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LOS
PUEBLOS DE AYAVACA Y HUANCABAMBA RESISTEN
Por Julio Yovera | |
Para Ubicarse
Ayavaca y Huancabamba son dos pueblos andinos históricamente unidos
del Departamento de Piura. Impresionan por su telúrica. Quienes los
visitan tienen la impresión que están en el mismo cielo.
Sus cordilleras grises y sus campos verdes cobijan a una población
laboriosa y alegre. Los comuneros, con sus ponchos y sombreros
blancos y aludos, viven desde siempre pegados a la tierra.
Su cultura es sincrética. En Ayavaca adoran y rinden culto al
Cautivo, un “Cristo de pómulos morados”, que es visitado a diario
por gente que llega de todos los caminos del país y el planeta, a
dar las gracias por el “milagro” concedido.
También se rinde culto a las lagunas sagradas de Las Huaringas de
Huancabamba, visitadas todo el año por personas que buscan salud y
florecimiento.
Ayavaca fue cuna de Lizardo Montero, el político y marino cuyo
aporte a la patria permanece oscuro; de Hildebrando Castro Pozo, el
estudioso socialista; de Juan Luís Velásquez, el poeta amigo de
César Vallejo; de Sinforoso Benites, el mítico líder socialista del
norte de la patria. En Huancabamba nació José Eulogio Garrido, del
Grupo Norte, al que perteneció en sus años juveniles el autor de
“Trilce” y “El Tungsteno”.
El problema
Es sintomático. Los que sirven al poder minero, autoridades,
políticos y periodistas, acusan a las comunidades campesinas,
asociación de productores agrarios y sectores de la iglesia, de
estar manipulados por comunistas.
Todo porque en Carmen de la Frontera, Ayavaca y Pacaipampa, los
gobernantes locales se aprestan a consultar a su ciudadanía si
acepta o no la actividad minera, hecho absolutamente legítimo.
Los “paladines” de la democracia, sin preocuparse por conservar las
formas y perdiendo toda ecuanimidad, atacan el Referéndum. ¿Es que
los comuneros no tienen derecho a opinar, más aún cuando se trata de
su vida y la de sus descendientes? Una de las razones de la “cólera
histórica” del pueblo es porque siempre se les ignoró ¿Se pretende
hacer lo mismo?
De otro lado, vale la pena reflexionar sobre algo que es
responsabilidad de las clases sociales que a lo largo de la vida
republicana han desgobernado el país: la carencia de una visión de
desarrollo.
Hasta ahora sólo hemos sido un país primario exportador. Hablando de
minería, la extracción de los metales arruinó el país y no hubo
desarrollo alguno, aunque sí una enorme exterminio y contaminación.
Vale la pena transcribir esta reflexión de Robert Moran, que no es
ningún comunista sino un Doctor en Epistemología de la Ciencia en
Calidad de Aguas, Hidrogeología y Geoquímica:
“La minería rompe y comprime la roca, creando nuevos túneles para
que el oxígeno, aire y microbios, reaccionen con los minerales. En
consecuencia las rocas pueden generar ácido, movilizando muchos
otros constituyentes químicos, los que podrían contaminar cuerpos de
agua por décadas o incluso cientos de años después del cierre de la
mina. Incluso el uso de explosivos aumenta las concentraciones de
nitrato y amoníaco, provocando el incremento de la contaminación
de cuerpos de agua”.
Lo saben los campesinos de Ayavaca y Huancabamba y por eso resisten
a los empresarios mineros y sus incondicionales, que para desgracia
de los pueblos son también las autoridades centrales.
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