| |
|
ASÍ NACIÓ
EL CUSCO ROJO
SU OBRA MAYOR
Por Julio Antonio Gutierrez Samanez | |
Hijos
espirituales de la generación indigenista de La Sierra, el plantel
de ANDE fue la generación que, como dice el escritor Luis Nieto
Degregori, decidió ...«elevar el discurso indigenista a la práctica
política». Ese salto cualitativo del discurso lírico a la práxis
revolucionaria, premunidos ya de la ideología del socialismo
científico y la experiencia de la Revolución de Octubre, los
distinguió de la generación anterior de indigenistas románticos y
brillantes teorizadores que, lamentablemente, cuando se vieron
enfrentados a los regímenes reaccionarios, moderaron su discurso,
sacrificaron su antiguo credo y se pusieron al servicio de la clase
dominante, la feudalidad y el imperialismo, cuando otros optaron por
el ostracismo, prefiriendo colocarse al margen de la lucha social,
sindical o partidaria.
ANDE
se adscribió al APRA, -cuando éste era un movimiento continental sin
pretensiones electoreras ni poses demagógicas-, y rompió con él,
denunciando las maniobras políticas de su líder fundador. Entonces
se constituyó en Célula Comunista en mayo de 1929, para cuyo efecto
habían suscrito, con su sangre, cada uno de los participantes, una
legendaria acta fundacional.Ellos fueron: Oscar Rozas Terzí, Julio
G. Gutiérrez Loayza, Sergio Caller Zavaleta, César González Willis,
Julio Moreno Álvarez, César Vilchez Pimentel, Rafael E. Tupayachi
Ferro, Alfonso González Gamarra y Julio E. Torres Ampuero. Por
circunstancias diversas no concurrieron a la fundación Román
Saavedra y Mariano Muñiz; Roberto Latorre, Casiano Rado, Carlos
Valer y Aquiles Chacón que se integraron después.A esta generación
insurgente, cuyo despertar coincidió con el «advenimiento en la
arena política de la clase obrera» se le deben: la organización del
proletariado urbano y rural en sindicatos, federaciones y
confederaciones; el haber conseguido, mediante largas luchas, las
principales conquistas de reivindicación social; el haber organizado
los primeros partidos políticos de vanguardia y haber fundado la
prensa proletaria, para denunciar las matanzas de campesinos, las
masacres de obreros y difundir la cultura proletaria; el haber
generado, en medio del fragor de la lucha social, los primeros
estudios sociales basados en una interpretación marxista de la
historia, difundiendo y dando continuidad a la obra creadora del
Amauta José Carlos Mariátegui. En esta tarea recuperaron la
identidad cultural del pueblo rescatando las manifestaciones más
genuinas de su alma: el arte popular, la artesanía y el
folklore.También les cupo el honor de haberle dotado al proletariado
cusqueño y peruano de armas ideológicas y políticas, organización y
líderes forjados en la lucha, con los que se creó la tradición que
distinguió al «Cusco Rojo»; con héroes y mártires que entregaron,
generosamente, su vida y su sangre tales como: Rafael Tupayachi
Ferro, primer mártir del magisterio peruano, torturado preso y
muerto por los maltratos inferidos a su persona por la dictadura de
Sánchez Cerro; Simón Herrera Farfán, heroico líder obrero torturado
y asesinado por la dictadura de Odría; Emiliano Huamantica, líder
obrero textil muerto junto con varios compañeros obreros en un
accidente, no esclarecido hasta hoy; Vicente Medrano, joven
militante comunista que fuera arrastrado por la corriente del río en
la prisión del Sepa, etc. Todas estas luchas sociales iniciadas en
los años treinta, precipitaron las reformas sociales que, a fines de
los sesenta, implementara, desde el estado, el gobierno de la Fuerza
Armada del General Velasco Alvarado. Un gobierno formado por los
mismos militares que, cansados de masacrar a su propio pueblo, se
dieron cuenta que no había otra salida que liderar, ellos mismos, la
ejecución de los cambios sociales.Nosotros escuchábamos las
historias narradas por los camaradas de mi padre: Mariano Fuentes
Lira, y en especial Román Saavedra, quien, en alguna oportunidad,
trajo la revista «Pututo» empastada como libro, donde estaban los
dibujos y escritos de esa generación. El comentario general entre
ellos era que debía escribirse la verdadera historia, porque muchos
jóvenes historiadores estaban especulando y tergiversándola. A la
muerte de Román Saavedra, y a exigencia de sus hijos, -que apoyamos
en la recopilación y ordenamiento de los documentos que, incontables
veces habíamos hecho escapar de las manos de la policía y los
soplones, enterrándolos en sacos, o escondiéndolos en los
entretechos-, mi padre, ya retirado de la actividad docente, pudo,
finalmente, darse el tiempo para escribir su obra, tarea que duró
muchos años, el tipeo fue realizado por don Julio Valdez Valdivia.
