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MOVIMIENTO NUEVA IZQUIERDA
CONVOCATORIA AL III CONGRESO
NACIONAL ORDINARIO | |
Por
mandato estatutario
y por necesidad y oportunidad política, el MNI está en la obligación
de llevar a cabo su III Congreso Nacional Ordinario.
Vivimos momentos
especiales en el proceso político nacional que auguran, frente al
fracaso del neoliberalismo y al incremento de las tendencias
autoritarias en el gobierno de turno, un nuevo escenario favorable a
los cambios sociales y económicos que proponen la izquierda y el
socialismo peruanos.
El II Congreso representó
un avance importante en la marcha del MNI. El III Congreso,
continuando esa trayectoria, deberá dar respuesta a los nuevos
problemas y a los nuevos retos que tiene ante su vista el pueblo
peruano.
En las elecciones pasadas
el país se polarizó entre cambio o continuismo. El presidente
García, a la cabeza de la coalición de la derecha, incluyendo el
fujimorismo, optó por el segundo camino, el que sostiene el
imperialismo, las transnacionales y sus socios nativos. El futuro
previsible, bajo esos parámetros, será más de lo mismo, con un
crecimiento económico que beneficia a pocos y excluye a las
mayorías.
En el otro lado de la
trinchera se encuentran quienes apostamos por un país independiente
y soberano, de verdad democrático, descentralista, con justicia
social y regeneración moral; en suma, por una nueva república con
una nueva Carta Constitucional y un gobierno patriótico y popular
que lo garantivcen.
Estas grandes líneas
marcarán la recomposición de las fuerzas políticas y sociales, y sus
resultados moldearán el proceso político próximo. En este escenario
el MNI debe prepararse para asumir un rol protagónico, desarrollar
sus propias fuerzas, impulsar la unidad y la acción política y de
masas de la izquierda, trabajando arduamente para hacer realidad la
gran unidad para el gran cambio, como la alternativa a un modelo de
economía y de Estado agotados que representan la vieja república y
el neoliberalismo.
Es en este contexto que
llevaremos a cabo el III Congreso Nacional, cuyas decisiones
marcarán un hito en su camino de avance.
Para ello requerimos
dinamizar su accionar político, actuar con más iniciativa,
fortalecer su organización, ampliar su relación con el pueblo
llevando a cabo la consigna: ¡A las bases, a las masas, a la acción
política!
El proceso congresal debe
permitirnos cumplir estos objetivos, además de significar un debate
serio, responsable, creativo, de los temas de agenda. Un evento de
sus características pasivo, burocrático, rutinario, no nos llevará a
buen puerto.
El Consejo Directivo
Nacional, la máxima instancia entre congreso y congreso, luego de
examinar con atención todos los factores en juego, decide convocar
el III Congreso Nacional Ordinario del MNI para los próximos días
28, 29 y 30 de setiembre de 2007, a llevarse a cabo en la ciudad de
Lima.
El III Congreso Nacional
Ordinario desarrollará el siguiente temario:
1.- Informe político y
orgánico. Balance de la labor realizada.
2.- Plataforma
programática
3.- Lineamientos para el
trabajo de frente único y de masas
4.- Reforma del Estatuto
del MNI
5.- Elección de sus
organismos de dirección.
El Consejo Directivo
Nacional, que se reunirá próximamente, elegirá la Comisión
Organizadora del Congreso Nacional, aprobará los documentos
congresales para su ingreso a debate, y, de acuerdo con el Plan de
Trabajo y el Reglamento preparatorio del Congreso, será la encargada
de impulsar este evento y garantizar su éxito. La Comisión
Organizadora del III Congreso dará cuenta al CDN y al CEN cuantas
veces estos lo requieran.
El éxito del Congreso
dependerá de la movilización interna que se logre. También del
interés que genere en otras colectividades políticas de izquierda y
populares. Razón suficiente para insistir en la necesidad de tensar
todas las fuerzas, intensificar la labor organizativa, y sostener
siempre la gran bandera de la unidad del MNI, de la izquierda, de
las fuerzas políticas y sociales democráticas, nacionalistas y
progresistas.
Lima, marzo del 2007
El Consejo Directivo
Nacional
Movimiento Nueva Izquierda
Informe político de
la Presidencia al Consejo Directivo Nacional del MNI.
Marzo de 2007
Estimadas compañeras y
compañeros:
El MNI se encuentra ante retos de enorme importancia política para
su futuro y el de las fuerzas del cambio social cuyo alcance
compromete el destino del país y el porvenir de millones de
peruanos. La profundidad de las contradicciones que atraviesan la
sociedad peruana y las consecuencias que ellas implican, obligan a
dar paso a un nuevo rumbo en todos los órdenes, no sólo económico. A
esa exigencia objetiva responde la propuesta de Nueva República cuya
perspectiva, finalmente, sólo puede ser el socialismo como creación
y realización heroica del pueblo peruano.
Esta perspectiva es la que
no se debe perder de vista en ningún instante y es el eje de la
lucha de ideas con los representantes del neoliberalismo y en el
interior del movimiento popular con quienes se atrincheran en el
economicismo y el oposicionismo sin alternativa.
