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IDEOLOGÍA
CIPRIANI
Por Alexandro Saco | |
No
recuerdo escena de mayor cinismo público que la de Cipriani tratando
de hacer que su llanto parezca real en la conferencia de prensa
luego de la liberación de los rehenes de la embajada de Japón en
1997. Se sacaba los lentes, se frotaba los ojos, hacia muecas con la
boca, entrecortaba la voz, en suma una burla al Perú. Tomaba el
micrófono y actuaba para que pensemos que estaba consternado por las
muertes de los chiquillos emerretistas o de los comandos. Esa
persona es la misma que desconoce que la religión debe limitarse a
los ámbitos de la fe, y no andar entrometiéndose políticamente; la
misma que tiene treinta minutos semanales en RPP, el medio de
comunicación con más llegada del país, la misma a la que el
presidente de todos los peruanos le besa la mano en un acto
irresponsable, la misma de la que sabemos cómo se expresa en
privado, la misma que desde su púlpito condenaría a la hoguera si
estuviéramos siglos atrás.
Ahora todo indica que quiere tener un grado de influencia gravitante
en la PUC, centro que sin duda es uno de los pilares de las
libertades y del pensamiento racional. Amparado en un testamento
busca la sinrazón para lograr que su ideología y el Opus Dei sigan
haciendo del Perú su territorio experimental. Y lo peor de todo es
que se le teme: oía un programa radial, en el que los conductores
arribaron al tema de la disputa PUC Cipriani, y en el momento de
nombrar al cardenal ambos, hombre y mujer, enmudecieron por algunos
segundos, lo que es una eternidad en un programa en vivo, luego de
lo cual entraron a la crítica. Una pregunta es entonces, qué hace
que un personaje tan desacreditado como Cipriani tenga tanto poder y
todos veamos cómo lo usa en cada lugar que puede, sin que podamos
hacer mucho.
La
representación de Dios sobre la tierra es aún muy influyente. Se
comete un error al ser políticamente correcto y no confrontar a
Cipriani en la creencia de que así se podría ofender a la iglesia o
a la fe de los creyentes. La principal ofensa a la iglesia peruana
es que tenga un cardenal inoportuno, reaccionario y cómplice del
fujimorato. Por que el hoy cardenal fue una de las columnas más
visibles de la telaraña montesinista, al lado de gentes como la
Bozo, la Medina y varios otros que hoy se han reacomodado cual
camaleones. Pero quizá lo más triste de todo es que el gobierno de
un partido que nació confrontando los grandes poderes del siglo
pasado, se halla arodillado ante la sotana que pretende imponer un
oscurantismo inaceptable.
Si
Cipriani quiere hacer política que asuma que su representación y
autoridad religiosa no debe ser usufructuada en pro de sus
intensiones íntimas o corporativas. Respetar la fe de los millones
de creyentes católicos significa no utilizarla como escudo de
artimañas políticas. El cardenal mancha la fe de los sinceros
católicos y ensucia en sus flamígeras intervenciones en temas
controvertidos una manifestación popular respetable. La iglesia
peruana y la fe católica no merecen un político en el arzobispado.
Le propongo a Cipriani que cuelgue la sotana y se una a Rey en su
partido, para así confrontarlo políticamente, sin el escudo de la
religión; que vaya en una lista como candidato a la vice presidencia
o encabece la lista congresal. De hecho sería elegido, y en el llano
sus alegatos conservadores darían intensidad al debate.
Pero si todo esto se hace desde la representación religiosa, se
distorsiona, se manipula, y hasta agudos opinantes hoy lo critican
con reverencia pasmosa. Cipriani representa a un muy reducido sector
que creyéndose moderno y hasta liberal, es provinciano y ultra
conservador. Desde su pulpito, desde el micrófono de RPP, desde TV
Perú o desde la gran cobertura que la prensa le otorga, el cardenal
extiende su manto medieval. Temas que cualquier país moderno tiene
la obligación de discutir, son estigmatizados por su representación
religiosa. La ideología ciprianista nos impide avanzar en muchos
aspectos, su influencia y alianza con el poder político es una
barrera a superar, no es casual ni esporádica, sino parte del
control social que se extiende por las sociedades y por los tiempos,
y que va en contra de las libertades ciudadanas pretendiendo
recortarlas.
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