBI (equivalente a 8.200 millones de nuevos soles anuales)? ¿Y que
por año mueren 3,800 peruanos por la contaminación del aire?
Y si lo desconoce, aquí un párrafo para removerle los sesos: “La
utilización insostenible de los recursos naturales del país (agua,
minerales, bosques, etc.) puede tener graves impactos económicos y
ambientales, como lo puso de relieve el colapso de los sectores del
guano y del caucho”. (Análisis Ambiental del Perú: Retos para un
Desarrollo Sostenible)
¿Valen más las
inversiones mineras, que los niños que se contaminan por plomo en
Cerro de Pasco u otros lugares del país? Quién si no el Estado
deberá resolver los más de 600 pasivos ambientales dejados por sus
amigos mineros que contaminan el agua y el aire en las lejanas
comunidades del país, agua y aire que terminan por llegar a nuestras
costas por si no lo saben los incautos.
Alan García
pretende negarles el derecho a pronunciarse a las provincias de
Huancabamba y Ayabaca en Piura, así como las provincias de San
Ignacio y Jaén en Cajamarca. Como si no le bastara ello, ha ordenado
el traslado de un destacamento del Ejército a la zona en que se
realizará la consulta popular.
Él cree haber
movido bien sus fichas. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) con
una prisa inusual ha denunciado penalmente al alcalde de Ayabaca,
Humberto Marchena Villegas, por delito de usurpación de funciones.
El mismo organismo ha señalado que la consulta vecinal es ilegal,
negando de forma arbitraria el derecho de los pueblos a decidir
sobre su destino.
Ha negado el
derecho de los agricultores a apostar por un desarrollo
agroindustrial sostenible y rechazar la explotación minera que
perturba el medio ambiente, la convivencia pacífica de los
campesinos, que dependen directamente de sus cultivos. Peor que eso,
pone en riesgo las fuentes de agua que abastecen a tres
departamentos y compromete la viabilidad del agro.
Alan García
cuestiona el derecho de modestos pobladores a seguir cultivando
café, plátanos, azúcar, limones y mangos, para que Minera Majaz
deprede los bosques de neblina, y los ecosistemas que abastecen de
agua el norte del Perú.
Pretende dar
paso a una mina de cielo abierto, extremadamente contaminante por el
uso intensivo de productos químicos y el uso excesivo del agua, los
que tendrán un impacto desastroso en los ríos que nacen en los
Andes.
La pregunta es
por qué García aparece como vocero de la empresa que pretende
instalar una mina de cobre en la zona de Río Blanco y abrir camino a
otros proyectos, como la explotación de oro en la provincia de San
Ignacio. Sin duda, detrás se encuentran otros consorcios mineros
como Newmont Mining Corporation, que busca explotar 30 mil hectáreas
del subsuelo en Huancabamba. No les basta con haber depredado las
zonas acuíferas de Cajamarca, ahora pretenden hacer lo mismo con los
recursos de El Alto Piura y Amazonas.
Minera Majaz
tiene un área concesionada de
6,472 hectáreas.
El proyecto se ubica entre 2,000 y
3,000 metros
de altura, en la comunidad campesina de Segunda y Cajas (provincia
de Huancabamba) y en la comunidad campesina de Yanta (provincia de
Ayabaca).
La Minera Majaz
no tiene permiso legal ni licencia social para realizar labores de
exploración y explotación minera en los terrenos, pues si bien en
julio de 2002, logró la firma de un acta por parte de la Junta
Directiva de Segunda y Cajas, autorizándole el ingreso a su
propiedad para realizar un "trabajo sísmico", el permiso fue
revocado con posterioridad.
En base a la
autorización de 2002, Majaz presentó al Ministerio de Energía y
Minas (MEM) un estudio de actividades de exploración. La respuesta
del MEM demoró hasta 2004, porque Majaz no tenía licencia social
para explorar la zona. El MEM, extrañamente, aceptó después la
situación ilegal de la empresa.
Según el
artículo 71 de la Constitución, los extranjeros no pueden adquirir
ni poseer minas, tierras, bosques o aguas dentro de cincuenta
kilómetros de las fronteras. Eso implica que la minera no puede
instalarse.
En mayo de 2003,
la asamblea de Segunda y Cajas desautorizó y anuló el permiso de
julio de 2002 para el trabajo sísmico, por lo que dejó sin efecto
legal la autorización. La asamblea acordó, además: "No permitir
ninguna exploración minera en el territorio comunal".
El proyecto
minero vulnera el Convenio sobre Pueblos Indígenas 169 de la
Organización Internacional de Trabajo, que dice que las comunidades
deben ser consultadas antes de emprender o autorizar cualquier
programa de prospección o explotación de los recursos existentes en
sus tierras.
El proyecto Río
Blanco se ubica a
25 kilómetros
del Santuario Nacional Tabaconas-Namballe. Pese a todo, Majaz ya ha
desbrozado una amplia extensión de bosques primarios que contienen
especies de cedro y romerillo, maderas de alto valor económico, con
el fin de construir un campamento y perforar la tierra para
determinar cuánto cobre y molibdeno hay en la zona.
Tiene todo listo
para extraer 220 mil toneladas de cobre por año. Para alcanzar esa
cantidad de minerales concentrados, necesita extraer 120 mil
toneladas de roca por día. Anualmente, la mina excavará 43 millones
de toneladas de roca, lo que da una idea de la destrucción ecológica
autorizada por Alan García.
Después de los
primeros cuatro años, las cifras de destrucción se duplicarán, con
lo que cerros enteros desaparecerán y nuevos cerros resurgirán, ya
que el material de desmonte alcanzará 18 millones de toneladas por
año.
Los expertos
aseguran que la producción de cobre a tajo abierto es muy
contaminante. En las fases de extracción, proceso químico y
refinación se producen aguas ácidas, relaves tóxicos y elementos
residuales con metales y tóxicos que contaminan el ambiente. La
calidad del aire y la salud humana estarán en peligro por las
partículas nocivas.
Los páramos que
forman un ecosistema con capacidad de regular los flujos del agua
serán destruidos. Y con ellos el sistema que captura, filtra y
distribuye el agua a la costa peruana. Otro tanto ocurrirá con los
bosques de neblina, en el que se forman abundantes precipitaciones.
La zona donde desea explorar la minera es de una enorme diversidad
vegetal, rica en variedades de orquídeas y plantas silvestres
nutritivas y medicinales.
Los bosques de
neblina, que representan menos del 2,5 por ciento de las selvas
tropicales del mundo, tienen una diversidad admirable por ser
bosques primarios. Son el último refugio en el Perú de los casi
extintos tapires de montaña, fósiles vivientes con 20 millones de
años que se han refugiado en el área por su especial climatología y
agreste geografía. Su población no excede los 2,500 ejemplares en el
mundo y menos de 500 en el Perú. Igualmente, en las partes más altas
del páramo vive una cantidad desconocida del amenazado oso de
anteojos, de felinos andinos, venados enanos, etcétera.
Las formaciones
vegetales de los bosques de neblina, además, tienen retenidas
enormes cantidades de carbono. Eso implica que, si se las elimina,
van a liberar a la atmósfera enormes masas de gas, contribuyendo al
calentamiento global.
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