CONSERVAR SIEMPRE EL
RUMBO ESTRATÉGICO
Muchas
veces presionados por las urgencias de la coyuntura, por la
naturaleza de la ofensiva de la derecha conservadora o por la acción
del gobierno del presidente García, que obligan a respuestas y
acciones concretas, se pierde de vista el panorama en su conjunto,
la dinámica del proceso de la lucha de clases y nacional y su
relación con el entorno latinoamericano, por lo tanto el rumbo
estratégico que debe guiar nuestras acciones como movimiento
político de izquierda y socialista.
Tal reduccionismo de la
lucha política, con toda la importancia que tiene en la
determinación de la táctica y de las políticas concretas, impide
orientarse con soltura y claridad en lucha sin tregua con los
representantes del gran capital y el imperialismo, y de manera más
concreta con la expresión más irracional, entreguista, expoliadora y
depredadora del capitalismo que es su versión neoliberal, cuyos
representantes políticos, económicos e intelectuales siguen
manejando los destinos del país pese a encontrarse en crisis y
severamente cuestionado
El partido gobernante, con
Alan García a la cabeza, de definición socialdemócrata, ha terminado
adhiriendo al neoliberalismo dejando atrás incluso tibias promesas
reformistas. Se mantiene así la continuidad del modelo económico que
promovió Vargas Llosa en las elecciones de 1990, aplicó abdicando
sus promesas electorales Fujimori, sostuvo Toledo y persiste el Dr.
García, borrando con una mano lo que escribió con la otra en
diciembre de 2001 en la introducción a su libro “El nuevo
totalitarismo”. Decía entonces: frente al peligro que representa el
libre mercado sin límites “debemos resistir políticamente”…”Muchos
tienen miedo de usar la palabra imperialismo, sin embargo, la
gravitación de la economía mundial sobre nuestros países es mayor
que antes” también “la desigualdad y la pobreza”. Arribado al
gobierno con el respaldo de la derecha, se maneja con un programa
exactamente opuesto, el que proponen y llevan a la práctica los
representantes políticos y económicos del “nuevo totalitarismo”, es
decir los neoliberales.
Esta transmutación
ideológica y política se explica más que por necesidades de manejo
táctico, como se pretende desde el lado de los defensores del
oficialismo, por la incapacidad de la burguesía y los partidos
adheridos al sistema de ofrecer una alternativa confrontativa con el
neoliberalismo, y menos con todo lo que significa el peso del
dominio imperialista sobre nuestras economías y sociedades. Si el
discurso tolera criterios como los señalados, los hechos, que son
al final los que importan, indican una trayectoria distinta. Para
entender este proceso es indispensable considerar la totalidad de
los intereses en juego y el papel y peso del imperialismo, que no
tolera posturas ambiguas: estás con él o contra él, nunca en el
centro.
No es que rehuyamos al
análisis de las condiciones concretas del accionar del gobierno y en
general de las fuerzas políticas y fácticas que manejan los asuntos
del Estado y la economía. Necesitamos hacer un seguimiento de cada
uno de sus pasos o maniobras y a dar respuestas también concretas y
rápidas, que no siempre se logra. En este aspecto estamos obligados
a mejorar la labor de conducción a la cabeza del MNI. Sin
embargo, su percepción unilateral puede conducirnos a un error de
graves consecuencias: sobreestimar las fuerzas de la derecha y el
imperialismo y su capacidad de acción mientras subestimamos las
nuestras. Esto es particularmente importante en momentos de reveses
o repliegue de nuestras fuerzas, perdiendo de vista las enormes
potencialidades que se encuentran presentes para organizar,
desarrollar y movilizar las fuerzas del cambio social, político y
económico que preconizamos.
Debajo de la capa
aparentemente abrumadora e imbatible que representa la ofensiva
neoliberal, que el poder mediático a su servicio presenta como
inevitable e invulnerable, se mueven contradicciones insalvables
para la derecha y la reacción y bulle el descontento y la
indignación en amplios sectores del pueblo peruano. Las elecciones
de abril, junio y noviembre del año pasado muestran un síntoma muy
claro de lo que vendrá más adelante. Tendencia que puede
transformarse en una fuerza organizada y consciente poderosa, en
condiciones incluso de abrir paso a un gobierno de raigambre popular
si encuentra la vanguardia que sepa unir el movimiento espontáneo de
las masas con el movimiento consciente y programático, es decir
político. Este es el verdadero reto que tenemos al frente los
hombres y mujeres de izquierda, y es también la tarea fundamental a
resolver desde el lado del pueblo y la causa revolucionaria que
representamos.
El informe al Comité
Ejecutivo de septiembre pasado detalló esta cuestión con bastante
claridad. De allí su conclusión central de que, más allá de la
coyuntura y cómo se manifieste, la tendencia profunda que se mueve
bajo la superficie es la polarización entre las fuerzas que
representan el cambio, la democracia participativa, la defensa de la
soberanía nacional, el patriotismo y el medio ambiente, la justicia
social y la regeneración moral, la reforma del Estado, en suma la
nueva República, por un lado, y el continuismo neoliberal,
entreguista, autoritario, corrupto, depredador y saqueador de los
recursos naturales, en suma la vieja república en crisis, por el
otro. Esta contradicción se presenta como la fundamental en el
terreno de la lucha política y de clases a lo largo de este período,
por tanto deviene la tarea esencial a resolver y la base para
discernir quienes son los enemigos concretos, los sectores
intermedios y vacilantes a neutralizar o ganar, y quienes las
fuerzas del cambio y sus aliados.
