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LA POLÍTICA
EDUCATIVA LA DISEÑAN LOS TECNÓCRATAS DEL BANCO MUNDIAL
Por César Robles
Ascurra | |
Ese ha sido y es el gran problema de la educación nacional. Las
clases dirigentes, incapaces de realizar un gran proyecto histórico
para construir la nación peruana, los administradores de las
políticas gubernamentales, en particular en estas últimas décadas,
no han hecho más que asumir las recomendaciones y conclusiones de
organismos como el Banco Mundial, cuyos informes tienen carácter
vinculante para la política nacional.
En el informe sobre Los
Recursos Humanos en la Salud y la Educación Públicas en el Perú,
elaborado por Richard Webb y Sofía Valencia entre octubre de 2004 y
julio de 2005, encontraremos las bases teóricas y la fundamentación
política para entender en su real dimensión la agresión de parte del
gobierno aprista en contra del magisterio nacional y en particular
del SUTEP, al responsabilizarlo de la baja calidad del sistema
educativo y de la “degradación de la carrera magisterial”.
Webb reconoce que las
deficiencias en la calidad del servicio educativo tienen su origen
en el colapso fiscal al que ingreso el país en la década de los 80s,
lo que “obligó a reducir sustancialmente el salario real de los
empleados públicos” y que la “debilidad institucional”
expresada en la incapacidad del gobierno para monitorear el
desempeño y el cumplimiento de las normas laborales dieron un poder
político desmesurado al SUTEP, “cuyos miembros son una
masa indiferenciada de trabajadores antes que una meritocracia
profesional”.
Planteado el asunto de
esta manera, el Informe del Banco Mundial se apura a recomendar la
aplicación de una política de “fortalecimiento institucional, en
particular una mejor implementación de la disciplina al trabajo
basada en estándares verificables, y una mayor participación de
usuarios más informados”. Esto último planteado como una guía
para la acción del actual gobierno en relación al rol de los padres
de familia a través de las APAFAS y el CONEI.
También se señala la
necesidad de la “reformulación de la carrera de servicio público
de los docentes, retornando a procesos de evaluación, selección y
promoción basadas en el mérito y otros elementos propios del
desarrollo de la carrera”. La decisión política del APRA de
discutir y aprobar la nueva Ley de Carrera Pública Magisterial tiene
esta orientación y esta clara tendencia punitiva.
Sobre el rol del SUTEP,
Webb no tiene el menor reparo en señalar que el “sindicato cuenta
con una autoridad inapropiada y constituye un gran obstáculo a la
reforma”. Haciendo hincapié en que el gobierno comparte la
responsabilidad por esa autoridad indebida, ya que permite una
“deducción en planilla para la cuota del sindicato y al financiar
las actividades de representantes sindicales con licencias pagadas”.
Esa tendencia autoritaria desatada por el gobierno aprista en
los últimos meses en contra del magisterio y el SUTEP se explica en
parte por este tipo de recomendaciones.
Equilibrios
de bajo nivel
La
hipótesis principal en el Informe Webb, es que “la caída del
salario real condujo a comportamientos e interacciones perversas
entre los recursos humanos, sus sindicatos, el gobierno y los
usuarios, produciendo un desempeño insatisfactorio en el servicio”,
lo que a la postre ha originado un estado de inercia, una disciplina
laboral relajada producto de los nombramientos e inadecuados niveles
de esfuerzo de parte de los maestros.
En este sentido, el
informe concluye en que para que se realice “una mejora
significativa y sostenida del servicio educativo se requiere el
surgimiento de una fuente de presión nueva y externa lo
suficientemente fuerte como para superar el escaso interés a favor
del cambio de los actores”, dicho de otra manera, presión sobre
los maestros y los funcionarios del Ministerio de Educación,
recurriendo y utilizando a los padres de familia.
De
lo anterior, ya no sorprende entonces el anuncio del Presidente Alan
García realizado en noviembre del año pasado en el Congreso de
APAFAS, en el que invitó a los padres de familia ha asumir un rol
más activo en el proceso educativo y en la supervisión de la calidad
del servicio en sus respectivas instituciones educativas.
Las directivas de
política educativa están diseñadas y planteadas por los tecnócratas
del Banco Mundial, más claro no puede estar el asunto.
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