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ESCUELA Y
SOCIEDAD
Por Julio Carozzo | |
COMPROMISO SOCIAL DE
LA
ESCUELA.-
La
escuela, como institución educativa, es una formación social en dos
sentidos: está formada a partir de la sociedad y a la vez expresa a
la sociedad. Lo que se habla en cada escuela, es el lenguaje
particular de la sociedad. Por tal motivo, no es ajena a la profunda
crisis socio política en la que estamos inmersos y que como
ciudadanos nos afecta.
En
este contexto, la escuela en general, está seriamente cuestionada
porque no responde a las demandas, no prepara para este nuevo orden,
no asegura mejoras. No obstante esto, y aún con estas fallas y
carencias, es la institución social que sigle nucleando a un
significativo número de niños, adolescentes y jóvenes. Por ser una
institución pública, está sometida y padece los efectos producidos
por la crisis social que la atravieza, e incide tanto en la
singularidad de cada uno de los actores como también en el colectivo
institucional que conforman, y se pone de manifiesto en
problemáticas concretas y observables: el miedo a un futuro
incierto, el temor a estar cada vez peor, la vivencia de desolación,
el debilitamiento de vínculos de solidaridad y amistad, la pérdida
de relaciones institucionales, de grupos sociales de pertenencia y
referencia; en realidad se trata de una progresiva pérdida de
sentido de la vida. Estas pérdidas son carencias que afectan,
limitan y someten a los niños, adolescentes y jóvenes, como sujetos
de derecho en su condición y dignidad humana.
Siendo
concientes de esta realidad adversa, que se impone a nuestros
alumnos, especialmente a aquellos con más limitaciones que
posibilidades, con más carencias que logros, es fundamental que el
tiempo que transcurren en la escuela durante su niñez y
adolescencia, sea considerado por ellos, como un tiempo y un espacio
valorizado, un tiempo de crecimiento, de creatividad, que favorezca
la construcción de la subjetividad. Para ello la escuela debe
generar, facilitar y promover tiempos y espacios para que pueda
circular la palabra y no los silencios, el diálogo y la discusión y
no la sumisión y acatamiento, el análisis y la reflexión sobre las
acciones impulsivas y las actuaciones violentas.
Si la
escuela es capaz de hacer esto, estará dando respuesta de las
demandas más requeridas por la sociedad deseable.
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