Su acertado entendimiento
y manejo permitirá percatarnos mejor de la táctica general del Nuevo
Curso, perfilar el accionar concreto del MNI a lo largo de este
período independientemente de los cambios o movimientos parciales
que pudieran darse en cada momento. Este es el escenario en el que
tenemos que actuar, potenciar el crecimiento del MNI y acrecentar
su influencia y liderazgo políticos. Ver el momento perdiendo de
vista la tendencia en desarrollo, la parte y no el conjunto, nos
conducirá a errores que debemos evitar. Uno de ellos, y fundamental,
no entender o dejar de lado la unidad más amplia posible en aras de
la “chacra propia”; o bien su cara opuesta, tomar en cuenta la
unidad más amplia y no desarrollar, al mismo tiempo, nuestras
fuerzas y capacidad de conducción política.
La política tiene como
núcleo la lucha por el gobierno y por el poder, es decir la
conducción de la sociedad peruana. Todo dependerá de la correlación
de fuerzas que se haya construido y de la fuerza política, social,
cultural y la influencia ideológica con que se cuente para acceder
al gobierno o al Poder y sostenerlo en el tiempo. También de la
habilidad para aprovechar las oportunidades y las crisis que
inevitablemente se harán presentes bajo el capitalismo como de la
capacidad de respuesta y los métodos adecuados de lucha que se
empleen. Si la espontaneidad de las masas en lucha es un factor
serio a considerar, pues refleja su desencanto o rechazo a una
situación dada, nunca será suficiente para producir los cambios
esperados. Para ello será siempre indispensable el factor político
consciente, la organización, la capacitación moral e intelectual, es
decir la vanguardia política entroncada con el movimiento de masas,
en una relación dialéctica de dirigente y dirigido y de la unidad
más amplia posible.
Si el neoliberalismo como
respuesta a la crisis de los ochenta ha entrado en crisis, si su
agotamiento es un hecho fácilmente demostrable a pesar de los
maquillajes que se le hacen para mostrarlo con un “rostro humano”
que le es ajeno, entonces debemos entender que nos encontramos en un
panorama muy diferente del que conocimos una década atrás. Tan es
así que incluso teorías como la “Tercera Vía” que patrocinaron Blair
y sus congéneres socialdemócratas, pronto cayeron en desuso.
Sin entender este proceso
objetivo en marcha tampoco nos explicaremos sucesos recientes como
los de Bolivia o Ecuador, ni el viento renovador que se siente en
América Latina, menos aún los enormes retos y amenazas que están
presentes junto a las posibilidades favorables para el desarrollo de
las fuerzas que representan el cambio social, económico y político
en el Perú, del cual el MNI debe ser un factor fundamental.
Si consideramos por
separado, la correlación política y social que representa el MNI es
todavía débil y no garantiza atraer al vasto sector de la población
que se pronuncia o se muestra reacio al neoliberalismo y sus
representantes políticos. Sólo la gran unidad que proponemos puede
permitir, paso a paso, construir una alternativa de cambio real de
la coalición de la derecha en el gobierno. Por las consideraciones
señaladas lo que está a la orden del día, además de ejercer una
oposición democrática y popular, es avanzar en la construcción de
una alternativa de gobierno popular, democrático y patriótico, con
fuerte soporte político y social, además de mayor presencia en los
gobiernos regionales y municipales. Este es el gran reto que tenemos
al frente.
GRAN UNIDAD PARA UN
GRAN CAMBIO
Para
participar y contribuir con éxito en la construcción de esta gran
unidad, necesaria y posible, aunque compleja y difícil sobre todo
por la estrechez de miras y el sectarismo profundamente arraigado en
la cultura política peruana, necesitamos contar con fuerza e
influencia propias, con capacidad de presión y con métodos y
propuestas apropiadas, con autoridad política y moral ganada en la
lucha. En otras palabras: desarrollarnos más rápidamente en lo
organizativo, afirmar la vigencia política del MNI en las masas
populares, promover liderazgos individuales y colectivos, contar con
la fuerza para contribuir en la construcción de la unidad de la
izquierda y de la gran unidad para el gran cambio que espera el
pueblo como alternativa al neoliberalismo y su representación
política y económica. En otras palabras: posicionar al MNI al mismo
tiempo que se construye un escenario favorable para su desarrollo y
organización. El futuro se empieza a construir hoy, una gran marcha
se comienza con el primer paso.
El camino para hacer
realidad la gran unidad para el gran cambio no tiene por qué
ajustarse al estilo tradicional de constituir un frente político,
con sus estructuras correspondientes, programa obligatorio para
todos sus integrantes, más factible en el ámbito de las izquierdas.
