|
EL ÚLTIMO OLIGARCA
Por Raúl Wiener | |
Desde hace
cuatro días, y no se sabe hasta cuándo y por qué motivo, la noticia
política principal de la edición digital del diario “Expreso” es una
que lleva el siguiente titular: "Wiener pide disculpas al director
de Expreso".
Wiener soy yo,
Raúl Wiener Fresco, para mayores señas. Y las “disculpas” se supone
que son las contenidas en un documento que se transcribe, que era
hasta hace poco la materia de un acuerdo privado entre mi persona y
el director y propietario del diario “Expreso”, Luis García Miró, en
relación a un juicio por difamación iniciado en mi contra.
El documento se
publica sin fecha, para que el lector distraído no se percate que se
trata de un asunto que carece de toda actualidad. En realidad fue
firmado el
29 de julio de
2006. Tampoco se explica porqué su contenido podría interesarle al
público. O que es lo que ha pasado para agitar el tema.
Finalmente, como
es propio de alguien que se cree por encima del resto, el señor
García Miró no ha publicado la carta de protesta que le remito y ha
seguido mostrando lo que cree es el símbolo de su victoria sobre
quién se atrevió a enfrentarlo en una investigación periodística en
la que queda aún mucho por esclarecer.
El público que
por casualidad llegue a esta dirección Web debe preguntarse
seguramente por muchas cosas:
- ¿Qué
cosa le hizo Wiener a García Miró para que tenga que disculparse tan
aparatosamente?
- ¿Qué
tiene que ver Wiener con García Miró?
- ¿Es
un santo este señor García Miró, para que haya que pedirle disculpas
con titulares de varios días para que todos se den cuenta?
Voy a empezar
por lo que se dice en el mismo documento de las supuestas disculpas
y que cualquiera puede leer gracias a la siguiente dirección web
www.expreso.com.pe: “En el ejercicio de la libertad de
expresión he venido tratando, a través de la Internet, temas
referidos al proceso de privatización de los aeropuertos peruanos,
dentro de los cuales he tratado el caso del Aeropuerto de Pisco,
relacionándolos con las informaciones y opiniones que sobre el punto
fueron publicadas en el diario Expreso”.
Es decir, lo que
hice antes, y hago ahora, es reafirmar el derecho, que no me lo
puede coactar García Miró ni nadie, a investigar la extraña
circunstancia de que un solo diario, entre los muchos que se
publican en Lima, hubiese declarado cuestión de prioridad nacional
la concesión del aeropuerto de Pisco, de propiedad de las Fuerza
Aérea y denunciado en titulares y editoriales a esta última
institución de estar presionando al gobierno de Toledo para
excluirlo del paquete de privatizaciones. Más aún si en las mismas
informaciones se alardeaba disponer información de “buena fuente”
acerca de lo que estaba pensando y disponiendo el primer ministro
Pedro Pablo Kuczynski, en esos mismos momentos en relación a este
palpitante caso.
Y con este
derecho es que logré establecer a través de los informes de
Proinversión y los registros públicos que había una relación entre
la empresa Swissport -GBH Aeropuertos, precalificada para la
concesión del primer paquete de aeropuertos provincianos –en el que
no estaba incluido Pisco, pero se le añadió en forma extemporánea-,
y los dueños de “Expreso”, que son el señor García Miró Elguera y
sus hijos. Swissport -GBH Aeropuertos, que a la postre quedó como
postor único como suele pasar en el país y ganó por supuesto sin
competidores, fue creada en 1993 por Luis García Miró Elguera con el
nombre Serlipsa Cargo Center, empresa de cabotaje que extendió luego
sus actividades a los trabajos de rampa en el aeropuerto Jorge
Chávez, bajo la administración de Lima Airport Partners LAP. En la
ficha correspondiente de los registros públicos figura que aún
después del cambio de nombre, su fundador siguió siendo presidente
ejecutivo, hasta una fecha reciente en que lo sustituye su hijo
Alfonso Miró Peschiera. Hasta donde he podido saber la matriz suiza
Swissport Internacional AG, tiene una participación minoritaria en
las acciones de la empresa peruana y el objeto del nuevo nombre es
generarle una imagen de expertise internacional para
intervenir en licitaciones que tienen este requisito.
