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EL
SEGUNDO PANDOLFI
Por Raúl
Wiener | |
Ahora la distracción fue
de Aurelio Pastor, el dilecto discípulo y protegido del buen
Coquito. O sea que todo lo malo se aprende. Tantos meses expurgando
expedientes, discutiendo currículums, explicando que cómo no aquí
nadie tenía militancia de partido, y de pronto se descorre la
cortina y el sapo que aparece es un socio de Mantilla, López Meneses
y los generales montesinistas que continúan en actividad, ni más ni
menos que en doctrina y educación del Ejército, consagrado en la
mañana del mismo día para el más alto magisterio de la república.
Ya se está haciendo una
costumbre de los miembros del gobierno de cometer errores del
calibre de misiles transoceánicos. Y la salida es retroceder de
inmediato bajo el empuje de la prensa, la que posa sus selectivos
ojos en unos responsables y no en otros. Porque lo que pasó aquí –y
ocurrió otras veces- es que García dictó el ultimátum del lunes para
que el Congreso saltara de un día para otro a nombrar los cargos
pendientes en el Tribunal Constitucional, sabiendo que ninguna
matemática que no fuera la de la componenda y el toma y daca podía
resolver que el número 120 dividido entre seis grupos pudiera sumar
80 votos y elegir a cuatro personas.
Cabanillas y Pastor
calcularon seguramente toda la noche y se encontraron con el impasse
de que los dos sectores a los que el APRA ha recurrido
alternativamente para lograr mayorías simples: Unidad Nacional y UPP,
estaban enfrentados sobre la candidatura de Paz de la Barra que
defendían estos últimos. Por tanto no cabía la suma de ambos, con
los fujimoristas y el partido de gobierno. Y como hace la gente de
principios eligieron al que tenía mayor número de votos y embarcaron
en el viaje a los nacionalistas, aceptando su candidato.
Unidad Nacional y Alianza
Parlamentaria quedaron fuera porque eran dos los que salían
sobrantes en el reparto. Pero no es verdad que hubiesen puesto
resistencia a la propuesta de Santiago Fujimori a favor de Javier
Ríos. Más aún, como ha explicado reiteradamente Raúl Castro lo que
había pasado en la Comisión era que Ríos había sido presentado como
sustituto a las objeciones a Paz de la Barra. Y si las cosas
hubieran seguido por ese camino tal vez el bloque de cuatro hubiera
contenido una de las cartas de la derecha (¿Blume?, ¿Villanueva?) y
ahora habrían otros criticando el amarre que consagró por unas hora
a un notable mantillista y montesinista.
Lo más impresionante es
que cuando la Comisión Pastor parecía lograr un imposible consenso,
sus voceros decían sin sonrojarse que habían escogido a los 17
mejores, y que cualquiera que fuese elegido tendría las
calificaciones profesionales y morales para el ejercicio del cargo
de guardián de la constitucionalidad. Ahora se ve que no era así.
Los mismos miembros de la Comisión reclaman contra la transparencia,
como si hubiesen estado a ciegas en las sesiones de trabajo. Y los
medios que chillan en titulares y entrevistas nocturnas por
televisión y matinales por la radio, son los mismos que nos habían
convencido de que esta vez si se había hecho una selección seria y
que el país iba a ganar con cualquiera de los que habían pasado las
pruebas previas.
¿Y quién dice que García
no debió presionar con el procedimiento, como antes no debió hacerlo
con el “schock de inversiones”, que no sólo vulnera la autonomía de
las decisiones sino que precipita a cometer errores? ¿Y quién le
dice a Meche que ha confundido el parlamento con una escuelita y a
Pastor con el alumno que se demora en entregar la tarea? Obviamente
para esos temas la prensa, se escabulle. Mucho más fácil es hablar
de otorongos.
Pero llegado a este punto
¿qué se hace?
Como yo lo veo no sólo hay
que echar a Ríos, sino dar marcha atrás en la elección de los otros
tres, con las disculpas del caso, y hay que declarar nulo el trabajo
de la Comisión Pastor. La ley faculta a prorrogar el mandato de los
actuales magistrados hasta la elección de sus sucesores. Entonces lo
urgente es cambiar el sistema de selección para que la sociedad
–incluidos los partidos-, pueda tener participación activa en
proponer y opinar sobre los postulantes, y el de votación que no
debería depender de las correlaciones en el Congreso, como se hace
actualmente con los jueces.
No tiene sentido que se
intente llenar con un individuo más la nómina de cuatro que ha sido
mortalmente herida por el caso Ríos. Significaría consagrar un
método que el país no acepta. Pero igual de equivocado sería querer
sacar otros cuatro de los 17, o hacer combinaciones diversas, que
llevarían al mismo sitio al que llegamos este martes. Si de algo
puede servir esta crisis es para reducir el poder de los
politiqueros del APRA y otros partidos.
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