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PERÚ
CONFLICTOS MINEROS EN LOS ANDES: CONTRADICCIONES ENTRE
LO NACIONAL Y LOCAL
Por Luís Vittor (ALAI) | |
Mientras la minería es hegemónica en las políticas de Estado, los
cuestionamientos y otras opciones locales son consideradas
“desfasadas” porque toca las entrañas del modelo económico y las
estructuras del Estado. Este ambiente no sólo acentúa las
contradicciones sino demuestra que el tema de fondo es innegociable
ya que el poder central, político y económico, no está dispuesto a
modificar su política nacional pero sí a sacrificar la protección de
los derechos ciudadanos para asegurar las ganancias mineras. Existen
casos y hechos donde esta incompatibilidad es mas que evidente, es
realidad.
Hace
algunos años los impactos negativos y beneficios de las actividades
minería no se visibilizaban con la intensidad de hoy, y los
conflictos entre comunidades y empresas aparecían como hechos
aislados para una ciudadanía centralizada. Constituían etapas de
trasformación de conflictos locales en nacionales y nos devolvían
viejas y complejas contradicciones entre el desarrollo a partir de
la visión nacional y la mirada local - regional, que ni la
descentralización del Estado ha conseguido superar.
El escenario anterior viene reforzado de una tradición centralista
del Perú, que privilegió el desarrollo de la costa dejando, hasta
ahora, la sierra en manos de las empresas mineras. La liberalización
de la economía tampoco ha contribuido a cambiar esta situación, por
el contrario la fortaleció, luego que la minería fue declarada de
necesidad nacional, la legislación domestica adecuada para hacerla
más viable y paso a expandirse a zonas tradicionalmente no mineras a
lo largo de los andes reconvirtiéndola en nuevos enclaves que
sostienen las exportaciones.
La
minería aparece como importante para la macroeconomía del país,
principalmente para las exportaciones que son “agigantadas” por los
altos precios de los minerales. Esta importancia no debe traducirse,
en la práctica, en aceptación pasiva en el nivel local, menos aún en
un país democrático en el que deberíamos tener la libertad de
expresar nuestras aspiraciones u opciones de desarrollo local y/o
regional. Sin embargo, estamos ante un escenario en que los derechos
ciudadanos locales son “coactados” por las políticas nacionales para
aceptar “ciegamente” a la minería como la única fuente del tan
esperado desarrollo.
En
general, desde la visión nacional se insiste en que la minería es el
único camino del desarrollo para la sierra, y se hace referencia al
porcentaje que representa la minería en las exportaciones peruanas
(61.7% en el 2006), el canon y regalías mineras y el empleo. Suena
tan predominante esta política que un comentarista liberal ha
propuesto tendenciosamente cambiar el programa de “sierra
exportadora agrícola”, que promueve el gobierno, por el de “sierra
exportadora de minerales” y en el congreso se presento una
iniciativa para destinar el 15% de las regalías mineras para armar a
militares y policías.
Desde
la perspectiva local la minería no ha logrado insertarse ni
transformarse en un medio efectivo para el desarrollo local o
regional y, por el contrario, acentúa la vulneración de los derechos
humanos, la contaminación de los medios de vida y la pobreza de las
comunidades locales. En efecto, según el último mapa de pobreza,
Huancavelica, Pasco y Cajamarca, “regiones mineras”, se ubican entre
los 6 departamentos más pobres de la sierra. La “oposición minera”
es cuestionada por su falta de propuestas sin reconocer en mínimo la
dependencia de las comunidades y poblaciones locales de los recursos
naturales de su entorno que satisfacen el hambre y, de hecho, no
podrían demostrar la validez de su propuesta del “buen vivir” en los
mismos términos que el libre mercado exige.
Majaz: Lo local no es vinculante con la política nacional
Particular atención nos llama el caso de las comunidades de
Ayabaca y Huancabamba, donde lo central y lo local se desencuentran
y desafían (1). Un reciente informe de Perú Support Group (PSG) (2)
señala que “la tensión entre derechos ciudadanos y promoción de la
inversión es real”, tal afirmación podría ser válida en diversos
conflictos mineros, principalmente en fase de exploración y
expansión.