Puede iniciarse como una unidad para la acción, como una suma de
fuerzas políticas, intelectuales y sociales para una campaña común
sobre un determinado tema nacional, por ejemplo la batalla por una
nueva Constitución, contra el TLC, o la defensa de la soberanía
territorial en el caso del diferendo de Perú con Chile. Y en un
ámbito más pequeño, por reivindicaciones regionales o locales, como
lo demuestra la unidad alcanzada recientemente por el pueblo
ancashino durante el paro del 11 y 12 de abril último. Lo que
importa es que las fuerzas que representan el cambio encuentren un
punto de apoyo para una acción conjunta, de abajo hacia arriba y
viceversa, que no se agote en la jornada de lucha y tienda más bien
a sedimentar, sostenerse y afirmarse en el tiempo, que no se pierda
en discusiones o exclusiones estériles, que se proponga atraer a
ese vasto sector de la población que quiere cambios de fondo porque
no acepta el autoritarismo ni tolera la impunidad y la corrupción,
que exige una democracia participativa, que defiende la soberanía y
dignidad nacionales, que rechaza, en fin, al neoliberalismo
excluyente y depredador. En resumen: que haga suya la bandera de la
Nueva República como la gran tarea para hacer realidad el Perú nuevo
en un mundo nuevo que nos dejó como herencia fundamental José Carlos
Mariátegui.
Tenemos al frente un
adversario poderoso, no sólo por lo que representan las clases,
fracciones de clase y sus expresiones políticas, empresariales,
mediáticas, culturales, coercitivas del bloque de la derecha
peruana, sino también y sobre todo por el respaldo del
imperialismo, principalmente el norteamericano, de las
transnacionales y los organismos multilaterales como el FMI, el BM
o la OMC colocados a su servicio, verdaderos poderes fácticos que
manejan los hilos ocultos del Poder en sociedades como la nuestra.
Queda claro que la gran
unidad para un gran cambio se ubica en el marco de la polarización
cambio Vs. continuismo neoliberal -que es la contradicción principal
a resolver en el período- e implica, para la izquierda y el
socialismo, construir un tejido de alianzas muy amplio en el ámbito
político, social, cultural, étnico, que va más allá de los partidos
de izquierda y nacionalistas, pues, como consecuencia de la crisis
de los partidos políticos, amplios sectores de la población no están
incorporados o no se sienten representados por éstos. Situación que
explica la fragmentación que hemos visto en el último proceso
electoral regional y municipal.
Esta articulación, por las
condiciones señaladas, no será fácil de alcanzar. Requiere, de
nuestra parte, mucha madurez y amplitud de mira, pues están de por
medio intereses diversos y también aspiraciones personales que casi
siempre se sobreponen a proyectos o alternativas colectivas,
tradiciones sectarias no superadas, visiones estrechas, coyunturales
o fragmentarias, prejuicios acumulados en el tiempo, sin contar la
permanente y sistemática labor de la derecha y sus instrumentos
mediáticos y de inteligencia empeñados en perpetuar esa
fragmentación como una condición de su permanencia en el gobierno y
el Poder. Implica, en consecuencia, persistir en el método de
unidad-lucha-unidad. En otras palabras: partiendo de la voluntad de
unidad, alcanzar una unidad mayor a través de la lucha en lugar de
la conciliación o el ocultamiento de las diferencias o
contradicciones que pudieran estar presentes en el seno del pueblo.
Contamos, a la luz del
proceso electoral pasado, con puntos coincidentes suficientes para
elaborar una alternativa común consensuada. Desde luego que existen
diferencias en cuestiones de fondo, por ejemplo en la perspectiva
socialista, pero de lo que se trata hoy es de una plataforma más
restringida que, en nuestro caso, lo define bien el Nuevo Curso. La
dificultad es más bien política, de ausencia de percepción
estratégica, de estrechez sectaria, pero también de enormes
desconfianzas mutuas y de las masas respecto de las estructuras
partidarias.
El caso del comandante
Ollanta Humala es importante por el papel que le cupo en las
elecciones generales pasadas y porque, además, más que estructura
organizada expresa expectativas de un importante sector de la
población que se encuentra fuera de los partidos y su influencia. Es
una personalidad que no se puede desconocer ni subestimar. Conserva
un peso político que el tiempo se encargará de mostrar en su
verdadera dimensión. De allí la importancia de una relación
estrecha de la izquierda y del MNI en particular con él y con el
PNP, que puede convertirse en un eje fundamental para construir la
gran unidad esperada.
Pero la unidad que
necesitamos no se agota en las estructuras políticas y sus
liderazgos. Debe, necesariamente, proyectarse al espacio social y
popular, étnico, cultural, en suma a todos los sectores que pueden
darle consistencia a un proyecto transformador como el que
proponemos. Por esa razón tiene mucha utilidad concertar a partir de
cuestiones concretas, en una suerte de unidad de acción que vaya
cuajando hacia un proyecto mayor.
Más allá de las
dificultades presentes el tiempo trabaja a favor nuestro, a
condición de empezar ya la tarea, explicando y motivando el interés
de la gente, primero, organizando actividades conjuntas, proyectando
acciones comunes en respuesta a la política neoliberal de la
coalición derechista liderada por el presidente García. Un ejemplo
importante, que no hay que permitir se apague, es el Paro reciente
de los pueblos de Ancash sobre la base de una plataforma común, en
el que interactuaron organizaciones políticas, de masas, autoridades
regionales y locales.
