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A
sacudirnos del polvo y los escombros
EL TERREMOTO Y
LAS TAREAS DE LA IZQUIERDA
Por
Cesar Robles Escurra | |
Es cierto que la
actuación del gobierno en relación al terremoto que ha devastado las
ciudades de Ica, Pisco, Chincha y Cañete ha sido desastrosa,
altamente burocratizada y hasta deplorable en el sentido práctico de
la ayuda humanitaria. Pero es cierto también que ninguna institución
estatal ha estado a la altura de las circunstancias para enfrentar
un desastre natural de grandes proporciones y que ha desnudado ante
la opinión pública nacional e internacional, lo endeble y frágil que
es este Estado neoliberal, construido sobre las miserias y los
andrajos dejados por Alberto Fujimori.
Ni Defensa Civil, ni el PRONAA, ni el Gobierno Regional, ni ninguna
institución ha podido responder a los requerimientos de una
población abatida por la sed y por el hambre. Pero lo que ha puesto
en evidencia también este terremoto es la falta de una clase
política dirigente que organice y oriente la conducta y la movilidad
social de las poblaciones afectadas.
El saqueo y la anarquía vivida posterior al 15 de agosto, es
producto de ello. Sin embargo, a pesar del desastre, y las
consecuencias económicas y sociales que traerá el proceso de
reconstrucción de la ciudad, creemos que la izquierda y sus cuadros
tienen una importante tarea por realizar y plasmar en perspectiva,
si logran sacudirse a tiempo del polvo y los escombros de una ciudad
castigada por la naturaleza.
Recomponer el tejido social Una de las primeras tareas que debe
orientar el trabajo de las organizaciones de izquierda es la de
liderar el proceso de reconstituir el tejido social,
organizativo y político de las zonas afectadas. Las secuelas
posteriores al terremoto en el plano social, han demostrado que hay
una carencia y una debilidad preocupante en las organizaciones
sociales, así como una falta de voluntad de parte del gobierno para
articular e impulsar el trabajo de reconstrucción con las
organizaciones de base como las Asociaciones de Vecinos, Los Frentes
de Defensa, los sindicatos entre otros.
Esto es importante señalarlo, porque si la izquierda logra
recomponer parte del tejido social y político y lo une a una
propuesta de participación popular en la gestión del espacio
geográfico a través de los gobiernos locales, entonces logrará
insertarse políticamente en las decisiones que incumben a la
reconstrucción de las zonas afectadas.
El gobierno por su parte ya ha avanzado en nombrar al empresario y
ex presidente de la CONFIEP Julio Favre como Zar de la
Reconstrucción y lo designado como presidente de lo que será el
Directorio del Fondo de Reconstrucción del Sur (FORSUR), organismo
que contará con un presupuesto inicial de S/. 260 millones de soles
y que estará adscrito al Despacho Presidencial.
La designación de Favre no es casual. Es indudable que detrás de
este nombramiento se mueven diversos intereses económicos ligados
principalmente a las grandes empresas y corporaciones del sector de
la construcción. Quizá en esa dirección esté planteada la inclusión
de Jaime Cáceres, actual presidente de la CONFIEP en el directorio
de FORSUR.
En este tema, que duda cabe, entrarán en discusión las visiones de
lo que debe ser la reconstrucción de las zonas afectadas. O se cede
al manejo centralista y utilitario del gobierno y los grandes
empresarios, o como sugiere el Dr. Roberto Rodríguez Rabanal, se
plantea una gestión para la reconstrucción productiva y solidaria,
orientada al desarrollo humano sostenible
que parta de una mirada de largo plazo y que tenga como elemento
fundamental la planificación participativa y concertada con las
organizaciones sociales y populares.
Una propuesta que parta desde la izquierda debe recoger y considerar
esto último, la participación popular en la reconstrucción a través
de los comités de gestión y de los presupuestos participativos
municipales. Esto sin dejar de considerar las iniciativas de
organización y fiscalización que la misma población pueda
constituir. Esto es vital en el sentido de que los municipios, al
estar más ligados a las necesidades locales, tienen un mejor
diagnóstico de lo que podría ser un mapa de riesgo entre las
poblaciones afectadas; esto con la finalidad de canalizar de mejor
manera la ayuda económica.
De otro lado, lo único que le puede dar sustento a una
reconstrucción que recoja las necesidades, ideas y propuestas de la
población es la organización social desde los barrios, las
asociaciones de vecinos, los comedores populares, los gremios y
sindicatos. Son estos entes los que podrían exigir al gobierno
central la creación de un Impuesto Especial de Emergencia a las
empresas mineras que gozan de contratos de estabilidad tributaria y
que se encuentran exonerados de una serie de impuestos al Estado. A
su vez, la exigencia de que programas como Mi Barrio o el Fondo Mi
Vivienda se constituyan al lugar del desastre con programas
populares.
Sin estos espacios de participación popular, todo intento por
renacer de los escombros será
prácticamente inviable o estará sujeta al designio de un empresario
más interesado en cómo lograr réditos económicos, que aliviar el
drama de miles de familias.
He ahí parte de
la responsabilidad de la izquierda.
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