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JULIO FAVRE EN LA
HISTORIA
Por
Gustavo Espinoza M. (*) | |
Cuenta Carlos
Marx en su apasionante estudio “La Guerra Civil en Francia” que
cuando el
4 de septiembre
de 1870,
desatada ya la guerra franco-prusiana con catastróficas
consecuencias para el pueblo galo, los obreros de París proclamaron
la República, una cuadrilla de abogados arribistas con Thiers como
estadista y Trochu como general, se posesionó del Hotel de Ville -la
sede de gobierno-. Como parte de ellos, Julio Favre fue ungido
“Ministro de Negocios Extranjeros”. Este confesó al poco de asumir
su gestión, que su tarea no era defender a Francia de la ocupación
de los soldados prusianos, sino del asedio de los obreros de París.
Poco después, el
28 de
enero de 1871, Bismark y Julio Favre, suscribieron La “capitulación
de París”, vergonzoso hecho de la historia que entregó la ciudad a
los alemanes. Como recuerdan los clásicos, al firmar ese acuerdo,
Julio Favre aceptó las humillantes exigencias prusianas incluido el
hecho de pagar onerosas y desmedidas contribuciones económicas al
ejército de ocupación.. Julio Frave pasó a la historia como el
exponente más definido de lo que serían considerados como
“Capitulards” –los capituladores-, antecedente histórico del
Mariscal Petain y los traidores de Vichy en los años de la Segunda
Guerra Mundial.
Las tropelías de
Julio Favre no quedaron en ese entonces, allí. El Ministro de
Negocios Extranjeros siguió vendiendo su país a Bismark y a los
ocupantes germanos, pero a cambio, hizo de las suyas en distintos
segmentos de la vida francesa. Por ejemplo, consiguió obtener una
cuantiosa herencia falsificando documentos en provecho de su
querida, la mujer de un borracho residente en Argel. Después, desde
las altas funciones de gobierno, Julio Favre aseguró comisiones por
varios cientos de millones de francos en provecho propio y en
beneficio de sus socios, Thiers, Picard, Simon y otros. La sociedad
con ellos, le permitió una cierta vida perdurable. A esos hombres,
en su momento, aludió el gobierno obrero de Francia, La Comuna,
asegurando que en defensa de sus privilegios “no vacilarían en
convertir a París en un montón de escombros bañado por un mar de
sangre”.
Y así fue, por
cierto. El siniestro Thiers -“ese enano monstruoso que tuvo
fascinada durante medio siglo a la burguesía francesa por ser la
expresión intelectual más acabada de su propia corrupción como
clase”, Marx Dixit-; elevó a Julio Favre a los más altos sitiales
de la política de la época y lo puso al frente la represión contra
los obreros luego de la caída de La Comuna.
Eran ya por
cierto no los años de la bandera roja ni el de las muchedumbres
alzadas, sino el París de los lacayos, de los estafadores y de los
truhanes concertados por el régimen prusiano empeñado en oprimir a
Francia.
A fin de tener
una idea de la magnitud del terror impuesto por estos hombres contra
La Comuna luego de mayo de 1870, hay que seguir a Marx: “Para
encontrar un paralelo con la conducta de Thiers y de sus perros de
presa hay que remontarse a los tiempos de Sila y de los triunviratos
romanos. Las mismas matanzas en masa y la misma sangre fría; el
mismo desdén, en la matanza, para la edad y el sexo; el mismo
sistema para torturar a los prisioneros; las mismas proscripciones,
pero ahora de toda una clase; la misma batida salvaje contra los
jefes escondidos, para que ni uno sólo se escape; la misma
indiferencia ante la matanza de personas completamente ajenas a la
contienda”.
Entre los
fusilados por orden de Julio Favre estuvo ciertamente Juan Bautista
Milliere, periodista francés y diputado que publicó los documentos
referidos a la estafa que enriqueció a Favre. Pagó con su vida la
osadía. Pero la represión contra los comuneros no se limitó a las
fronteras de Francia. El
6 de junio de
1871, Julio Favre se dirigió a todos los gobiernos de Europa
pidiendo persecución a muerte contra la Asociación Internacional de
Trabajadores, la I Internacional. Nueve años más tarde, en 1880
murió Julio Favre. Pero pareciera que no definitivamente.
Como un
espectro, su nombre emergió de los escombros de las ciudades
derruidas por el terremoto peruano del 15 de agosto; y es hoy –Julio
Favre- Director Ejecutivo del Programa de Reconstrucción de las
zonas devastadas en el sur, donde estará acompañado por José
Chlimper y Pedro Pablo Kuczynski, privilegiados conocidos ya como
los “gavilancitos” por el vuelo que habrán de emprender.
Los antecedentes
de Julio Favre en cierto modo se parecen a los de su ilustre
antepasado. También acumuló fortuna de un modo poco claro. Por eso
hoy afronta severas deudas y compromisos incumplidos. Pero también
convirtió su granja avícola Atahuampa, a comienzo de los años
noventa, en un campamento irregular de preparación de efectivos
armados. L ha admitido.
Aún hoy se
comenta que los familiares de los desaparecidos en la zona se
apostaban en las puertas de la Granja para preguntar por el destino
de los suyos. Uno de ellos, Pedro Yauri, el periodista secuestrado y
asesinado. Y otro, Daniel Morales Bermúdez, Alcalde de Huaura
abatido en esos años por un comando no identificado.
El boyante Julio
Favre de nuestro tiempo tiene fortuna, poder político, vínculo con
las instituciones castrenses y la posibilidad de decidir en los
próximos años sobre el destino y la vida de millares de peruanos.
Según denuncia
el diario La primera, estos personajes pretenden poner las
privatizaciones y las concesiones que se otorguen en manos de un
banco de inversión transnacional, Para el efecto se apoyan en un
proyecto que el ejecutivo remitió recientemente al Congreso para que
quien negocie el precio del gas para la petroquímica sea la propia
empresa que opera actualmente el producto: Plus Petrol., interesada
en construir una Planta en el sur con la participación de poderosos
inversionistas. La idea central -afirma Manuel Dammert- es producir
gas para venderlo a Chile y hacer allí una industria Petroquímica
vigorosa.
¿Será como decía
el viejo Marx que la historia no se repite; y que cuando eso
ocurre, la primera vez asoma como tragedia, y la segunda como farsa?
Después de todo, los turcos aseguran que en su país los cuervos
viven 200 años ¿No podría ocurrir lo mismo en Francia, o en el Perú?
No hay que olvidar, como dice Ohran Pamuk, que nada puede ser tan
sorprendente como la vida. Excepto la escritura.
Curiosamente
ahora somos los peruanos los que podremos dar fe de ello (fin).
(*) Colectivo de
Nuestra Bandera. www.nuestra-bandera.com
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