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FUJIMORI,
UNO DE LOS CRIMINALES MAYORES DE AMÉRICA LATINA
Por J. Yovera | |
En
nuestro continente, los criminales pertrechados en el poder del
Estado no son una ficción de la literatura. Los Estrada Cabrera* de
carne y hueso, han abundado, por desgracia, en América cobriza.
Los
caciques presidenciales y sus séquitos tuvieron décadas de
omnipresencia; violaron cuerpos, almas, derechos, sueños, vidas,
esperanzas. Sus crímenes no fueron solamente consecuencia de
personalidades torcidas, fue también consecuencia de intereses
económicos y de hegemonía de modelo y de sistema.
Los
dictadores y sus cortes sanguinarias cometieron sus fechorías en
defensa de un orden que les ofreció vigencia más allá de todo plazo;
lo que, a su vez, los llevó a una fijación maniquea: hacer
perdurables sus reptiles existencias.
En
Chile, el siniestro Pinochet se fue de este mundo sin recibir
sanción alguna por los 3,400 * asesinados y desaparecidos que causó
su peste golpista. Su “orden” y “progreso” se impuso sobre un
cimiento de cadáveres y sobre la marginalidad de los sectores
populares.
En
Argentina, el pervertido Videla fue puesto en evidencia por una
Comisión de
la
Verdad que presidió Ernesto Sábato, hombre probo, unido por su pluma
y sus principios a la dignidad de su pueblo. La mente perversa de
Videla, obnubilada por los gritos y la sangre de aproximadamente
9,000 asesinados, sólo atinó a decir que exterminaba a sus víctimas
porque había que salvar a su país del comunismo. En algún lugar debe
andar este sujeto, arrastrando su propio cadáver y ejecutando aún en
sus desvaríos a gente inocente.
En
Perú, entre 1980 – 2000 hubo 70,000 muertos, consecuencia de una
guerra que convirtió al pueblo en víctima, de un lado, de militares
convertidos en buitres, sacándole las entrañas al pueblo; ello para
deshonra de hombres con fibra de heroicidad y nobleza, como Grau y
Cáceres; de otro, de un sendero que desató el terror, con el
agravante que decía ser marxista, cuando, en verdad, era la negación
de él.
De
ello se aprovechan los partidarios del fujimorismo para justificar
al reo de origen japonés. No puede ser otra la conducta de quienes
se enriquecieron con la imposición de un modelo que ha sido mejor de
los festines que jamás tuvieron.
También lo justifican los otros, los pobres diablos, que sintieron
que entraban al paraíso cuando caminaron por primera vez a la salita
del SIN, donde Montesinos, el diabólico titiritero, les imponía su
voluntad y los convertía en simples piezas de su estrategia
delictiva.
El
pueblo no dopado por la escoria y aire fétido de la corrupción,
espera sanción ejemplar a los criminales que han cometido delitos de
lesa humanidad.
Fujimori tiene que responder por sus actos; por la vida de miles de
peruanos; por la corrupción oceánica que implementó; por el saqueo
de nuestros recursos naturales.
La
lista de sus crímenes es larga y ojala que su vida no sea corta para
que pueda pagar buena parte del daño que ha causado.
* Dictador
de Guatemala, figura que inspiró a Miguel Angel Asturias, en su
novela “El señor presidente”.
*
Datos
de las Comisiones de
la
Verdad
de Argentina y Perú.
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