Otro
contratiempo fue la edición del libro, evitando las «revisiones» y
modificaciones que la burocracia partidaria quería realizar, con la
finalidad de encubrir y modificar algunos hechos fundamentales, y
gracias a la intervención de la familia, entre ellos, mis hermanos
José Carlos, Tania y Blanca Lis, se evitó la consumación de dichos
recortes y tergiversaciones que hubieran causado honda frustración
al autor de «Así nació el Cuzco Rojo» aún, cuando estuvo enfermo
grave y tuvo que ser llevado a la capital.
En la
ciudad de Lima, luego de un largo y paciente trabajo de edición, el
primero de agosto de 1986, en el local de la Asociación Nacional de
Escritores y Artistas (ANEA), fue presentado el libro testimonial de
Julio G. Gutiérrez Loayza, «Así nació el Cuzco Rojo», con el prólogo
del Senador Jorge del Prado y la Introducción de Sergio Caller
Zavaleta, fundador del partido en el Cusco y ex diputado por el
Departamento. En él se reivindicaban hechos que «de otro modo se
hubieran perdido en el olvido» y que estaban quedando ya como
leyenda.
El
poeta y revolucionario Gustavo Valcárcel escribió en esa oportunidad
lo que sigue: «Acaba de aparecer el libro de Julio G. Gutiérrez «Así
nació el Cusco Rojo» –contribución a su historia política – 1924 –
1934 (Lima, 1986, sin sello editorial, 344 páginas).
Jorge
del Prado, hace un justo y preciso prólogo de la obra, advierte:
«Julio Gutiérrez, como sabemos, fue no sólo fundador y constructor
del Partido en el Cusco, sino que se desempeñó también como
brillante periodista y escritor y sobre todo, cual uno de los más
destacados exponentes de la pintura nacional».«El libro que
sucintamente comentamos, constituye –por su documentación y por la
calidad de protagonista del autor- un valioso aporte, de primera
mano, para la historia sociopolítica de nuestro siglo. Por sus
páginas brillan las características «del movimiento cusqueño, en su
conjunto, (lo que), hacen de él un proceso de excepcional
originalidad», según la visión certera de ese gran revolucionario
que es Sergio Caller, también oriundo del Cusco, autor de la
«Introducción» del libro.Uno de los capítulos que despertará el más
vivo interés se titula «Intermedio polémico: Mariátegui y los
comunistas cusqueños», donde se anota, después de informar que la
Célula Comunista del Cusco, se afilió a la Internacional en Mayo de
1929, que algunos admiradores del Amauta han tratado de presentar
las relaciones entre José Carlos Mariátegui y la Célula Cusqueña
como influidas por el «antilimeñismo» de los revolucionarios de la
capital incaica, idea que presumiblemente abrigó en su intimidad el
autor de los «7 ensayos».
