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NÉCTAR: CUMBIA, MUERTE Y CLASES SOCIALES
Por Ernesto Toledo

La trágica muerte, en Buenos Aíres, de la mayoría de integrantes del grupo Néctar, enlutó esta semana a los seguidores de la cumbia peruana y a sus fans en Bolivia y Argentina.

El actual contexto permite entender esta vertiente musical con características tropicales y reconocer las profundas transformaciones sociales dadas en el Perú en las últimas décadas, fenómenos que la cumbia testimonió.

La música se nutre de la dialéctica, y es que como expresión artística y por propia definición de qué es el arte, se constituye en una obra que refleja su tiempo. En el caso de la chicha, la cumbia peruana y en menor escala la tecnocumbia, el artista realiza un recorte de la realidad que vive y lo proyecta en la obra que realiza.

Si bien el mambo, el bolero, la guaracha y el vals criollo tuvieron su tiempo y sus espacios sociales, la cumbia peruana es en la actualidad uno de los ritmos protagónicos, ello se puede entender en el proceso de mestizaje social y cultural por el que atraviesa las sociedades afincadas en Lima, una capital que alberga razas y costumbres de millones de inmigrantes venidos de provincias.

El origen de la cumbia peruana puede ser encontrado en la mezcla de la cumbia colombiana y el huayno, notándose además una influencia del pasillo o el sanjuanito ecuatoriano. Es el duro periplo diario del migrante uno de los temas más destacados en las letras,  lo que genera el fenómeno cultural que trasciende fronteras.

Es en este momento donde podemos comprender el éxito de canciones como El provinciano, que apela a un sentimiento vigente hasta hoy: “Soy muchacho provinciano/me levanto muy temprano/para ir con mis hermanos/a trabajar.../no tengo ni padre ni madre/ni perro que a mi me ladre/sólo tengo la esperanza/de progresar”  Si Lorenzo Palacios “Chacalón” encarnó la frustración y la esperanza de muchos peruanos venidos del interior, el grupo Néctar testimonió la internacionalización e industrialización de esas frustraciones y esperanzas.

Haciendo memoria
El género de la cumbia se hizo presente en nuestro país, por la difusión de grupos colombianos como Los Corraleros de Majagual en la década de 1960 y muy pronto empezaron a aparecer grupos peruanos como Los Destellos, Los Mirlos, Los Ecos, entre otros; inicialmente su estilo era casi idéntico al de la cumbia colombiana, al no existir la plena conciencia de crear un género aparte.

Paulatinamente aparecían las primeras variantes regionales, especialmente en la sierra sur y central además de distritos limeños como Comas, Villa El Salvador y Vitarte, donde aparece un estilo fusionado con el huayno, traído por los migrantes del interior del país.

En los primeros años de la década del 70,  la música fue vista en Lima de forma despectiva como la "música melancólica de los migrantes" y relegada junto a la música folclórica al ámbito urbano marginal, sin lograr ser transmitidas sus canciones en ninguna de las radiodifusoras de FM de aquella época. Pero las emisoras de AM como Radio El Sol, Inca AM y Agricultura (que empezó como una emisora campesina) le daban cabida promocionando grandes reuniones y conciertos con los cantantes del incipiente género en locales situados en la zona de la Carretera Central, las zonas periféricas del norte y sur, y el Cercado de Lima, tales como lo que posteriormente fue la Carpa Grau y otros lugares.

La humilde procedencia social de muchos de los asistentes y las grescas producidas habitualmente por el consumo de alcohol generó el rechazo de los sectores conservadores  criollos que se consideraban habitantes originales de la ciudad y los mestizos de cultura europea y con prejuicios raciales que imponían sus gustos musicales y culturales al resto de la población; este sector entendían por "música peruana" la música criolla y "afro-peruana".

En la década de los 80s, se produjo una nueva explosión de grupos, especialmente de la variante conocida como "chicha" propiamente dicha, o "música tropical andina", vertiente surgida en la zona Centro - Este de la capital, cerca a la Carretera Central, con representantes como Pascualillo Coronado, Los Shapis y el Grupo Guinda, este último, de mayor alcance en la zona norte de Lima.

Se señala que el momento cumbre de la cumbia en el Perú fue a fines de los 90s y comienzos de la presente década, con la aparición de la tecnocumbia, que fusionaba la cumbia peruana, con sus variantes argentina y mexicana, además de mezclarse con ritmos brasileños en su variante selvática y con la música colombiana en su variante norteña, ésta variante tenía un carácter más juvenil y actual, y ella se mostró en los multitudinarios conciertos que se daban llenando coliseos de Lima y provincias, en la aparición de muchos clubes de fans en diversos lugares, en la internacionalización de grupos como Agua Marina, Armonía 10, el Grupo 5 y las orquestas juveniles, entre otros.

Clases sociales
La presencia de Néctar en Argentina puede ser comprendida como la extensión del fenómeno al río de la Plata pero también a Bolivia, donde los procesos migratorios internos son parecidos, aunque con particularidades en cada país. En el caso argentino hay que sumarle la migración peruana, boliviana y paraguaya, quienes en un número considerable se establecen en “Villas miserias”, lo equivalente a nuestros pueblos jóvenes, donde la mayoría llega luego de la jornada diaria como obrero, empleada doméstica y otro quehacer menos remunerado que cuando la ejerce un argentino.

La prueba más clara de que la música tropical peruana está estrechamente ligada con las clases sociales argentinas y la explotación del sistema capitalista es que la llamada “música bailantera” o “bailanta” se instaló en Argentina en la época más cruel del neoliberalismo instalado por el hoy “coronado” Carlos Saúl Ménen. Las clases sociales entran en crisis y los sectores excluidos  dicen: presente; los pobladores de las “villas miserias” hacen suya la “cumbia villera” o “cumbia piquetera”, un fenómeno nuevo en el país más “europeizado” de la región.

“Sufre peruano, sufre” pareciera ser la consigna que nuestros coterráneos en el exterior deben aplicar en su vida diaria; aunque ello también se extiende a todos los seres humanos que viven bajo el mismo techo del neoliberalismo. Por ello, no es raro que en nuestras naciones  encontremos exponentes propios y foráneos de ese ritmo, de gran popularidad, como lo fue, en este último caso, el grupo Néctar, expresión de los desplazados y marginados por el sistema que dicen: presente.

 

 
 
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