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LAPTOPS
: 40.000 RAZONES PARA SEGUIR DUDANDO
Por
Yomar Meléndez Rosas | |
Los
países que en el mundo han logrado dar un salto de calidad y hoy se
ubican en importantes posiciones de vanguardia, tuvieron en la
educación, la innovación, la ciencia y la tecnología el núcleo
de su estrategia de desarrollo. Casos como China, India o Finlandia
lo demuestran, afirmándose en ellos también que la planificación
a mediano y largo plazo es una metodología de extraordinaria
validez.
Sin
embargo en territorios como el nuestro lo más importante es
"poner en valor" (Alan García dixit) la Amazonía, la
tierra, los recursos mineros, el mar mientras la educación se
convierte en un conjunto de anuncios efectistas, coyunturales e
inconexos que el ministro del sector convierte en "políticas públicas".
El
último de esos grandes anuncios es el referido a la compra de
40.000 mil laptops para igual número de alumnos de
instituciones educativas, asunto aprobado vía crédito
suplementario hecho ley el pasado 29 de octubre.
Nadie
en su sano juicio podría oponerse a que los niños y jóvenes
peruanos usen la tecnología, sobre todo si pensamos en aquellos que
se encuentran en las zonas rurales todavía desvinculadas del
proceso modernizador que sacude al mundo. Lo criticable es que ese
esfuerzo corra el riesgo de fracasar pues no ha surgido de ninguna
planificación ni evaluación seria.
Conocedores
de la problemática educativa como León Trahtemberg escribieron en
su momento que estas máquinas no se encontraban articuladas a los
programas escolares ni tampoco a los planes de capacitación de los
profesores "Pensar que por regalar una computadora, se elevará
la calidad de la educación o se cerrarán brechas, es
absurdo", dijo. Constantino Carvallo opinó de manera parecida
"Si los niños no saben leer, no comprenden lo que leen, no
saben escribir o no saben razonar lógicamente, de qué puede
servirles una computadora". Además, un artículo de The New
York Times difundido el pasado 4 de mayo trazó un balance muy crítico
de este tipo de experiencias en Estados Unidos, al señalar que
"después de siete años no hay evidencia de que el programa
haya tenido algún impacto en el desempeño de los
estudiantes".
Jorge
Machado, por su parte, creador del PER Antivirus y experto en
Ciencias de la Computación, expresó severos cuestionamientos técnicos
"Es una mentira tan bien hecha, que por desconocimiento de las
autoridades, o quizás por consentimiento, (los promotores) están
logrando su cometido", manifestó.
En
otras palabras ni pedagógica ni técnicamente la propuesta tiene
sustento y sorprende la celeridad con la que fue aprobada en el
Congreso de la República dictaminando sólo la Comisión de
Presupuesto cuando lo correcto era que el grupo de trabajo
especializado, vale decir, la Comisión de Educación realice el
estudio respectivo y emita la opinión correspondiente.
Asimismo,
sorprende, la ignorancia de algunos parlamentarios que en el debate
final señalaron que el Programa "Una laptop por niño"
– OLPC ha sido asumido por el gobierno de Argentina, cuando la
verdad es que en ese país, las máquinas se comprarían siempre y
cuando la comisión de expertos que lleva adelante el proyecto
piloto, entregue un informe favorable.
Vale
la pena comentar aquí lo ocurrido en Uruguay donde el nombre del
programa es Plan Ceibal y todavía continúa la fase de
experimentación que incluye varias escuelas y decenas de alumnos y
padres de familia. Lo interesante es que diversos profesionales
relacionados con el tema – incluido, por supuesto, el sindicato de
maestros-, participan de una discusión de carácter nacional.
Como
podemos observar en ambas experiencias se han desarrollado pruebas
previas, fruto de las cuales se ha asimilado o descartado el
proyecto; sólo en el Perú el tema ha sido tratado de manera
sospechosamente apresurada sin conocer las conclusiones de los
ensayos y usando artificios marketeros antes que argumentos
consistentes.
Por
eso resulta razonable plantear las siguientes interrogantes. ¿A
través de que procedimiento se comprarán las máquinas?, ¿será
mediante una licitación pública internacional, considerando que en
el camino podrían aparecer otros postores distintos a Nicholas
Negroponte, promotor de OLPC? ¿Por qué
el
crédito suplementario aprobado cotiza cada aparato a un precio
aproximado de $180 dólares cuando inicialmente se dijo que el valor
era de $100?, ¿qué significa en soles contantes y sonantes la
autorización a realizar "gastos adicionales" al
Ministerio de Educación incluida en el mencionado crédito? ¿Es
correcto que la única institución encargada de capacitar a los
maestros en el empleo apropiado de las laptops sea la
Universidad San Martín de Porres, de la que el ministro José
Antonio Chang fue rector recientemente y con la que mantiene una
evidente cercanía? Y, finalmente, ¿por qué tanta
"diligencia" en aprobar el crédito si a la fecha no se ha
iniciado el proceso de fabricación?
El
panorama tiene entonces no uno sino muchos velos de incertidumbre y
obliga a tener los ojos bien abiertos tanto en la próxima compra
como en el rol que jueguen las computadoras en la mejora de la
calidad de la educación.
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