Sirvan
estas líneas como un anticipo a la exégesis, cabal y concreta, de
este libro de trascendencia nacional». (Diario La Voz, Lima
22 de
setiembre de 1986)
Julio
G. Gutiérrez, había salido de la clínica donde estaba internado y
así, convaleciente, sobreponiéndose a la enfermedad, participó en la
presentación de su libro. En el Cusco, el poeta y escritor Gustavo
Pérez Ocampo destacó el significado e importancia de esta obra, en
su espacio radial del
5 de
setiembre del 86, con estas palabras:«Todavía con los cálidos olores
de la tinta de su impresión, acabo de recibir un libro, obsequio de
su propio autor y con dedicatoria que me honra y enaltece. Se trata
de «Así nació el Cusco Rojo», por Julio G. Gutiérrez, el gran
periodista y maestro de periodistas cusqueño. Este libro suyo se ha
editado en Lima en julio del presente año, y yo he tenido el
privilegio de recibirlo hace unos días. No quiero entrar en falsas
ponderaciones, pero, se trata de un valiosísimo volumen de historia
política. Un libro hermoso. Macizo. Emocionado, emocionante. De una
definida y militante «filiación y fe». A todo esto, agreguemos que
es un libro escrito en castellano.
¿Cómo?
Un castellano fluído, correcto, elegante, suasorio y de una
transparencia cristalina extraordinaria. Cosas rarísimas estas, en
un medio donde por lo general, los llamados «intelectuales» se
despachan y despachan sus poluciones literarias o científicas en una
jerigonza muy parecida al castellano, carentes de claridad,
sindéresis y corrección. No. El libro de Gutiérrez «Así nació el
Cusco rojo», es un dechado de excelente castellano.Viene precedido
de una presentación del mismo autor; luego un extenso y muy riguroso
prólogo de Jorge del Prado. Posteriormente, la obra se desarrolla
enmarcada bajo la siguiente temática: De la Universidad Popular a la
Reforma Universitaria - El Grupo KUNTUR- De los grupos al partido -
Paréntesis Aprista - La edificación del partido - El Sur Perú en el
proceso revolucionario - Deslinde de posiciones - Iniciación del
movimiento sindical - Intermedio polémico: Mariátegui y los
comunistas cusqueños - Final del «oncenio» - Construyendo la unidad
clasista - El Partido ante las masas - Los gamonales en el poder -
Agitación y propaganda desde la clandestinidad - Elecciones
burguesas y lucha de clases - De la ciudad al campo - Bajo la bota
del Cerro-civilismo - Ley de emergencia, desocupación y terror -
Salvaje masacre de Pujyura - Las nietas de Micaela - «El Perú es un
infierno». De la prisión al destierro. Epílogo y colofón. Hermosas
fotografías de personajes influyentes dentro de la política
izquierdista de los años 30 para adelante.
Este
libro es de obligada lectura no sólo para los políticos de
profesión, sino para los sociólogos, politicólogos, periodistas y
estudiantes; dirigentes obreros y sindicales, porque en sus páginas
está palpitante el Cusco de los últimos 50 años en su quehacer
político, laboral y universitario. Para poder zafarnos de la
inveterada e inverecunda costumbre de «hablar por hablar», sobre
todo cuando se trata del Partido Comunista Peruano, será urgente
acudir a las páginas del libro de Julio Gutiérrez.
Además, tenemos la garantía de que el autor del libro fue actor de
primerísima fila en la fundación y construcción de dicho partido en
el Cusco. Desde sus horas aurorales, él fue una suerte de «factotum»
en los momentos difíciles de aquella gestión. Oigámoslo decir: «Más
de medio siglo ha transcurrido desde 1926 en que un grupo de
universitarios con inquietudes sociales nos reunimos, dejando un
poco la bohemia juvenil, para organizar un equipo dedicado a hacer
vida más activa y provechosa que la rutina de estudiantes
despreocupados. Fue el grupo «Ande»: éramos literatos, poetas y
artistas en cierne (...) Por entonces, ya habíamos leído a González
Prada, a Henry Barbusse, a Romain Rolland, y algunos de los nuestros
conocían libros anarquistas y comunistas (...) Algo había
trascendido también de la Revolución Rusa de 1917, de la república
de los soviets, del socialismo y el comunismo.