El informe, añade, que “la tensión entre las directivas de la
política de gobierno central y los derechos descentralizados es
también evidente entre los diferentes niveles de gobierno”. Se hace
referencia a los planes de desarrollo de los gobiernos locales que
no incluyen a la minería y que dichos planes no son vinculantes con
los del gobierno central. Al contrario podría representar la
posición de la población local con respecto a la minería, dado
suponemos su elaboración participativa.
Volvemos a que lo local no es vinculante con la política nacional.
Los planes de desarrollo local, en este caso y existen otros, no son
vinculantes con las políticas nacionales de desarrollo, como tampoco
lo sería la consulta vecinal convocada por los municipios locales
para decidir si dan o no consentimiento a la minería en su
territorio; incluso
la
Defensoría
del Pueblo ha planteado su desacuerdo con la consulta al
considerarla como “un derecho a veto”. Tal parece, como dice el
informe, “el proyecto [de Minera Majaz] está siguiendo su curso
debido a que es considerado importante para la nación, no tanto por
su interés local”.
La Oroya: Salud sacrificada, empresa complacida
La Oroya es una ciudad de la sierra central (Junín), donde se
ubica una planta metalúrgica de propiedad de la norteamericana Doe
Run Company que representa una amenaza abierta para la salud de los
pobladores por las altas concentraciones de metales pesados en el
aire que fueran comprobados por diversos estudios científicos que la
ubican como la quinta ciudad mas contaminada del mundo.
En
1997 el Estado peruano aprobó un programa de inversiones en la
mitigación ambiental por 10 años para la fundición, la que debía
cumplirse a inicios de este año. Sin embargo, la empresa no ha
venido cumpliendo con ejecutar las inversiones y solicito “en cinco
oportunidades la modificación” (3) de su programa ambiental. La
última petición de Doe Run fue la más escandalosa para el Estado
central, pues implicó una prorroga hasta octubre del 2009,
favorecida por el Ministerio de Energía y Minas (MEM), primero, por
una modificación de los plazos en las normas ambientales para
cumplir con los programas ambientales y, segundo, al aprobarle la
ampliación del plazo.
Posteriormente el Tribunal Constitucional dispuso que el Ministerio
de Salud (MINSA) implementara un sistema de emergencia para atender
a las personas contaminadas que a la fecha no se habría cumplido.
Los afectados han recurrido a
la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) que ha admitido
el caso al considerar la falta de acciones eficientes por parte del
Estado peruano (4).
Sin embargo, los actos del MEM constituyen una flagrante vulneración
no sólo de la política ambiental nacional sino de cómo el derecho a
la salud es sacrificado por satisfacer los supuestos “intereses
nacionales”. De igual manera nos deja claro que la defensa del
derecho a la salud es, en el terreno institucional central, casi
imposible porque las observaciones de las organizaciones afectadas
no son validas para quienes norman, promueven, concesionan y
fiscalizan la actividad minera.
El Quilish: la ordenanza que despertó un símbolo
En octubre del año 2000,
la
Municipalidad Provincial
de Cajamarca emitió una ordenanza municipal que declaraba la
intangibilidad del cerro Quilish al reconocer su importancia como
fuente natural que abastece de agua a los campesinos de la zona y a
gran parte de la población urbana de Cajamarca. Minera Yanacocha que
tenía, aún la mantiene, planes de explorar y expandirse hacía el
Quilish para garantizar su creciente producción de oro, presentó una
acción de amparo contra la ordenanza municipal aduciendo que ésta
afecta el desarrollo de las actividades mineras y crea un clima de
inestabilidad jurídica.
La justicia local, en un hecho inédito, ratificó la ordenanza
municipal al señalar que “el bien común prevalece sobre el bien
privado” y Minera Yanacocha apeló ante el Tribunal Constitucional
que emite una contradictoria sentencia que no desconoce la ordenanza
pero, al mismo tiempo, facultaba la exploración y explotación del
Cerro Quilish (abril, 2003). Y, a inicios del 2004, Yanacocha
presenta al MEM la evaluación ambiental para explorar, la misma que
es aprobada en julio del mismo periodo. Contradictoriamente a lo que
dicto la justicia local, estábamos ante un hecho donde “el bien
privado prevalecía sobre el bien común”.