Alcanzar este objetivo
ideal será difícil y complejo, con marchas y contramarchas, con
incomprensiones e intereses mezquinos que se interpondrán en el
camino, con resistencias originadas por la estrechez de miras o la
ausencia de sentido histórico, por el peso agobiante del sectarismo
o la desconfianza acumulados durante décadas. A ello hay que sumar
las maniobras y medidas políticas de nuestros oponentes para
impedirlo, golpeando por partes, sacando ventaja de cada error que
cometamos, manipulando el miedo para desacreditar las ideas
socialistas, de izquierda o incluso progresistas, chantajeando,
corrompiendo o recurriendo a medidas de fuerza para acallar la
voluntad popular.
En esta polarización, que
es un hecho objetivo, el llamado centro político tiene poco espacio
de maniobra y es, a fin de cuentas, un factor de disputa entre el
cambio o el continuismo. Por si mismo no representa una opción
alternativa, pues no es posible una tercera vía. Esto es lo singular
del proceso político peruano y de América Latina, que no siempre se
entiende.
Si las cuestiones
planteadas se clarifican y a partir de ellas se extraen las
consecuencias políticas y sociales apropiadas, entonces el rumbo a
seguir aparecerá más definido, facilitando con ello la orientación
del trabajo práctico.
CONVERTIR A LA
IZQUIERDA EN LA FUERZA FUNDAMENTAL DEL CAMBIO
En el
contexto señalado no tiene por qué sorprendernos la ofensiva de la
derecha y su aparato mediático contra la izquierda y el movimiento
popular, como se ve con más claridad en sus esfuerzos desesperados
para “liquidar al SUTEP”, el sindicato de maestros peruanos, y
desaparecer a los partidos que afirman su identidad socialista.
Estamos convencidos de que
alcanzar una unidad mayor requiere contar con una izquierda fuerte,
bien implantada, lo que no es el caso por el momento. El Frente
Amplio es un paso importante, pero no significa que haya alcanzado
la implantación y madurez necesarias. Continúa siendo un proyecto
cupular, bastante burocratizado, con limitada estructura y
coordinación hacia abajo. Se impone una reorientación de fondo si
aspira a tener un papel relevante en el proceso político mediato.
Un aspecto a tomar en
cuenta es que por lo general las agrupaciones que la integran
carecen de presencia e influencia política entre las masas, con
estructuras partidarias construidas hacia adentro, con escaso
liderazgo y presencia organizada nacional. La unidad de la izquierda
se justifica precisamente porque puede permitirle abrirse más e
incorporar nuevos contingentes si ven en ella una alternativa viable
y confiable.
Lo que tenemos hasta el
momento es más una coordinadora que una estructura unitaria
organizada. Existe como coordinación nacional pero no como
estructura en las regiones, provincias o distritos. El Frente Amplio
preelectoral fue más suma de siglas que expresión de representación
política real, que explica su reducción a las 7 organizaciones que
lo integran hoy. En cierto modo nos encontramos en una nueva etapa y
por eso mismo exige redefinir su funcionamiento, sus métodos, su
organización.
El MNI apuesta por la
unidad de la izquierda como una condición para hacer de ella un
factor gravitante en el escenario político y social que se avecina,
que estará marcado por tensiones y luchas intensas. Para resistir y
derrotar la ofensiva de la derecha y el imperialismo, y sobre todo
ante la posibilidad de acceder al gobierno, necesitamos contar con
esa unidad y esa capacidad de respuesta y acción que sólo puede
darnos la unidad más amplia posible. Si a ello sumamos el
desplazamiento de importantes sectores de la población que buscan
una salida de cambios en la sociedad, la unidad de la izquierda es
aún mucho más urgente y necesaria.
Sin embargo, no está
definido cómo se procesaría esa unidad. Una es la experiencia de IU
basada en el sistema de cupos. Pero entonces, siendo este método
inapropiado como la experiencia vino a confirmarlo, lo cierto es que
los partidos que lo integraban tenían inscripción en el registro de
partidos políticos, que no ocurre hoy, pues el MNI mismo lo ha
perdido. En segundo lugar, tenía un liderazgo en la persona de
Alfonso Barrantes, no partidarizado, que podía jugar el papel de
bisagra entre los partidos políticos integrantes de IU. Finalmente,
aun con dificultades, tuvo estructura organizada. A la luz de la
experiencia este camino es intransitable.
Si el sistema de cupos no
funciona, habría que combinar la representación de las bases, que
garantice una real democratización del Frente Amplio y que debe ser
mayoritaria, con la representación por arriba que debe ser limitada.
Si el Frente Amplio se
propone ser, de verdad amplio, debe incorporar a mucha gente sin
partido, quienes cuantitativamente suman mucho más que los afiliados
de los partidos que lo integran. ¿Estarán dispuestos los demás
partidos de izquierda a aceptar esta regla y respetarla?
Un tema adicional pero
fundamental: de inscribir al Frente Amplio en el Registro de
Partidos Políticos ¿que pasará con el MNI? ¿Se disolverá? ¿Se
mantendrá como tal mientras dedica esfuerzos, recursos y cuadros al
Frente Amplio y más adelante al gran frente de izquierda,
nacionalista y progresista? Hay, pues, mucho pan por rebanar. Por su
importancia estos temas deben ser examinados en el Congreso de
setiembre, previo debate en las bases y con una visión de conjunto.