¿Cuál es la
capacidad de Swissport Perú para asumir 12 aeropuertos a la vez?,
¿Qué garantías ha puesto la empresa de los García Miró para hacerse
cargo de la administración de un conjunto de activo nacionales y
regionales de gran valor? ¿Que nivel de transparencia le ha sido
exigido a Swissport sobre su relación con LAP, ya que la supuesta
virtud de la concesión de Pisco era que este terminal aéreo podría
eventualmente atenuar la tendencia al monopolio que hoy existe y
ofrecer una alternativa más económica, para el recojo de carga y
pasajeros del sur del país con destino internacional? ¿O es que todo
esto estaba pensado para que no haya competencia? ¿Cómo se han
respondido a las objeciones de seguridad nacional formuladas por la
Fuerza Aérea, siendo este aeropuerto al mismo tiempo la base aérea
de respuesta cualquier amenaza sobre Lima?
No son puntos de
pequeña monta. Pero cuando García Miró los enfrenta, opta por
deducir que hablar de conflicto de intereses entre el diario que
impulsa la campaña y el beneficio personal o familiar que podría
reportarles la concesión, es igual a declararlo “delincuente” lo que
debería llevarme hasta los tribunales por haber insinuado maldades
sobre un caballero por encima de toda sospecha. Igualmente, el
recurso para ironizar las “buenas fuentes” del director del diario
con el primer ministro, inventando un diálogo entre los dos, que se
advierte es inventado, se convierte en un afán mío por mellar su
honra por lo que merezco una demanda por 3 millones 500 mil soles. Y
anotar que el famoso diálogo no es real sino verosímil, el peor
insulto proferido en la Internet. ¿Qué significará “verosímil”?
El documento que
se acordó como parte de un diálogo amistoso con el abogado de García
Miró, para proceder a levantar el juicio que me endilgaron por
preocuparme de los aeropuertos provincianos, versa sobre los puntos
que acabo de mencionar y de ningún modo sobre el fondo de la
investigación. Da por retiradas las expresiones que García Miró
siguió considerando ofensivas después de varias aclaraciones y
declara no contradecir las que parecieron sus tres preocupaciones
principales:
- Negar
que hubo diálogo o coordinación con Kuczynski, y que la “buena
fuente” debe proceder de algún otro lado;
-
Afirmar que actualmente no está vinculado a Swissport, ya que el
presidente ejecutivo ha pasado a ser su hijo.
- Que no
digo –nunca dije-, que tuviera alguna base de prueba para acusarlo
de corrupción, ya que toda la controversia giraba sobre la
legitimidad de una campaña periodística.
Estos términos
de acuerdo, que no fueron idea mía, se estimaron satisfactorios para
ambas partes, que es lo único que interesa en estos casos en que se
busca un arreglo de caballeros. Todo lo demás depende de la seriedad
con que se asuma el compromiso. Por eso nunca he contado en público
la historia de cómo se resolvió el juicio sobre el cual recibí una
amplia solidaridad; ni me imaginaba por supuesto que alguien pudiese
intentar el ridículo papel de pasar por el “ganador” del incidente,
al que le piden perdón y lo exhibe para que todo el mundo vea como
se arrodillan ante él. Sólo diré que quizás fue un exceso de
corrección de mi parte que evitara el tema aeroportuario durante
meses a pesar de haber tenido a la mano nueva información que
profundiza mis primeros hallazgos, para no ser malentendido.
Pero lo que aquí
debe quedar absolutamente claro es que jamás voy a arriar la bandera
crítica contra la línea facistona del diario azul dirigido por Luis
García Miró Elguera, que promueve la persecución del pensamiento
independiente, el cierre del “Ojo que Llora”, la disolución de las
ONG, el traspaso de la Universidad Católica al Opus Dei, la
proscripción de las organizaciones de derechos humanos, el odio
contra el SUTEP y los sindicatos, la santa trilogía García-Giampietri-Cipriani,
la excarcelación de los fujimoristas como si se tratara de inocentes
víctimas, etc. Un “Expreso” más reaccionario que el de los tiempos
de la mafia de Calmell y Montesinos, lo que es un verdadero récord.
Si el falso
titular sobre las inexistentes disculpas, publicado todos los días,
es para herirme y desprestigiarme porque sabe cuán opuestos son
nuestras perspectivas, que pierda cuidado. Lo que este señor cree
sobre sí mismo sólo él lo cree. Y por supuesto dicen creerlo los que
son sus asalariados.
No es mi caso.
El último
oligarca del Perú republicano imagina que por su dinero y las
ventajas que logra del Estado, puede insultar a quién le parezca y
hacer imputaciones de traición, terrorismo, corrupción,
aprovechamiento de fondos públicos, que nunca necesita probar. Y
cuando lo demandan se presenta como un mártir de la libertad de
prensa.
Pero lo que me
parece un colmo es que un hombre mayor que reclama respeto más allá
de lo que merece, se preste a maniobras infantiles. Cual niño Goyito.
|