Solo la movilización de los cajamarquinos pudo reafirmar la
ordenanza municipal y hacer que el MEM dejara sin efecto la
autorización y Minera Yanacocha decidiera voluntariamente retirar
sus pretensiones de explotar el Quilish. Como señala el sacerdote
Marco Arana, “después de las multitudinarias movilizaciones
ciudadanas que se hicieron en el mismo cerro a lo largo de dos años,
y mucho más, luego de la defensa que hizo el pueblo de Cajamarca en
el histórico
14 de
setiembre de 2004
ahora sostenemos que el Quilish es más que una fuente de agua, es
también un símbolo y que, por tanto, está más allá de su importancia
hídrica (…) tiene también una importancia simbólica, social y
política en la defensa del agua amenazada por actividades
mineras”(5).
Solo diálogo con el poder central
Un informe de
la
Defensoría
del Pueblo identifica, como el principal impacto político negativo
de los conflictos, el “debilitamiento de las autoridades regionales
y locales en su capacidad para incidir en la prevención, gestión y
transformación de los conflictos” (6).
Evidentemente esta afirmación se constata cuando en diversos
conflictos emblemáticos se demanda como instancia de solución la
instalación de “comisiones de alto nivel” que no contribuyen a
fortalecer los procesos de descentralización y que por el contrario
alimentan el centralismo.
Incluso la propia CONACAMI, el año 2002, había suscrito un acta de
compromiso con el gobierno central para la instalación de una
“Comisión Nacional Tripartita de Alto Nivel” con el objetivo de
resolver los conflictos mineros, que nunca se concretaría
precisamente por que la agenda propuesta incluía temas de política
nacional sensibles para el modelo económico vigente.
En realidad, las demandas sociales por “comisiones de alto nivel”
para resolver los conflictos parten de la claridad con que las
comunidades afectadas identifican a la minería como una política de
Estado y, por tanto, con quienes tienen el conflicto es con el
Estado central. Precisamente con quién tienen que negociar, lo que
parece innegociable, es con el Estado central y no con los gobiernos
locales o regionales que no tienen “poder real” para decidir o
influir en las políticas nacionales. Y, en otros casos optan por la
negociación sin la presencia del Estado central ni local como en el
caso de Tintaya (Cusco).
El desafío en la arena democrática
Entonces ¿cómo hacer prevalecer el bien común? Creemos que
mientras no sean vinculantes los procesos locales de desarrollo o no
sean atendidas las demandas por vulneración de los derechos humanos
de las poblaciones afectadas por la minería de manera imparcial y no
se emprenda una reforma del Estado central y del modelo económico,
las políticas nacionales continuaran creando conflictos que seguirán
generando desencuentros y polarizando los espacios locales.
Mientras no se fortalezcan la autonomía y poder local con la
descentralización, y las comunidades y organizaciones sociales no
ganen espacios de gobierno local, regional y nacional, lo central
seguirá constituyendo una fuente de contradicciones. El desafío de
los desencuentros alrededor de los conflictos mineros continúa
siendo hallar soluciones en la arena democrática.
Notas:
1) Ver: Conflictos mineros en los andes: comunidades de Ayabaca y
Huancabamba contra proyecto de Minera Majaz; http://www.alainet.org/active/17001〈=es
2)
“Minería y Desarrollo en Perú, con especial referencia al Proyecto
Río Blanco en Piura”; mayo 2007.
3)
Informe de Conflictos Mineros: Los Casos de Majaz, Las Bambas,
Tintaya y La Oroya;
COOPERACCION; octubre, 2006.
4)
Ver:
http://www.todosobrelaoroya.org/noticia-detalle.php?kdigo=572
5) La
defensa del cerro Quilish: ¿una cuestión romántica?; GRUFIDES, marzo
2007.
6) Informe extraordinario “Los Conflictos Socioambientales por
Actividades Extractivas en el Perú”, Defensoría del Pueblo, abril
2007.
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