En lo que se refiere al
MNI, puesto que hasta el mes de agosto conserva su legalidad, hasta
entonces no podemos adquirir el kid correspondiente. Esto significa
que no podemos iniciar la campaña de recolección de firmas si ese
fuese nuestro propósito como MNI, tampoco podríamos hacerlo como
Frente Amplio, en el caso de que esa fuera la decisión. Dada la
importancia del asunto, lo más apropiado es dejar esta decisión al
III Congreso.
En efecto, ateniéndonos a
las normas legales, en este caso la Ley de Partidos políticos, y
también al Estatuto del MNI, resulta obligatorio llevar a cabo el
III Congreso los días 28, 29 y 30 de setiembre, cuya sede propongo
sea en la ciudad de Lima. No hay que perder de vista que las
autoridades del MNI permanecemos en funciones en virtud de una norma
excepcional del Estatuto y de circunstancias especiales que
impidieron llevar a cabo el III Congreso en el mes de marzo, como
estaba establecido. Este asunto será debatido con amplitud en otro
punto de la agenda-
Entre tanto, necesitamos
intensificar el trabajo de organización, propaganda y capacitación
en toda la estructura del MNI. Desplazamientos efectuados a diversas
regiones del país indican no sólo las condiciones favorables para
impulsar la organización del MNI y la incorporación de nuevos
contingentes en sus filas, sino también el interés, sobre todo en
los sectores juveniles, de capacitarse como líderes y organizadores
políticos.
La preparación del
Congreso debe ir aparejada con la labor de organización, de
reagrupamiento y organización de los comités, de promoción de nuevos
dirigentes, consiguientemente de congresos intermedios que
consoliden esta labor, de modo tal que el III Congreso sea un
congreso de unidad, con representación real de bases y estructura
nacional en actividad.
La elaboración de los
documentos congresales debe ser oportuna y en tiempos rígidos, a fin
de darle más atención al debate en las bases. Un congreso formal,
para resolver necesidades estatutarias o legales, no tendría mucho
sentido. Por eso mismo su preparación y el proceso que lleve hasta
él, será la clave de su éxito. Necesitamos entender, además, que
tenemos exigencias legales que no podemos eludir desde el momento en
que estamos sujetos a la Ley de Partidos políticos. Entre ellas, por
ejemplo, la elección de los delegados y el tercio mínimo de
representación de mujeres o varones.
Estamos persuadidos que
estos retos los cumpliremos si es que nos aprestamos a trabajar en
serio, de cara a las bases, dejando de lado mucho del estilo
burocrático que aún nos caracteriza, y del sectarismo que cierra las
puertas a los elementos nuevos que deben ser incorporados con
audacia al MNI.
Hoy más que en otros
momentos necesitamos llevar a la práctica la consigna: ¡A las bases,
a las masas, a la acción política!
EL APRA Y EL
GOBIERNO APRISTA
El
pronunciamiento emitido el 12 de febrero pasado por la Comisión
Permanente, sintetiza el balance de la gestión del gobierno
presidido por el Dr. García. Razón por la cual no entraremos en más
detalles en este informe. Lo que cabe es, en todo caso, su
ratificación por el Comité Ejecutivo Nacional, de modo que sirva
como directriz para el trabajo político del MNI.
No está demás, sin
embargo, algunas precisiones.
Desde el discurso de julio pasado, pero sobre todo con la
experiencia práctica de estos 8 meses de gobierno, queda más claro
para la gente cuál es el rumbo que sigue el gobierno del Dr. García.
En esta polarización en curso, dado que no podía avanzar hacia una
firme orientación por el cambio de rumbo, y dado que la maniobra
hacia un centrismo ambiguo no es posible, terminó ubicándose en el
campo del neoliberalismo, abriendo paso a una tendencia autoritaria
que es inherente a aquel.
La suma de estos intereses
generales y otros más concretos, y también la polarización a que se
ha hecho referencia, le han empujado a tejer una alianza pragmática
con la derecha tradicional y con el fujimorismo, en este último caso
a partir de intereses comunes como la impunidad y el autoritarismo,
además de la mayoría que necesita en el Congreso. Los escándalos
suscitados con la nominación del fujimorista Pandolfi a un puesto de
alta confianza del gobierno, la compra de periodistas al estilo
Montesinos por parte del ministro de Vivienda y Construcción, entre
otras perlas, son demostraciones claras de cómo se maneja el
gobierno, quienes son sus aliados y cómo se perpetúa la corrupción y
la impunidad.
Cuenta, desde luego, con
algunas ventajas que hay que valorarlas en su justa dimensión. La
primera, la fragmentación y aún débil oposición desde el lado
popular, democrático, nacionalista y de izquierda, no sólo en el
Congreso de la República, también en las calles. En segundo lugar,
el crecimiento económico de los últimos años, resultado sobre todo
del incremento de los precios de las materias primas que exportamos,
que le permite contar con recursos para fines sociales o el llamado
shock de inversiones. En tercer lugar, el respaldo de las
transnacionales, del empresariado peruano y de los medios de
comunicación fundamentales, aunque ya empiezan a surgir diferencias
y contradicciones que se agudizarán con el correr del tiempo.
