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CAN: ¿BORRÓN Y CUENTA NUEVA?
Por
Alan Fairlie Reinoso | |
La Decisión 667
puso fin por el momento a la crisis desatada por la negativa de
Bolivia al lanzamiento de negociaciones con la UE con la inclusión
de disciplinas (propiedad intelectual, servicios, inversión, compras
del Estado). Ya se habían dado declaraciones por parte de ministros
o representantes de los gobiernos de Colombia y especialmente Perú,
con amenazas de retirarse de la CAN. El propio Presidente declaró al
respecto.
La magnitud de la crisis por una negociación externa, muestra la
fragilidad en la que se encuentra la integración andina. Es
solamente una manifestación externa de las profundas diferencias que
existen entre los socios respecto a sus estrategias de desarrollo,
opciones de integración e inserción internacionales.
Colombia y Perú han seguido impulsando los planteamientos del
cuestionado Consenso de Washington, manteniendo un continuismo con
las políticas de liberalización y apertura que la región impulsó
desde los años 90. Asimismo tienen una política de alineamiento casi
automático con las políticas de EEUU, y la búsqueda de un TLC con
ese país es una política prioritaria que entre otros objetivos busca
poner un "seguro" a las políticas del Consenso de Washington.
De otro lado, están Bolivia y Ecuador que recusan las políticas
neoliberales y han hecho profundas reformas que incluyen el control
de sus recursos estratégicos. Rechazan el TLC con EEUU y han
mostrado beligerancia, aunque menor a la impulsada por el gobierno
de Venezuela que empezó con estas políticas en la región andina.
Las diferencias están también en las visiones sobre la convergencia
o no de la integración regional con los TLCs. Colombia y Perú
suscriben la visión oficial de la secretaría general CAN que son
compatibles y que no vulneran la integración regional. Venezuela se
retiró –entre otras razones- porque señalo que el TLC hería de
muerte la integración andina, y esta tesis la comparten en diferente
grado Bolivia y Ecuador.
Las negociaciones con la UE, llevaron a una nueva pugna de
concepciones que terminó en la crisis que comentamos. Las
concesiones que Colombia y Perú han hecho en el TLC con EEUU, están
dispuestas a dárselas a la UE. Aunque aquí Colombia parece que
recibirá la aprobación del Congreso norteamericano recién el próximo
año. En cambio, Bolivia entiende que el acuerdo de asociación con la
UE es básicamente lo mismo en el plano comercial que el TLC con EEUU,
por lo que hay que rechazar la negociación en disciplinas para que
no se repita la historia.
La Decisión 667 explicita que se considerarán las asimetrías y habrá
trato especial y diferenciado para Ecuador y Bolivia. Asimismo,
diferencia los acuerdos que suscribirán todos los socios, de
aquellos que podrían comprometerse solo algunos, enfatizando que se
regirán por la normativa comunitaria.
Se deja abierta por lo tanto la posibilidad de negociación a dos
velocidades, lo que permite a cada país flexibilidad para actuar de
acuerdo a su interés nacional. Pero, el trato especial y
diferenciado debería ser para toda la CAN considerando las
asimetrías existentes con la UE, y abordadas no sólo en la parte
comercial del acuerdo de asociación, sino también en el componente
de cooperación renegociado. Esto permite la superación temporal de
la crisis, y el lanzamiento oficial de negociaciones en la Cumbre de
Tarija donde Colombia asumirá la presidencia de turno de la CAN.
Esta es una excelente noticia para los que somos partidarios de la
integración.
Sin embargo, urge una definición en la que se puede avanzar en la
próxima cumbre andina. Si se quiere la integración realmente, se
debe profundizar la integración andina más allá del tema comercial y
avanzar en temas de infraestructura, energía, medio ambiente,
amazonía
y biodiversidad, agenda social. Se podría retomar y relanzar con las
modificaciones que se estime conveniente, el Plan Estratégico que se
definió en las dos administraciones anteriores de la Secretaría
General de la CAN.
Supone también darle prioridad a la integración regional, su
normativa e instituciones. Esto requiere que Venezuela retorne por
lo menos en condición de asociado y trabaje en este objetivo
fundamental, y que junto a los que cuestionan el Consenso de
Washington y los TLCs norte-sur tipo EEUU, den la pelea interna y
busquen la construcción de alternativas desde la integración
realmente existente y no dinamitando el proceso.
Por el momento la probabilidad de aprobación del TLC en el congreso
norteamericano lo tiene Perú, y Colombia eventualmente el próximo
año. En ese lapso, las negociaciones con la UE podarían avanzar
sustancialmente en un formato que no replique lo pactado en el TLC
con EEUU, que efectivamente entra en conflicto con la integración
regional y reduce los márgenes de maniobra de los estados
nacionales. Aparte de los costos directos e indirectos que supondrán
para amplios segmentos de la población, que están en los sectores
sensibles y potencialmente afectados.
Europa tiene también una gran responsabilidad. Si es consecuente con
los objetivos de su mandato negociador respecto a la integración
regional y el tratamiento de asimetrías, o si exige condiciones
idénticas a las de EEUU que entran en contradicción con esos
objetivos declarados. De eso dependerá si el Acuerdo de Asociación
vulnera o no la integración regional.
Si no logramos esto, la ruptura se producirá y los pro-EEUU seguirán
en su construcción del "Arco Pacífico Hemisférico" con México, Chile
y Centroamérica, poniendo una cuña en el proceso de integración
sudamericano. No se debe aplicar la política del avestruz o de
borrón y cuenta nueva. Es hora de definiciones y todos los que
militamos en la integración regional y sudamericana debemos estar en
un mismo frente.
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