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El crecimiento de la economía y la caída del salario
¿EL MILAGRO CHOLO?
Por Cesar
Robles | |
Se fue de boca. En su
mensaje a la Nación el 28 de julio, el Presidente García señaló que
uno de los objetivos principales de su gobierno en materia laboral
era lograr un incremento de los salarios en relación al crecimiento
sostenido que viene expresando la economía nacional.
El Presidente García ha
señalado que si las exportaciones y las ventas crecen, tenemos que
pensar en la situación de los trabajadores. Y eso es cierto, porque
la economía nacional crece y crece sostenidamente desde hace setenta
meses y con proyecciones más que alentadoras para las nuevas y
futuras inversiones en los diversos sectores de la economía
nacional.
Pero veamos. El modelo
económico ha privilegiado el crecimiento de la productividad. Este
crecimiento generado se ha distribuido como un aumento
espectacular en los índices y niveles de ganancia y lucro de las
grandes corporaciones y empresas vinculadas principalmente a los
sectores financieros, comerciales, mineros, pesqueros y de
hidrocarburos.
Según datos de la Bolsa de Valores de Lima, de agosto de
2006 a julio de 2007, el
índice de ganancia y lucro de las empresas que se cotizan en bolsa
ha aumentado en 173% en relación al de años anteriores.
La alta demanda de
minerales en el mercado internacional ha originado records
históricos en los precios del cobre los años 2005 al 2007, así como
precios altos para el zinc y el oro.
Igual sucede con la alta
cotización de la anchoveta. El sector pesquero ha crecido
considerablemente y la bonanza económica, que algunos la comparan
con la vivió el país en la década del
70, ha hecho que el grupo
empresarial Brescia se consolide como una de las empresas pesqueras
más grandes de Latinoamérica y del mundo.
Las proyecciones
económicas del marco económico multianual indican que para el año
2010, el flujo anual promedio de la inversión privada financiada por
la concentración de las ganancias de productividad en los
empresarios debería alcanzar no menos de 20 mil millones de dólares
y representar más del 20% del PIB. El multiplicador de la inversión
incidiría en elevar el ingreso bruto y el ingreso per cápita por
habitante, que en la actualidad se encuentra alrededor de los US.
3,200-3,400 dólares por año.
Si como vemos, lo que ha
conseguido el modelo económico en beneficio de los sectores
empresariales del país ha sido alto, no diremos lo mismo en relación
a los sectores laborales, siempre marginales y excluidos de la
plusvalía de la economía nacional.
Para el ingeniero Gonzalo
García Nuñez, según cifras del Ministerio de Trabajo, el salario
bruto promedio mensual de un obrero urbano en diciembre de 2006
cayó 3.89%, sufriendo una baja de s/. 38.4 nuevos soles respecto a
junio del mismo año, siendo la caída de S/.
988,2 a S/. 949,8 nuevos
soles.
El pequeño aumento en este
periodo de bonanza económica ha sido para los empleados del sector
urbano, cuya remuneración bruta promedio subió doce soles mensuales,
pasando de S/. 2,193,3 a S/.2,205,6, lo que representa el 0.56%
entre junio y diciembre de 2006.
Las diferencias entre este
último incremento y el que representa las ganancias empresariales y
los índices de productividad de las empresas es abismal.
Según datos de CONASEV,
las principales empresas nacionales han reportado incrementos en su
productividad de hasta 24.2%, lo que indudablemente ridiculiza el
aumento de S/.
12.00 nuevos soles para el sector de los empleados públicos.
Pero el gobierno también
cae en la desfachatez de proponer un incremento de S/. 30 nuevos
soles cuando la plusvalía y la productividad están en condiciones de
ofrecer una mejor posibilidad de aumento al sector laboral.
Si tomamos como referencia
el valor de la productividad de las empresas, que es de 24.2% y
consideramos como base la Remuneración Mínima Vital (RMV) que en el
Perú no llega a más de S/.500.00 nuevos soles, entonces tendríamos
que un incremento en la remuneración de los trabajadores no debería
ser menor a los S/. 100.00 nuevos soles, y no los S/. 30.00 que el
gobierno a través de sus voceros se ha apresurado en anunciar.
La bonanza económica y la
plusvalía generada deberían distribuirse de modo simétrico entre los
trabajadores y empresarios, y no deberían ser excluyentes del sector
laboral.
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