Nuestro grupo creció -sigue hablando Gutiérrez- y sus actividades
rebasaron los marcos del arte y la literatura. Nos ganó la emoción
social, el deseo ferviente de transformar la caduca sociedad en que
vivíamos inmersos. Estaba a la orden del día el movimiento de la
Reforma Universitaria y queríamos poner en práctica sus postulados
liberales. Hicimos la gran huelga universitaria de 1927. Como
consecuencia, Leguía clausuró la Universidad del Cusco.
Entonces sacamos una revista: KUNTUR. la cual por su valentía,
audacia y radicalismo, hizo brecha y causó escándalo.... Entre los
redactores y colaboradores de KUNTUR, un sector se orientó franca y
definitivamente a la lucha social. En el seno de este pequeño
núcleo, nació el Partido Comunista (...) Las doctrinas socialistas
ya eran difundidas desde Lima por José Carlos Mariátegui, el más
lúcido analista de la realidad nacional...», concluye Gutiérrez.
Para
concluir esta breve recensión, escuchemos lo que dice Jorge del
Prado en la parte final de su prólogo: «Julio Gutiérrez, fundador
del Partido Comunista Peruano en el Cusco, destacado valor de la
plástica peruana, periodista de acuciante calidad, piedra angular de
nuestro movimiento a lo largo y ancho del país; varias veces miembro
del Comité Central; preso bajo diversos gobiernos dictatoriales y
confinado en la prisión selvática de El Sepa, con esta obra
testimonial de invalorable calidad histórica y brillante estilo
literario, apasionada y viva, llega a los años cimeros de su
infatigable labor revolucionaria, entregando al pueblo peruano uno
de los más importantes instrumentos de combate: las experiencias del
pasado, y nada menos que del «Cusco rojo siempre será»; rojo no
sectario; pero sí revolucionario en nuestro camino al socialismo».
Así,
pues, este libro de Julio G. Gutiérrez, entra en los predios serios,
analíticos e históricos del proceso social y político del Cusco.
«Así nació el Cusco rojo» marcará una época.
Y al
maestro Gutiérrez le agradecemos y le felicitamos por su valiosísima
contribución».
Hasta
aquí lo escrito por el poeta Gustavo Pérez Ocampo.
Posteriormente, el 3 de octubre de ese año, el libro fue presentado
en el salón consistorial de la Municipalidad de Cusco; entre los
oradores que destacaron este aporte a la cultura política del Cusco
estuvieron: El Dr. Víctor Mayorga, Presidente de la Izquierda Unida;
Miguel Saavedra Parada, Secretario General de la FDTC y finalmente,
el Alcalde del Cusco Dr. Daniel Estrada Pérez, quien pronunció un
encendido discurso.
El
Partido Comunista Alemán (KPD), propició la presentación del libro
en la ciudad de Hamburgo, el
28 de
noviembre de 1986«Así
nació el Cusco Rojo» es una de las tentativas más importantes para
la construcción de la historia del movimiento social, obrero y
popular del Cusco de los años 20 al 30; es un mensaje que fortifica
y pertrecha a la clase obrera en su lucha antiimperialista por la
liberación nacional y la creación del socialismo peruano.
«VACACIONES EN EL SEPA»
Es un testimonio novelado que trata de los hechos ocurridos en la
Colonia Penal de «El Sepa», a donde fue confinado Don Julio G.
Gutiérrez Loayza, junto con sus camaradas de lucha en dos
oportunidades: en los primeros meses de los años 1962 y 1963, años
del auge del movimiento popular y de las tomas de tierras por el
campesinado de la región, en abierta oposición al gamonalismo
serrano y de rechazo a las dictaduras militares de Lindley López y
Pérez Godoy, y al régimen demagógico de Belaunde Terry, que
traicionó a las fuerzas progresistas que lo llevaron al poder. Fue
una época de crisis y recrudecimiento de la lucha de clases y del
lamentable rompimiento de las filas del movimiento comunista
internacional entre los ejes de Moscú y Pekín, hecho que causó
graves estragos en el Perú y virtualmente destruyó el movimiento
sindical y político de la izquierda peruana, condenándolo a la
sectarización y atomización que degeneró en la subversión y el
crimen, por parte de una secta fanática, dogmática y sectaria.
|
![]()
|
|