Como se señala en el
pronunciamiento de la Comisión Permanente del MNI del 12 de febrero
último, “el exceso de protagonismo presidencial refleja un tipo de
gobierno basado en el providencialismo caudillista, que tanto daño
ha hecho en la historia patria, con tendencia al autoritarismo y el
abuso del Poder. Además una marcha errática donde se confunden
mesianismo, voluntarismo e improvisación. La promesa de “cambio
responsable” ha devenido, una vez más, frase demagógica para acceder
al gobierno y luego terminar aliándose con una derecha que nunca
sintió esta su patria, ni asumió una democracia cabal, ni sintió la
libertad como un derecho de todos los peruanos, y menos entendió el
valor de la justicia social, tareas que siguen siendo banderas a
realizar”. Esta caracterización se ajusta a la realidad y debe ser
tomada en cuenta en el accionar político del MNI.
LUCHA DE CLASES Y
MOVIMIENTO SOCIAL
El
gobierno calibra bien que un punto débil que tiene para asegurar la
estabilidad política que necesita radica en el movimiento social, en
el cual su influencia es insuficiente, y en el papel que pueden
jugar los gobiernos regionales y municipales si logran un mínimo de
concertación. Dadas estas condiciones su método es el de “divide y
reinarás”, al mismo tiempo que actúa con dureza para “resguardar el
orden”, como en los casos del SUTEP, de los cocaleros, o
recientemente en el Paro del 11 y 12 de abril de los pueblos de la
región Ancash. A ello hay que sumar la utilización de grupos
paramilitares y también su plan de potenciar sus espacios propios de
representación sindical y popular.
Más allá de la
prepotencia, el autoritarismo, o las bravuconadas mediáticas, su
fuerza tiene también límites. El descenso en la confianza ciudadana
en el gobierno que muestran las encuestas, el descontento de la
población que no se traga fácilmente el discurso demagógico, el
inicio de acciones de lucha masivos como en el reciente caso de
Ancash, son muestras de que el escenario está cambiando, y lo será
más en los meses que vienen. De allí su afán protagónico para poner
la agenda del día y tener la iniciativa en sus manos. Si es verdad
que, por el momento, le rinde frutos, éstos son parciales y
transitorios.
Es particularmente notorio
el que siga maniobrando para impedir la aprobación de la Ley General
del Trabajo, debido sobre todo a la presión que ejerce el
empresariado con el argumento falaz y cínico de que los trabajadores
exigen “estabilidad absoluta”. O la maniobra para aprobar una ley
que se propone eliminar el derecho a la huelga de los trabajadores
en la educación con el argumento igualmente falaz de “declarar la
educación básica regular como servicio público esencial”, y que, de
surtir efecto, se extendería a otros sectores laborales y
profesionales, sobre todo los que laboran para el Estado.
Estos y otros casos ponen
a la orden del día la importancia de impulsar la acción concertada
de todos los sectores trabajadores, y en general del pueblo peruano,
de rearticular y dinamizar los frentes regionales, de activar el
movimiento juvenil y estudiantil, de desplegar con más fuerza la
lucha de ideas. La unidad sindical y popular es, pues, igualmente
fundamental y urgente. No hay otra manera de enfrentar y parar en
seco la ofensiva neoliberal en curso, con su fuerte carga
autoritaria. En tal sentido, donde quiera que se encuentren los
militantes del MNI, deben trabajar para construir una cultura de
unidad en el seno de las organizaciones de masas, enfrentar con
firmeza dentro y fuera el cáncer del sectarismo al mismo tiempo que
se vuelcan esfuerzos al trabajo en las bases, siguiendo la política
de sumar el máximo de fuerzas e impedir que nos aislen o golpeen
por partes.
Si bien por el momento son
difíciles las grandes jornadas de lucha, de alcance nacional, debido
sobre todo a la debilidad y la dispersión de las organizaciones
sindicales y populares; también es cierto que no deben ser ajenas a
nuestras preocupaciones. Las grandes batallas se preparan, son el
resultado de acumulaciones parciales, de una lucha constante y
manejada con inteligencia. El 19 de julio es una fecha paradigmática
del movimiento sindical y popular peruano. Pues bien, de trabajarse
con tiempo y de comprometer la participación de la CGTP, de los
Frentes Regionales y otras organizaciones de masas de la ciudad y el
campo, esa fecha próxima podría convertirse en una gran jornada
nacional y popular en respuesta al autoritarismo, la corrupción y el
entreguismo de nuestros recursos naturales. Nos toca trabajar esta
posibilidad sin pérdida de tiempo, en cuyo marco hay que ubicar las
actividades por el día internacional de los trabajadores.
UNA VEZ MÁS ¿QUÉ HACER?
Esta cuestión
ya fue abordada, con mucha claridad, en el informe de setiembre
pasado, fragmentos del cual hemos citado al inicio de este informe.
Corresponde ratificarnos en esos criterios como línea directriz del
MNI.
No obstante, hay
cuestiones más concretas que no se pueden obviar.
En primer lugar,
concentrar la atención en la lucha contra el neoliberalismo y sus
representantes económicos, políticos y mediáticos, encabezado por el
gobierno aprista, detrás del cual se mueven el imperio
norteamericano y las transnacionales. Este es el blanco principal
que no debe ser confundido. No se puede golpear por igual y en todas
las direcciones. Es verdad que se harán presentes diversas
contradicciones concretas, unas más agudas que otras, pero no puede
llevarnos a perder de vista donde está el blanco principal. La
alianza pragmática de la cúpula dirigente del gobierno con la
derecha oligárquica y el fujimorismo, se explica porque tiene aquí
una base de acuerdo. Pero ésta no es sólida, encuentra resistencia
incluso al interior mismo del APRA y su descrédito se extenderá como
una mancha de aceite.
En segundo lugar, tomar
iniciativas concretas para avanzar en la unidad de la izquierda,
ampliando su radio de acción más allá de las fronteras de los
partidos o agrupaciones que lo integran, es decir al enorme
potencial izquierdista que se encuentra fuera de esas estructuras
políticas, incluyendo dirigentes populares, intelectuales,
profesionales, pequeños y medianos empresarios, representantes de la
juventud y la mujer. El Frente Amplio que construimos para las
elecciones, ha mostrado sus límites y no podemos quedarnos allí.
Además hay que avanzar de abajo hacia arriba e impedir que se
burocratice y se convierta en una suerte de asamblea de elegidos. Y
más allá, sentar las bases que permitan articular las fuerzas
populares, de izquierda, nacionalista y progresistas, expresada no
solamente en el ámbito político, sino también social y cultural. La
gran unidad para el gran cambio no surgirá espontáneamente. Hay que
construirla con iniciativa y creatividad. Para ello, un primer
esfuerzo consiste en convencernos de su necesidad y convencer a los
demás de esa necesidad. Además, encontrar los métodos adecuados.
Finalmente, contar con una plataforma básica y un punto de encuentro
que lo posibilite. Un aspecto importante a tomar en cuenta es la
relación con el PNP y su liderazgo expresado en el Comandante
Ollanta Humala.
En tercer lugar, ese punto
de encuentro, que puede permitir articular una corriente nacional,
sin dejar de lado el conjunto de la plataforma para el período, es
justamente el tema de una nueva República y una nueva carta
Constitucional. Las experiencias de Venezuela, Bolivia y Ecuador son
aleccionadoras e ilustrativas al respecto. Contamos con un proyecto
de Constitución inicial. Necesitamos actualizarlo, debatirlo y
perfeccionarlo a fin de presentarlo al país, empujando a partir de
allí un debate nacional. La derecha se opone a la convocatoria a una
Constituyente. Su argumento es que es suficiente reformar la del 93
y de que no existe marco legal para convocarla. Pues bien, el
referendo convocado en Ecuador abre un camino que aquí también es
viable.
En cuarto lugar, no
debemos descuidar el trabajo sostenido de nuestros militantes en el
movimiento social. La gran unidad que buscamos alcanzar tiene como
sus dos vertientes fundamentales el movimiento político y el
movimiento social. El descuido de uno de ellos afectará al conjunto
y tornaría endeble el proyecto hacia el gran cambio que proponemos.
Necesitamos construir una mayor presencia política del MNI entre los
trabajadores urbanos, los desocupados, los campesinos, la juventud,
la intelectualidad, en el seno de sus organizaciones naturales. Se
presentan condiciones favorables para avanzar en la recuperación del
movimiento sindical, para la reorientación de la CGTP y del SUTEP,
para dinamizar los frentes regionales y avanzar en su unidad. Los
frentes regionales han demostrado la potencialidad de los pueblos
cuando se unen en torno de plataformas realistas, como factores de
centralización y de confrontación con el centralismo y el
autoritarismo. Pero no podrá haber un potente movimiento de masas,
debidamente coordinado, si detrás no cuenta con una fuerza política
que le garantice capacidad de dirección.
En quinto lugar,
necesitamos tomar medidas para intensificar el trabajo de
organización, la labor de propaganda bastante disminuida, y sobre
todo de capacitación y formación de cuadros y líderes políticos.
En sexto lugar, debemos
atender, corrigiendo errores pasados, el trabajo del MNI en las
regiones y municipios donde tenemos presencia, garantizando en ellas
una gestión correcta, eficiente, honesta, vinculada a las masas
populares, que ayude también al fortalecimiento del MNI y su
influencia política.
En séptimo lugar, un
asunto descuidado y de fundamental importancia es la lucha en el
ámbito de las ideas, de la cual no se puede sustraer el MNI. Si el
neoliberalismo responde a una estrategia única del imperialismo, que
involucra la economía, la política, la ideología, la cultura, hay
que también entender que la respuesta debe ser integral. El
individualismo, la absolutización del mercado, el desmontaje del
Estado social, el mito del enriquecimiento fácil como modelo de
vida, configuran basamentos de la ideología neoliberal que hay que
desmitificar y derrotar, para sustituirlo con valores fundamentales
como el patriotismo, la justicia social, la solidaridad, la
libertad, entre otros.
Finalmente, debemos
atender nuestro proceso organizativo y el crecimiento orgánico y la
influencia del MNI. Nuestras flaquezas están fundamentalmente en
este aspecto. La preparación y realización del III Congreso del MNI
debe convertirse en un momento importante para avanzar en la
dirección indicada. Otro elemento importante a considerar, una vez
decidida la forma de inscripción en el Registro de Partidos
Políticos, es la campaña que habremos de hacer a escala nacional
para conseguir las firmas necesarias y constituir los comités
exigidos por ley. Ésta debe ser una campaña política debidamente
planificada que ponga en tensión las fuerzas del MNI.
Lima, marzo de 2007
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